viernes 28/1/22
 

En la convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), se decía que es una transformación de la composición de la atmósfera, atribuido directa o indirectamente a la actividad humana. La tierra tiene ciclos naturales que se cumplen cada cierto tiempo, entre esos ciclos están los cambios climáticos. Si nos referimos a los períodos preindustriales la temperatura media del planeta ha aumentado en 0,98ºC; con la tendencia que ha observado desde el año 2000 hasta hoy, si no se hacen algunas intervenciones suficientemente serias, entre 2030 y 2050, la temperatura podría aumentar en +15º C.  Las predicciones científicas han avanzado en un reciente estudio que para el año 2100 un 10% del planeta sufrirá los efectos de dicho cambio. El impacto de este calentamiento global aporta datos como que el hielo ártico ha disminuido un 12% por década, mientras que las mareas de las costas aumentan una media de 3,3 milímetros por año desde 187. Este cambio climático ha marcado que el año 2020 ha sido el segundo año más caluroso de la historia, sólo 2016 fue un poco más cálido. También este cambio climático está provocando acontecimientos meteorológicos extremos, Así mismo, especies vegetales y animales tienen migraciones imprevisibles de un ecosistema a otro, con los daños que esto produce en la biodiversidad. Las predicciones científicas han avanzado en un reciente estudio que para el año 2100 un 10% del planeta sufrirá los efectos de dicho cambio. Todo esto se traduce en un aumento de la aparición de fenómenos meteorológicos más violentos, sequías, incendios, la muerte de especies animales y vegetales, los desbordamientos de ríos y lagos, la aparición de refugiados climáticos y la destrucción de los medios de subsistencia y de los recursos económicos, especialmente en países en desarrollo.

El calentamiento global es claramente la consecuencia de la acción humana sobre el planeta desde hace unos 150 años, desde la revolución industrial hasta la actualidad, que se denomina efecto invernadero antrópico y este se une al efecto invernadero natural. Desde hace más de 15 años el IPCC (Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), ha resaltado que un 97% del calentamiento global se debe al efecto invernadero antrópico, es decir generado por las actividades humanas: deforestación, aumento de gases desproporcionadas de fertilizantes, aumento brutal de explotaciones ganaderas, tratamiento químico de aguas residuales, quema de combustibles fósiles, calefacciones, trasporte en general, crecimiento acelerado de la población y en menor medida el aumento muy rápido de la población que influye en la producción de gases que  añaden su granito de arena.

A esta vulnerabilidad de los pueblos más pobres se une la fragilidad para enfrentarse a las catástrofes climáticas.

Este cambio climático no afecta por igual a todo el planeta, los países en desarrollo son los más vulnerables a este cambio, por otro lado, los efectos acumulados de emisión de gases, no se pueden solo abordar con acciones que los mitiguen; lo que se requiere son políticas para adaptarse a estos cambios climáticos, como por ejemplo la provisión más igualitaria y universal del agua potable, saneamiento básico, seguridad alimentaria, acceso a mejores servicios de salud o una educación digna entre otras. A esta vulnerabilidad de los pueblos más pobres se une la fragilidad que muchas de estas comunidades tienen para enfrentarse a las catástrofes climáticas, dado sus condiciones de desigualdad y exclusión. Alguna de estas comunidades curiosamente también están en el primer mundo.

Hay una responsabilidad histórica que es en esencia, un problema que ha sido tradicionalmente atribuido a los países que fueron los primeros en industrializarse, pero últimamente, también han entrado otros, como China o India, a los que se está especialmente culpabilizando, sobre todo por ser unos mercados super competitivos para los países tradicionalmente industrializados, hasta el punto que algunos de los países tradicionalmente industrializados, generalmente aquellos que menos se comprometen con luchar contra el cambio climático, se excusan en no poder hacer nada si estas nuevas potencias económicas no lo hacen.

El 83% de los encuestados creen que sí existe un cambio climático, frente a un 10% que lo niega, y un 7% que tiene dudas.

Otro aspecto que destacar es la percepción que tiene de este problema del cambio climático la ciudadanía. Así de una encuesta realizada en España por el CIS en 2018 se publicaron los siguientes resultados: el 83% de los encuestados creen que sí existe un cambio climático, frente a un 10% que lo niega, y un 7% que tiene dudas. De los que creen en el cambio climático un 58% considera que la acción humana sobre este cambio es mucha y un 35% que lo es bastante. Un 81% afirman estar muy de acuerdo en que cambiar nuestras formas de vida, ayudaría a resolver los cambios climáticos y un 70% creen que la ciencia y la tecnología por sí mismas no nos resolverán el problema, y en especial destaco que a nivel político, un 87% de los encuestados piensa que los partidos políticos prestan poca o ninguna atención al cambio climático.

Por último, compartir esta reflexión irónica de Mark Twain: “el paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía”.


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El cambio climático