martes. 21.05.2024

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Sacando a colación aquellos rasgos que tanto genética como medioambientales caracterizaron a nuestros ancestros, creo entender que las diferencias de comportamiento que entre ellos existieron, por una parte se debieron a la presencia en unos individuos con un gen recesivo que condicionaba tanto su conducta individualizada, como la de una sumisión tribal; mientras que aquéllos cuyos genotipos [1] eran dominantes, fabricaban una proteína que les llevaban a manifestarse, tanto entonces como ahora, como seres avasalladores e incluso como depredadores. Unas diferencias conductuales que en función de los genes heredados y el entorno en el que se desenvolvían, son características en seres vivos como las plantas y los animales. Y este conjunto de respuestas continuamos desarrollándolo, al constituir los rasgos que concurren en la evolución genética unas cladogénesis, y a partir de éstas, unas anagénesis [2] que conllevaron tanto la desaparición del phylum taxonómico intraespecífico de los homínidos que nos precedieron, como la aparición de las phyla de los vertebrados que eufemísticamente hemos denominado como humanos.

En mi continuada búsqueda de encontrar una respuesta que satisfaga lo que para mí representa un enigma, en unos estudios realizados por unos cuantos neurólogos que - como C. von Monakow, R. B. Livingston y Heinz v. Foerster, -han señalado que el hombre está dotado neurológicamente de una moral “biológica”, en la que se arraigan normas como las de cooperación y solidaridad y la búsqueda de la verdad y de la libertad-, continúo sumido en un estado de confusión en el que viéndome obligado a hacer uso de lo que considero es el discernimiento, tengo que discrepar; ya que considerando que esta moral biológica está siendo asumida como algo generalizado, en multitud de casos, ésta -como trataré de cimentar con posterioridad-, al estar fundamentada en ciertos individuos unos factores genéticos y vivenciales que son determinantes para el desarrollo de su conducta, al estudiar su manera de reaccionar ante los eventos que como miembros de una comunidad han de ser considerados, su comportamiento con sus congéneres conlleva una incapacidad neurológica para que las funciones que debería ejercer su cerebro, no admitan lo que representa esta moral. Una genética y unos comportamientos que hunden sus raíces en los homínidos que nos precedieron, y que a pesar de haber perdido gran parte de los rasgos supervivenciales que tuvieron que marcarlos, están seleccionadamente presentes en el ADN y en el ARN de los homo sapiens que les hemos proseguido. Unas improntas que al estar al servicio de una defensa contra los avatares y peligros con los que se tuvieron que enfrentar, les obligaron a comportarse como animales provistos de una capacitación mental que no se resolvió precisamente con la anteriormente mencionada moral biológica. Con lo cual, no es de extrañar que como se menciona en algunos artículos sobre la evolución filogenética de los homínidos, actualmente existan algunos individuos que conservan en su ADN un 4% de los que contenían los Neanderthales. Y que dentro de ese 4% haya habido y siga habiendo personas, totalmente carentes de empatía con respecto al mundo que les rodea. Individuos que al ignorar las necesidades de otros, presentan un comportamiento socialmente desadaptado, que podríamos denominar como un trastorno de la personalidad. 

La moralidad surge en parte de manera natural y en parte como resultado de contextos e interacciones socioculturales

Según la revista MANUAL MSD, estos individuos son arrogantes y altivos, explotan a otros para lograr sus propios objetivos, son eminentemente narcisistas, y por tanto no son capaces de ver, que sus conductas afectan negativamente sus relaciones con los demás. Ejemplos (en el peor sentido de la palabra), fueron Hitler, Franco, Pinochet, Videla, Netanyahu, o los que económica y culturalmente nos han llevado a lo que Naomi Klein denuncia en su obra "La doctrina del Shock." Y el resultado que como objetivo conlleva este comportamiento dictatorial y económico lo hemos vuelto a ver tanto en el resurgimiento de unos partidos que propalan el racismo y la xenofobia, así como en la doctrina económica desarrollada por el padre de la Escuela de Chicago, Milton Friedman. Una catequesis económica que entraña el desmantelamiento del Estado del Bienestar representado por un neoliberalismo que constituye un nuevo modelo de desarrollo del capitalismo, que al ser la antítesis de aquella "moral biológica", nos muestra que lo que en el capitalismo prima es una inmoralidad conductualmente asumida.

Es como consecuencia de las discrepancias que he manifestado sobre la existencia en los humanos de una "moralidad biológica", por lo que al leer el tratado "Filogénesis y ontogénesis de la moral", de Rubén Ardila, vuelvo a encontrarme sumido en aquel estado de confusión que describí con anterioridad. Una obra con la que disiento cuando dice:

"existen conductas morales tanto en humanos como en animales; sobre todo en primates, delfines, perros, cuervos y otros; así como que "esta conducta puede llegar en los delfines a tener conciencia de sí mismos, como se ha demostrado por medio del "test del espejo".

Un texto en el que por el contrario asiento cuando en él se manifiesta que:

"Según los principales investigadores en este campo, la moralidad se fundamenta en dos pilares: la reciprocidad (de la cual deriva la justicia) y la empatía (de la cual deriva la compasión). Por lo tanto para estudiar las raíces evolutivas de la moralidad, es preciso investigar la reciprocidad y la empatía. La empatía, la equidad, la compasión, el cuidar a los otros, estaría en la base de la moralidad. Y tales sentimientos se encuentran en los animales no humanos." <yo diría más bien, en la conducta de reciprocidad y de empatía, que se derivan de una memoria que conlleva el aprendizaje con los que los integrados en una especie aseguran la defensa y el bienestar con las que mantener la cohesión de los que la componen.> La ética es una rama de la filosofía que investiga tanto el contenido de los juicios morales como su naturaleza (si tales juicios son objetivos o subjetivos). La ética se refiere a los principios de la conducta moralmente correcta aceptados por la persona o por el grupo."

En cuanto a la reciprocidad: Existen observaciones de campo acerca de este tipo de conductas en chimpancés, perros, ratas, cuervos, delfines y otras especies. Los animales experimentan sentimientos de empatía, amor, tristeza, rabia, se solidarizan con otros, se vengan de quienes les causaron mal, se reconcilian con sus enemigos y presentan muchos otros comportamientos que antes se consideraban exclusivos de los seres humanos y que denominamos morales"

Para seguir diciendo que: "La moralidad surge en parte de manera natural y en parte como resultado de contextos e interacciones socioculturales"

Algo que, en lo que se refiere a los animales, sobrepasa incluso lo que sostuvieron los científicos C. von Monakow, R.B. Livingston y Heinz von Foerster.

Y es que recurriendo a la definición de lo que se demarca en la RAE., la moral implica la ética, la honestidad, la decencia, la justicia, la virtud, la probidad y la integridad. Unos conceptos que para que puedan ser manifestados, necesitan de una capacidad de razonar, que no se les pueden atribuir a seres incapacitados para entender lo que estos conceptos representan, ni cómo hacer o no hacer uso de ellos.

A mi entender estos estudiosos de la conducta parecen no haber tenido en cuenta, que solamente refiriéndonos al comportamiento y a la herencia genética de los humanos, solemos encontrar toda una serie de trastornos de personalidad, que por su globalización rechaza la existencia de una moral biológica generalizada. Y mucho menos que esta conducta y este legado, en los que según ellos se fundamente la moral, se dé asimismo en los animales. Lo que a mi entender en estos casos ocurre, es simplemente el hecho de que estando éstos dotados de un cerebro, que sin llegar a desarrollar una capacitación mental, están provistos de memoria, atención, percepción sensorial, aprendizaje, orientación y motivación -como manifesté en el segundo artículo de esta serie-, están capacitados no solo para distinguir entre causa y efecto en función de las vivencias que hayan tenido; sino que a través de una experiencia que está fundamentada en estos atributos mentales, determinan un comportamiento que justifica aquello de que:

Los animales experimentan sentimientos de empatía, amor, tristeza, rabia, se solidarizan con otros, se vengan de quienes les causaron mal, se reconcilian con sus enemigos y presentan muchos otros comportamientos que antes se consideraban exclusivos de los seres humanos y que denominamos morales".

Y esto, como manifestación de empatía, amor, tristeza e incluso auto-sacrificio, a mi entender está fundamentado en la defensa de unas dependencias que los llevan a comportarse como sujetos determinados por las vivencia que hayan experimentado. 


[1] Término que se refiere a los dos alelos presentes en un locus determinado del genoma.
[2] La evolución filética o anagénesis es el proceso evolutivo por el que a partir de una especie ancestro sólo hay una especie descendiente. No hay una bifurcación filética y se mantiene la biodiversidad.

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