martes. 28.05.2024
(Monumento_a_los_Caídos)
Monumento a los Caídos. (Wikipedia)

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Nota aclaratoria

El día 13 de este mes, el diario ABC publicó un amplio reportaje titulado “Los historiadores, contra la demolición del Monumento a los Caídos planteada por Bildu en Pamplona: Es una aberración”.

Como me interesa debatir lo que afirman estos historiadores, dejo de lado sus nombres.

Como nota aclaratoria, es preciso constatar que ABC cometía el error de considerar que eran todos los historiadores de toda España quienes así se manifestaban, cuando, en realidad, se trataba únicamente de seis historiadores. Una parte exigua de los cientos de historiadores que hay en el país. Utilizar la parte por el todo, más que un error metodológico, es signo aberrante de una presunción de estar en posesión de la verdad, lo que es muy grave en un historiador (en ABC, es señal de identidad).

Hay que señalar que se trata de supuestos expertos en la Guerra Civil, pero no de la historia de la construcción del edificio de Pamplona, ni de su origen ni de su desarrollo.

Y se equivoca al decir que Bildu defiende la demolición del edificio. En ningún momento, la coalición abertzale, como tal coalición, se ha pronunciado en estos términos. Lo que, al afirmarlo, se le ven las orejas al periódico siguiendo la táctica de tildar cualquier iniciativa que proceda de dicha coalición.

Al periódico monárquico le habría bastado con mirar la hemeroteca. En 2015, en campaña electoral, Adolfo Araiz, de EH Bildu, propuso que “abriría un debate participativo para buscar al mausoleo un nuevo uso y así trabajar a favor de la libertad”. Y Asiron, en la misma rueda de prensa hecha frente a la escalinata del monumento, dijo que “tenía claro que el futuro del centro servirá para trabajar por la paz, la memoria, la justicia y la reparación”. La palabra demolición no brilló en ninguna de sus frases.

En 2024, después de repetir como alcalde tras la moción de censura, la posición de Asiron y la de EH Bildu no han cambiado lo más mínimo. Que en la actualidad haya introducido en su discurso la posibilidad de su derribo, lo es para congraciarse con las Asociaciones Memorialistas, que constituyen una buena bolsa electoral.

Pero tampoco resulta una novedad. Parece que estos historiadores desconocen el contrato en vigor entre el Arzobispado y el Ayuntamiento de Pamplona sobre qué hacer con el monumento y que incluye la posibilidad de eliminarlo. Por tanto, no parece muy ético asegurar que EH-Bildu defiende la demolición con el fin de calificar esta decisión como si fuera una cosa de “abertzales terroristas”.

¿Cómo proponer un referéndum para decidir qué hacer con un edificio que es exaltación del golpismo y negación absoluta de la democracia?

De hecho, su última propuesta ha sido la de proponer una consulta a la sociedad para que esta decida finalmente qué hacer sobre el monumento: resignificarlo, derribarlo o mantenerlo tal cual. Una consulta que es toda una propuesta tan demagógica como increíble. No solo se trata de una propuesta que pudo plantear en 2005 y no lo hizo, sino que resulta surrealista. ¿Cómo proponer un referéndum para decidir qué hacer con un edificio que es exaltación del golpismo y negación absoluta de la democracia?

Tesis de los historiadores

Tesis 1ª: “La destrucción del edificio implicaría el olvido de uno de los momentos más turbios de nuestra historia”.

¿Momento turbio de la historia? Pues ya dirá el reportaje por qué lo ha sido y para quién. No para los franquistas desde luego. Siempre se enorgullecieron de este momento de la historia y del edificio que lo consagró. Durante más de cuarenta años, ningún galopín de la derecha habló de “momento turbio”, sino de glorioso, donde Navarra alcanzó las cuotas más altas de patrioterismo español, emulando su obra con los defensores de España contra los franceses, como recordaban una y otra vez los periódicos locales en Pamplona de El Pensamiento Navarro, Diario de Navarra y Arriba España. Hasta recibió por ello la Laureada de san Fernando.

De algún modo podría calificarse que el monumento recuerda “uno de los más turbios de su historia”, de Navarra. Porque así fue. Fue turbio, oscuro, cruel y bárbaro. Fue turbio porque los cerebros de la carnicería que perpetraron en la retaguardia ni siquiera han salido a la palestra. Pero no nos recrearemos en describirlo, sino en sostener la nula o insignificante correspondencia establecida entre el conocimiento y la memoria de la historia supeditada a sus edificios. Si así fuera, no se entendería por qué estos historiadores no salieron antes a la palestra protestando por la retirada de tanta simbología golpista diseminada por las calles de los distintos pueblos y ciudades de España. Según su perspectiva, el espacio público de España tendría que estar inundada, no sólo de la simbología franquistas, también, carlista, que mantuvo en vilo durante tres guerras tan inútiles como fanáticas a toda la Nación. Y de los fenicios, de los cartagineses, de los visigodos… Ridículo.

Claro, quizás, es posible, a lo mejor, es por eso por lo que el personal no tiene idea de qué guerras hablamos. Una pena que las figuras de sus generales militaristas y su simbología no se encuentren desperdigadas en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades. Como los caretos de los Gomá, de Pla y Deniel, Olaechecha, Eijo Garay, etc. para que la ciudadanía no olvidara la participación directa de la Iglesia en el golpe de Estado. Y ya de paso se podría añadir a ella toda la parafernalia nazi y fascista, con Hitler a la cabeza y seguida de Hesse, Goebbels, Mengele, generales y aviadores iconoclastas de Guernica y demás poblaciones arrasadas, vascas, catalanas, andaluzas, etc. habida cuenta de la ayuda que el ejército faccioso recibió de Alemania y de Italia.

Tesis 2ª: “La opinión en contra de la demolición del Monumento a los Caídos es unánime:

Es mentira que la opinión en contra de la demolición de Los Caídos sea unánime. Es la demostración concluyente de que estos historiadores no han seguido la polémica que existe en Navarra desde 2005 sobre el citado monumento. Y, si esa unanimidad a la que se refiere el periódico es absoluta, poco sentido tendría recurrir a la asociación de EH Bildu con dicha demolición como si esta fuera solo cosa de los abertzales. Y de este modo demonizar dicha propuesta. Si la propuesta es unánime, ¿por qué recalcar la posición de Bildu, cuando, para colmo ni siquiera está a favor de la demolición?

Estos historiadores tampoco se han enterado que existen alrededor de 30 asociaciones memorialistas, que representan a miles de familiares de las víctimas del genocidio navarro y que se han manifestado públicamente a favor de la demolición.

Tesis 3ª: “Si se derriban Los Caídos, se derriba la memoria”.

No sólo lo afirman los historiadores, sino, también, R. Alzórriz, secretario de organización del Partido Socialista Navarro y, al parecer, un experto en el funcionamiento de la memoria relacionada con las ruinas arquitectónicas.

 Navarra no ha olvidado jamás lo que sucedió en 1936. No lo ha olvidado nadie, ni las derechas golpistas, ni los familiares de las víctimas asesinadas en la retaguardia navarra.

Si las derechas navarras no han olvidado a Mola, a Sanjurjo, a Rodezno, a Beunza, a Aizpún, las familias de las víctimas tampoco lo han hecho. Por motivos contrarios, obviamente.

Y ninguno de estos dos bandos ha necesitado el monumento a Los Caídos para recordar lo que para unos fue el triunfo de la fe sobre el comunismo y para los otros una tragedia de dimensiones impensables.

Si estos historiadores piensan que estos dos bandos mantienen su memoria fresca gracias a este edificio, no saben lo que dicen. Aquí no ha olvidado ni Dios lo que sucedió en 1936. ¿Cómo puede olvidarse un hecho de tan trágicas dimensiones si durante cuarenta años las derechas han obligado a los vencidos a recordar su derrota y a sufrir una dictadura foral cuyo alcance destructivo aún no ha sido estudiado?

Navarra goza de una memoria prodigiosa. Y nadie tiene la obligación de olvidar, ni de perdonar. La memoria no tiene nada que ver  con el olvido. Son operaciones mentales que se rigen por distintos mecanismos cognitivos.

“Si se derriban Los Caídos, se derriba la memoria”. ¿Cómo será posible semejante hecatombe? Ciertamente, eso podría ser si la memoria de los navarros con relación a la Guerra civil dependiera de dicho edificio y todo lo sucedido en ella pasara por el citado monumento. Estos historiadores parecen olvidar que el monumento se comenzó a erigir en 1942 y se inauguró en 1952. Lo que significa que la memoria de la guerra estaba más que construida en los navarros, fueran de un bando o de otro. El edificio de Los Caídos solo vino a  consagrar y sacralizar lo que llamaron la épica de la santa Cruzada. Los Caídos es producto, no causa del relato fundamental. El relato de la guerra está en otra parte. Y este jamás lo han olvidado quienes formaron parte de la Navarra humillada, postergada y ninguneada. Las familias de 3500 asesinados en las cunetas, porque en Navarra no hubo frente de guerra.

Lo que resulta conmovedor es que la fiebre iconófila se haya revitalizado en esta época. No se había conocido semejante inclinación hasta que la decencia democrática institucional comenzó a quitar del espacio público figuras que honraban más los significantes de la muerte que de los de la inteligencia.

Tesis 4ª: “Los monumentos reflejan parte de lo que fue el pasado y no deberían ser derribados. El empeño en acabar con todo lo que se asocia a la dictadura franquista es parte de una ofensiva más amplia que nada tiene que ver con defender la democracia pluralista, sino con construir y asentar un relato del pasado que no responde a la verdad”.

Los monumentos no reflejan ni el pasado, ni el presente, ni el futuro. Reflejan lo que el intérprete o historiador de turno diga que refleja. Y lo diga en función de sus creencias e ideología. A fin de cuentas, la interpretación que estos historiados hacen del edificio se corresponde con el pensamiento político que tienen ahora, contrariando por completo lo de que de él decían los falangistas, carlistas y derechas de Navarra en el momento de su diseño, construcción y lugar de peregrinación.

Para ser historiadores, parece que olvidan lo que indicaba Enric Hobsbawm: “La comprensión de la realidad, pasada, presente y futura, pasa inevitablemente a través del bosque denso y oscuro de las suposiciones y deseos que el investigador porta consigo. No nos acercamos a nuestro trabajo como mentes puras, sino como hombres y mujeres educados en un contexto particular… y en un momento concreto de la historia”.

No hay tal ofensiva contra el legado de la dictadura franquista, ¡que menudo legado! Las asociaciones memorialistas no pretenden acabar con el vestigio de la dictadura franquista. Ni, menos aún, construir un relato mentiroso. Al contrario. Lo que desean  es, precisamente, que se conozcan quiénes fueron los verdugos que asesinaron impunemente a sus familiares, porque entienden que esto también forma parte del relato verdadero de lo que sucedió en Navarra.

¿Hacer desaparecer toda presencia franquista en la sociedad? Sería lo último. En Navarra, la pretensión de las asociaciones memorialistas es hacer desaparecer del espacio público aquellos edificios y figuras que exalten y enaltezcan golpistas. Son los edificios o lugares de exaltación. Contra estos edificios no cabe ninguna resignificacion, ni, menos aún, su mantenimiento.

Por el contrario, los lugares de humillación, construidos por los golpistas, deben mantenerse donde fueron construidos sin resignificación ni parecido semiótico que se le parezca. Son la obra más depurada del franquismo que merece ser recordada por la generaciones para que, en efecto, nadie caiga en la tentación de los dictadores, del militarismo y del totalitarismo, en definitiva, del fascismo.

Considérese, por tanto, como idea deplorable y falsa la que presenta a las asociaciones memorialistas como obsesivos iconoclastas del legado franquista. No se pueden despreciar aquellos edificios que arrojan la verdad y el conocimiento de sus deplorables actividades para hacerse con el poder. Es importante que se conozca ese legado dictatorial, por ejemplo, los campos de concentración que hubo en España. ¿Para cuándo un mapa de ellos? ¿O esto no forma parte del legado franquista? ¿O este es el legado del que no quieren hablar ciertos historiadores?

En definitiva, lo que no se puede permitir es que existan edificios que exalten el mal, como es el golpismo y los efectos que este mal produce en la sociedad. Y un símbolo de esta exaltación es ni más ni menos que Los Caídos al mismo nivel que Cuelgamuros.

Los_caidos_pamplona

Tesis 5ª: “Hay que recordar lo que pasó servirá para no repetirlo”

Ni la memoria individual, ni colectiva desaparecen porque se destruya un edificio por muy emblemático que sea. A no ser que haya gente que necesite un edificio para recordar. El edificio no recuerda nada a quien no quiere saber nada de lo que sucedió durante la Guerra Civil en Navarra. Y no necesita dicho edifico para saber que un Golpe de Estado es una peste política, como lo es asesinar en la retaguardia a hombres y mujeres, además de violar a estas. Si alguien necesita contemplar un edificio para distinguir el bien y el mal, es que, con perdón, un tarugo ético.

La historia enseña todo y nos previene de todo. Claro que sí. El problema está en saber quién hace caso a la historia como prontuario de su conducta actual. Los historiadores preguntados en ABC son catedráticos. Profesores de historia. Nadie sabe mejor que ellos que los libros de texto de Historia son una constante apología de la guerra. Libros de texto donde se cantan las grandezas de emperadores, reyes y gobiernos que ganan o pierden una guerra. Y que los países se hicieron grandes gracias a las conquistas que llevaron a cabo aniquilando pueblos, ciudades y países sin remordimiento alguno. Lo que hace Israel con Palestina.

El ser humano no aprende ni mucho ni poco de su pasado. Menos aún si sus líderes más significativos son partidarios de la guerra y los golpes de estado los consideran un instrumento para conseguir un fin sagrado. Nos lamentamos y condenamos los movimientos terroristas porque utilizan el asesinato para conseguir su fines. No parece que sean los Estados los más indicados para recriminarles semejante táctica. No hacen sino imitar a su padre putativo: el propio Estado.

En este contexto, me gustaría recordar unas palabras del fundador de la Falange. Tras las elecciones de febrero de 1936, esas que uno de los historiadores de ABC consideró un fraude electoral, un pucherazo, vamos, y que dieron el triunfo al Frente Popular, al ser preguntado en el periódico madrileño La Voz, por la periodista, Lucía Tirado, “qué opinaba sobre la educación de los hijos en el odio a la guerra”, respondía: “Los haría cobardes solamente. Los hombres necesitan la guerra. Si usted la cree un mal, es porque necesitan del mal. De la batalla eterna contra el mal sale el triunfo del bien, como dice san Francisco. La guerra es absolutamente precisa e inevitable. La siente el hombre con un imperio intuitivo, ancestral y será en el porvenir lo que fue en el pasado. ¿Los pueblos sin guerras?” El Jefe de Falange España la sonríe largamente. (La Voz, 14.2.1936). Sus afines en julio de 1936 pondrían en práctica las enseñanzas del maestro.

Porque no hay otra memoria adosada al edificio que la que uno quiere. Y evidente que se trata de un edificio para recordar la gran gesta golpista de carlistas y falangistas. Porque digan lo que digan ese monumento no pregona otra cosa. Y, si no, que se lo digan a los carlistas de El Pensamiento Navarro cuando fue erigido. Lean, por favor, sus artículos, y luego atrévanse a negar su intrínseca naturaleza fascista. Y esta naturaleza imprime carácter. El matiz no es mío. Es del director de ese periódico carlista, López Sanz, que firmaba como SAB.

Tesis 6ª: “Si lo derribas (Los Caídos) vas en contra de la mayoría de la sociedad navarra de la época”.

Era lo que faltaba por leer. Si tuviéramos que respetar el criterio político, ético, social, económico y, ya puestos, de esa mayoría franquista, ¿dónde estaríamos en estos momentos? ¿Seguiríamos vivos? ¿Qué es lo que se quiere sugerir cuando se dice que debemos mantener Los Caídos porque fue una construcción que decidió la mayoría política y social de aquella época?

Para empezar, esa mayoría a la que se hace referencia no tuvo arte ni parte en la decisión de la construcción del edificio. De hecho, ni siquiera los carlistas y los falangistas estuvieron de acuerdo a la hora de su erección, ni el lugar donde elevarlo ni el tipo de monumento. Para seguir, la mayoría de esa sociedad en ningún momento fue consultada. Ni siquiera los ayuntamientos. Y eso que los nombres de los muertos que figurarían en el Monumento eran pertenecientes a las merindades de Navarra. Si hubo una mayoría política que apoyó ese monumento como otras decisiones de la Dictadura Foral, lo fue, unos porque, en efecto, eran golpistas, y otros porque, caso de haber dicho “no” al Monumento hubieses terminado en un campo de concentración o, peor aún, fusilado. 

Tesis 7ª: “Lo mejor sería mantener para comprender mínimamente lo que pasó en Navarra, y más concretamente en Pamplona, en 1936 y después”.

Repárese en la expresión “comprender mínimamente lo que pasó en Pamplona y después”. ¿Mínimamente? ¿Se refiere a los datos expositivos necesarios que, en su opinión justifican el golpe de Estado y la legitimidad de la Dictadura que le sobrevino? Aun dando por válida esta explicación, que no la doy, ¿explicaría esa comprensión mínima la masacre de más de 3500 personas? ¿Y explicaría lo que pasó después, no solo el asesinato de esas personas, sino la horrible dictadura franquista y foral que sobrevino al golpe?

Tesis 8ª: “Resignificar Los Caídos lo convertirá en un espacio para fortalecer la conciencia histórica que contribuya a una democracia pluralista más sólida”.

Plantear la resignificación de Los Caídos como un reforzamiento de “una democracia pluralista más sólida” es un insulto. Lo único capaz de fortalecer una democracia pluralista más sólida es que las instituciones democráticas -ayuntamientos y gobiernos autonómicos-, es que hagan desaparecer del espacio público cualquier vestigio fascista. Una decisión institucional que opte por la limpieza de monumentos que son exaltación del golpismo -todo lo contrario a una democracia-, esa sí que es una decisión que ayudaría, no creo que el reforzamiento de una fantasmagórica conciencia histórica-, pero sí al asentamiento de una democracia pluralista.

Curiosamente, hablan de una democracia pluralista como la panacea universal a todos los problemas de la sociedad. Tiene gracia cínica. ¿Cuándo las derechas han sido partidarias de una democracia pluralista? ¿Alguna vez han respetado la neutralidad aconfesional del Estado, hecho fundamental de respetar esa democracia pluralista?

Tesis 9ª: "Es una auténtica aberración acabar con este monumento. Si borras las huellas del franquismo, parecería que nunca hubiera existido”.

Al menos se reconoce que Los Caídos es un edificio franquista. En serio. Primero. Las huellas del franquismo no son sólo los edificios. Estos historiadores lo saben. Hay fuentes primarias y secundarias excelentes como archivos, testimonios orales, expedientes judiciales, bandos, libramientos y que revelan perfectamente la esencia criminal del franquismo. Segundo. Nadie quiere que desaparezcan las huellas del franquismo, sólo las huellas de los edificios que lo exaltan, que enaltecen a sus pretendidos héroes que atentaron contra un régimen republicando legalmente constituido. Tercero. Estaríamos encantados que todos los lugares de exterminio, lugares de dolor y de humillación, cárceles y campos de concentración que creó el franquismo, que son marca consustancial al franquismo, se mantenga en pie. Porque una democracia que se precie no puede permitir que existan lugares o edificios que exalten el golpe de Estado y a quienes lo propiciaron. Si quienes, desde las instituciones democráticas, lo permiten, significa que de no tienen corriendo por sus venas un gramo de democracia.


Síntesis

caidos con texto original
Imagen del monumento en los primeros tiempos.

Si las actuales fuerzas políticas que gobiernan las instituciones navarras no se deciden y optan de una vez por todas por la demolición del Monumento, que sólo tiene un desgraciado “valor” -honrar a los golpistas y humillar a los 3500 navarros asesinados en 1936-, tengan por seguro que las derechas de Navarra, de UPN y del PP, una vez que regresen al poder institucional de la comunidad, harán con el Monumento lo mismo que están haciendo con la Ley de Memoria Democrática en las comunidades que gobiernan. ¿Hacer qué? Lo que estás pensando: tomar el monumento sea resignificado o mantenido tal cual, excepto por dentro, o dotarlo de aquellos pegotes estéticos que le devuelvan su sentido original: ser un edifico de exaltación fascista. Porque si a algo están dispuestas las derechas a navarra es a no renunciar a ese sentido. Será, entonces, cosa de magia ver al político demócrata, tal como los socialistas del PSN, para contarnos la milonga filibustera que el edificio sirve para reconciliarnos y tomar “conciencia histórica de la democracia pluralista… y recordar que en un tiempo pasado hubo una guerra donde desgraciadamente fueron asesinados 3500, pero que es conveniente volver página… porque…blablabla”.

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