martes. 05.03.2024

La historia de Roma nos muestra como las legiones también sufrieron derrotas y algunas bastante indignas. Llama la atención el caso de dos de sus legiones, como es el caso de la legión perdida por Craso en la batalla de Carrhae o lo sucedido a la legión IX Hispalensis de las cuales nada más se supo.

  1. La legión perdida de Craso
  2. La Legión IX

Las legiones romanas eran unidades, formadas por unos 5.000 hombres y actuaban como una máquina de destrucción sobre los bárbaros y los enemigos de Roma. Cabe preguntarse:

¿Fueron estas legiones víctimas de alguna trampa, emboscada que no dejó rastro alguno?
¿Fueron los legionarios vencidos indignamente y los cronistas no quisieron mencionarlos?
¿Qué misterios encierran los documentos?

La legión perdida de Craso

Es el nombre con que se conoce a una legión romana compuesta por parte de los cerca de 10.000 legionarios hechos prisioneros tras la batalla de Carrhae, situada en la actual Turquía con los partos en el año 53 a.C. Esta legión perdida para los historiadores romanos, reaparecería supuestamente en las crónicas chinas en el año 36 a. C.

Este territorio de la Alta Mesopotamia fue el escenario de una cruel derrota que marcó durante mucho tiempo la relación entre los Imperios romano y parto.

Durante la época de la alianza entre Julio César, Pompeyo y Craso, este último se hizo cargo de la campaña contra los partos y avanzó por Turquía al frente de un imponente ejército de 42.000 soldados.

Marco Licinio Craso era el hombre más rico de Roma, del que el historiador romano Plutarco escribió que el único vicio que tenía era el de la codicia, mandaba el ejército romano, compuesto por siete legiones. El hijo del general, Publio, había acudido en su apoyo con mil jinetes galos, enviado por César.

Los romanos que lidera están compuestos por siete legiones, 4.000 arqueros y 4.000 jinetes galos, y se creen capaces de escarmentar a la temida caballería parta, que es el cuerpo principal del ejército enemigo.

Las tropas romanas, lideradas por el triunviro Marco Licinio Craso, descansaban en la infantería pesada y estaban formadas por entre 36.000 y 42.000 hombres. Plutarco dice que esta cifra incluía siete legiones (unos 28.000 legionarios), 4.000 soldados de infantería ligera y 4.000 jinetes de caballería.

Por su parte, el ejército parto, comandado por el noble Surena, se fundamentaba en la caballería y estaba constituido por un cuerpo de 1.000 jinetes catafractas que era la caballería pesada y 9.000 arqueros a caballo. El ataque combinado de la caballería pesada y de los arqueros partos a caballo decidió el choque, en el que murieron unos 20.000 combatientes romanos, incluido el propio Craso.

Publio fue de los primeros en perder la vida tras enfrentarse a los terribles catafractos partos (caballo y jinete iban protegidos por una recia armadura). Su cabeza fue enviada al padre con la esperanza de que se rindiera.

Al final de la última batalla, tras hallar refugio momentáneo en Carrhae, el propio Craso fue asesinado, tras una estratagema ideada por el general Surena con objeto de secuestrarle, y su cabeza y una de sus manos fueron entregadas al rey Orodes II durante la celebración de la boda de su hija con el rey de Armenia, que se había pasado al bando del vencedor después de traicionar a Roma.

El general parto Surena organizó un simulacro de triunfo para burlarse de Roma e hizo desfilar a los diez mil prisioneros y subió al carro del vencedor a un viejo legionario llamado Paciano que, disfrazado de mujer, fue obligado a fingir que era Craso y a saludar a la muchedumbre que le insultaba y arrojaba desperdicios durante todo el itinerario.

El general parto Surena murió a traición por orden del propio rey Orodes II que, celoso de su éxito, ordenó su asesinato un año después.

El ejército parto humilló el ejército más poderoso del mundo de entonces, e hicieron prisioneros a más de 10.000 de sus soldados. Una parte de los supervivientes romanos lograron escapar y volver a territorio romano, mientras que unos 10.000 legionarios fueron hechos prisioneros.

Cuenta Plutarco que los prisioneros romanos fueron llevados a Seleucia situada en el río Tigris, cerca de la capital parta, Ctesifonte, donde se les obligó a participar en el desfile triunfal.

Se sabe a través de Plutarco y Plinio el Viejo que estos hombres fueron conducidos al extremo oriental del imperio Parto, en la antigua Bactriana que se corresponde con la actual Afganistán, siendo la mayoría esclavizados o condenados a trabajos forzados.

El historiador romano Plinio el Viejo relata que los legionarios prisioneros fueron enviados a la ciudad de Alejandría en Margina en la región de Turkmenistán, que está situada a dos mil quinientos km de la capital parta.

Esto era una práctica habitual en los imperios de Persia, con lo que no sólo se impedía la huida, sino que se podía hacer uso de su experiencia técnica y militar en la defensa de sus fronteras que estaban siendo presionadas por los hunos.

Aunque muchos de los prisioneros habrían acabado como esclavos en las minas, seguramente el rey Orodes II no quiso desperdiciar la oportunidad de contar con legionarios romanos a los que podía utilizar para crear unidades destinadas a defender sus fronteras.

Las unidades de élite romanas se emplearían, por ejemplo, en Bactria la actual Afganistán, como fuerza de choque y, posiblemente, en diversos puestos fronterizos para su defensa contra los nómadas hunos.

Los partos conservaron algunas unidades dispuestas a seguir combatiendo a cambio de no ser condenados a muerte o a la esclavitud. Una parte de la legión cautiva fue mandada a las proximidades del río Oxus que se corresponde con el río Amu Daria en la Bactriana para luchar contra los hunos, y es aquí donde desaparece definitivamente su rastro.

Tras la firma de la paz entre romanos y partos en el año 20 a. C., se estableció el retorno de los prisioneros, pero se desconocía totalmente dónde estaban los efectivos supervivientes de las derrotadas legiones de Carrhae, pese a los esfuerzos que se dedicaron a la recuperación de los soldados apresados.

Estas tribus de los hunos constituían una amenaza para China, pues ocupaban toda la franja a lo largo de la frontera norte de su imperio, desde Manchuria hasta Bactria pasando por Mongolia.

El historiador norteamericana Homer Hasenpflug, en una conferencia impartida en Londres titulada “Una ciudad romana en la antigua China”, afirmó haber encontrado el destino de estos legionarios, encajando los datos de Plutarco y Plinio el Viejo con las crónicas históricas de la dinastía Han, que reinó China entre los años 206 a. C. y 220 d. C.

Según este historiador, la legión perdida reaparece en las crónicas chinas de la dinastía Han en el año 36 a.C. El general Gan Yanshou emprendió en ese año una campaña militar en los territorios fronterizos occidentales, en la actual provincia de Xinjiang, contra los nómadas xiongnu, antecesores de los hunos, por Bactria y el río Oxus.

Esta campaña militar contra los xiongnu se debía a las continuas agresiones que amenazaban la seguridad comercial de la famosa ruta de la seda.

Los hunos se rebelan contra el rey de Sogdiana y pretenden crear su propio estado en las rutas comerciales que unen Asia Central con Persia, pero China envía a uno de sus generales al mando de cuarenta mil hombres y derrotan a las tribus nómadas en el año 35 a. C.

Entre los mil quinientos prisioneros, cuentan los anales chinos, figuraban ciento cuarenta y cinco hombres que debían ser mercenarios occidentales. Y, rápidamente, se piensa en los legionarios romanos que podrían haber escapado de Persia para acabar en las filas de los hunos.

Las crónicas de esta campaña nos han llegado a través del historiador y biógrafo del general chino Gan Yanshou, Ban Gu, que participó en aquella contienda. Esta información china hizo pensar a muchos historiadores que los defensores de la ciudad de Zhizhi, eran miembros de la legión perdida.

En ellas se habla de una batalla librada por esta ciudad entre el ejército chino y un extraño contingente constituido por soldados veteranos, muy disciplinado y protegido en una fortaleza de madera de forma cuadricular que protegía el asentamiento. Estas empalizadas dobles no era usada exclusivamente por las legiones romanas, pero si es muy significativo que estuviera ahí, pues los hunos nunca usaron este tipo de defensa.

Se comenta en esta biografía que éstos usaban fortificaciones de empalizadas rectangulares y que entraban en combate perfectamente organizados que describían de la siguiente forma “alineados y desplegados en una formación como de escamas de pescado”, en la puerta de la ciudad, lo que recuerda a la testudo romana, en la que los infantes se protegen unos a otros formando con los escudos una especie de coraza.

La ciudad de Zhizhi fue tomada finalmente y unos 1.000 prisioneros extranjeros fueron deportados a China y asentados en la ubicación de la actual Yongchang en el desierto del Gobi, para proteger las fronteras del imperio chino y a sus habitantes de las incursiones tibetanas.

El antiguo nombre de Zhelaizhai, que se encuentra en la provincia de Gansu, ha terminado por sacar a la luz al cabo de dos mil años la historia de la legión perdida. El nuevo lugar en que fueron asentados los prisioneros fue llamado por decreto imperial Li-Jien o Liqian.

El topónimo, documentado por primera vez en el año 5 d.C., no es sino una variante china de Legión, un nombre que además era el usado por los chinos para referirse a Roma, desde que los antiguos chinos tuvieron noticias de su opulencia y poder a través de sus comerciantes en Alejandría.

Este topónimo era extremadamente raro que los chinos diesen a sus ciudades nombres extranjeros. Siguiendo la tendencia confuciana a la rectificación de los nombres, el lugar fue renombrado como Jie-lu, que significa cautivos.

Los diarios Los Ángeles Times y L’Express publicaron en el año 2001, unos datos que identificaban un poblado remoto como punto final de la aventura de los legionarios de Craso, demostrando importantes diferencias físicas entre los nativos de la zona y el resto de los chinos.

Los análisis de ADN realizados por la universidad de Lanzhou confirman que un 46 % de los habitantes de Zhelaizhai entre los que hay ciudadanos con ojos azules y verdes, pelos rizados y/o de color castaño y pelirrojo, y gente con narices aguileñas mostraban una curiosa afinidad genética con poblaciones europeas.

Hace años se encontraron en torno a cien esqueletos de hace más de mil años con una altura promedio superior a los 180 centímetros, cosa no habitual en la población china.

La existencia de la legión perdida cuenta con las evidencias bibliográficas, los análisis de ADN realizados a la población y los restos romanos encontrados en excavaciones arqueológicas, con monedas, cerámica, cascos y una gran piedra cúbica que alberga misteriosos restos de estilo occidental, además de los restos de una fortaleza, con treinta metros de longitud y medio metro de alto, que según los nativos hasta hace poco más de treinta años, medía más de cien metros de longitud y era mucho más alta.

No existe una certeza concluyente de la presencia romana durante este periodo en la China imperial, teniendo en cuenta que Li-Jien fue un puesto avanzado que estuvo localizado dentro de la antigua ruta de la seda.

La derrota de Carrhae tuvo grandes consecuencias en Roma. Lo ocurrido pero que no era la primera vez, hizo que un emperador romano en el año 9 d.C., se lamentaba de la pérdida de legionarios y de su emblema más sagrado: el estandarte con el águila.

Con la finalidad de vengar la derrota de Craso, Marco Antonio trató de invadir Partía que era gobernada por Frates pero acabó nuevamente en un absoluto desastre, sumando nuevamente otros diez mil legionarios muertos. Estas derrotas romanas contra los partos hicieron que se modificara la forma de luchar de las legiones, sabiendo hacer frente a los arqueros y a la caballería pesada.

El emperador Octavio Augusto cuando consiguió derrotar a los partos tomó las águilas de las siete legiones romanas que se guardaban en un templo. Se acordó que quienes hubieran caído prisioneros regresaran a sus casas, pero ya habían pasado más de veinte años y de los diez legionarios ya no quedaba nadie o nadie quiso volver.

La Legión IX

El historiador Stephen Dando Collins sostiene en su libro “Las legiones de Roma”, relata que esta legión fue constituida en Hispania por Pompeyo el Grande en el año 65 a. C junto a las legiones VI, VII y VIII, pero también se sabe que Julio César comandó una legión IX durante su estancia en Hispania y dicha unidad lo acompañó.

 a la Galia sobre el año 58 a.C., permaneciendo allí a su mando durante toda la campaña romana en la Galia.

Cuando estalló la guerra civil entre Julio César y el Senado en enero del año 49 a.C., la novena legión seguía bajo las órdenes de Julio César. Participó en la batalla de Dirraquio en el año 48 a.C. y en la batalla de Farsalia en Grecia y en el año 46 a. C. en la batalla de Ruspina contra las fuerzas pompeyanas, siendo licenciados sus integrantes al final de dicho conflicto, siendo alojado en Piceno que era la patria de Pompeyo.

Octavio que era el heredero de Julio César y futuro primer emperador, rearmó a al IX legión con el fin de hacer frente a Sexto Pompeyo en Sicilia, participando en las operaciones que Agripa dirigió en la batalla de Nauloco.

Con la desaparición definitiva de Pompeyo, la IX legión fue destinada a Macedonia, pero volvió a ser llamada por Octavio Augusto ante el avance de Marco Antonio. Participó en el bando de Octavio en la batalla de Accio el dos de septiembre del año 31 a.C. En aquellos momentos históricos esta legión era mandada por Tito Astatelio Tauro, que era el comandante en jefe de las tropas terrestres de Octavio.

Posteriormente, la IX legión acompañó al emperador Octavio Augusto a la Tarraconensis, participando en las guerras cántabras entre los años 25 al 13 a. C. Se cree que el emblema de la legión era un toro, que era un atributo hispánico.

Tras la campaña cántabra, la IX legión fue destinada a las orillas del río Rin, posteriormente a Panonia que se corresponde con la actual Hungría. Con el emperador Tiberio fue destinada a la Cirenaica en la actual Libia para combatir al rebelde Tacfarinas, hasta que el emperador Claudio en el año 43 d. C. acometió la invasión de Britania y la IX legión formó parte de las tropas desplazadas a la isla bajo el mando del gobernador proconsular Cayo Suetonio Paulino.

La invasión de Britannia por parte del imperio romano se hizo empleando a las legiones II Augusta, XIV Gémina y XX Valeria Victrix y la mencionada IX legión en el año 43 d.C.

El emperador Adriano llegó al poder en el año 117 d. C., y se encontraba en la actual Gran Bretaña, lejos de Roma. Britania se encontraba en una crisis que recordaba a la época en la que Boudica se había enfrentado al Imperio con la ayuda de distintas tribus de la isla.

El Imperio no se veía capacitado para frenar a estos pueblos que atacaban cada posición y guarnición romana que encontraban a su paso. La teoría más popular es que la legión fue enviada a luchar contra los caledonios en Escocia y fue aniquilada allí.

La IX legión fue una de las que vencieron al rebelde Calgaco en Caer en el año 50 d.C.- Posteriormente, fue destinada a Lindum Colonia, allí permaneció hasta el año 61, cuando la rebelión de la reina Boudica, (pueden leerme la historia de la reina Boudica) alzó a los britanos contra Roma. La IX legión fue movilizada por el gobernador Suetonio Paulino sufriendo una severa derrota al mando del legado Quinto Petilio Cerealis en la batalla de Camulodunum.

Solo la caballería pudo escapar de la matanza y tuvo que ser reforzada con más de dos mil hombres procedentes de los nativos germanos. Diez años después, Cerealis volvió como gobernador a Britania, derrotó a los brigantes y estableció a la IX legión muy cerca de Ebracum.

Parece que esta legión participó en la construcción del muro de Adriano. Entre los años 82 y 83 a.C. participó en el ataque de Caledonia la actual Escocia bajo el mando de Gneo Julio Agrícola.

El historiador y político Tácito escribió que durante las campañas de los años 82 y 83, la IX legión había sobrevivido a duras penas a una masacre en Escocia, por lo que el conflicto al norte de Britania pudo haber terminado con ellos en una contienda posterior.

Su posible extinción al norte podría explicar la necesidad de construir un muro a la altura de la actual ciudad inglesa de Newcastle. El Muro de Adriano, hecho de piedra caliza en su parte este y acompañado de fosos defensivos, tanto al sur como al norte, fue edificado por los 15.000 soldados de tres legiones destinadas en Britania. Pueden leerme el artículo de los muros romanos en Britania.

Sin embargo, las nuevas excavaciones indican que el final de esta unidad pudo haberse dado al sur de Inglaterra, y no precisamente por luchar contra las tribus que debilitaban el Imperio romano.

Estalló una rebelión en los alrededores del Londres romano en el año 125. Se pensaba que aquel alzamiento había sido perpetrado por autóctonos hasta el año 2017, y que la unidad militar había acudido a terminar con los disturbios.

Sin embargo, los análisis de ADN de los cráneos hallados en el río Walbrook y sus afluentes determinan que algunos de los protagonistas de aquel ataque provenían de distintas zonas europeas bajo dominio romano.

Por lo tanto, o bien habrían sido los bárbaros germanos quienes habían iniciado la rebelión, o bien los propios soldados de la legión habrían traicionado al ImperioEl escritor considera que la Legión IX habría abandonado su posición estratégica en York para participar en la rebelión.

Dentro de este punto de vista. también se encuentran quienes apuntan que la Legión Hispana se dirigió hacia el este para intentar sofocar otras rebeliones que tuvieron lugar en el extremo oriental del Imperio romano.

Los secretos, al menos por ahora, siguen sin desvelarse. Se sabe que para el año 162 d. C. la Legión IX Hispana ya no existía, puesto que la unidad no aparece en una inscripción de dicha fecha que reúne todas las legiones del Imperio romano.

Simon Elliott considera que lo más probable es que murieran en una emboscada al norte de Inglaterra a principios del siglo II, pero el misterio sigue intacto.

Lo que sí es cierto es que la legión debió desaparecer entre el reinado de Adriano y el de Marco Aurelio, período en el que se sitúa una conocida inscripción fechada en el año 162 en la que se recogen las legiones del Imperio y en la que no figura la legión IX Hispana.


BIBLIOGRAFÍA

Jean Noel, Robert. “De Roma a China: la ruta de la seda en la época de los Césares”. 2015. Editorial Stella Maris.
Plutarco. “Vidas paralelas”.

Las legiones romanas perdidas