martes. 05.03.2024
Aníbal en la batalla de Cannas

El inicio del Imperio

Hasta la llegada de los fenicios a finales del II milenio a.C., las costas de Mauritania, Numidia y Libia fueron un territorio apartado de la civilización, escasamente poblado, sin grandes asentamientos y ajeno a la cultura del bronce. El establecimiento de factorías y colonias fenicias representó el primer contacto con una cultura superior, siendo incierto el momento inicial de este proceso.

  1. Hegemonía entre los púnicos y rivalidad con los helenos
  2. Los Conflictos de Sicilia
  3. La Guerra contra Pirro
  4. Cartago enfrentada a Roma
  5. La Primera guerra púnica
  6. La Guerra de los Mercenarios
  7. La segunda guerra púnica
  8. La tercera guerra púnica

Los fenicios en sus exploraciones y empresas comerciales, fundaron numerosas factorías y colonias en el norte de África, en la península Ibérica y en las grandes islas del Mediterráneo occidental, cubriendo todo el litoral hasta Mogador.

Algunas de ellas fueron el origen de ciudades como Útica, Medjerda, Hippo Regius, Tapso, Lixus, Caralis que es la actual Cagliari, Cádiz o Motia. Una de estas ciudades fue Cartago, situada estratégicamente en una península cerca de la actual ciudad de Túnez.

Cartago heredó y alentó la rivalidad entre fenicios y griegos, una situación de conflicto provocada por la competencia comercial

A través del comercio fenicio la vida urbana penetró en el litoral mauritano y númida, además del desarrollo intensivo de la agricultura con la introducción de la vid, el olivo y posteriormente el uso del hierro.

Existen numerosas fechas expuestas por los historiadores clásicos sobre la fecha fundacional de Cartago. La leyenda cuenta que fue la princesa Dido quien la fundó en el año 814 a.C. El consenso actual es afirmar que la ciudad fue fundada entre los años 825 y 820 a. C. 

Hegemonía entre los púnicos y rivalidad con los helenos

La caída de Tiro en el siglo VII a. C. ante los asirios originó la huida de gran parte de su población hacia Cartago. Después de este suceso la ciudad gozó de un importante incremento demográfico, que a partir de entonces iniciaría la fundación de sus propias colonias como Eibshim en el año 653 a. C. 

Cartago heredó y alentó la rivalidad entre fenicios y griegos, una situación de conflicto provocada por la competencia comercial y que originó el surgimiento de áreas de expansión preferentes para unos y otros estados. 

Los primeros datos concretos acerca del conflicto entre fenicios y griegos se remontan a la expulsión de los fenicios de todas sus factorías en Creta y Chipre. Desde allí los helenos pusieron pie en Egipto, creando varias colonias en la Cirenaica. 

Los griegos de Cirene se consolidaron en el siglo VII a. C. como los grandes rivales iniciales por su ubicación en medio de la ruta africana hacia Fenicia. Las zonas de influencia de Cartago y Cirene fueron establecidas después de sangrientas guerras en la parte oriental del Gran Sirte. 

Tiro volvió a ser conquistada en el 573 a .C. por los babilonios. Con la progresiva debilidad de las metrópolis fenicias y la disminución de su influencia, los griegos se vieron libres de competencia y aprovecharon la situación para seguir colonizando las costas mediterráneas sin oposición alguna. 

Paralelamente, las relaciones comerciales entre las colonias fenicias occidentales se reforzaron, motivadas por la necesidad de seguir comerciando.

En esta época los griegos se extendieron rápidamente por el sur de Italia y ocuparon la mayor parte de la Sicilia oriental. Su colonización absorbió o destruyó los pequeños establecimientos comerciales fenicios. 

Se fundaron Selinunte en el año 628 a. C., Marsella en el año 604 a. C. y Agrigento en el año 580 a. C. Todos estos progresos se detuvieron repentinamente a finales del siglo vi a. C., debido al ascenso del poder de Cartago.

A principios del siglo VI a. C., Cartago se erigió como única defensora militar y comercial del resto de las colonias fenicias, con la creación de una liga o confederación marítima que empezó a actuar como un instrumento y base de su poder naval.

Durante los siglos siguientes, el control de las metrópolis fenicias sucesivamente por Babilonia y el Imperio persa, permitió a Cartago asumir el liderazgo sobre los fenicios occidentales, constituyendo sus propias redes comerciales con áreas preferentes.

La agrupación de los púnicos en torno al poder de Cartago dio lugar al surgimiento de un imperio comercial en el norte de África, Tripolitania, Argelia, Marruecos y lugares de anterior implantación fenicia, como el sur de la península Ibérica y la isla de Cerdeña. 

Desde mediados del siglo vi a. C. la situación entró en una nueva fase, en la que Cartago reforzó sus lazos con el mundo etrusco y afirmó su control sobre los asentamientos fenicios de Cerdeña y del litoral occidental de la isla de Sicilia. 

Esto propició el desarrollo demográfico y económico de los enclaves púnicos que hasta entonces, incluyendo los situados en Sicilia que no eran más que simples factorías de comercio. 

Cartago inició un sistema de conquistas territoriales para frenar la expansión griega, fomentando la colonización y resistencia fenicias. Los cartagineses iniciaron una política más agresiva contra los helenos que se concretó con el comienzo de los primeros ataques contra las colonias griegas occidentales, apoyándose en alianzas con comunidades indígenas.

Los intentos cartagineses de parar la expansión griega y su determinación para ampliar su área de influencia provocaron continuos choques militares con los polis griegas. En el año 579 a. C., los cnidios y los rodios quisieron establecerse en Lilibea en medio de las colonias fenicias de Sicilia, fueron rechazados por una alianza de nativos y púnicos. 

Uno de los combates navales más antiguos que menciona la historia es la batalla de Alalia, donde se enfrentaron focenses con etruscos y cartagineses en el año 533 a. C., obligando a los focenses a dejar Córcega y establecerse en la costa de la Lucania.

Se restringieron los mares a las ciudades griegas con los tratados entre Etruria y Cartago y en el tratado descrito por Polibio del año 509 a. C., entre Cartago y la naciente República de Roma. Con todo esto, Cartago se hizo con el control en del mar Mediterráneo central y sur-occidental.

Cartago combinó su política defensiva con la búsqueda de nuevos recursos naturales, iniciando la explotación de los recursos pesqueros de los litorales, fabricando salazones y explotando salinas para exportar el garum [1].

Se crearon numerosas factorías y colonias, exportando marfil, oro, estaño, púrpura y esclavos, e introduciendo entre los indígenas sus mercancías como vidrios, cerámicas, objetos de bronce o hierro, y tejidos de púrpura. Continuaron la labor civilizadora de los fenicios, con la difusión de la cultura púnica, como el alfabeto, la lengua y la religión. 

Durante el periodo de la influencia púnica en el norte de África, su población experimentó un proceso modernizador, extendiéndose los cultivos de la vid, el olivo, el trigo o la higuera, y la introducción de nuevas técnicas, como el arado de reja triangular forjado en hierro. 

Todo ello propició un aumento del desarrollo económico, demográfico y cultural. Indirectamente, los éxitos de Cartago y su poder favorecieron la aparición de hegemonías entre las ciudades griegas como forma de organizar la defensa común y la consolidación de algunos gobernantes autoritarios ante la amenaza cartaginesa.

Los Conflictos de Sicilia

El éxito cartaginés a la hora de garantizar la supervivencia de los enclaves púnicos, restringiendo el mediterráneo occidental al otro gran pueblo mercantil y colonizador del Mediterráneo los griegos, llevó la situación a un conflicto latente en Sicilia que tuvo su cenit entre los siglos V y VI a.C. 

A principios del siglo v a. C., Cartago, bajo el gobierno de su primer gran jefe militar, Amílcar Magón fue el fundador de la dinastía de los magónidas [2] y extendió su influencia sobre la gran isla de Cerdeña y sobre las islas Baleares, fundando en la isla de Menorca una colonia llamada Portus Magonis y que hoy se corresponde con Mahón. 

La primera gran guerra entre griegos de Sicilia y cartagineses estuvo motivada por las intenciones expansionistas de Amílcar Magón sobre Sicilia y tuvo lugar en el año 480 a.C. coincidiendo temporalmente con la II Guerra Médica, que enfrentó al imperio persa con Atenas y Esparta. 

Cartago armó su mayor fuerza militar hasta entonces bajo el mando del general Amílcar Magón, con la intención de conquistar Sicilia. Gelón, tirano de la colonia griega de Siracusa, amenazado por la presión púnica unificó a todos los helenos de la isla bajo su mandato y derrotó a los cartagineses en la batalla de Himera. Esta derrota produjo una importante crisis política en Cartago que inició profundas reformas políticas.

Cartago se había recuperado hacia el año 410 a. C., gracias a una serie de buenos gobernantes. Había conquistado gran parte del actual norte de Túnez, fundaba nuevas colonias en el norte de África, promocionó el viaje de Magón a través del desierto del Sahara y el de Hannón el Navegante por la costa africana. Temporalmente las colonias ibéricas se independizaron, cortando el principal suministro de plata y cobre.

Aníbal Magón que era el nieto de Amílcar Magón, retomó la antigua intención de su abuelo y comenzó los preparativos para instaurar el dominio púnico en Sicilia. Partió hacia Sicilia con su ejército y una gran flota en el año 409 a. C. Consiguió tomar las ciudades de Selinunte e Himera volviendo triunfante a Cartago con el botín de guerra. 

Pero motivó la ascensión de Dionisio I como tirano de Siracusa, que durante los años siguientes se dedicaría a preparar una alianza de las ciudades griegas contra Cartago. Aníbal Magón emprendió una segunda expedición en el año 405 a. C. tras su anterior y fructífera campaña. 

Esta vez se enfrentó a las fuerzas griegas en conjunto lideradas por Dionisio. Durante el sitio de Agrigento, la peste diezmó a las fuerzas cartaginesas sucumbiendo el mismo Aníbal Magón. 

Su sucesor, Himilcón Magón continuó con éxito la campaña rompiendo el sitio de Agrigento, tomó la ciudad de Gela y derrotó repetidas veces al ejército de Dionisio, pero en el asedio final de Siracusa las tropas de Himilcón sufrieron de nuevo y con más virulencia la peste, viéndose forzado a firmar una paz desfavorable antes de regresar a Cartago.

Dionisio rompió el tratado de paz en el año389 a. C. y reuniendo a los griegos sicilianos bajo su bandera, atacó a los cartagineses conquistando gran parte de Sicilia incluyendo la fortaleza de Motia y arrinconando a los cartagineses en unas cuantas plazas al noroeste de Sicilia. 

Himilcón lideró otra vez una nueva expedición que recuperó Motia, tomó Mesina, y finalmente sitió Siracusa. El sitio se mantuvo hasta el año 397 a. C., pero fue abandonado en el el año 396 a. C. cuando los siracusanos incendiaron la armada que sitiaba Siracusa y una plaga volvió a diezmar las fuerzas cartaginesas. 

Su derrota significó el final del poder político de la familia de los Magónidas. El propio Himilcón se quitó la vida en Cartago después de hacer penitencia pública y proclamar sus faltas. Las derrotas sufridas en Sicilia provocaron gran malestar entre la aristocracia púnica, que buscó una reestructuración política de Cartago.

Durante los siguientes sesenta años, tropas cartaginesas y griegas se vieron envueltas en sucesivas batallas sin cambios notables. La frontera terminó fijándose en el río Halicos.

Agatocles que era un ambicioso tirano de Siracusa, inició una política expansiva en el año 315 a. C., apropiándose de la ciudad de Mesina y en el año 311 a. C. invadió varias ciudades cartaginesas de Sicilia, sitiando Agrigento. Amílcar Magón, nieto de Hannón el Navegante, lideró la respuesta cartaginesa con enorme éxito.

Llegó a controlar casi por completo Sicilia en el año 310 a. C. y consiguió sitiar Siracusa. Desesperado, Agatocles organizó una expedición de 14. 000 hombres atacando por sorpresa directamente Cartago por tierra firme, esperando salvar así sus posesiones en la isla. 

Consiguió un éxito relativo. Cartago se vio forzada a llamar a Amílcar que desplazó gran parte de su ejército desde Sicilia para hacer frente a la inesperada amenaza. Durante estos hechos, Bolmilcar intentó dar un frustrado golpe de Estado y hacerse con el poder de Cartago. 

El ejército de Agatocles fue derrotado pero la debilidad y la inestabilidad política de Cartago permitieron que Agatocles, quien huyó a Sicilia tras su derrota, se las ingeniase para negociar un nuevo acuerdo de paz.

La Guerra contra Pirro

Los años siguientes estuvieron marcados por la hegemonía del poder cartaginés en Sicilia y la expansión de Roma, lo que motivó que diversos soberanos helenísticos apoyasen preservar la influencia y el poder griego. 

Pirro de Epiro, valiéndose de sus recursos, tropas y fondos enviados en su apoyo, inició entre los años 280 al 275 a. C. dos grandes campañas en un esfuerzo por proteger y extender la influencia griega en el oeste del mar Mediterráneo, una contra el poder emergente de la República de Roma que amenazaba las colonias griegas del sur de Italia, la otra contra Cartago, en un renovado intento por mantener la influencia griega en Sicilia.

Guerra de Pirro en Italia
Guerra de Pirro en Italia

La concentración bajo un mismo mando de las ciudades griegas de Italia y de Sicilia tuvo como consecuencia inmediata la coalición de Cartago y Roma. Pirro consiguió desembarcar sin obstáculos en Sicilia levantando inmediatamente el sitio de Siracusa, reunió en poco tiempo todas las ciudades griegas de la isla, liderando la confederación siciliana que arrebató a los cartagineses casi todas sus posesiones. 

Cartago apenas pudo mantener la fortaleza de Lilibea situada en el oeste de Sicilia, gracias a su escuadra. Tras conquistar Sicilia Pirro inició la construcción de una poderosa flota en los astilleros de Siracusa, con el fin de servir de lazo entre todas sus posesiones y garantizar su seguridad. Sin embargo su política interior minó su poder. 

Por ello, algunas ciudades sicilianas se pusieron nuevamente de acuerdo con Cartago. Cartago volvió a enviar un ejército a Sicilia que hizo rápidos progresos. Pero salió derrotado cuando se enfrentó con el ejército epirota.

Pirro reanudó las hostilidades en Italia, pero sufrió una derrota naval que precipitó la caída del Reino Sículo-epirota. Las ciudades sicilianas abandonaron a Pirro y se negaron a suministrarle hombres y dinero. 

Finalmente fue derrotado en Benevento y regresó a Epiro dejando una pequeña guarnición en Tarento. Tras la muerte de Pirro, Tarento se entregaría a Roma en el año 272 a. C.

Para Cartago, esto significó la vuelta al statu quo anterior. Para Roma sin embargo significó la captura de Tarento y el control de toda Italia. Viéndose reducida la influencia griega en el Mediterráneo occidental hubo una redistribución del poder quedando patente la rivalidad existente entre Cartago y Roma.

Cartago enfrentada a Roma

Cartago y Roma tuvieron buenas relaciones desde muy temprano. Cuando Roma se hallaba aún bajo el gobierno de los reyes en el año 509 a. C., Cartago firmó un tratado comercial con la incipiente República. 

El tratado fue renovado en el año 348 a. C. y Cartago y Roma formaron una alianza contra Pirro en el año 270 a.C. Esta afinidad se debió a que ambas repúblicas tenían un enemigo común, los griegos.

Tras la derrota de Pirro, desaparecida la amenaza griega, se esfumó la amistad entre Cartago y Roma. En los siguientes años las ciudades griegas del sur de Italia fueron conquistadas por Roma, que se vio rodeada comercialmente por los territorios púnicos, que además de Sicilia dominaban Cerdeña y Córcega. 

Cartago por el contrario siguió teniendo enfrente a su antigua enemiga Siracusa, dirgida por Hierón II, que fue un antiguo y capaz general de Pirro.

Cuando murió Agatocles tirano de Siracusa, un gran número de sus mercenarios italianos llamados mamertinos quedaron ociosos. En vez de abandonar Sicilia tomaron la ciudad de Mesina y la dominaron durante veinte años, dedicándose a la piratería y al bandidaje. 

Los mamertinos se convirtieron en una creciente amenaza tanto para los intereses comerciales de Cartago como para los de Siracusa. Hierón II de Siracusa les hizo frente en el año 265 a. C. Al encontrarse en inferioridad los mamertinos pidieron ayuda a los cartagineses, quienes accedieron ocupando la bahía de la ciudad con una flota, para posteriormente establecer una guarnición en Mesina. 

Los cartagineses negociaron con Hierón la retirada de su ejército. Los mercenarios incómodos por estar bajo la protección de Cartago y por la tranquilidad otorgada ante la desaparición de la amenaza de Siracusa, terminaron sublevándose y expulsando la guarnición púnica. 

Posteriormente, sufrieron un sitio conjunto por los ejércitos de Cartago y de Siracusa. Los mamertinos [3] como soldados italianos, pidieron ayuda a Roma para expulsar a los cartagineses. Roma empleó este pretexto para intervenir y evitar el dominio púnico del estrecho de Mesina. 

La Primera guerra púnica

Roma forzó la situación a pesar del intento de Cartago por evitar el conflicto. En una operación relámpago y burlando a la poderosa flota cartaginesa, los romanos desembarcan en el 264 a. C. cerca de Mesina al mando del cónsul Apio Claudio Cáudex, obligando a los cartagineses a retirarse de Mesina.

Al conocer su intención, Hierón establece una alianza militar con Cartago. Ambos ejércitos ponen sitio a Mesina, pero los romanos rompen el asedio. Al año siguiente la propia ciudad de Siracusa queda sitiada por los ejércitos romanos. 

Territorios romano, siracusano y cartaginés en vísperas de la primera guerra púnica
Territorios romano, siracusano y cartaginés en vísperas de la primera guerra púnica

Hierón, ante la presión romana cambió de bando, estableciéndose un tratado por quince años y reconociéndose tributario de Roma. Los romanos con la ayuda de Siracusa un año después tomaron Agrigento y pactaron al mismo tiempo una alianza con la ciudad de Segesta, lindante con el área cartaginesa de Sicilia occidental. 

Cartago decidió atacar a Roma en suelo itálico y envió una escuadra a Cerdeña para hostigar a los romanos, apoyándose en su superioridad naval. Roma sin tradición naval para contrarrestar a los cartagineses, armó rápidamente una importante flota en los astilleros de las ciudades griegas de Italia meridional. 

Los romanos vencieron en la batalla de Milas en el año 260 a. C., y en la batalla del Cabo de Ecnomo en el año 26 a. C. Esta última fue la mayor batalla naval de la Antigüedad, enfrentándose las escuadras más poderosas que hasta entonces se habían conocido, en total más de 600 naves.

Los éxitos en el mar permitieron la intervención romana en Córcega, con la toma de Aléria, y con un desembarco en las costas africanas, dirigido por el cónsul Marco Atilio Régulo. El ejército desembarcado pasó el invierno en las proximidades de Cartago sin conseguir resultados positivos y finalmente fue derrotado en la batalla de los Llanos de Bagradas. 

La guerra en el mar tomó un cariz desfavorable para los romanos, cuando una gran flota de naves enviada por el Senado romano en auxilio de los supervivientes de la batalla del Bagradas, sufrió en su vuelta una fuerte tormenta, que hundió gran parte de la flota sobreviviendo solo 80 naves de un total de 364. 

También con la derrota en la batalla de Drépano en el año 249 a. C., con lo que se estableció un cierto equilibrio momentáneo. En Sicilia, en el frente terrestre, Roma tomó Palermo en el año 251 a. C. y el frente se estabilizó en torno al monte Erix y a Lilibeo, donde Amílcar Barca detuvo los intentos de avance romano. 

Roma revalidó su alianza con Siracusa en el año 248 a. C., firmando un nuevo Tratado de amistad y alianza con Hierón II, por el cual Siracusa dejaba de ser tributaria de Roma e Hierón se declaró amigo eterno de los romanos, consolidando así la alianza de Roma y las ciudades griegas. 

El Senado romano fue reacio durante años a nuevas aventuras en el mar por los fracasos navales, volvió a ordenar crear una nueva fuerza naval. Ésta, estuvo dirigida por Cayo Lutacio Cátulo y consiguió en la batalla de las islas Egadas una victoria decisiva. 

Cartago pidió la paz, a consecuencia de la cual tuvo que abandonar sus posesiones en Sicilia, comprometiéndose a respetar a Hierón de Siracusa y a una indemnización de guerra de 3.200 talentos. 

La Guerra de los Mercenarios

La derrota cartaginesa se agravó con la sublevación de sus propios mercenarios. Al negarse inicialmente el senado cartaginés a pagar su sueldo, los mercenarios se alzaron en armas, apoyados por la mayoría de ciudades africanas, que veían en esta revuelta la oportunidad de sacudirse el yugo púnico.

La revuelta tuvo lugar en la ciudad de Sicca Veneria en el año 241 a. C. Roma se mantuvo neutral, aunque apoyó comercialmente a la metrópoli. Sin embargo, aprovechó la situación para enviar un cuerpo expedicionario a Sardinia en el año 238 a. C. 

Cartago protestó airadamente y preparó una expedición, a lo que Roma respondió declarándole de nuevo la guerra. Cartago no estaba en condiciones de vencer una guerra en dos frentes y renunció a las islas. 

Concedió una revisión del Tratado de paz, aumentando la indemnización de guerra en 1.200 talentos suplementarios. No llegó a existir un enfrentamiento armado entre ambas potencias. 

La victoria final del ejército de Cartago, dirigido por Amílcar Barca, no mejoró la situación. Las pérdidas humanas y económicas obligaron a Cartago a dirigir sus miras hacia nuevos territorios que colonizar, con lo que dio comienzo la conquista de la península Ibérica.

La segunda guerra púnica

Cartago, para recuperarse de sus pérdidas territoriales inició una política de expansión en la península Ibérica, apoderándose de las minas de plata de Cartagena y Andalucía, las más ricas del Mediterráneo en la Antigüedad. 

La conquista fue iniciada en el año 237 a. C. por Amílcar Barca, que dominó casi toda Andalucía, y la continuó su yerno Asdrúbal, fundador de la ciudad de Cartago Nova que es la actual Cartagena. 

Roma observó con recelo la expansión púnica en Hispania, zona de importancia para ésta, al considerarse protectora de las ciudades griegas de Masilia y Emporion, cuya área de penetración comercial alcanzaba la costa Este de la península Ibérica. 

Aníbal, mirando la cabeza de Asdrúbal de Giambattista Tiepolo, 1725, Kunsthistorisches Museum de Viena
Aníbal, mirando la cabeza de Asdrúbal 
de Giambattista Tiepolo, 1725, 
Kunsthistorisches Museum de Viena

Se estableció un nuevo Tratado en el año 226 a. C. según el cual el límite de las respectivas zonas de influencia se fijaba en el río Iberus, que tradicionalmente ha sido identificado con el río Ebro. 

Aníbal asedió la ciudad aliada de Sagunto en la primavera del año 219 a. C., tras una dura resistencia, tomó la ciudad a los pocos meses. Un año después, en la primavera del año 218 a. C., Roma declaró la guerra.

Los cartagineses tomaron la iniciativa, inesperada y ambiciosamente. Aníbal trató de aplastar a los romanos llevando la guerra a su propio país, para lo cual el ejército cartaginés tuvo que realizar una expedición sumamente comprometida: partiendo de sus bases hispanas, atravesaron los montes Pirineos y después los Alpes con varios miles de hombres, caballos y algunos elefantes. 

Consiguió derrotar a los romanos en el río Tesino, el lago Trasimeno en el año 217 a. C. y en la decisiva batalla de Cannas, donde quebrantó el poder militar romano dejando Italia indefensa, quedando libre el camino hacia Roma. 

Aníbal, no se atrevió al ataque directo a la capital por tener pocas tropas, desviándose hacia el sur de Italia, con la esperanza de conseguir la sublevación contra Roma de los pueblos itálicos meridionales y las ciudades griegas. 

A pesar de la gran victoria de Cannas el año 216 a. C., Aníbal quedó finalmente inmovilizado. Entretanto, los romanos habían planeado una hábil contraofensiva. Un ejército desembarcó en la colonia griega de Emporion, en la costa catalana en el año 218 a.C.

Ruta de la invasión de Aníbal
Ruta de la invasión de Aníbal

Dos columnas, mandadas por Cneo y Publio Cornelio Escipìón, después de establecer una sólida base de puente, consiguieron el dominio de la costa, donde establecieron la base en Tarraco. Con esto, el Nordeste de la península Ibérica cortaba el enlace del ejército de Aníbal en Italia con las bases hispánicas. 

Los dos Escipiones fueron derrotados y muertos en su intento de penetración hacia Andalucía, pero en el año 210 a. C. el hijo de Publio, Escipión el Africano, obtuvo nuevas victorias para Roma, con la toma de Cartago Nova en el año 209 a. C., que fue el golpe decisivo al control cartaginés en Hispania. 

Al año siguiente, Cádiz cambiaría de bando, uniéndose a Roma, quedando así todo el litoral mediterráneo peninsular en poder de los romanos.

Hallándose Aníbal en Italia sin posibilidad ofensiva y terminada la guerra en Hispania, Roma proyectó el asalto directo a Cartago. Escipión el Africano desembarcó en las proximidades de Útica en el año 204 a. C., donde consiguió consolidarse con sus dos legiones y realizar una política de atracción de los indígenas númidas. 

Ante el grave peligro, los cartagineses llamaron a Aníbal, que pasó de Italia a Cartago en el año 203 a. C. Los romanos y cartagineses se enfrentaron en la decisiva batalla de Zama en el año 202 a. C., con la total victoria romana. 

Aníbal cruzando los Alpes
Aníbal cruzando los Alpes

Cartago pidió la paz, cuyas condiciones fueron muy duras: entrega de la marina de guerra, de los elefantes utilizados en el ejército, de los mercenarios itálicos, reducción del territorio cartaginés metropolitano y reconocimiento de la independencia del reino de Numidia. 

Además, se comprometía a no entrar en guerra, renuncia a todas las posesiones hispánicas y una indemnización de guerra de 10. 000 talentos, a pagar en cincuenta años. Ello representaba el fin de Cartago como gran potencia, y la hegemonía de Roma sobre el Mediterráneo occidental.

La tercera guerra púnica

Cartago cumplió el tratado y procuró rehacer su economía apoyándose en el comercio por mar y en una importante expansión de la agricultura, lo que despertó recelos en Roma.​ En especial, el grupo aristocrático conservador consideró necesario aniquilar a Cartago. 

La ocasión la proporcionaron los ataques del rey númida, Masinisa, que hostigaba a los cartagineses sin que éstos pudieran responder, según las cláusulas del Tratado citado. Cuando intentaron defenderse con las armas, Roma les declaró una guerra que no podían ganar. 

El final de la IIIª guerra púnica supuso el fin del poderío cartaginés. La ciudad fue arrasada y su población exterminada, los pocos supervivientes fueron vendidos como esclavos. Las demás ciudades del norte de África que apoyaron a Cartago corrieron la misma suerte. 

En total, los romanos destruyeron cinco ciudades africanas de cultura púnica aliadas de Cartago. Las que se rindieron desde el comienzo de la guerra fueron declaradas libres y conservaron sus territorios. 

Las antiguas posesiones de Cartago constituyeron la nueva provincia romana de África, con capital en Útica, entregando algunos territorios a Masinisa por su ayuda a Roma durante la guerra. Este fue el final de Cartago, trágicamente destruida en el año 146 a. C., al final de la tercera guerra púnica.

El historiador romano Apiano en su obra “La historia romana” en su libro I dice:

"El fuego devoraba y se llevaba todo a su paso, y los soldados no derrumbaban los edificios poco a poco, sino que los echaban abajo todos juntos. Por ello, el ruido era mucho mayor y, junto con las piedras, caían también en el medio los cadáveres amontonados. 

Otros estaban todavía vivos, en especial ancianos, niños y mujeres que se habían ocultado en los rincones más profundos de las casas, algunos heridos y otros más o menos quemados dejando escapar terribles gritos. 

Otros arrastrados desde una altura tan grande con las piedras, maderas y fuego, sufrieron, al caer, toda suerte de horrores, llenos de fracturas y despedazados. Y ni siquiera esto supuso el final de sus desgracias. 

En efecto, los encargados de la limpieza de las calles, al remover los escombros con hachas, machetes y picas, a fin de dejarlas transitables para las fuerzas de ataque, golpeaban unos con las hachas y machetes y otros con la punta de las picas a los muertos y a los que todavía estaban vivos en los huecos del suelo, apartándolos como a la madera y las piedras y dándoles la vuelta con el hierro, y el hombre servía de relleno a los fosos. 

Algunos fueron arrojados de cabeza, y sus piernas, sobresaliendo del suelo, se agitaban con convulsiones durante mucho tiempo. Otros cayeron de pie con la cabeza por encima del nivel del suelo y los caballos, al pasar sobre ellos, les destrozaban la cara o el encéfalo, no por voluntad de sus jinetes, sino a causa de su prisa, puesto que tampoco los que limpiaban las calles hacían todo esto voluntariamente..."

La destrucción de la ciudad representó el fin del Estado cartaginés. Su cultura permaneció en numerosas ciudades coloniales bajo el poder romano, conservándose parte de la herencia cartaginesa, en especial en los primeros siglos. 

El fenómeno es visible tanto en las islas de Cerdeña e Ibiza así como en la península Ibérica y sobre todo en las costas de Argelia y Marruecos. Incluso la lengua fenicia perduró en la llamada zona metropolitana cartaginesa durante todo el imperio romano. 


[1] El garum es una salsa de pescado preparada con vísceras fermentadas de pescado muy extendida en la gastronomía romana. Se empleaba por los habitantes de la Antigua Roma, principalmente, para condimentar o acompañar gran cantidad de comidas, aunque se usaba asimismo en medicina y cosmética.
[2] Los magónidas fueron una dinastía de tempranos reyes de Cartago, en los siglos V y VI a. .Magón I de Cartago, rey del Imperio Cartaginés desde el 550 a. C. al 530 a. C. y fundador de la dinastía de los magónidas y del poder militar de Cartago, según Marco Juniano Justino.
[3] Fueron mercenarios de origen itálico contratados en Campania, su lugar de origen, por Agatocles, tirano de Siracusa.Cuando este murió en 289 a. C., muchos de estos mercenarios quedaron ociosos y desempleados en Sicilia. La mayoría de ellos regresó a su hogar, pero algunos permanecieron en la isla y desempeñaron un papel principal en la preparación de la Iª guerra púnica.

 

La historia del Imperio Cartaginés