martes. 23.07.2024
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¡Es la economía!

La economía aparece hasta en la sopa. Algo tendrá. Aparece hasta en una clase de “Teorías éticas y políticas”, impartida por Marcel Cano en el programa de Filosofía de la Universitat de la Experiència de la UB.  Se empezó discutiendo las cosmovisiones de Karl Marx Adam Smith sobre el concepto de trabajo y se acabó hablando del precio de los bienes: que si se crea primero la necesidad para, segundo, vender lo más caro posible el bien; que si el mainstream económico primero basaba la fijación del precio en los costes marginales, pero ahora considera que es el mercado (por el análisis marginalista de las utilidades) quien lo fija; que si oferta (supuestos costes marginales) y demanda (supuestas utilidades marginales), si bien existen, son un argumento débil como razón de la fijación de precios; que si desde la derecha a la izquierda todos aceptan la llamada ley de la oferta y la demanda...

Algo tiene la economía cuando hasta los aprendices de filósofos se preguntan por ella. Los precios, eso es lo que tiene. Los precios nos preocupan. Y cuando suben, aún más.

Le malade imaginaire 001 NT

Un tópico

Tienen los tópicos que en una gran parte explican bien la realidad. Como al decir “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Otros parecen explicar bien la realidad. Como, por ejemplo, “el aumento de salarios contribuye al fenómeno de la inflación”.

Las premisas del primero son:

p1) El que cierra los ojos voluntariamente, no ve nada.

p2) El que no ve nada es como un ciego.

Conclusión: El que cierra los ojos es como un ciego.

Este argumento da razón del primer tópico. Veamos las premisas del segundo.

p1) Si suben los salarios, suben los costes

p2) Si suben los costes, a igualdad de precios, bajan los beneficios.

p3) Para mantener los beneficios, deben subir los precios

Conclusión: Si suben los salarios, suben los precios. Y si bajan, los precios igual.

¡Vaya! ¡Pues también es un argumento válido! Ciertamente, el argumento es inapelable, pues en un universo donde las premisas p1, p2 y p3 sean ciertas, de ellas se deducirá necesariamente que la conclusión también es cierta.

Vale, pero que un argumento sea válido no significa que exprese una verdad, es decir, que sea un argumento verdadero y que muestre una realidad empíricamente verificable [2].

Algo tiene la economía cuando hasta los aprendices de filósofos se preguntan por ella. Los precios, eso es lo que tiene. Los precios nos preocupan. Y cuando suben, aún más

Aunque deberíamos evitar caer en el marginalismo, incluso sin salir de él podemos argumentar, si no directamente la falsedad de las premisas, si la posibilidad de que la conclusión sea falsa, como aritméticamente nos muestran las siguientes gráficas: 

Elaboración propia, para producción y consumo: https://datos.enerdata.net/gas-natural/produccion-gas-natural-mundial.html, para precios: https://es.statista.com/estadisticas/598820/energia-precio-del-gas-natural-ee-uu-y-europa/
Elaboración propia, con datos sobre España de la OIT, https://ilostat.ilo.org/data/, INE, https://www.ine.es/index.htm, y Banco Mundial, https://datos.bancomundial.org/
Elaboración propia, para producción y consumo: https://datos.enerdata.net/gas-natural/produccion-gas-natural-mundial.html, para precios: https://es.statista.com/estadisticas/598820/energia-precio-del-gas-natural-ee-uu-y-europa/
Elaboración propia, con datos sobre España de la OIT, https://ilostat.ilo.org/data/, INE, https://www.ine.es/index.htm, y Banco Mundial, https://datos.bancomundial.org/

En el primer diagrama llamamos “Factor de productividad” al resultado de dividir el PIB por el total de horas trabajadas anualmente (estimación OIT). Si en 2008 una hora producía 29,83 US$, en 2014 el valor producido ascendía (a precios constantes, es decir, una vez aplicada la inflación) a 33,35 US$ para alcanzar en 2019 los 34,56 US$. En cambio, la participación de los salarios en el PIB bajó del 65% (2008) al 57% (2019), lo que da razón de que las rentas salariales totales del 2008 fueran de unos 800 mil millones US$, mientras que las de 2019 bajaran aproximadamente a 760 mil millones US$ (una vez aplicada la inflación, por lo que los importes son perfectamente comparables).

 ¿Y los precios?

En el segundo diagrama, los precios (IPC) han seguido un comportamiento errático que ni se compadece con la bajada relativa de los salarios (incremento del factor de productividad, decremento de costes marginales) ni con la absoluta (decremento del monto de las rentas salariales, bajada de la demanda), ni tampoco con ninguna novísima creación de necesidades... ¿entonces?

Entonces los marginalistas... ¿cómo explican el precio del gas, por ejemplo?

Elaboración propia, para producción y consumo: https://datos.enerdata.net/gas-natural/produccion-gas-natural-mundial.html, para precios: https://es.statista.com/estadisticas/598820/energia-precio-del-gas-natural-ee-uu-y-europa/
Elaboración propia, para producción y consumo: https://datos.enerdata.net/gas-natural/produccion-gas-natural-mundial.html, para precios: https://es.statista.com/estadisticas/598820/energia-precio-del-gas-natural-ee-uu-y-europa/

Así que los marginalistas, ni que se apoyen en la evolución de los costes marginales, ni aunque se apoyen en las leyes del mercado de la oferta y la demanda, no pueden explicar satisfactoriamente la formación de los precios de los bienes y servicios.

La especulación, que sin duda está tras los abusivos precios del GNL (más difícil todavía para el marginalismo: en enero del presente año 2023, el precio ya ha bajado en Europa a menos de 20 US$/MBTu, estando en EEUU a 3,15 US$/MBTu), explica muchas cosas, pero ni lo explica todo ni tampoco va a la raíz. Aún más, la carga peyorativa de la palabra “especulación” limita la objetividad en el análisis de las razones de cómo se fijan los precios. Si nos quedamos sólo en lo moral, no sabremos articular una alternativa real.

Sraffa, siempre

Como hemos dicho, evitaremos las explicaciones morales y la trampa de batallar con las herramientas del marginalismo.

Los profesores Juan Torres (Econofakes, Deusto, 2021) y Joaquim Vergés (Economía del mundo real, Pirámide, 2019) [3] dan respectivamente buena cuenta de los errores teóricos -nada inocentes- en que el mainstream económico incurre al afirmar que es el mercado o los costes marginales quien fija los precios.

Nos centraremos en lo que llamaremos Teoría Sraffiana de la Distribución (TSD) [4] y veremos que muestra no sólo el proceso, digamos, teorético de la formación de precios, sino cómo y por qué la fijación de precios es un hecho totalmente político. No de los políticos, sino que estamos ante un proceso que entra en la esfera de las relaciones políticas que se dan entre los distintos componentes hegemónicos de una sociedad.

Sraffa fue el primer economista en usar un conjunto de ecuaciones lineales para representar sistemas económicos cíclicos

Para ello deberemos navegar un poco en las matemáticas que dan soporte a esa TSD.

Sraffa fue el primer economista en usar un conjunto de ecuaciones lineales para representar sistemas económicos cíclicos. Nosotros, gracias a su esfuerzo de más de 30 años, y a los de su amigo y matemático Abram Besicovitch, no tendremos que realizar tal esfuerzo, sino que podremos manejarnos con las cuatro reglas.

Utilizando simbología común y seguramente conocida, denominaremos como I las entradas, como O el producto, como Rla rentabilidad global del sistema y como E el excedente (aquello que, al final del ciclo, excede de lo necesario para reproducir las condiciones iniciales). Sraffa, desde el punto de vista de la producción, distingue dos sistemas, el de subsistencia ( I = O ), donde todo lo que se produce es necesario para subsistir, sin que haya nada sobrero (típicamente, sociedades cazadoras y recolectoras) y el excedentario ( I(1+R) = OO = I + E ), donde se da un excedente del que se puede arbitrar a qué dedicarlo (crecimiento, lujo, servicios...).

En el primero no se da ningún problema de fijación de precios, pues fijado con significación económica uno cualquiera de ellos, el resto queda determinado: no hay ningún bien que prevalezca, cualquiera sirve como base para fijar los precios.

En el segundo, al darse el excedente, que no tiene por qué estar compuesto de los mismos bienes, ni en su caso en la misma proporción, que la entrada, hay un grado de libertad, y por lo tanto la solución no es única, y R (el grado de libertad) variará en función de los precios.

Sraffa atacó siempre el error teórico de entender el marginalismo [5] como herramienta para explicar la formación de precios. Si aceptamos su teoría, y aunque no lo mencione directamente, podremos ver cómo el marginalismo contamina incluso el concepto de explotación de Marx, al basarlo éste en la teoría de valor de uso y valor de cambio. 

Como alternativa base [6] al marginalismo, Sraffa desarrolla dos conceptos. El primero, que el excedente (E) se reparte entre el Capital y el Trabajo (por llamarlos de forma común y conocida). Segundo, que la herramienta, hoy, para repartir el excedente (E) es el salario.

Para matematizar de alguna manera estos conceptos, y tras más de un año de discusión (según cita Pasinetti [7]), el propio Besicovitch se convenció́ de que Sraffa tenia razón y que había una solución matemática económicamente significativa que explicaba y relacionaba los dos nuevos conceptos sraffianos, que se concretaría en lo que hemos dado en llamar Teoría Sraffiana de la Distribución (TSD) (ver nota 4).

El primer sistema de ecuaciones I(1+R) = OO = I + E, común a todas las teorías económicas clásicas (donde el salario se da ex-ante y es puramente un coste en pie de igualdad con el resto de entradas) solo muestra el modo de producción (cantidades de mercancías sin precio, en el que R si tiene solución), pero no el de distribución (importe según precio de las mercancías, en el que R no tiene solución).

El nuevo sistema de ecuaciones ideado por Sraffa, con apoyo de Besicovitch, consideraba al salario como la suma de dos componentes independientes: salario de subsistencia, el mínimo necesario para reproducir la fuerza de trabajo, y salario excedente, en tanto que apropiación de una parte del excedente producido por el sistema (ob cit, página 25).

Aparecen ahora dos variables que ocupan el lugar de la R (rentabilidad del sistema): r, beneficio del Capital, y w, participación del Trabajo en el excedente vía salarios:

I(1+r) + w = O (donde I y O ya no son unidades de mercancías, sino los importes resultantes de multiplicar las cantidades por sus respectivos precios, y w es la suma de salarios excedentes, de donde E = I·r + w, es decir, el excedente se reparte entre los beneficios del Capital y el salario excedente del Trabajo).

A través del desarrollo de este nuevo sistema de ecuaciones, que contempla como nuevo concepto la capacidad de apropiación del excedente por parte del Trabajo (w, salario ex-post [8], cuando el mainstream económico sólo lo entiende como coste ex-ante), Sraffa explicita como se distribuye el excedente: r = R (1 – w), dejando así un nuevo sistema con el mismo número de ecuaciones que de variables más una, donde una vez fijada una (r o w), la otra y todas las demás, o sea: los precios de las mercancías, quedan fijadas.

Esta fórmula, clave de bóveda de la TSD, es ante todo y sobre todo la explicación de que los precios son acción y efecto de la lucha por la apropiación del excedente económico [9], son a la vez la herramienta y el resultado de esa batalla por obtener la máxima porción del pastel. Los precios se fijan como resultado del “poder muy desigual de negociación y decisión, dentro y fuera de los mercados, de los sujetos, las organizaciones y las instituciones sociales” (EconofakesJuan Torres).

Esa última ecuación representa matemáticamente (podemos decir que teórica y experimentalmente comprobable) aquello tan conocido como denostado de la lucha de clases que, aunque tal vez sea cierto que se debería encontrar un nuevo nombre [10] para esa muy real batalla, se da continuamente en pos de la apropiación del excedente.

No son los costes marginales, no son las utilidades marginales, es la eterna lucha por la apropiación del excedente, descrita en la Teoría Sraffiana de la Distribución, la que determina y fija los precios: a mayor precio, menor salario excedente del Trabajo y mayor beneficio del Capital. A menor precio... [11]

La TSD permite asimismo enfrentar con otra óptica conceptos hoy tan necesarios de explicación alternativa como el consumismo, la deuda o la propia inflación galopante (y el porqué de que toda inflación es negativa para nuestros bolsillos...) [12]

Si esto es cierto...

Lo que se publica es para algo, para que alguien, uno o muchos, al saberlo, vivan sabiéndolo, para que vivan de otro modo sabiéndolo.” (María Zambrano)

No siendo ésta nuestra pensadora de cabecera, sí que debemos tenerla muy presente ni siquiera sea como piedra de toque de nuestro racionalismo. Y es bien cierto que siempre se publica para algo, para que uno, o a poder ser muchos, cambien de parecer.

Los narradores usan la razón verosímil: para convencernos nos deben mostrar aquella coherencia en los argumentos de sus relatos que nos permite seguir instalados cómodamente en la “suspensión de la incredulidad”. Los poetas usan la razón poética, perfectamente ilustrada por Zambrano, para poder mostrarnos reales mundos imaginados. Por eso tanto narraciones como poesías nos enseñan a vivir de forma creíble realidades contradictorias, pero a la vez todas posibles e incluso compañeras.

En los ensayos quien manda es la razón racional, soberbia, lógica. Y si dos argumentos válidos muestran conclusiones contradictorias, uno y sólo uno, además de válido, es verdadero. Y el otro, falso.

Sostenemos que Sraffa, con su TSD y su concepto del salario ex-post, explica cabalmente cómo se fijan los precios.

Si es así y los precios son acción y efecto de la lucha entre Capital y Trabajo por la apropiación del excedente económico y nada más, entonces Sraffa tiene razón. Ergo...

...lo otro es falso

Se pueden contar en el último año por cientos, sino más, los artículos en prensa escrita y digital, de la derecha a la izquierda sin solución de continuidad (incluyendo Nueva Tribuna, incluyendo economistas progresistas e incluso a estudiosos de Sraffa, pero que renuncian a su concepto clave de salario ex-post), que una y otra vez, machaconamente ¿involuntariamente? y aunque sin citar el marginalismo, o sí pero con subterfugios más o menos velados, hablan de que la solución pasa por, alternativamente, mejorar la oferta (produciendo más a menores costes ¡usualmente salariales o de cotizaciones! aunque a veces meritoriamente hablen de economía circular o colaborativa: que, aunque necesaria, no es la solución al problema de cómo se fijan los precios), reducir la demanda (a veces diciendo que estiramos más el brazo que la manga, otras, también meritoriamente, tocando nuestra fibra eco-sensible; en todo caso, aunque fuera verdad, tampoco va a la raíz del problema) o ambas cosas a la vez (reducir la demanda y ampliar la oferta) o apelan a los buenos sentimientos morales de los prohombres de la Industria y el Capital (lo que, no estando de más, lleva el problema al terreno de la moral, ciénaga en la que sabes cuando entras, pero no cuando sales).

Esos centenares de artículos, si aceptamos que Sraffa tiene razón, no es que sean falsos, es que sus conclusiones, dado que se apoyan en premisas falsas, y por muy válidos que formalmente sean los argumentos que exponen, son necesariamente falsas. Por muy contraintuitivo que nos parezca, son artículos con conclusiones perfectamente falsas.

El enfermo imaginario

Somos como El enfermo imaginario de Molière, aunque peor, pues no somos nosotros, sino nuestros propios médicos (léase, economistas) los que nos inducen a pensar que estamos enfermos (enfermos de codicia, enfermos de demanda, enfermos por desear servicios públicos eficientes y gratuitos, enfermos por pedir que los salarios se resarzan de los golpes de la inflación...) y para ello nos dicen “¡Mirad! ¡Mirad cómo vuestro comportamiento obliga al sistema a subir precios! ¡Sois vosotros, usuarios, consumidores, homo economicus, jugadores racionales, los que conseguís con vuestras decisiones que la mano invisible del mercado cuadre las curvas y asigne el precio socialmente óptimo!

Mientras que El enfermo imaginario es una comedia con final feliz, lo que vivimos es un drama, y en muchos casos, una tragedia contra la que poco podemos hacer

Y, claro, quién en su sano juicio le dirá a un doctor (en economía) que, mire, que no lo acabo de ver, que es que no tengo ni para llegar a fin de mes, que mi demanda está por los suelos, que, por no ser jugador racional, no lo soy ni de parchís si jugamos con dinero, y que lo de que sea socialmente óptimo que la luz decuplique el precio...

Mientras que El enfermo imaginario es una comedia con final feliz, lo que vivimos es un drama, y en muchos casos, una tragedia contra la que poco podemos hacer si no entendemos no sólo qué ocurre, sino sobre todo por qué y cómo ocurre.

La primera ciencia

Volvamos al inicio. Volvamos a la clase de filosofía donde de alguna manera el presente texto empezó a tomar forma. Como decíamos, se empezó discutiendo las cosmovisiones de Karl Marx y Adam Smith sobre el concepto de trabajo y se acabó hablando del precio de los bienes.

De la filosofía los antiguos decían que era la primera ciencia, y no se equivocaban. Lo es, pero no porque sepa todas las respuestas, que no las sabe, más bien al contrario. Lo es porque socráticamente sólo sabe que no sabe nada, y por eso no para de preguntarse, como si fuera un infante feliz, el porqué de lo que ve, la razón de lo que pasa.

Como bien dice Nietzsche, la Filosofía es el martillo del herrero que golpea sin piedad la verdad de hierro hasta que le arranca un sonido astillado: ahí le duele, ahí hay una pregunta que hacer. El filósofo pregunta, los demás intentamos contestar, sabiendo, como los interpelados por Sócrates, que provocaremos más y más preguntas, a cuál más afilada, a cuál más molesta. Por eso es saludable que en una clase de Filosofía nos interpelemos sobre por qué existen unos precios y no otros, aunque no sea la Filosofía sino la Economía la que después intente avanzar alguna respuesta.

Acabaremos, mutatis mutandis, con una cita de Kant: “Las experiencias sin conceptos son ciegas, los conceptos sin las experiencias están vacíos”. Sraffa sin los Sindicatos sería puro academicismo vacío e insignificante. Los Sindicatos, como la Sociedad, como los Partidos Políticos, sin Sraffa permanecerán ciegos ante las arremetidas del neoliberalismo.


[1] LICENSE: The model is licensed with a CreativeML OpenRAIL++ license. The authors claim no rights on the outputs you generate, you are free to use them and are accountable for their use which must not go against the provisions set in this license. The license forbids you from sharing any content that violates any laws, produce any harm to a person, disseminate any personal information that would be meant for harm, spread misinformation and target vulnerable groups.
[2] P1) Los perros son cánidos
P2) Todos los cánidos son herbívoros
Conclusión: Los perros son herbívoros
Si un argumento es válido, pero la conclusión no es verdadera, el problema está en que alguna de las premisas no es verdadera. Y a esa tarea, demostrar qué hay de falso en las premisas delargumento de la inflación, dedicaremos el presente texto.
[3] Un mayor detalle de las aportaciones de los libros de Torres y Vergés se puede encontrar en nuestro artículo de Nueva Tribuna “Inflación. Mistificación, mito y realidad”, del 4 de junio de 2022, y también en el artículo citado en la nota 4.
[4] Para una explicación más pormenorizada, ver nuestro artículo en Nueva Tribuna “La centralidad del salario excedente (ex-post) en Sraffa”, del 8 de abril de 2022.
[5] “La investigación se ocupa exclusivamente de aquellas propiedades de un sistema económico que no dependen de variaciones en la escala de producción o en las proporciones de los «factores».
Este punto de vista, que es el de los antiguos economistas clásicos desde Adam Smith a Ricardo, ha sido sumergido y olvidado desde el advenimiento del método «marginalista». La razón es obvia. El enfoque marginalista exige que la atención se centre en la variación, porque sin variación, bien en la escala de la industria, bien en «las proporciones de los factores de producción», no puede haber producto marginal ni coste marginal. En un sistema donde la producción continuara sin variación en esos aspectos, día tras día, el producto marginal de un factor (o, alternativamente, el coste marginal de un producto) no sólo seria difícil de encontrar, sino que no habría donde encontrarlo.
” SraffaProducción de mercancías por medio de mercancías, Oikos, 1966, Prefacio, página 11)
[6] “Es, sin embargo, un rasgo peculiar del conjunto de proposiciones ahora publicadas que, aunque no entran en una discusión de la teoría marginalista del valor y de la distribución, han sido elaboradas, sin embargo, para servir de base a una crítica de tal teoría. Si los cimientos se sostienen, la crítica podrá́ ser intentada más tarde, bien por el autor, bien por alguien más joven y mejor equipado para la tarea.”, ob cit, página 13.
[7] Pasinetti refiere que Besicovitch sostenía que el sistema de ecuaciones podía tener una, muchas o ninguna solución. Sraffa, siguiendo la lógica económica, sostenía que la solución con significado económico era única (“l’unicità̀ e la non-negatività̀ delle soluzioni di un sistema “vitale” (cioè̀ economicamente rilevante)”, Sraffa e la matematica: diffidenza e necessità, ¿quali sviluppi per il futuro?, página 4)
[8] Ver las notas 3, 6, 7 y 10 de nuestro artículo en Nueva Tribuna “La centralidad del salario excedente (ex-post) en Sraffa”, del 8 de abril de 2022.
[9] Ver puntos 8 y 9 de nuestro artículo en Nueva Tribuna “La centralidad del salario excedente (ex-post) en Sraffa”, del 8 de abril de 2022.
[10] Ver punto 1 y nota 10 de nuestro artículo en Nueva Tribuna “La centralidad del salario excedente (ex-post) en Sraffa”, del 8 de abril de 2022.
[11] Para una explicación más pormenorizada, ver nuestro artículo en Nueva Tribuna “Bajar precios, mejor que subir impuestos”, del 7 de agosto de 2022.
[12] Para una explicación más pormenorizada, ver nuestro artículo en Nueva Tribuna “La deuda y sus culpables”, del 6 de junio de 2022.

Le malade imaginaire