domingo. 26.05.2024

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Navarra era un territorio muy poco poblado con una densidad de 29 personas por km2. Estaba esta media por debajo de la media española. Las posibilidades económicas de estas tierras eran más bien escasas.

  1. EL FUERISMO
  2. EL CATALANISMO
  3. LOS DISTINTOS NACIONALISMOS EN ESPAÑA

Navarra tenía el problema agrario en las corralizas. Eran las corralizas fincas o cotos de fincas dedicados a pastos y a aprovechamientos secundarios que eran importantes para la época como sacar leña, piedra o poder cazar, incluso el cultivo de cereales, ajustando es este caso la utilización como pasto al ciclo vegetal.

Tanto en el caso gallego como en el valenciano y también de alguna manera en el vasco, hubo que esperar hasta la postguerra de la I Guerra Mundial, para que se produjera una nueva oleada nacionalista

Son un tipo de fincas cuya propiedad pertenece a veces al común de uno o varios pueblos, a veces en particular y en ocasiones es una parte privada y en parte comunal. Se utiliza para los anteriores usos descritos, pero de modo que no todos los propietarios ni los usufructuarios tienen los mismos derechos sobre ellas, siendo el más importante el pasto, que a veces se aprovecha en común y a ocasiones se arrienda o cede de alguna forma.

Cuando la Real Orden del año 1861 permitió su desamortización, los municipios respondieron de distinta manera. Bastantes optaron por vender una parte de las que poseían. Y la heterogeneidad de los derechos que existían sobre esas tierras no fue siempre aclarada.

Resulta difícil deslindar las corralizas comunales de la de propios. Para sanear las arcas municipales vacías por los cuantiosos gastos originados por las distintas guerras del siglo XIX, muchos pueblos habían optado por vender la carta de gracia a perpetuidad algunas de sus corralizas.

Si todas éstas habían sido fincas de pastoreo, muchas ya no lo eran en el momento de la desamortización, porque los labradores las habían roturado y reducido a cultivo parcialmente o casi totalmente, con permiso del organismo foral competente o de modo fraudulento.

Nunca quedó claro en el condicionamiento de las subastas, si se vendía la finca en plena propiedad o sólo el derecho de aprovechamiento de pastos.

Los corraliceros intentaron por todos los medios redimir las servidumbres que pesaban sobre sus corralizas u obtener la plena posesión del suelo. Estos procedieron a inscribirlas en los registros como propiedad con pleno dominio, con informaciones posesorias, y empezaron a roturarlas.

En otras ocasiones, serían los vecinos quienes iniciarían la rotulación, a espaldas de los corraliceros y ante la pasividad de los ayuntamientos.

El primer conflicto sucede en Olite, produciéndose un motín sangriento que llevaron a unas negociaciones que provocaron la devolución de siete corraliceros al común, los predios en cuestión fueron parcelados entre los vecinos.

Entre los años 1884 y 1888 hay un pleito entre la familia Carriquiri que era propietaria de una corraliza en Miranda de Arga y los también propietarios de varias piezas incluidas en ellas, que las habían acotado e impedían así la entrada de ganado a pastar, contra el correspondiente derecho.

Sin embargo, en la zona de la Montaña navarra y en la Merindad de Estella apenas hubo proceso de desamortización por lo que el problema de las corralizas no fue importante. En estas zonas predominaba el comunal y se empleaba fundamental para el pasto y, en las zonas de arbolado para la leña, construcción.

Había otros aprovechamientos como el del helecho, empleado en la cama para el ganado y para la producción del estiércol. En la utilización de los comunales destaca la acería que era una servidumbre recíproca entre varias fincas de propiedad colectiva o privada y que era especialmente usual en las tierras comunales de la montaña.

En los inicios del siglo XX vivía en una forma parecida al antiguo régimen y que registraba fuertes tensiones sociales. No existía un sistema de previsión propiamente dicho, ni tampoco una res de asociaciones de reivindicación obrera. Sólo existían unas instituciones y costumbres intemporales y un muy elemental y larvado asociacionismo profesional.

El fenómeno sindical no aparece en Navarra hasta inicios del año 1900 cuando se creó la Sociedad de Obreros de la madera y carpinteros federados, que se ha conocido como la primera agrupación de la UGT en Navarra.

Las agrupaciones ugetistas se desarrollaron a lo largo del año 1901 con la creación de los canteros, albañiles, metalúrgicos, boteros, guarnicioneros y curtidores. Fue en el año 1902 cuando se formó la sección pamplonesa de la Unión General de Trabajadores.

Se inicio el movimiento reivindicativo que ya había existido durante el sexenio revolucionario. En la primavera del año 1901 las reclamaciones hechas por varias sociedades obreras de Pamplona han obtenido, o están a punto de obtener un resultado positivo.

Los carpinteros consiguieron una aumentó de cincuenta céntimos en el salario y un aumento del 50% de las horas extras. Los herreros consiguieron diez horas en los talleres grandes y once en los pequeños, con una reducción diaria en ambos casos de una hora. La UGT no se declaró socialista hasta el año 1919 para así poder desarrollarse en los medios obreros y aun contrarios al socialismo.

Al mismo tiempo surge en Navarra la asociación católica La Conciliación que tenía como finalidad arreglar los problemas laborales por a la vía del arbitraje. El anarquismo tuvo poco desarrollo en Navarra.

Como región poco desarrollada El sindicalismo profesional estaba sometido a la jerarquía eclesiástica por lo que era poco reivindicativo. Se creó el Sindicato de Nuestra Señora del Camino que aparece legalizado en Pamplona en el año 1912.

Los activistas católicos seguían divididos sobre la conveniencia de crear asociaciones puramente obreras y realmente reivindicativas, o asociaciones mixtas. Esta polémica tuvo su punto álgido en la VI Semana Social Española que se celebró en Pamplona en el año 1912.

Intervino el dominico aragonés Gerard que atacó de forma muy intensa al movimiento socialcristiano oficial por su falta de capacidad de lucha. Sociedad de Obreros Vascos que fue fundada en el año 1911, no consiguió penetrar en Navarra hasta los años 1930.

EL FUERISMO

Durante la Restauración las peculiaridades administrativas de las tres provincias vascas y Navarra estuvo en la base del resurgimiento del nacionalismo vasco e incluso de planteamientos independentistas.

Se forma en estas cuatro provincias forales un partido regional para la defensa de lo peculiar de sus administraciones. El diputado general de Vizcaya, Fidel de Sagardoy crea la Unión Vasco-Navarra, que deriva más tarde hacia el Partido Euskalerriako.

Estos todavía eran un partido fuerista español, pero no aún nacionalista. Este movimiento presenta dos características por un lado se produce la aproximación política entre las provincias vascas y Navarra. Por otro lado es la propia derivación del fuerismo hacia los euskéricos.

La deriva de la Unión Vasco-Navarra en ese Partido Euskalerriako provoca el nacimiento ya en el año 1877 de la Asociación Eúskara de Pamplona con fines de promoción cultural de lo euskaldún, enlaza ya con el nacionalismo propiamente dicho.

En este movimiento encontramos figuras como los navarros Iturralde y Suit y Arturo Campión, y este último pasará a la historia de la literatura regional por sus idealizaciones nacionalistas.

Partidos y elecciones en navarra en los inicios del siglo XX

El fuerismo se convirtió en elemento común a casi todos los partidos políticos navarros. La Gamazada de los año 1893-1894 había sido uno de los primeros movimientos políticos multitudinarios que se dieron en la historia de España contemporánea.

Arturo Campión
Arturo Campión

Cuando en España se legalizó el voto universal apenas regía en algún otro país del continente. Este voto universal permitía el desarrollo de acciones democráticas. A inicios del siglo XX sólo podían votar aquellos que pagaban un mínimo determinado de contribución o desempeñaban determinadas profesiones.

La mayoría de la población se caracterizaba por la desmovilización política. Ni sus hábitos culturales ni el desarrollo de su economía les hacían ver a sus gentes la utilidad ni la posibilidad de participar en política.

La abstención electoral en Navarra en las elecciones del año 1907 fue de 41,8 % mientras que en España era del 32,94%. En las elecciones del año 1910 se equipararon siendo la abstención en Navarra del 25,9% y en España del 24%.

El vasquismo se venía abriendo camino desde años atrás, a raíz de la Gamazada y de la misma forma que lo hicieron los catalanes. El nacionalismo tardó en asentarse en Navarra.

EL CATALANISMO

A partir de la primera década del siglo XX, el catalanismo empieza a jugar importante puesto que fue la única región que verdaderamente logró la independencia electoral respecto al encasillado hecho en Madrid.

Prat de la Riba
Prat de la Riba

El nacionalismo fue consecuencia de la modernización que iba experimentando España desde finales del siglo XIX o comienzos del siglo XX. A veces, la posición nacionalista fue justificada por una voluntad de resistencia al cambio, basada en valores tradicionales, y otras, por el contrario, resultó de ese mismo cambio.

En los orígenes del catalanismo tuvo un componente tradicionalista y otro federal, la defensa de unos intereses económicos y el arraigo de una cultura renacida. No se entiende la realidad del catalanismo sin tener en cuenta esta pluralidad de procedencias y de orígenes.

El factor cultural y el económico social jugaron una función previa a la implantación del catalanismo como fuerza política. Hacia el año 1898, el catalanismo había ya definido unos primeros contenidos doctrinales y también había llegado a controlar las principales entidades barcelonesas relacionadas con el mundo cultural y económico.

A pesar del control de más de una docena de periódicos, tan sólo había presentado un candidato a las elecciones. Los desastres que se producían en Marruecos impulsó la reivindicación de la autonomía política y económica.

De alguna forma, Silvela proporcionó a los sectores nacionalistas un poder político efectivo, pero al mismo tiempo les dio motivo para la protesta. La resistencia frente a los proyectos fiscales de Fernández Villaverde estuvo localizada en Barcelona y aunque fue derrotada, hizo desvanecerse entre los regionalistas la esperanza de que un programa nacido en el seno de uno de los partidos de turno pudiera tener como resultado la satisfacción de sus deseos e intereses.

El catalanismo había mezclado en sus propósitos los afanes culturales y los intereses políticos de un modo confuso. La Liga Regionalista fue creada en el año 1901 y cobijó a los antiguos seguidores del general Polavieja, pero en ella jugó un papel decisivo otro sector que se llamaba Centro Nacional Catalá que estaba formado por intelectuales procedentes del Ateneo, profesionales respetados y miembros de una generación juvenil cuyo origen era totalmente nacionalista.

Este sector juvenil desarrolló un papel fundamental en la dirección de la política catalanista en que obtuvo señalados éxitos. El primero fue en las elecciones generales del año 1901, donde por primera vez, el catalanismo derrotó al sistema del encasillado habitual en la España de la Restauración. Cataluña no seguiría ya las sugerencias de Madrid respecto a sus resultados electorales. 

Se había cumplido el deseo de Prat de la Riba cuando había recomendado hacer lo que se hace en estos casos en los países civilizados: votar. El encarcelamiento de Prat de la Riba hizo pensar que el catalanismo acabaría desapareciendo.

El catalanismo no tuvo inconveniente en pactar con sectores de la política catalana sobre los que podía ejercer la hegemonía doctrinal y práctica. Lo hizo primero con los carlistas que coincidían con una voluntad descentralizadora, como posteriormente lo hizo con determinados monárquicos que apoyaban estas tesis.

En las elecciones del año 1907, Solidaridad Catalana agrupó a todos los partidos con implantación regional para enfrentarse a los partidos de turno y logró un éxito rotundo en todos los distritos electorales catalanes con excepción de dos.

A partir de ese momento, el catalanismo no fue sólo un hecho barcelonés sino catalán y los partidos de turno pasaron a ser inexistentes en Cataluña. Como dice Joan Maragall aquello fue un verdadero alzamiento de una región consciente de sí misma y de sus capacidades.

Gran parte de las victorias de la Lliga fueron consecuencia de la existencia de un equipo dirigente compacto y eficaz. Enrique Prat de la Riba era el ideólogo, el hombre prudente y poco brillante que, en las instituciones regionales, procuraba estar abierto a la posibilidad de colaboración con personas con las que mantenía discrepancias doctrinales importantes.

Con la llega de Cambó que fue un dinámico y brillante profesional de la política capaz de apreciar el preciso valor de una decisión arriesgada para intervenir en la política nacional transformando sus presupuestos esenciales.

Cambó fue descrito por Madariaga como el genio político mejor dotado de la época, y constituyó el paradigma de algo poco frecuente en la España de esa época. Un conservador verdaderamente merecedor de este calificativo.

Cambó definía muy bien a esta élite que le acompañaba y la contraponía con los intelectuales de la izquierda catalanista y decía “principalmente hombres de tertulia y de crítica; ellos era, por el contrario, hombres de pensamiento y acción con una intensa necesidad de eficacia”.

La gran superioridad de la Llega se aprecia en la Mancomunidad de Cataluña y fue facilitada por ella. En el año 1910, Prat de la Riba fue elegido por tercera vez como presidente de la Diputación de Barcelona.

En el consejo ejecutivo de la misma todas sus decisiones se tomaron por unanimidad y la distribución de competencias y responsabilidades entre las diferentes provincias y los distintos grupos políticos fue muy meditada y ecuánime.

LOS DISTINTOS NACIONALISMOS EN ESPAÑA

En el País Vasco se daba un conjunto cultural capaz de alimentar un sentimiento nacionalista. Además, hasta el año 1876 se había mantenido una peculiaridad en su organización política que de alguna manera había perdurado en el terreno económico a través de los conciertos.

El renacimiento cultural se produjo en el País Vasco más tarde que en Cataluña, coincidiendo con el político incluso en las personas de los protagonistas de ambos, Campión y Arana tuvieron esa doble faceta.

El euskera estaba en continuo retroceso desde el siglo XVI y tenía muchas mayores dificultades que el catalán para ser asimilado por las masas de inmigrantes que acudían atraídos por el despegue económico de la zona. Esto contribuye al mayor radicalismo del nacionalismo vasco que no en pocas ocasiones, se sentían como una cultura en peligro de extinción.

La sociedad vasca era plural y en ella convivían monárquicos liberales, republicanos y socialistas con los nacionalistas. A partir de un determinado momento hubo una común coincidencia en la necesidad de dotar al País Vasco de unas instituciones propias y peculiares que permitieran el desarrollo de su idiosincrasia política y cultural.

La diferencia esencial con respecto a Cataluña fue que mientras aquí existía una idéntica pluralidad, hubo también, una voluntad de colaboración, con la hegemonía de la Lliga, que en el País Vasco nunca pudo darse, por la menor influencia del nacionalismo y por una falta de perspicacia o habilidad.

El nacionalismo en el País Vasco no perdió el contacto con los sectores populares como a menudo le paso a la Lliga. En el año 1991, fue creada la Solidaridad de Trabajadores Vascos que, aunque se dirigió sobre todo a empleados y dependientes, quería penetrar también en los medios proletarios propiamente dichos.

El nacionalismo fue en esta región obra de una persona, pues hubo también una derivación del liberalismo conservador que lo nutrió. Sabino Arana no dotó al nacionalismo de una estrategia acertada, pero al menos le dio un profeta cuyas enseñanzas serán seguidas.

Sabino Araba había nacido en una familia de navieros carlistas y llevó una vida de rentista interesado por aspectos de la cultura de su región. De mala salud y carácter introvertido, era una persona profundamente católica. Durante su luna de miel peregrinó a Lourdes y nunca estuvo entusiasmado por el catalanismo.

Sabino Arana se declaró republicano y partidario de un Estado independiente. En términos políticos la concepción puede ser definida como una especie de democracia patriarcal y popular. Repudiaba la aristocracia de la sangre o el dinero, pero la difusión del nacionalismo se hizo en el medio rural por medio de los notables locales.

Se produce una colaboración con el grupo de Sabino Arana de otros sectores llamado euskalerricos por su procedencia de la sociedad Euskal Herria. Representaban un liberalismo moderado, capaz de obtener el apoyo de la burguesía de negocio y de actuar dentro de los límites de la legalidad.

Sabino Arana
Sabino Arana

Los euskalerricos venían a suponer algo muy parecidos a la Lliga catalana. Fue la colaboración de los euskalerricos lo que permitió a Sabino Arana fuera elegido como diputado provincial y que en Bilbao entre con el apoyo de cerca del 30% de los votos.

A partir de la muerte de Arana pareció imponerse la tendencia representada por los sectores burgueses conservadores, cuya expresión ideológica es representada por los escritores Aranzadi y Eleizalde, y la política, en jóvenes dirigentes como Horn, mientras que las actitudes más puristas y radicales fueron defendidas por Luis Arana.

La influencia electoral del PNV fue sobre todo bilbaína y estuvo ausente de la provincia de Álava hasta el año 1913. Ese mismo año se fundó el periódico Euzkadi. En el año 1910 se creó un centro liberal y nacionalista, que tuvo escasa incidencia y en el año 1911 se creó un partido republicano nacionalista, equivalente a la UFNR catalana que tampoco alcanzó relevancia.

El nacimiento de una conciencia de identidad no consiguió pasar del nivel estrictamente cultural al político sin encontrar una única y exclusiva fórmula en este terreno. Muchas veces los grupos políticos regionales se tiñeron de una particularidad especial, pero sin convertirse por ello en movimientos puramente nacionalistas.

En otras ocasiones, debido a la movilización de la opinión pública, que en su origen no tenía una característica nacionalista, acabaron resultando muy influyentes en Galicia y en Valencia, aunque en realidad fue mucho más aparente que real.

El nacionalismo gallego tiene un gran parecido al de Cataluña. A diferencia de los vascos que tenía características separatistas pero moderadas, tanto en Galia como en Cataluña, el nacionalismo siempre se concibió en el marco del Estado español.

En Galicia hubo una aparición temprana del renacer cultural, pero el político fue más tardío e impreciso entrecruzándose con luchas personalistas en medios intelectuales reducidos o con combates agrarios en lo que lo primordial era más la redención de los foros que la vertebración de unas instituciones propias y peculiares.

Murguía procedía del liberalismo progresista, la izquierda de la época, defendía un programa en el que en el que se incluía la redención de los foros. Brañas era carlista, idealizó el pasado patriarcal y defendió la representación corporativa. La tercera forma del nacionalismo gallego estuvo representada por Aureliano Pereira, que era un federal lucense que defendió las tesis nacionalistas.

No sólo no existía unidad, sino que los partidos caciquiles del turno consiguieron atraer hacia sus filas a quienes se iniciaron en política en las filas regionalistas. De esta manera los únicos triunfos que se suelen citar a favor del nacionalismo durante la primera década del siglo XX fueron exclusivamente de carácter cultural.

La situación cambió algo a partir del año 1907, pero lo hizo en un sentido que no beneficiaba al nacionalismo político. Apareció en el año 1907, pareció la primera revista nacionalista A Nosa Terra y se inició una amplia agitación campesina.

Solidaridad Gallega no llegó a configurarse como un verdadero partido político no concurrió a las elecciones con la pretensión de sustituir a los partidos del turno, limitándose a conseguir concejales en algunos ayuntamientos. Tenía unos 130 concejales solidarios en Galicia en el año 1909. Sin embargo, fracasó en el año 1910 con el único candidato presentado a diputado.

Con idéntica rapidez a aquella con la que había surgido, el movimiento de la Solidaridad Gallega desapareció en el año 1912, sin haber contribuido a alumbrar un movimiento nacionalista propiamente dicho.

Por estas mismas fechas aparece en la región valenciana las primeras agrupaciones valencianistas como era Valencia Nova en el año 1904, que se transformó en el año 1909 en el Centre Regionalista y la Juventud Valencianista en el año 1908 que tenía un carácter más radical.

Blasco Ibáñez
Blasco Ibáñez

Este valencianismo político germinal concluyó hacia el año 1910, pues aunque hubo una Solidaridad Valenciana que se había inspirado en la de Cataluña, no logró ni mucho menos el ensamblamiento social y político que había logrado con los catalanes.

Tanto los partidos del turno como la derecha clásica de los republicanos de Blasco Ibáñez, que declaraban su amor a la región, no hacían más que matizar levemente su ideario que, por lo tanto, no era ni primordial ni exclusivamente regionalista. 

Tanto en el caso gallego como en el valenciano y también de alguna manera en el vasco, hubo que esperar hasta la postguerra de la I Guerra Mundial, para que se produjera una nueva oleada nacionalista, que de todos modos permaneció en un nivel de desarrollo y de implantación electoral muy inferior al del catalanismo.

Fuerismo, nacionalismo y regionalismo en los inicios de la España del siglo XX