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viernes. 12.08.2022

Estimada Yolanda:

Tienes que saber que desde tu actividad parlamentaria, con aquello de que “le voy a dar un dato” -normalmente referido a Teodoro García, del PP-, más los ERTES, cuyo padre será el Gobierno de coalición pero tu eres madre y madrina, más tu pasado de activista como abogada laboralista, te has convertido en la esperanza de la izquierda; más aún, en la esperanza de la democracia por lo que luego diré. La historia, la historia con letra grande y la microhistoria unamuniana o, si lo prefieres, la circunstancia orteguiana, te ha colocado en un lugar quizá no tan buscado por ti –¿o sí?– pero ineludible. Eso ocurre a veces y, por no salir de España, le ocurrió a Adolfo Suárez o a Felipe González tras el intento de golpe de Estado de Tejero, que se encontraron con tareas no previstas o previstas de otra manera. En un artículo anterior te llamé la “esperanza granate” y creo que iría muy bien ese color para tu futura formación, de la que luego también hablaré.

Nada de venirse abajo por las elecciones andaluzas. La derecha mediática, mentirosa y engañadora en general, ha exagerado los resultados, sobre todo porque ha cometido el error interesado de analizar escaños en lugar de votos y ya sabemos -menos los periodistas del ABC, La Razón y El Mundo- que la ley D´Hondt y el tamaño de la circunscripciones lo deforman. Es verdad que el PP ha aumentado los votos en 832.000, pero es que Ciudadanos se ha dejado 540.000. El PSOE por su parte aminoró en 127.000 votos, algo recuperable si hace aún más políticas de izquierdas, decididamente de izquierdas en lo económico en el futuro próximo. Las elecciones en Andalucía tienen dos problemas para la izquierda: la abstención y la división de la izquierda a la izquierda del partido socialista. Los resultados de Adelante Andalucía y Por Andalucía son un ejemplo de lo nefasto de tal división. No son los únicos problemas, pero estos están en las manos de la izquierda y creo que está en tu circunstancia orteguiana cambiarlo o, al menos, de intentarlo con todas las fuerzas. Sé que la tarea es hercúlea y depende mucho de mandar a la freidora egos y machos-alfas, propios –si los hubiera– y ajenos, pero es posible. ¡Solo debe haber un partido de izquierdas a la izquierda del PSOE!, porque si hay más de uno, ambos, o al menos uno de ellos, no será de izquierdas porque servirá a la causa de la derecha diga lo que diga su programa electoral.

La claridad de las intenciones sirve para despejar la niebla de las dificultades. Y lo primero a aclarar es la posición respecto al PSOE de ese partido, organización o movimiento que concurra de tu mano a las urnas en el 2023. Por cierto, ese es el plazo y la tarea inmediata: que el conjunto de la izquierda gane esas elecciones y frenar posibles políticas de extrema derecha en el terreno de los derechos libertades, peligro que se dará si el PP ganara las elecciones por más sorprendente que ello pueda parecer. Este partido, heredero del franquismo, ha entrado en la lógica de la gobernabilidad a toda costa y eso le llevará a hacer políticas de extrema derecha para evitar tener que depender electoralmente de Vox y, eso, puede poner en peligro la propia democracia. Ya está en ello en cosas como la memoria histórica, los derechos lgtbi, aborto, etc., por no hablar de la destrucción del Estado de Bienestar mediante privatizaciones y ausencia de presupuestos en muchos aspectos de lo público. Y, en este siglo XXI, sin Estado de Bienestar consolidado no hay democracia, solo elecciones libres en el mejor de los casos. De momento el adversario a batir es el PP y no Vox.

Mucha tarea, Yolanda, y hay que hacerlo con inteligencia y con diligencia, y tú has demostrado tener la primera y mentalidad para la segunda. Muchos confiamos en ti como líder

Para abordar y abortar estos intentos la formación que tú lideres debe resolver, decía, la relación con el PSOE, partido ineludible por pura sociología electoral para la renovación del Gobierno de coalición. Esta relación debe nadar entre dos orillas igualmente peligrosas. Por un lado deber marcar territorio propio, con ideas y programas solventes que el PSOE no es capaz de abordar o los aborda con miedo y limitadamente: una reforma fiscal que haga pagar definitivamente más al que más tiene, evitar que las Autonomías de derechas practiquen el dumping fiscal, hacer pagar a los bancos –el sistema financiero en general– las inmensas ayudas recibidas en el pasado desde nuestros impuestos, luchar con el fraude fiscal, contra el fraude laboral empresarial en la contratación, construir una ley de la memoria histórica aunque ello suponga perder votos, abordar mediante multitud de medidas desde el lado de los ingresos y de los gastos públicos la lucha contra la enorme desigualdad, dotar de un mínimo vital suficiente a todos los ciudadanos que viven en nuestro país, etc. La tarea es titánica, lo sé. Enfrente tienes a los poderes fácticos: los grandes empresarios, la Iglesia, los asalariados y pensionistas que votan o se abstienen a los partidos que les quitó los convenios y que solo les subió las pensiones un 0,15% durante 4 años, a la mayoría de los medios de comunicación, a muchos ciudadanos que buscan el privilegio en lugar de alimentar la solidaridad, etc. Pero tú puedes tener el poder fáctico más importante de una democracia: el BOE. Sé que esta afirmación te puede sorprender porque vienes de un mundo que cree que el motor de la historia es la lucha de clases, pero eso es, desgraciadamente, una falacia: la historia así lo ha demostrado. Y hoy día aún es más falso cuando casi la mitad de los asalariados –¿donde está la supuesta clase obrera revolucionaria?– votan a la derecha y a la extrema derecha. Es verdad que una huelga general puede cambiar muchos cosas; incluso una huelga parcial, local, de una gran empresa, lo cual es para congratularse, pero con eso solo no cambiamos el país en un sentido más justo, con eso solo no aseguramos lo público, ni aseguramos un mínimo vital para los más necesitados, no paliamos la desigualdad. ¡Ojalá estuviera equivocado!, pero me temo que no lo estoy. Pero no se me olvida el hilo de lo que decía, es decir, de la relación de tu posible formación con el PSOE: ideas propias, críticas al PSOE cuando se piense que se lo merece, pero no al extremo de favorecer a la derecha, de poner en peligro un posible gobierno de izquierdas, cosa que pasó con Podemos en el 2019 que, de la mano de Pablo Iglesias, obligó al PSOE a convocar nuevas elecciones y estuvimos a punto la izquierda –y, por ende, la democracia– de perder las elecciones. Estas son las dos orillas, difíciles de navegar en ellas porque en ambos lados el agua se precipita hacia la derecha, aunque eso resulte paradójico geográficamente.

¿Cómo deber ser esa formación granate que te acompañe a un gobierno de coalición con el PSOE en el 2023? Es esa otra tarea hercúlea porque sin organización y sin un mínimo de implantación en la sociedad es muy difícil ganar elecciones. La razón de ello es porque, para ello, debemos poner ante el espejo a asalariados, pensionistas y, por ejemplo, a mujeres, cuando votan o se abstienen contra sus intereses económicos y, en este último caso, contra sus derechos como ciudadanas; ha de extenderse esa alternativa como una mancha de aceite, con una sociología militante de izquierdas como instrumento, que se dirija a los ciudadanos, a todos, pero especialmente a los que votan a la derecha en el barrio, en el bar, a la salida de los colegios, en el mercado, entre los vecinos, de forma espontánea, sin más intención que el ángel de la razón combata al dragón de las tripas de los ciudadanos. Parece ineludible contar con Unidas Podemos, pero para ello este partido debe ponerse a tus órdenes –exagero en la expresión–, para ello este partido debe cambiar y dejar sus tics pequeño-burgueses que ha tenido de la mano de Iglesias. Difícil pero quizá no imposible. Tienes un ejemplo en Mélenchon en Francia, pero lo conseguido por el francés probablemente no será suficiente en España. En Colombia con Petro tienes otro. Más que ejemplos son analogías, pero son instructivas. En todo caso tu formación no puede ser solo un partido de notables o universitarios metidos en la política sino que debe incardinarse en la sociedad desde los pueblos y ciudades, movimientos vecinales, sindicatos, etc., pero con la visión de conjunto y no solo de aquello de “que hay de los mío”, por justo y necesario que sea. Creo que me explico. Para tener esto acabado no tienes tiempo pero sí para su gestación.

Hay tareas pendientes ineludibles que el PSOE por sí solo no las va a abordar o las abordará timoratamente, parcialmente, pero que con el empuje de una formación a su izquierda, que haga propuestas posibles pero sin complejos, podrá acabar todo ello en el BOE. Lo hemos visto con la reforma laboral, que al final fue reforma y no derogación, con la ley mordaza, con las fechorías del de-mérito anterior Jefe del Estado, con el CGPJ y el Tribunal Constitucional, con temas fiscales que permiten a las Comunidades bonificar o exonerar de imposición en los impuestos cedidos o compartidos, en la falta de iniciativas para que los bancos paguen en el impuestos de sociedades las decenas de miles de millones de ayudas que se le dieron en su momento, en las insuficientes medidas y –en mi opinión parcialmente equivocadas– contra los precios de la energía, en la ya mencionada e insuficiente ley de la memoria histórica, etc. Tajo hay, tajo de izquierdas pero posible, plausible, contando con nuestros presupuestos, pero ensanchándolos para mejorar el aún insuficiente y deficiente Estado de Bienestar. Y no deja de ser un problema que la parte del león de este Estado esté en manos de la derecha, porque eso da opción a la privatización continua de lo público en educación, sanidad y dependencia.

Mucha tarea, Yolanda, y hay que hacerlo con inteligencia y con diligencia, y tú has demostrado tener la primera y mentalidad para la segunda. Muchos confiamos en ti como líder, pero no en solitario, buscando la complicidad de otros pero sin plegarse a egos y protagonismos que agüen el proyecto. ¡Ánimo, Yolanda, que en el 2023 –o 2024– te queremos ver de nuevo de vicepresidenta como mínimo!

Carta a Yolanda Díaz de un bancario, economista y jubilado