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sábado. 25.06.2022
Detalle de la estatua de Augusto hallada en Prima Porta. Siglo I d. C.
 

Augusto nace el veintitrés de septiembre del año 63 a. C., más específicamente en la zona llamada “las Curias Viejas”, en una mansión ubicada en el monte Palatino, muy cerca del Foro Romano y del Arco de Tito. Ha sido hallada la que se cree que puede ser su casa natal en excavaciones del año 2011.

Su familia paterna, perteneciente al “ordo equestris”, provenía de la ciudad de Velletri, situada aproximadamente a unos cuarenta kilómetros de Roma.

Al nacer le pusieron el nombre Cayo Octavio. Un tiempo después, según Suetonio, se le agregó el cognomen “Turino” probablemente por la victoria de su padre en Turios sobre una rebelión de esclavos en el año 60 a. C.

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Debido a la superpoblación de Roma en esa época, Octavio fue llevado a la ciudad natal de su padre, Velletri, para ser criado ahí. El futuro emperador solo hace una breve referencia a su familia natural del orden ecuestre en sus Memorias.

Su bisabuelo paterno había sido un tribuno militar en Sicilia, bajo el mando de Lucio Emilio Papo, durante la II guerra púnica, mientras que su abuelo sirvió en varios puestos políticos regionales. Su padre, llamado también Cayo, fue pretor y gobernador de Macedonia, y su madre, Acia, era sobrina de Julio César.

Quedó huérfano de padre en el año 59 a. C., cuando tenía cuatro años de edad. Su madre contraería nuevas nupcias con el ex gobernador de Siria, Lucio Marcio, quien afirmaba ser descendiente de Alejandro Magno y que fue elegido cónsul en el año 56 a. C.

Octavio fue criado por su abuela materna Julia la Menor. Entre los años 52 o 51 a. C., ésta falleció y Octavio fue el encargado de pronunciar el discurso fúnebre de su abuela. A partir de ese momento su madre y su padrastro asumieron un rol más activo en su educación.

Se sabe que su padre lo educó con una disciplina férrea en los años venideros. Cuatro años después, el joven fue investido con la toga viril, un año antes que la edad establecida para los demás jóvenes romanos, aspecto que demuestra su madurez prematura.

El biógrafo Suetonio decía de él, “que poseía una rara belleza… Tenía unos ojos vivos y brillantes... Tenía dientes pequeños, blancos y desiguales, el cabello ligeramente rizado y algo rubio; las cejas juntas, las orejas medianas, la nariz aguileña y puntiaguda, la tez entre morena y blanca, corta estatura...”.

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Resultó elegido al Colegio de Pontífices en el año 47 a. C. y al año siguiente fue puesto a cargo de los juegos griegos que se realizaron en honor al Templo de Venus Genetrix, construido por Julio César.

De acuerdo con Nicolás de Damasco, Octavio deseaba unirse a las tropas de César para su campaña en África, pero abandonó el proyecto al oponerse su madre. Su madre Acia le dio el deseado permiso para unirse a César en Hispania en el año 46 a. C., pero Octavio cayó enfermo y no pudo viajar.

Una vez recuperado, navegó hacia el frente, pero naufragó. Tras llegar a la costa con algunos de sus compañeros, cruzó territorio hostil antes de llegar al campamento de César, algo que impresionó de manera considerable a su tío abuelo.

El historiador Veleyo Patérculo relató que, César permitió que el joven compartiera su carro. Al regresar a Roma, César depositó discretamente un nuevo testamento con las vestales, nombrando a Octavio como el principal beneficiario.

LOS PRIMEROS AÑOS EN POLÍTICA

Cuando Julio César fue asesinado en los idus de marzo, el quince de marzo del año 44 a. C., Octavio se hallaba estudiando y formando parte de un entrenamiento militar en Apolonia de Iliria, en el emplazamiento de la ciudad moderna de Pojan.

Tras objetar el consejo de algunos oficiales del ejército de que tomara refugio con las tropas en Macedonia, el joven navegó a Italia para averiguar si tenía algunas potenciales fortunas políticas, o siquiera, posibilidades de afianzar su seguridad.

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Al llegar a Lupiae, cerca de Brindisi, se enteró del contenido del testamento de César, y solo entonces decidió luchar por convertirse en el heredero político de su tío abuelo, así como beneficiario de las dos terceras partes de su patrimonio.

Por otro lado, al no tener ningún hijo legítimo, César adoptó a Octavio como su hijo y principal heredero. Tras la adopción, Octavio asumió el nombre de su tío abuelo, Cayo Julio César.

A pesar de que nunca usara de manera oficial el nombre de Octaviano, para evitar confundir al dictador con su heredero, los historiadores suelen referirse al nuevo César entre su adopción y asunción, en el año 27 a. C., de nombre Augusto como Octaviano.

En algún momento, Marco Antonio dijo que Octavio había sido adoptado por César a través de favores sexuales, aunque Suetonio mencionó, en su obra “Vidas de los doce césares”, que la acusación de Marco Antonio consistía verdaderamente en una calumnia política.

Debido a su propósito de realizar una entrada exitosa en los peldaños de la jerarquía política romana, Octavio no podía confiar en sus fondos limitados. Tras una cálida recepción por los soldados de César en Brindisi, Octavio demandó una porción de los fondos que habían sido repartidos por César para la guerra contra el Imperio Parto, que era el vecino más poderoso de Roma en el Medio Oriente.

El dinero acumulado equivalía a setecientos millones de sestercios, monto que se hallaba almacenado en Brindisi, la zona de estacionamiento en Italia para las operaciones militares en territorio oriental.

Una posterior investigación senatorial en torno a la desaparición de los fondos públicos, rechazó tomar acciones legales contra Octavio, puesto que él había usado, de forma subsecuente, todo aquel dinero acumulado para aumentar sus tropas contra el enemigo del Senado, Marco Antonio.

Octavio llevó a cabo otra acción audaz en el año 44 a. C. cuando, sin poseer permiso oficial, se apropió del tributo anual que había sido enviado desde las provincias del Oriente Próximo a Roma.

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Con el paso del tiempo, Octavio empezó a reforzar sus tropas con los legionarios veteranos de César y los cuerpos militares diseñados para la guerra contra los partos, obteniendo un mayor apoyo al enfatizar su estatus como heredero de César.

En su marcha a Roma a través de Italia, la presencia de Octavio y sus nuevos fondos adquiridos atrajeron a muchos ex veteranos de César en Campania. Para junio, había reunido un ejército de tres mil veteranos leales, cada uno con un salario de quinientos denarios.

Al llegar a Roma, el seis de mayo del año 44 a. C., Octavio encontró al cónsul Marco Antonio, ex colega de César, en una frágil tregua con los asesinos del dictador. A estos se les había concedido una amnistía general el diecisiete de marzo, aunque Marco Antonio había logrado expulsar a la mayoría de ellos de Roma.

Esto último se debía al elogio enardecedor que dio en el funeral de César, dirigiendo la opinión pública en contra de los asesinos. Aunque Marco Antonio estaba acumulando apoyo político, Octavio todavía tenía la oportunidad de rivalizar con él para ser el dirigente de la facción que apoyaba a César.

Además, Marco Antonio había perdido el apoyo de muchos romanos y partidarios de César cuando se opuso, en primera instancia, a la moción hecha para elevar a César a un estatus divino.

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Octavio no tuvo éxito al intentar persuadir a Marco Antonio de que renunciara al dinero de César para que se lo entregara a él. Sin embargo, obtuvo, durante el verano, el apoyo de los simpatizantes de César, quienes veían al joven heredero como el mal menor y esperaban poder manipularlo, o servirse de él en sus esfuerzos para deshacerse de Marco Antonio.

En septiembre, el orador optimate Marco Tulio Cicerón comenzó a atacar a Marco Antonio en una serie de discursos en los que denunciaba que representaba la mayor amenaza para el orden del Senado.

Con la opinión de los romanos cada vez más en su contra y sabiendo que su año de poder consular llegaba pronto a su fin, Marco Antonio intentó aprobar una serie de leyes que le otorgarían finalmente el control sobre la Galia Cisalpina, territorio de Décimo Junio Bruto Albino, uno de los asesinos de César.

Mientras tanto, Octavio reclutó un ejército privado en Italia al enrolar a los veteranos de César, y el veintiocho de noviembre obtuvo la lealtad de dos de las legiones de Marco Antonio gracias a su oferta de recompensas de carácter económico.

A la vista de la fuerza militar de Octavio, Marco Antonio percibió el peligro que suponía para él permanecer en Roma y, para el alivio del Senado, partió hacia la Galia Cisalpina, que le debía ser entregada para su gobierno a partir del uno de enero del año 43 a. C.

Primer conflicto con Antonio

Después de que Décimo Bruto rehusara entregar la Galia Cisalpina a Marco Antonio, éste lo sitió en la actual Módena. Las resoluciones dictadas por el Senado para detener la violencia fueron ignoradas por Marco Antonio, a sabiendas de que el Senado carecía de un ejército propio con el cual desafiarlo.

Esto le dio una oportunidad a Octavio, quien se sabía que poseía fuerzas armadas. Durante esta época, Marco Antonio acusó a Octavio de conspirar contra él, y de haber intentado asesinarlo.

Templo de Augusto y Livia en Vienne
Templo de Augusto y Livia en Vienne

Sin embargo, el joven no estaba completamente desamparado para afrontar las acusaciones, ya que tenía de su lado a varios personajes importantes que estaban dispuestos a ayudarlo. Entre ellos, Cicerón, que tenía un profundo odio hacia Antonio, defendió a Octavio contra las burlas de Marco Antonio sobre la ausencia de noble linaje en el joven.

Esto fue una refutación a la acusación dirigida por Marco Antonio a Octavio, pues Cicerón citó a Marco Antonio cuando le dijo a aquel “Tú, muchacho, le debes todo a tu nombre”.

Con base en esta difícil alianza orquestada por el senador anticesariano Cicerón, el Senado nombró a Octavio senador el uno de enero del año 43 a. C., y asimismo le otorgó el poder de votar junto con los cónsules.

Octavio recibió el imperium propretoriano, lo cual hizo que su situación al mando de un ejército fuera legal, a diferencia del poder ejercido por Marco Antonio, poder que ejerció junto con los cónsules Hircio y Cayo Vibio Pansa.

Las fuerzas de Marco Antonio fueron vencidas en las batallas de Forum Gallorum y Mutina en abril del año 43 a. C., forzando a Marco Antonio a retirarse de la Galia Narbosense. No obstante, ambos cónsules murieron durante los enfrentamientos, lo que dejó a Octavio como el único comandante en jefe de sus ejércitos.

Maison Carrée templo típico de la época romana, en la ciudad de Nimes
Maison Carrée templo típico de la época romana, en la ciudad de Nimes

El Senado, después de entregar un mayor número de condecoraciones a Décimo Bruto que a Octavio por haber derrotado a Marco Antonio, intentó darle el dominio de las legiones consulares a Décimo Bruto, pero Octavio decidió no cooperar. Por el contrario, Octavio permaneció en la llanura padana y rehusó ayudar en las futuras ofensivas en contra de Marco Antonio.

En julio, una embajada de centuriones enviada por Octavio llegó a Roma para exigir que se entregara a Octavio el consulado que había quedado vacante tras las muertes de Hircio y de Pansa.

Asimismo, exigió que el decreto que declaraba a Marco Antonio como enemigo público fuera anulado y que se disolviera la amnistía dada a los conspiradores responsables de la muerte de César. Cuando recibió la negativa del Senado, Octavio marchó sobre la ciudad de Roma al mando de ocho legiones.

No se encontró con ninguna oposición militar en Roma, a pesar de que el Senado había enviado al pretor Manio Aquilio Craso al Piceno a reclutar tropas, y el diecinueve de agosto del año 43 a. C., fue elegido cónsul junto con su familiar Quinto Pedio. Mientras tanto, Marco Antonio formaba una alianza con Lépido, otro líder cesariano.

Segundo triunvirato

A pesar de su derrota en Módena, Marco Antonio todavía contaba con un considerable apoyo entre las tropas romanas, llegando a reagrupar sus fuerzas en la Galia, donde llegó a reunir hasta 17 legiones.

No obstante, tanto Lépido como Octavio sabían que, de seguir enfrentándose entre ellos, los partidarios cesarianos se reducirían de manera significativa, lo cual daría ventaja a los asesinos de César, ya que no se verían en la necesidad de usar sus fuerzas.

Por ello, Lépido planteó la necesidad de una alianza entre ellos, en un encuentro realizado cerca de Bolonia en octubre del año 43 a. C., Octavio, Marco Antonio y Lépido formaron una dictadura militar conocida como el Segundo Triunvirato, cuyo objetivo primordial era el restablecimiento de la autoridad estatal.

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El acuerdo entre los triunviros cristalizaría en la ley Titia aprobada por el Senado, en virtud de la cual, los triunviros obtenían poderes especiales por una duración de cinco años.

Este carácter oficial distingue el Segundo Triunvirato del primero integrado por Pompeyo, Julio César y Marco Licinio Craso, que no pasó de ser un mero acuerdo político privado entre las partes, a través del cual controlaban las elecciones y decisiones de las distintas instituciones de la República.

Los triunviros pusieron en marcha una serie de proscripciones en las que supuestamente se puso fuera de la ley a trescientos senadores y dos mil équites, siendo privados de sus propiedades e inclusive, para aquellos que no lograran escapar, de sus vidas.

La cifra de trescientos senadores proviene del cálculo de Apiano, si bien Tito Livio, autor anterior a él, afirmó que solamente habían sido perseguidos ciento treinta. Este decreto publicado por el triunvirato se debió en parte a una necesidad de obtener dinero para pagar los salarios de las tropas que habrían de participar en el inminente enfrentamiento contra los asesinos de César, Marcos Junio Bruto y Cayo Casio Longino.

Se ofrecieron recompensas a cambio de la detención de los proscritos, veinticinco mil dracmas a los soldados que mataran a un proscrito y llevaran su cabeza a Roma, y la manumisión a los esclavos que asesinaran a sus amos proscritos para incentivar que los ciudadanos les persiguieran, mientras que los activos y propiedades de los detenidos eran requisadas y quedaban en poder de los triunviros.

Los historiadores romanos contem-poráneos se contradicen entre ellos en relación a cuál de los triunviros fue más responsable por las proscripciones y los asesinatos. Sin embargo, las fuentes coinciden en el hecho de que la promulgación de las proscripciones fue un acuerdo hecho conjuntamente por las tres facciones con el propósito de eliminar a los enemigos políticos.

Veleyo Patérculo afirmó que Octavio había tratado de evitar las proscripciones de cargos públicos y acusa a Lépido y a Marco Antonio de ser los culpables de haberlas puesto en marcha.

Dión Casio defendió a Octavio al mencionar que trató de descartar a la mayor cantidad posible de personas de las listas de proscritos, mientras que Marco Antonio y Lépido, al estar involucrados en la política un mayor tiempo que él, tenían más enemigos que liquidar.

Apiano rechazó esta afirmación y mantenía que Octavio compartía un interés equiparable al de Marco Antonio y Lépido para erradicar a sus adversarios políticos. Suetonio, por su parte, relata los hechos diciendo que Octavio, aunque se había mostrado al principio reacio a las proscripciones, finalmente persiguió a sus rivales con incluso más rigor que los otros dos triunviros.

Plutarco lo describió como un intercambio encarnizado de amigos y familiares entre Marco Antonio, Lépido y Octavio. Algunas fuentes conciben que el hecho de proscribir amigos y familiares fuera para apropiarse de sus propiedades y amasar una fortuna mayor con el fin de asegurar su hegemonía en Roma.

Batalla de Filipos y división territorial

El uno de enero del año 42 a. C., el Senado reconoció de manera póstuma a Julio César como una divinidad del Estado romano “Divus Iulius”. Para apoyar su causa, Octavio hizo hincapié en el hecho de que, en consecuencia, él, como hijo adoptivo de César, era ahora Hijo del Dios.

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Tras esto, Marco Antonio y Octavio enviaron por mar a 28 legiones para enfrentarse a los ejércitos de Bruto y Casio, que habían instalado su base de poder en Grecia. Tras dos enfrentamientos en Filipos en la región de Macedonia, en octubre de ese mismo año, el ejército cesariano logró la victoria y tanto Bruto como Casio se suicidaron.

De acuerdo a Suetonio, Octavio no mostró moderación en la victoria, enviando a Roma la cabeza de Bruto, para que la arrojaran a los pies de la estatua de César, aumentando así con sangrientos ultrajes los castigos que impuso a los prisioneros más ilustres.

Por otra parte, Marco Antonio usaría luego los ejemplos de dichas batallas para menospreciar a Octavio, puesto que las dos contiendas habían sido ganadas de forma decisiva por las tropas mandadas por Marco Antonio.

Además de exigir el reconocimiento por las victorias, Marco Antonio calificó a Octavio como un cobarde por haberle entregado el control militar directo de sus legiones a Marco Vipsanio Agripa.

Tras la batalla de Filipos, los triunviros llegaron a un nuevo acuerdo territorial para el reparto de poder. Marco Antonio dejaba la Galia, las provincias de Hispania e Italia en manos de Octavio, a cambio recibía el control de la parte oriental del imperio.

Marco Antonio viajó a Egipto, en donde se alió con la reina Cleopatra VII, la ex amante de Julio César y madre del hijo natural de César, Cesarión. Sintiéndose frustrado por la decisión tomada por Marco Antonio, quien le había cedido Hispania a Octavio, Lépido se quedó solamente con la provincia de África.

Octavio tuvo que decidir en qué lugares de Italia habría de asentar a las decenas de miles de veteranos de la campaña de Macedonia, algo que los triunviros se comprometieron a cumplir desde un inicio.

Monumento de Augusto en Mérida
Monumento de Augusto en Mérida

Las decenas de miles que habían peleado del lado republicano con Bruto y Casio, fácilmente podrían aliarse con un oponente político de Octavio en caso de que no se les contentase, y requerían igualmente un lugar para establecerse.

Ya no había más terreno público controlado por el gobierno para destinarlo como asentamiento para sus soldados, por lo que Octavio debía elegir una entre dos opciones: enfrentarse a muchos ciudadanos romanos mediante la confiscación de sus tierras o enfrentarse a muchos soldados romanos, que a su vez podrían provocar una gran oposición en su contra en el corazón de Roma.

Finalmente, Octavio eligió la primera opción. En total, hubo hasta dieciocho ciudades romanas afectadas por los nuevos asentamientos, inclusive poblaciones enteras que fueron expulsadas o, al menos, desalojadas parcialmente de sus tierras.

Rebelión y alianzas matrimoniales

La insatisfacción generalizada con Octavio por los asentamientos de sus soldados incitó a muchos a que se concentraran de lado de Lucio Antonio, que era el hermano de Marco Antonio y contaba con el apoyo de una mayoría considerable en el Senado.

Mientras tanto, Octavio pidió el divorcio de Claudia que era hija de Fulvia, reclamando que el matrimonio nunca se había llegado a consumar; como resultado, decidió devolverla con su madre. Fulvia, insultada, decidió responder: junto con Lucio Antonio, formó un ejército en Italia para unirse a las fuerzas de Lucio Antonio en contra de Octavio.

Sin embargo, la apuesta política de Lucio y Fulvia de oponerse a Octavio era muy arriesgada, ya que el ejército romano todavía dependía de los triunviros para obtener sus salarios. Lucio y sus aliados terminaron siendo sitiados en Perusia, en donde Octavio los obligó a rendirse a principios del año 40 a. C.

Cabeza de Augusto en el Museo de Mérida
Cabeza de Augusto en el Museo de Mérida

Lucio y su ejército fueron perdonados gracias a su parentesco con Marco Antonio, cuya influencia era predominante en Oriente, mientras que Fulvia fue exiliada a Sición. Sin embargo, Octavio se mostró despiadado con los aliados políticos de Lucio. El quince de marzo, aniversario del asesinato de Julio César, mandó ejecutar a trescientos senadores romanos y équites acusados de haberse aliado con Lucio.

Asimismo, Perusia fue saqueada e incendiada como advertencia a los demás. Este evento sangriento manchó de alguna forma el legado de Octavio, llegando a ser criticado por muchos, entre ellos el poeta Sexto Propercio.

Octavio consiguió una alianza temporal con Sexto Pompeyo cuando se casó con Escribonia, que era hija de Lucio Escribonio Libón que era suegro y partidario de Pompeyo.

Escribonia concibió la única hija natural de Octaviano, Julia la Mayor, quien nació el mismo día que Octavio pidió su divorcio para casarse con Livia Drusila, poco menos de un año después de haberse casado con Escribonia.

Marco Antonio comenzó en Egipto una relación amorosa con Cleopatra, concibiendo con ella tres hijos. Consciente de que su relación cada vez estaba más deteriorada con Octavio, Marco Antonio dejó a Cleopatra y en el año 40 a. C., navegó a Italia con una gran fuerza para enfrentarse a Octavio, logrando poner asedio sobre la ciudad de Brindisi.

En otoño de 40 a. C., Octavio y Marco Antonio aprobaron el Tratado de Brindisi por el cual Lépido seguiría en África, Marco Antonio en Oriente y Octavio en Occidente. La península italiana quedó accesible a todos ellos para el reclutamiento de los soldados aunque, en realidad, esta disposición resultaba inútil para Marco Antonio desde Oriente.

Con el fin de consolidar aún más su alianza con Marco Antonio, Octavio le ofreció a su hermana, Octavia la Menor, en matrimonio a finales de ese año.

Escultura de César Augusto en Zaragoza
Escultura de César Augusto en Zaragoza

Guerra con Sexto Pompeyo

En Italia, Sexto Pompeyo amenazó a Octavio con rechazar los envíos de grano a la península por medio del Mediterráneo. El propio hijo de Pompeyo había sido puesto a cargo como comandante naval con el objetivo de provocar una hambruna generalizada en Italia.

Se llevó a cabo un acuerdo de paz temporal con Sexto Pompeyo mediante el Tratado de Miseno en el año 39 a. C. El bloqueo de Italia fue levantado una vez que Octavio le concedió a Pompeyo los territorios de Cerdeña, Córcega, Sicilia y el Peloponeso, asegurándole también una posición futura como cónsul para el año 35 a. C.

Sin embargo, el acuerdo territorial entre los triunviros y Sexto Pompeyo comenzó a desmoronarse cuando Octavio se divorció de Escribonia y contrajo matrimonio con Livia. Uno de los comandantes navales de Pompeyo lo traicionó y devolvió el control de Córcega y Cerdeña a Octavio.

Para atacar a Pompeyo, Octavio necesitaba el apoyo adicional de Marco Antonio, por lo que decidió establecer un nuevo acuerdo con tal de extender la duración del Segundo Triunvirato por otros cinco años más, a partir del año 27 a. C.

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Marco Antonio accedió a apoyarlo contra Pompeyo, este esperaba obtener también ayuda para su campaña contra el Imperio Parto, a manera de venganza de la derrota sufrida en la batalla de Carras en el año 53 a. C.

En un encuentro celebrado en Tarento, Marco Antonio le concedió ciento veinte barcos a Octavio para que fueran usados contra Pompeyo, mientras que Octavio le envió veinte mil legionarios que Marco Antonio usaría contra los partos. Sin embargo, Octavio envió solo una décima parte de su propuesta original, lo cual fue visto por Marco Antonio como una provocación intencionada de su parte.

Octavio y Lépido lanzaron una operación conjunta contra Pompeyo en Sicilia en el año 36 a. C. A pesar de los primeros reveses que tuvo Octavio, su general Agripa logró destruir casi por completo a la flota de Pompeyo, el tres de septiembre, en la batalla de Nauloco.

Sexto huyó a Oriente con lo que quedaba de sus tropas, pero al año siguiente sería capturado y ejecutado en la comuna de Mileto por uno de los generales de Marco Antonio.

Tanto Lépido como Octavio reagruparon las tropas vencidas de Pompeyo, sin embargo, Lépido se sintió con la autoridad suficiente como para reclamar el territorio de Sicilia para él, ordenando a Octavio que abandonara el lugar.

No obstante, las tropas de Lépido desertaron de su bando y se pasaron al bando de Octavio, hartas de tanto enfrentamiento y tentados por las promesas de recompensas monetarias de Octavio.

Finalmente, Lépido se rindió ante Octavio y, aunque se le permitió retener el cargo de Pontifex Maximus, fue expulsado del Triunvirato, finiquitando su carrera pública y exiliándolo a la villa romana de Cabo Circei, en Italia.

El gobierno del territorio romano pasó entonces a estar dividido entre Octavio, en Occidente, y Marco Antonio, en Oriente. Para mantener la paz y estabilidad en su porción del Imperio, Octavio garantizó a los ciudadanos de Roma sus derechos de propiedad.

Augusto el gran constructor de Roma
Augusto el gran constructor de Roma

Esta vez estableció a sus soldados retirados fuera de Italia y devolvió a treinta mil esclavos que previamente habían huido para unirse al ejército y a la armada de Pompeyo a sus antiguos amos.

Para asegurar su propia seguridad, así como la de Livia y la de Octavia una vez que regresaran a Roma, Octavio hizo que el Senado le otorgase la inmunidad soberana del tribuno tanto para él como para su esposa y su hermana.

Guerra con Marco Antonio

Roma se encontraba dividida entre Oriente y Occidente en aquel momento histórico. Marco Antonio se ocupaba de la reorganización de Egipto mientras que, en Occidente, Octavio estaba enfocado en apoyar las actividades agrícolas e integrar al mismo tiempo las provincias romanas en esta región.

La campaña de Marco Antonio contra los partos terminó en desastre, empañando su imagen de jefe. Los dos mil legionarios enviados por Octavio apenas resultaron ser suficientes para recuperar la fuerza militar en la región.

Por otra parte, Cleopatra tenía capacidad para restaurar su ejército íntegramente, y puesto que Marco Antonio ya estaba comprometido sentimentalmente con ella, decidió enviar a Octavia de vuelta a Roma.

Octavio usó esta acción de Marco Antonio como recurso propagandístico en contra de éste, manifestando que el general se estaba volviendo cada vez menos romano, sirviendo como muestra el hecho de haber rechazado a una esposa legítima romana por una pareja íntima de Oriente.

En el año 36 a. C., Octavio utilizó también una táctica política para parecer menos autócrata y convertir a Marco Antonio en el principal villano al proclamar, que las guerras civiles estaban llegando a su fin, y que él dejaría su cargo como triunviro si Marco Antonio hacía lo mismo. Este último denegó la propuesta.

Mausoleo de Octavio Augusto en el Campo de Marte (Roma)
Mausoleo de Octavio Augusto en el Campo de Marte (Roma)

Después la conquista de Armenia por parte de las tropas romanas en el año 34 a. C., Marco Antonio designó a su hijo Alejandro Helios como el gobernante de ese territorio. También otorgó el título de Reina de los Reyes a Cleopatra.

Octavio utilizó ambos actos para convencer al Senado de que Marco Antonio tenía ambiciones para disminuir la preeminencia de Roma en la región. Cuando Octavio volvió a asumir la magistratura del consulado, el uno de enero del año 33 a. C., abrió la primera sesión del Senado con un vehemente ataque contra las concesiones de títulos y territorios ofrecidas por Marco Antonio a sus familiares y su reina.

Diversos cónsules y senadores se precipitaron a defender a Marco Antonio al mirar con incredulidad la propaganda, aunque también hubo políticos que desertaron del bando antoniano para empezar a apoyar a Octavio para el otoño de 32 a. C.

Entre esos desertores, Lucio Munaciano Planco y Marco Ticio dieron a Octavio la información que necesitaba para reafirmar ante el Senado todas las acusaciones que había hecho en contra de Marco Antonio. Al asaltar el santuario de las vestales, siendo nombrado DUX por el Senado. 

Octavio obligó a sus sacerdotisas que le entregaran el testamento secreto de Marco Antonio, por el cual le regalaba a sus hijos los territorios bajo dominio de Roma para que éstos los gobernaran como reinos, además de incluir sus planes de construir una tumba en Alejandría para su reina y él, donde ambos serían enterrados tras sus muertes. Casi al instante, el documento fue leído íntegramente ante la plebe.

Templo de Marte en Roma
Templo de Marte en Roma

A finales de ese año el Senado revocó de manera oficial los poderes de Marco Antonio como cónsul y declaró la guerra al régimen de Cleopatra en Egipto.

A principios de 31 a. C., mientras Antonio y Cleopatra se hallaban estacionados temporalmente en Grecia, Octavio obtuvo una victoria preliminar cuando su armada, comandada por Agripa, logró transportar con éxito las tropas a través del mar Adriático.

Agripa se ocupaba de bloquear las rutas marítimas usadas para las líneas de suministro por Cleopatra y Marco Antonio, Octavio desembarcó justo enfrente de la isla de Corfú y marchó hacia el sur.

Atrapados tanto por mar como por tierra, empezaron a surgir desertores del ejército de Marco Antonio que se unían día a día a las tropas de Octavio. En un intento desesperado por liberar el bloqueo naval, las flotas de Marco Antonio navegaron a través de la bahía de Accio, en la costa occidental de Grecia.

Fue en ese lugar donde las fuerzas de Marco Antonio se enfrentaron a las flotas de Octavio, las cuales a pesar de estar formadas por naves más pequeñas, eran más numerosas que las de Marco Antonio en la batalla de Accio, el dos de septiembre del año 31 a. C.

Marco Antonio y sus fuerzas restantes solo lograron salvarse gracias a la intervención de la flota de Cleopatra, que había permanecido cerca de ahí como último recurso en caso de una derrota.

Octavio no desistió en su persecución, y tras otra victoria en Alejandría, el uno de agosto del año 30 a. C., Antonio y Cleopatra se suicidaron. Marco Antonio cayó sobre su propia espada entre los brazos de Cleopatra, mientras que ella se dejó morder por una serpiente venenosa.

Teatro romano de Orange
Teatro romano de Orange

Habiendo aprovechado su posición como heredero de César, Octavio era muy consciente de los riesgos que supondría permitir que otro tuviera la oportunidad de compartir el mismo camino así que, tras comentar que dos Césares eran demasiados, ordenó que Cesarión fuera asesinado de un certero golpe de espada.

Cuando desembarcó éste en Alejandría, dejando solamente con vida a los hijos de Antonio y Cleopatra, con la excepción de Marco Antonio Antilo, hijo mayor de Marco Antonio y Fulvia.

OCTAVIO EMPERADOR

Tras la batalla de Accio y la derrota de Antonio y Cleopatra, Octavio se hallaba en condiciones de gobernar por sí solo la República íntegra en virtud de un Principado no oficial. Para alcanzar este objetivo antes tendría que recurrir a diversas formas de incrementar su poder formal, manipulando al Senado y al pueblo.

Debía aparentar que apoyaba y respetaba las tradiciones republicanas de Roma con tal de evidenciar que su objetivo no era aspirar una dictadura o monarquía. Al marchar a Roma, Octavio y Agripa fueron elegidos cónsules por el Senado.

Aun cuando las guerras civiles habían dejado a Roma en un estado próximo a la anarquía, la República no estaba preparada para aceptar el mando de un déspota en la figura de Octavio.

Octavio no podía simplemente renunciar a su autoridad sin correr el riesgo, a su vez, de promover más guerras civiles entre los generales romanos y, aunque no pretendiera ostentar autoridad alguna, su posición le exigía mirar hacia el bienestar de la ciudad de Roma y las provincias romanas.

A partir de entonces, los objetivos de Octavio consistieron en devolver a Roma la estabilidad, la legalidad tradicional y el civismo.

El Primer pacto

Octavio devolvió oficialmente el poder al Senado romano en el año 27 a. C., renunciando al control de las provincias romanas y sus ejércitos. Sin embargo, en virtud del consulado de Octavio, el Senado contó con una jurisdicción limitada al momento de presentar proyectos de ley para su debate senatorial.

Detalle de una escultura del Ara Pacis (Altar de la Paz)
Detalle de una escultura del Ara Pacis (Altar de la Paz)

Octavio ya no dirigía el control de las provincias y ejércitos, sin embargo, retuvo la lealtad de los soldados en servicio activo, así como de los veteranos. Las trayectorias de muchos clientes y seguidores dependían de su patrocinio, puesto que el poder financiero de Octavio en Roma no tenía rival alguno.

Según el historiador Werner Eck:

“La suma de su poder se derivó en primer lugar de todos los diversos poderes oficiales que le fueron delegados por el Senado y el pueblo, en segundo lugar de su vasta fortuna privada y por último de las numerosas relaciones patrón-cliente que estableció con individuos y grupos a través de todo el Imperio. Todo esto en conjunto formó la base de su auctoritas, a la cual él mismo se refirió como el fundamento de sus acciones políticas”.

Los romanos eran conscientes de los vastos recursos financieros que controlaba Octavio. Por ejemplo, en un momento en el que no consiguió alentar a suficientes senadores para que financiaran la construcción y mantenimiento de las calzadas romanas de Italia, él mismo se hizo cargo directamente de esa responsabilidad en el año 20 a. C.

Esta labor se dio públicamente a conocer a través de las monedas romanas emitidas en el año 16 a. C., después de haber donado vastas cantidades de dinero al tesoro público.

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Las Médulas leonesas

Para el historiador H. H. Scullard, el poder de Octavio Augusto se basaba en el ejercicio de “un poder militar predominante y… la sanción definitiva de su autoridad era el uso de la fuerza, a pesar de todo lo que se intentara disimular el hecho”.

El Senado le propuso a Augusto, vencedor de las guerras civiles romanas, que asumiera una vez más el control de las provincias. La propuesta senatorial suponía la ratificación del poder extra constitucional de Augusto.

A través del Senado, Octavio era capaz de mantener la apariencia de la vigencia de la antigua constitución republicana. Aceptó, reacio en apariencia, una responsabilidad de diez años de duración sobre la supervisión de determinadas provincias cuyo estado en aquel momento se consideraba caótico.

Las provincias que le fueron cedidas, y que él debería pacificar en el periodo de diez años, abarcaban la mayor parte del mundo romano conquistado, incluyendo Hispania, Galia, Siria, Cilicia, Chipre y Egipto. El dominio de esas provincias le daba a Octavio el control de la mayor parte de las legiones romanas.

Mientras ostentaba el cargo de cónsul en Roma, Octavio consignó senadores a las provincias de su dominio a manera de representantes, con la finalidad de gestionar los asuntos de cada provincia y asegurarse de que sus órdenes se llevaran a cabo.

Las provincias que no eran controladas por Octavio se encontraban supervisadas por gobernadores, que eran elegidos por el Senado. Octavio se convirtió en la figura política más poderosa en la ciudad de Roma y en la mayoría de sus provincias, aunque no contaba con el único monopolio del poder político y militar.

El Senado todavía controlaba la región norte de África, que era un productor importante de cereales del imperio, así como Iliria y Macedonia, dos regiones militarmente estratégicas con varias legiones acantonadas en su territorio.

Extensión del Imperio romano bajo el reinado de Augusto
Extensión del Imperio romano bajo el reinado de Augusto

El mando de tan solo cinco o seis legiones distribuidas entre tres procónsules senatoriales, comparado con las veinte legiones dirigidas directamente por Octavio, implicaba que el control de dichas zonas por parte del Senado no suponía ningún tipo de amenaza política o militar a Octavio.

El control del Senado sobre algunas de las provincias romanas ayudaba a mantener una forma republicana para el principado autocrático. El control que ejercía Octavio de provincias enteras, tenía como finalidad asegurar la paz y crear un ambiente de estabilidad.

El dieciséis de enero del año 27 a. C., el Senado otorgó a Octavio, de manera inédita, los recién creados títulos de Augusto y Princeps, que era un título religioso más que político.

De acuerdo a las creencias religiosas en la Antigua Roma, el título simbolizaba un sello de autoridad sobre la humanidad y sobre la naturaleza que iba más allá de cualquier definición constitucional para el estatus de Octavio.

Tras los duros métodos que empleó para consolidar su dominio, el cambio en el nombre, sugerido por Lucio Munacio Planco, serviría además para desmarcar su reinado benigno como Augusto, de su reinado de terror como Octavio.

Por otra parte, Princeps estaba vinculado al senador más viejo o notable y cuyo nombre aparecía en primer lugar en la lista senatorial principal. En el caso de Augusto, se convertiría casi en un título real adoptado por un líder que poseía el dominio completo.

Princeps también se usó como un título republicano concedido a todos aquellos que habían servido bien al Estado. Además, Augusto se proclamó asimismo como Comandante César, hijo del deificado.

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Con este título no solamente se jactaba de su parentesco con el divino Julio César, sino que el uso de Imperatorestablecía un vínculo permanente a la tradición romana de la victoria.

El término Caesar solo era un cognomen para una rama de la familia Julia, aunque ciertamente, Augusto trasladó su significado a una nueva línea familiar que habría de comenzar con él.

A Augusto se le otorgó también el derecho de colgar la corona cívica de roble encima de su puerta y de colocar laureles a manera de cubiertas para sus jambas. Esta corona usualmente se usaba sobre la cabeza de un general romano durante un triunfo, mientras que el individuo que mantenía la corona encima de la cabeza del general repetía continuamente la frase “Recuerda que eres mortal”, al general victorioso.

Las hojas de laurel tenían una especial importancia en varias ceremonias del Estado, y las coronas de laurel eran concedidas a los campeones de atletismo, carreras y pruebas dramáticas.

El laurel como el roble eran símbolos provenientes en su totalidad de la religión y la política romana; situarlos en las jambas de Augusto equivaldría a declarar su casa como la capital de Roma.

Sin embargo, Augusto rehusó símbolos de poder tales como el uso de un cetro, una diadema, e inclusive la corona dorada y la toga púrpura usadas por su predecesor Julio César.

Si bien rechazaba simbolizar su poder mediante el uso de dichos objetos en su persona, el Senado le otorgó en cualquier caso el reconocimiento de un escudo dorado expuesto en la sala de reuniones de la Curia, con la leyenda valor, piedad, clemencia y justicia”.

Octavio Augusto, el gran emperador (I)