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jueves. 08.12.2022
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Ruinas del Foro Romano.

Conocer cómo era la demografía en la Roma antigua siempre ha sido motivo de debate. La realidad es que tanto en la época de la monarquía como de la República, se desconoce cómo era y habrá que esperar al emperador Octavio Augusto que será el que implanta el censo, lo que nos permitirá conocer la realidad demográfica de Roma.

  1. La realidad demográfica de Roma
  2. Población del Imperio
  3. La ciudad de Roma

La realidad demográfica de Roma

Demográficamente, el Imperio fue un típico estado premoderno. Una alta tasa de mortalidad infantil, baja edad de contraer matrimonio y alta natalidad dentro del matrimonio.

Tal vez la mitad de los individuos morían con menos de cinco años. De los que alcanzaban los diez, la mitad moría a la edad de los 50. Las mujeres tenían un promedio de seis a nueve hijos.

Debido a la ausencia de estadísticas fiables, muchas de las cifras son estimaciones probables y no existe un acuerdo unánime entre los estudiosos sobre las mismas.

No se sabe de forma aproximada la cantidad de personas que habitaban la ciudad de Roma durante la Monarquía y primeros siglos del período republicano.

No será hasta el siglo I a.C. cuando se registren ciertos datos que permitan acercarse a la demografía de Roma, constatándose un crecimiento constante de población hasta mediados del siglo I d.C. que se consolidará ya en el siglo II.

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Población del Imperio

En su apogeo, antes de la peste antonina, la población pudo alcanzar los 50 o 60 millones, con una densidad de 16h / km2. Cerca de la mitad de sus habitantes vivían en sus territorios europeos, pero las provincias más densamente pobladas eran: Asia, Siria, Chipre y Cirenaica.

La población del Imperio romano aumentó debido a su propia expansión que llegó a su máxima extensión con unos cinco millones de km² en la época del emperador Trajano en el año 117.

Las tribus germánicas vieron crecer sus números de uno a dos millones al comienzo del siglo I d. C. a más de tres millones antes del periodo de las grandes migraciones y a cuatro millones cuando comenzó el siglo V d. C.

Su mayor rival, el Imperio sasánida tenía una población en la época de máximo esplendor a comienzos del siglo VII, de 25 millones, la quinta parte de ellos en la región de Mesopotamia. Hacia el año 550 tenía una extensión de tres millones y medio de km2 su territorio.

Mucho antes, el imperio aqueménida, que fue el primer y mayor Estado persa, tuvo, en su época de gloria, el control sobre cinco millones y medio de km2 hacia el 500 a. C. Lo poblaban de treinta a treinta y cinco millones de habitantes.

Estimaciones de Beloch del año 1886, sobre la población romana y la extensión del Imperio al morir Augusto.

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El Egipto de los Ptolomeos pudo crecer hasta alcanzar los cinco a seis millones en el reinado de Ptolomeo I Sóter y hasta siete cuando lo conquistaron los romanos. A mediados del siglo I bien pudo llegar a ocho.

Las tribus de la península Arábiga sumaban otro par de millones de almas poco antes del nacimiento del Islam.

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Análisis del historiador demográfico John D. Durand del imperio durante la época de Augusto dividida por continente. (Cuadro de la derecha)

Debemos saber, que apenas unos seis millones serían ciudadanos romanos con derechos plenos. Los esclavos bien pudieron ser del 10 a 20% de la población, especialmente en Italia.

El historiador Lo Cascio dice que en el año 28 a. C. pudo haber hasta trece millones de ciudadanos, incluyendo dos o tres millones en las provincias y el resto en Italia, aunque el cálculo es un poco exagerado porque sólo se estaría contando a los varones libres adultos.

Otros análisis han rebajado a un millón novecientos mil ciudadanos en la península itálica cuando muere Octavio Augusto.

La ciudad de Roma

La población de la ciudad de Roma tenía tasas de urbanización inusualmente altas, en contraste con las sociedades europeas de los períodos clásico y medieval. Durante el siglo II, la ciudad de Roma tenía más de un millón de habitantes.

Alejandría, Antioquía y Cartago tenían trescientos mil cada una y Pérgamo doscientos mil. Otras grandes urbes eran Éfeso, Atenas, Corinto y varias más.

La declaración de guerra a los aliados en el año 91 a. C. y ante la enorme afluencia de refugiados de toda Italia que se negaban a unirse a los sublevados y buscaban un lugar seguro en que estar a salvo, provocó, sin duda, un aumento significativo de la población.

Los censores del año 86 a. C. renunciaron a hacer un censo general de las ciudades entonces bajo dominio de Roma y, en su lugar, procedieron a enumerar todas las categorías de habitantes de Roma, dando una cifra total de 464.000 habitantes.

Treinta años después, esta cifra había aumentado ligeramente si, tal como afirma Lucano, Pompeyo, que había asumido en septiembre de 57 a.C. la responsabilidad de la Annona, hubo de almacenar el trigo suficiente para alimentar al menos a 486.000 ciudadanos.

Tras el triunfo de Julio César, en 45 a.C., la población volvió a aumentar, aunque no podemos establecer su número de forma exacta. El crecimiento, con todo, es evidente, puesto que en lugar de las 40.000 o 50.000 personas acogidas a la lex frumentaria, según señalaba Cicerón en el 70 a.C., en sus Verrinas, por una orden de César se estableció 150.000 el número de beneficiarios.

Este crecimiento demográfico continuó en el principado de Octavio Augusto. Existen indicios que nos permiten fijar el número de habitantes de Roma en alrededor de un millón.

En primer lugar, contamos con los datos de la cantidad de trigo que, durante su gobierno, la Annona se vio obligada a almacenar anualmente para satisfacer las necesidades públicas: 20 millones de modi que son 1.750.000 hl), que, según cuenta Aurelio Víctor, llegaban de Egipto, y el doble de esa cantidad suministrada por el resto de África, según señala Josefo.

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Antigua ciudad de Roma. Wikipedia

En total, 60 millones de modi (5.250.000 hl) que, a razón de un consumo medio de 60 modi (5,25 hl) por persona y año, nos da una cantidad de un millón de almas asistidas por la Annona. Teniendo en cuenta que la Annona almacenada por Pompeyo en el 57 a.C., daba alimento únicamente a unas 486.000 bocas, eso supone un incremento poblacional aproximado de 514.000 personas en Roma en poco más de 60 años.

Octavio Augusto en su obra “Res Gestae”, según la cual, siendo nombrado tribuno por vigésima segunda vez y cónsul por duodécima vez, es decir, en el año 5 a.C., entregó 60 denarios a cada uno de los 320.000 habitantes de Roma.

Si nos atenemos en exclusiva a los términos empleados por el emperador, deducimos que este dinero solo se distribuyó entre los varones adultos. Por tanto, excluía a las mujeres y a los niños menores de once años, censados sin embargo como individuos de la plebe de la Urbs.

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Patricio romano

Podemos establecer un cálculo aproximado de población en el 5 a.C. de 675.000 habitantes, a los cuales se han de añadir los cerca de 1.000 soldados que residían en Roma pero no recibían el donativo imperial, ni la multitud de extranjeros con casa en la ciudad, ni por supuesto a los esclavos.

Todo ello permite establecer la población de la Roma de Octavio Augusto rondaba un número cercano al millón de habitantes, cuando no superior, lo que confirma el dato dado por la Annona.

Este aumento de la población de Roma repercutiría en el crecimiento de la superficie ocupada por la ciudad, tal como refleja la comparativa de dos estadísticas sobre los vici romanos, separadas entre sí por más de tres siglos.

Los vici eran los barrios romanos en los que se dividía cada una de las catorce regiones de Roma creadas por Augusto, los cuales gozaban de administración propia en la persona de los vicomagistri.

Plinio el Viejo afirma que, entre los años 73 y 78 d.C., en la época de los emperadores Vespasiano y Tito, Roma estaba dividida en 165 vici. Por su parte, los Regionarios, una recopilación del siglo IV, nos habla de 307 vici.

En el siglo II, continuaría el crecimiento de la población de la ciudad de Roma en alrededor de un 15%-17% con respecto a los datos del siglo I, lo que arrojaría un número total de habitantes entre 1.200.000 y 1.600.000.

La cifra se confirma de nuevo por los datos conservados en los Regionarios, los cuales afirman que, en el siglo II d.C., la Urbs albergaba, además de aproximadamente 50.000 ciudadanos varones, a un número superior de extranjeros, libertos, mujeres y esclavos.

Se trata, sin duda, del momento de mayor expansión demográfica de la ciudad en la Antigüedad. A partir del siglo III, la crisis económica, las incursiones bárbaras, y el traslado de la capital a Rávena produciría un progresivo abandono y decadencia de la ciudad, la cual vería reducido el número de sus habitantes drásticamente.

Fue el Emperador Augusto quien cambió por completo Roma, estableciendo un nuevo modelo de cómo organizar una ciudad.

El gran objetivo de Augusto fue mantener la paz a lo largo de todo el Imperio Romano, pero era consciente que si no podía gobernar eficientemente la ciudad donde vivía, Roma, tampoco podría gobernar eficientemente el Imperio.

Fruto de la obsesión de Augusto de tenerlo todo registrado durante su reinado sabemos a la perfección el número de habitantes de Roma, pues por primera vez en la historia se hizo un censo de la población.

Inicialmente organizada como una ciudad-estado, como Atenas, donde la ciudadanía cobraba especial importancia: el senado y pueblo de Roma, el símbolo de una ciudad gobernada por sus ciudadanos y para sus ciudadanos.

Se rediseñó la ciudad para alojar a una enorme y creciente población, con planos y callejero muy detallados. Revisando cómo era Roma hace 2000 años sorprende ver que muchas de la calles de entonces todavía siguen existiendo hoy.

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El censo de Roma

Ya en entonces Roma sufría los mismos problemas que cualquier gran ciudad actual, como por ejemplo, el hecho de que Julio César ordenara cerrar el tráfico rodado alrededor del foro.

Para resolver el problema de acoger al máximo número de habitantes que se agrupaban alrededor del centro de una ciudad especialmente densa, pues no había transporte público.

Los romanos construyeron en vertical, las llamadas insulae o bloques de viviendas de hasta cinco plantas, con apartamentos de unos 40m2 cada uno. Una insulae podía alojar a más de 200 personas. Algunas siguieron ininterrumpidamente habitadas hasta el año 1932.

Las casas cambiaban continuamente de inquilinos y propietarios, que hacían sus propias reformas. En algunos apartamentos de dichos bloques hasta disponían de agua corriente.

Para cualquier ciudad, la gestión del agua, tanto para la higiene como para el consumo es fundamental. La Antigua Roma disponía de un suministro constante de agua potable a base de una compleja red de 11 acueductos independientes, algunos de ellos de hasta 72 km de longitud.

Transportar agua tantos kilómetros sin usar bombas fue una gran proeza de la ingeniería y organizativa, creando la pendiente ideal para que el agua se desplazara lentamente.

Mantener alimentados a los ciudadanos de Roma era todo un reto. Durante el reinado de Augusto un cuarto de sus ciudadanos recibían trigo gratis y posteriormente el aceite de oliva o hasta una ración de cerdo de dos kilos de cerdo al mes por persona.

Todavía hoy en día podemos encontrar en las afueras de Roma un montículo de 100 metros de altura y más de un km de diámetro que no es más que un antiguo vertedero de la Roma imperial, formado casi íntegramente por fragmentos de terracota de recipientes llamados ánforas, se calcula que está formada por unos 50 millones de ánforas.

Muchas ánforas acogían aceite de oliva, un material muy demandado por los romanos que provenía de todos los rincones del Imperio, en particular Egipto y Alejandría en concreto. Lo usaban tanto para cocinar, como jabón para lavarse, como combustible para la iluminación.

Centenares de barcos navegaban el Tíber, transportando, grano, vino, aceite y bienes de lujo, desde el puerto de Ostia hasta los almacenes que había a lo largo de la orilla del río.

Cuando Ostia se quedó pequeña, se construyó Portus, por orden del emperador Claudio, el gran puerto de Roma, que era una ensenada y enorme bahía artificial superando numerosos obstáculos naturales, con muelles de 12 metros de anchura para atracar 500 barcos y edificios adyacentes con más de 20 metros de altura. Tenía una fachada que reflejaba el poder de Roma y al mismo tiempo muy funcional.

Otro elemento clave fue construir un sofisticado sistema de drenaje que secara importantes áreas húmedas sobre las que estaba aposentada Roma: la Cloaca Máxima, de más de un km y medio de longitud, que está hecha de piedra, ladrillo y cemento.

Esta empezó a tener otras utilidades pues se empezaron a arrojar en ella todo tipo de desperdicios convirtiéndose así en la alcantarilla mayor de Roma. Aún hoy, la Cloaca Máxima, redescubierta en el siglo XIX, forma parte de la red de alcantarillas de Roma, a pleno rendimiento.

El aumento de la población y escasez de espacio, también tuvo sus repercusiones en la muerte. A partir del siglo II d. C., la cremación se hizo cada vez más popular en los funerales. Se edificaron los columbarios, bloques de pequeños espacios para la urna con las cenizas.

Roma era una ciudad donde la gran mayoría de sus habitantes vivían hacinados en bloques de apartamentos y al morir, sus restos yacían hacinados en bloques de columbarios.

Todas las grandes ciudades dependen de la inmigración, necesaria para crecer, tener mano de obra barata o para los trabajos especializados. Roma no fue una excepción.

No existía límites a la inmigración sino que además había la inmigración forzosa, a causa de la esclavitud, pues centenares miles de personas eran traídas a Roma.

Roma era una ciudad muy atractiva para muchos extranjeros. Entre sus muchas ventajas, sobresalía una: sus habitantes no pagaban impuestos. Roma era el centro de un enorme mercado laboral y con muchos servicios públicos.

El servicio profesional de bomberos, formado por más de 7.000 profesionales, la gran mayoría provenía de fuera de la ciudad.

Los fuegos suponían un gran problema para la ciudad. Después del gran incendio de Nerón, este ordenó que existieran medianeras entre las paredes de los edificios, para evitar la propagación del fuego de uno al otro.

Como dato curioso señalar que los bomberos, denominados vígiles, usaban gruesas mantas de lana para apagar el fuego, bañadas en barriles de agua mezclada con vinagre, elemento que tiene un importante efecto retardante en el fuego, pero sobre todo usaban el sifón, que era una bomba hidráulica la que permitía a los bomberos sacar el agua a presión.

Roma se mantuvo con una población superior al millón de habitantes más de 300 años.

Cuando el poder imperial se derrumbó, su población también decreció notablemente, hasta caer a mediados del S.VI a la reducida cantidad de 30.000 habitantes.

La demografía en la antigua Roma y en su Imperio