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domingo. 03.07.2022

De la indignación al cambio

Artículo de Elena Sevillano y Víctor Rey.

Organizaciones sociales, fuerzas del trabajo y partidos políticos, somos necesarios para volcar la situación y sustituir ese modelo de precariedad por uno que ponga a las personas y el medio natural en el centro, necesariamente ecologista y feminista

Elena Sevillano y Víctor Rey | El primero de mayo es el símbolo más internacional del movimiento obrero. Aquella huelga que comenzó dicho día de 1886 y que devino en la revuelta de Haymarket, nos dejó a los Mártires de Chicago y también, el cambio de paradigma que supuso la jornada real de 8 horas que a España llegó “oficialmente” tras la huelga de la canadiense en 1919.

Este cambio es lo que marcamos como símbolo, y celebramos una vez más, saliendo en manifestaciones simultáneas por todo el mundo.

Cada año andamos y nos reencontramos con amigas, compañeras y representantes y se generan inmensidad de conversaciones en torno a la situación del mundo laboral y la situación social, sobre las fuerzas que percibimos cada año, si nos parece que la manifestación tiene más o menos afluencia que en años anteriores, etc. 

Inevitablemente recordamos las diferentes movilizaciones en las que hemos estado, huelgas generales, el no a la guerra, las concentraciones por Miguel Ángel Blanco, mareas, marchas de la dignidad, la PAH poniendo sus cuerpos por delante y por supuesto lo que consideramos el epicentro e inicio de otro gran cambio de paradigma, el 15 M y sus múltiples consecuencias.

Nosotros, en las secretarías de análisis y movimiento popular de Podemos Comunidad de Madrid testamos en estas conversaciones, sensaciones sobre confirmaciones y contrastes de diagnósticos y perspectivas.

Este año esperamos encontrar como grandes protagonistas, de un lado, la instalación de la precariedad laboral, puesto que celebramos el 1 de mayo, pero también la precariedad como modelo social, y del otro, la reacción de lo que empezamos a intuir como una importante ola de indignación consecuencia nueva del reciente cambio de paradigma, que se está marcando ya en grandes hitos como las movilizaciones de pensionistas, aquellas personas que trajeron la democracia y que vuelven a salir a la calle para proteger lo que es suyo y el futuro de su prole, y de las mujeres, cuyo despliegue y organización de la huelga feminista y la reacción ante una sentencia consecuencia de una justicia machista, ha marcado un antes y un después.

Pero creemos que este nuevo ciclo también se conforma de miles de hitos dispersos en torno a los conflictos laborales o los nuevos-viejos formatos de estructura y relación laboral que atan entre otras, las mal llamadas empresas de economía colaborativa.

Nosotras analizamos con una perspectiva de conexión un poco a lo “de aquellos polvos estos lodos”, y vemos que esta segunda ola de indignación está conectada al cuestionamiento que invadió las plazas en 2011 y que hizo llegar a las manos de la población, la verdad de que aquella crisis era una estafa social y democrática que había trasladado la soberanía popular a las manos de unos pocos, que habían dejado de representarnos y que servían a otros pocos que controlaban “el mercado” despojándonos del tratamiento de persona para convertirnos en mercancía.

Y esto sucedía mientras desahuciaban a gente de sus casas con aquella burbuja inmobiliaria que nos explotó en la cara, que ahora se ha transformado en la burbuja del alquiler, y al igual que una procede de la otra, el modelo de precariedad social es consecuencia de la mal-salida a esa crisis de la que han salido y con beneficios solo unos pocos, precisamente aquellos que la provocaron.

Usando como excusa aquella crisis y como herramienta fundamental los gobiernos para unos pocos, nos trajeron la desregulación impuesta por sendas reformas laborales que nos dejan la precariedad laboral como pieza clave que arrastra el cambio de modelo social.

Los ejemplos de conflictos laborales consecuencia de este nuevo y a su vez regresivo modelo, crecen a nuestro alrededor como setas. Así pudimos ver a las kellys, quienes limpian los hoteles del segundo país con más turismo del mundo, enseñarle las secuelas de la precariedad, que es aún mayor en femenino, a Mariano Rajoy, mientras en su cara no había atisbo alguno de vergüenza.  Vemos cómo nos dibujan en los telediarios “escandalosas” peleas de taxistas con conductores de UBER mientras disimulan en la misma noticia la desregulación del sector y la competencia desleal, lo que incluso llamamos ya uberización, o las privatizaciones por doquier en el sector público que extraen beneficios de la reducción de costes salariales, formación y seguridad. Asimismo, las subcontratas, el teletrabajo y la libre elección del empleador, del convenio de empresa o el del sector, son formatos utilizados para anular de facto la negociación colectiva.

Hay mil ejemplos, pero también hay reacción. Mientras que el gigante Amazon obtiene ingentes beneficios y ejerce un control alienante sobre el personal, que se ve obligado incluso a miccionar en botellas para no perder los segundos que se miden cuando van al baño, aparece la indignación que ha desembocado en @AmazonEnLucha, aprendiendo del modo utilizado por @Cocacolaenlucha, recabando apoyos nacionales e internacionales y colocando la cuestión obrera y la fraternidad de nuevo en plena vigencia.

Además, a este análisis se unen sensaciones similares a las que teníamos en el ciclo anterior cuando a alguien despistado se le ocurrió decir que nos presentásemos a las elecciones, provocando que ahora nos encontremos en las instituciones, aunque aún no en el número y con la fuerza suficiente para transformarlas y devolverlas al servicio de la gente, pero sí para hacer inevitable un cambio que ha comenzado y es imparable.

Y frente a ello, quienes distanciaron las instituciones de la gente, han reaccionado creando un podemos de derechas, poniendo en marcha una operación que, frente al cambio, solo quiere recambio, mientras el ejecutivo no opera salvo para secuestrar la autonomía municipal y bloquear el legislativo a base de vetos inconstitucionales y pactos de mentira, o el poder judicial ejerce sin poder cubrir ese hueco que junto a la crisis constitucional está generando una situación compleja que nos daría para escribir otro artículo.

Pero somos optimistas porque es verdad que, en esta realidad, nosotros y nosotras solos no podemos, pero componiendo, acompañando y acompañados de esta ola de indignación movilización y fraternidad popular, sí podemos.

Esa ola de hombres y mujeres, niños y niñas, que encuentran nuevas formas de hacer y pelear para conseguir que las fuerzas del cambio ampliemos la capacidad y la potencia y ganemos en el segundo asalto las instituciones, conservando nuestra diversidad y autonomía, tenemos que ir en la misma dirección. Organizaciones sociales, fuerzas del trabajo y partidos políticos, somos necesarios y necesarias para volcar la situación y sustituir ese modelo de precariedad por uno que ponga a las personas y el medio natural en el centro, necesariamente ecologista y feminista, para encontrar como dice la canción, un mundo más amable, menos malo.


Elena Sevillano, diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid y secretaria de Movimiento Popular y Sociedad Civil en Podemos Comunidad de Madrid.

Víctor Rey, secretario de análisis en Podemos Comunidad de Madrid.

De la indignación al cambio