sábado. 13.07.2024

El período tardío de Egipto también se le conoce como Baja época. Comprende la historia del Antiguo Egipto desde el año 664 a. C., cuando Psamético I funda la dinastía XXVI, denominada Saíta, hasta la derrota del Imperio aqueménida por Alejandro Magno en 332 a. C.

  1. La dinastía saíta
  2. Babilonia y egipto
  3. El Imperio Persa y Egipto
  4. Las reformas persas
  5. Sublevaciones contra los persas
  6. La independencia egipcia del 404 al 343 a.C.
  7. La economía de la época

Este aceptó la rendición del gobernante sátrapa persa de Egipto que se llamaba Mazaces y marcó el inicio del Periodo helenístico de Egipto, que se estabilizaría después de la muerte de Alejandro con el Reino ptolemaico.

La dinastía saíta

Tras la conquista asiria de Egipto, al final del Tercer periodo intermedio, el gobierno egipcio fue encomendado a varios gobernadores locales vasallos, hasta que una insurrección fracasada acabó con muchos de ellos.

Cuando abandona Egipto el rey asirio Asurbanipal, deja un país totalmente destruido por la guerra. Su padre, Necao I, que también había sido gobernador, había muerto luchando a favor de Asurbanipal contra los kushitas.

Necao I fue asesinado en la campaña de Tantamani para liberar a Egipto de los asirios. Tanutamani, que seguía firmemente asentado como rey de Kush y además dominaba la región de Tebas.

El gobierno pasó al hijo de Necao, Psamético I (también conocido como Psamtik I, hacia 665-610 a.C.), a quien se considera como el fundador de la dinastía XXVI e inició el llamado Período Saíta de la historia egipcia, durante el que los reyes gobernaron desde la ciudad de Sais, en el norte del Delta.

El poder comenzó a concentrarse en torno a uno de los mandatarios del delta, llamado Psamético I, que vivió desde el año 664 al 610 a. C., que era gobernador de la ciudad de Sais.

Psamético I acató las políticas asirias, pero en realidad estaba planificando derrocarles de forma estratégica. En el año 656 a.C. lanzó un asalto naval a Tebas y obligó a la Esposa del dios Amón a favorecer a su hija Nitocris I como sucesora. Nitocris I asumió el cargo y controló Tebas mientras Psamético I hacía campaña contra los funcionarios y gobernantes locales que mantenían la política asiria.

Tras liberar a Egipto del dominio asirio, Psamético reformó el gobierno de Sais e inició proyectos de construcción de acuerdo con la tradición real. Según algunos estudiosos, el Tercer Periodo Intermedio termina con la unificación de Egipto por parte de Psamético I, pero esta interpretación carece de sentido.

La expansión, tanto de Psamético como de Tanutamani, fue posible gracias a las rebeliones acaecidas en Babilonia y Elam, a las que tuvo que hacer frente con el ejército asirio. Psamético expulsó a Tanutamani de Tebas en el año 656 a. C., imponiendo a su hija como Divina Adoratriz de Amón en dicha ciudad.

El período tardío de Egipto también se le conoce como Baja época. Comprende la historia del Antiguo Egipto, hasta la derrota del Imperio aqueménida por Alejandro Magno

Psamético I, que era dueño de Egipto y se encontró con los reyes asirios cada vez más atareados en sus propios conflictos, inició su programa político basado en impulsar el comercio y retornar a los símbolos de periodos pasados para fomentar la unidad nacional.

Esto último ya lo había utilizado la dinastía kushita precedente, pero mientras ellos tenían como dios tutelar a Amani que representa al tebano Amón, Psamético I revitalizó los cultos relacionados con el mito de Osiris.

Psamético I fue un líder fuerte que imprimió a sus súbditos la gloria del pasado de Egipto restaurándolo a través de sus proyectos monumentales, renovaciones, restauraciones y logros militares.

Su hijo, Necao II que gobernó entre los años 610 al 595 a.C., se basó en los logros de su padre con campañas militares, proyectos de construcción y la ampliación del ejército.

Los egipcios nunca fueron un gran pueblo marinero, y reconociendo esto, Necao II creó una armada con mercenarios griegos, que resultó bastante eficaz. Necao II es representado habitualmente como un gran guerrero y líder militar que fortaleció el país que había heredado.

En la Biblia, se le conoce como el rey egipcio que mata a Josías de Judá en la batalla de Meggido (II Reyes 23:29, II Crónicas 35: 20-22) y, allí también, se le ve como un líder impresionante.

La memoria de los faraones kushitas no fue perseguida hasta mucho tiempo después, durante el reinado de Psamético II, que gobernó entre los años 595 al 589 a. C., quien realizó varias campañas contra el imperio de Kush.

A Necao II le sucedió su hijo Psamético II que continuó la política de su padre. También fue un gran líder militar, responsable del traslado de la capital de los nubios de Napata al sur, a Meroe, hacia el 592 a.C. para distanciarse de la frontera con Egipto.

Psamético II dirigió una fuerza contra el reino de Kush en Nubia, destruyendo todo lo que encontraba a su paso, pero tras ganar todos los enfrentamientos, parece que perdió el interés por la campaña y regresó a Egipto.

Gran parte de su éxito en esta campaña se debió a su general, el futuro Amasis II, que puede haber resentido el esfuerzo incompleto y finalmente inútil. Psamético II parece haber estado más interesado en borrar los nombres de los gobernantes kushitas de los monumentos del sur, destruir otros edificios e incluso posiblemente intentar borrar el nombre de su propio padre de la historia. Las razones que le llevaron a estos actos siguen siendo objeto de debate, sin que se haya dado una respuesta clara.

A la muerte de Psamético II, le sucedió su hijo Wahibre Haaibre (más conocido como Apries, 589-570 a.C.), cuyo reinado supuso una serie de desafíos a su autoridad. Primero luchó sin éxito contra los babilonios y buscó ayuda para recuperar el trono cuando el general Amosis orquestó un golpe de estado y se cree que el general le asesinó en la batalla. Amosis II (también conocido como Ahmose II) se convirtió entonces en faraón y elevó el país a una altura que no había conocido en siglos.

Menfis también se vio beneficiada, como se describen en los textos griegos de Heródoto, y vemos como está ejerciendo gran influencia y vemos el culto del buey Apis, que practicaban sus sacerdotes, en pleno apogeo.

Al dios tebano Amón se lo identificó con el dios libio Aman, que tenía su principal centro en el oráculo del oasis de Siwa, creciendo este último en prestigio. El culto a las divinidades de la capital fue especialmente protegido. Destaca la diosa Net de Sais. En religión, así como en la política, se observa una preponderancia del norte.

Babilonia y egipto

Las causas de la caída de Asiria se deben al desgaste del ejército, que debía enfrentar a enemigos distantes que ofrecían tenaz resistencia. Además de esto, se produce una decadencia de los estados periféricos provocada por los ataques de la propia Asiria, que facilitaba la infiltración de pueblos nómadas como eran los cimerios, escitas, y medos.

A todo esto se le sumaban las crisis sucesorias, como la que se provocó con motivo de la muerte de Asurbanipal en el año 630 a. C. El líder caldeo Nabopolasar tomó Babilonia y dirigió sucesivas campañas contra Asiria. Nabopolasar selló una alianza con el jefe medo Ciáxares, y juntos destruyeron las capitales asirias.

Egipto intervino contra los caldeos ya antes de la caída de dichas capitales, hacia finales del reinado de Psamtik, pero fue cuando participó activamente.

Se dieron cuenta del peligro que representaba un imperio expansionista como el de Babilonia. Neko II en persona apoyó los focos de resistencia asirios en la ciudad de Harrán, a su vez, de paso, redujo a obediencia al Reino de Judá, que había aprovechado la decadencia de Asiria para expandirse.

Pronto la resistencia asiria se esfumó, y Neko fue empujado hacia el sur tras enfrentarse en Karkemish y Hamat en el año 605 a. C. al caldeo Nabucodonosor II, quien pronto se expandió hacia los pequeños estados de Palestina, incluido Judá, cuya capital, Jerusalén, tomó en el año 597 a. C., instalando reyes vasallos y deportando a parte de su población. Neko II pudo contener las campañas de este soberano en su propio país, pero la ofensiva quedó en suspenso.

El sucesor de Neko, Psamético II, concentró su actividad militar en el imperio de Kush. En cambio, Apries que gobernó entre los años 589 al 570 a. C. continuó la guerra contra Nabucodonosor II. Una rebelión de Judá en el año 587 a. C. apoyada por Egipto tuvo como consecuencia la segunda deportación de sus habitantes, muchos de los cuales huyeron a Egipto.

La importancia de Judá para Egipto radicaba en tener tan cerca un vasallo de Babilonia; además el Levante en general era un preciado objetivo comercial. A su vez, Apries apoyó a la ciudad fenicia de Tiro durante el asedio de trece años al que fue sometida por Nabucodonosor.

El rey de Tiro finalmente se rindió y tuvo que aceptar gobernadores babilónicos. Tiro tenía vital importancia comercial, resultando ser un punto clave para la hegemonía que quería establecer Egipto en el Levante y para la expansión babilónica.

El Imperio Persa y Egipto

La ascensión de Ahmose II también con la denominación de Amosis II, entre los años 570 al 526 a. C., tiene algunos detalles interesantes. Hacia el final de su reinado, Apries intervino en un conflicto entre libios y colonos griegos de Cirene, apoyando a los primeros.

Los egipcios fueron derrotados, y pronto el ejército se rebeló contra Apries. Ahmose, general al principio fiel a Amasis, se puso a la cabeza de los rebeldes y tomó el trono.

En el primer período del reinado Ahmose II, los asuntos exteriores asiáticos quedaron en segundo plano, concentrándose en la política interna y en la relación con los griegos. A estos últimos los reunió en prácticamente una única ciudad, Náucratis, en el delta del Nilo.

Amosis II fue un brillante líder militar y burócrata que supo reformar el gasto público a la vez que estimulaba la economía y orquestaba campañas militares. Egipto se unió tras su gobierno y volvió a prosperar con una economía en auge, fronteras seguras y un comercio próspero.

Se completaron proyectos de construcción, monumentos y otras obras de arte y el nombre de Egipto recuperó parte de su prestigio perdido. Le sucedió su hijo Psamético III (Psamtik III, 526-525 a.C.), un hombre joven e inexperto cuando llegó al trono y mal preparado para los retos que debía afrontar.

Regularizó el papel de los mercenarios griegos en el ejército, acuartelándolos en Menfis. Destaca la importancia de Egipto en el abastecimiento de trigo de las ciudades griegas. Otras exportaciones egipcias eran los papiros y vestimenta de lino.

Su política exterior se concentró en Asia. Surgía el Imperio persa, cuyo rey Ciro II el Grande había tomado el poder del reino medo hacia el año 550 a. C.

La expansión de Ciro parece haber motivado la alianza de Creso de Lidia con la ciudad griega de Esparta, con Egipto y con Babilonia. Si bien la coalición Egipto-Babilonia-Lidia existía realmente, no llegó a materializarse en forma de ejército. Lidia cayó en el año 547 a. C. y Babilonia en el año 539 a. C.

Amosis II a su vez construyó una coalición naval, aliándose con la isla griega de Samos, con los colonos griegos de Cirene en Libia y conquistando Chipre. Cuando Ciro murió durante las campañas en las regiones orientales, se había creado un imperio mayor al de sus predecesores asirios y babilonios. Se había ganado el favor de amplios sectores de la población conquistada, respetando, la religión y la autonomía de las provincias.

Cambises II que gobernó entre los años 529 al 522 a. C. sucedió a su padre Ciro. Poco después murió Amosis II. Cambises concentró su política exterior hacia Egipto, y la conquista de dicho país.

Si seguimos a Heródoto, el rey persa Cambises II había enviado a Amosis II pidiendo una de sus hijas como esposa, pero Amosis II envió en su lugar a la hija de Apries ya que no quería ceder pero tampoco quería entrar en conflicto.

Esta princesa de Egipto se sintió profundamente ofendida por la decisión de Amosis II, sobre todo, porque desde hacía mucho tiempo la política egipcia era negarse a enviar mujeres nobles a reyes extranjeros como esposas.

Cuando llegó a la corte de Cambises II, le reveló quién era realmente y Cambises II juró vengar el insulto de Amosis II al enviarle una falsa esposa.

El ejército persa se movilizó y marchó sobre Egipto. El punto de entrada sería la ciudad de Pelusio, en el Delta, y las murallas fueron rápidamente fortificadas. Las fuerzas de Cambises II atacaron y fueron rechazadas hasta que formuló un nuevo plan.

Conociendo el amor de los egipcios por los animales, en especial por los gatos, Cambises II hizo que sus soldados reunieran a todos los animales callejeros y abandonados que pudieran encontrar y les hizo pintar sus escudos con la imagen de Bastet, la popular diosa egipcia de los gatos.

A continuación, los persas condujeron a los animales ante las murallas de Pelusio logrando que la rendición de los egipcios, temerosos de herir a los animales o de enfurecer a su diosa.

Cambises II ordenó una marcha triunfal en el lugar durante arrojó gatos de una bolsa a la cara de los egipcios en señal de desprecio. Llevó a Psamético III, a la familia real y a miles de personas a su capital en Susa, donde la mayoría fueron asesinados. Psamético III vivió como miembro del séquito del rey persa hasta que se descubrió que estaba fomentando la revuelta y fue ejecutado.

Con su muerte finalizó la dinastía XXVI y el Tercer Periodo Intermedio. Los persas gobernaron Egipto en las dinastías XXVII y XXXI y fueron una amenaza constante en los periodos dinásticos XXVIII a la XXX.

Las reformas persas

Cambises pasó tres de sus siete años de reinado en Egipto, en los cuales realizó expediciones expansionistas fallidas en Libia y Nubia. El tema de la relación de Cambises con la religión es confuso.

Se sabe, por medio de Udjahorresne de Sais, que protegió al templo de Neit de Sais. Sin embargo, otras fuentes afirman que muchos templos fueron cerrados, además las fuentes griegas afirman que Cambises atacó los cultos locales. Las fuentes griegas muchas veces no son fiables. Heródoto en el s. V a. C., afirmaba que Cambises atacó al culto al toro Apis, pero pruebas egipcias lo refutan.

Estallada una rebelión encabezada por el mago medo Gaumata, Cambises regresó a Asia, dejando en Egipto como gobernador o sátrapa al persa Ariandes. Muerto Cambises, y derrotado a su vez Gaumata por Darío, que era miembro de una rama colateral de la dinastía persa, estallaron rebeliones nacionalistas a lo largo y ancho del imperio.

El Egipto recién conquistado se vio implicado en ellas, aunque sin éxito; de hecho las demás rebeliones fueron reprimidas en unos dos años por Darío I, quien se proclamó emperador y gobernó entre los años 521 al 486 a. C.

Durante su reinado se conquistó el oeste de la India y se invadió fallidamente Grecia. En Egipto, el sátrapa Ariandes intervino en las colonias griegas de Libia.

Bajo Darío está claro que se protegió a la religión egipcia: se realizaron donaciones a los templos de Neit de Sais y Osiris de Busiri, a su vez se protegió el culto a Amón.

Económicamente, las provincias de Egipto y de Babilonia funcionaban como abastecedoras de trigo, incluido este en el tributo y demás productos agrarios y derivados, así como papiro en el caso egipcio. Grandes extensiones de tierra de las provincias conquistadas quedaron en manos de nobles persas.

Darío reabrió el canal que unía el mar Rojo con el delta del Nilo, que había sido abierto por primera vez durante el Imperio Medio, promoviendo el comercio hacia Persia, Mesopotamia y probablemente la India, vía océano Índico, dando gran prosperidad a las ciudades del delta.

Si bien el tributo ya sea en trigo o en oro era bastante mayor en Egipto que en otras regiones del imperio, esto era debido a la mayor riqueza y tamaño de la provincia. Los altos cargos de la administración y el ejército recaían en manos persas, aunque hay varias excepciones, incluso se introdujeron elementos egipcios en los sistemas legales persas y la medicina egipcia era muy estimada.

Las principales guarniciones militares se situaban en Pelusio situada al oeste del delta, Menfis y Elefantina en el Alto Egipto. En esta última había una gran cantidad de soldados judíos, quienes poseían además importantes comunidades en la misma Elefantina y en el Bajo Egipto.

Sublevaciones contra los persas

Después de la crisis del año 520 a. C., Egipto pasó unos treinta y cinco años de paz estable bajo la dominación persa. La primera rebelión se desarrolló en los últimos años de Darío I, y fue reprimida bajo su hijo Jerjes I que gobernó entre los años 485 al 425 a. C.

Desde entonces la política internacional persa hacia el frente occidental del Imperio se volcó hacia lograr la conquista de Grecia e impedir rebeliones en Egipto. Las causas de las rebeliones egipcias no están claras. Algunas de ellas pueden ser los fuertes tributos, la concentración de tierras en manos persas, la búsqueda de ascenso político-social de ciertos líderes, y de nuevas alternativas económicas.

Jerjes invadió Grecia entre los años 481 al 479 a. C., pero nuevamente los persas fueron rechazados debido a la alianza de las ciudades hegemónicas de Esparta y Atenas.

Atenas se convirtió en una potencia naval y enemiga del Imperio persa, lo que permitió su alianza con una segunda rebelión en Egipto entre los años 469 al 461 a. C., pero fue derrotada por generales persas. Las rebeliones en Egipto y las campañas fallidas contra Grecia son contemporáneas a las rebeliones producidas en Babilonia.

La próxima rebelión egipcia aprovechó una crisis dinástica en los primeros años del rey Artajerjes II. El líder egipcio Amirteo reinó por unos seis años, tras los cuales fue depuesto por otro egipcio, Neferites I.

La independencia egipcia del 404 al 343 a.C.

Las tres dinastías de este período tuvieron su capital en el delta del Nilo, la dinatía XXVIII en Sais, la XXIX en Mendes y la XXX en Sebennitos, y todas ellas tuvieron que enfrentarse, no solo al Imperio persa, sino a conflictos internos.

Egipto logró mantener su independencia durante sesenta años e incluso realizar ofensivas, debido en gran parte a las rebeliones y crisis dinásticas por las que pasaba frecuentemente el Imperio.

Si bien hubo enfrentamientos anteriores, Egipto no fue atacado hasta el reinado de Acoris entre los años 385 al 383 a. C., resultando los persas derrotados. Los reyes egipcios realizaban alianzas, ofensivas o defensivas, con las ciudades-estado de Grecia, primero con Esparta, luego más frecuentemente, con Atenas.

Egipto funcionaba como abastecedor de trigo de los ejércitos griegos aliados, además estos recibían dinero, pues eran mercenarios. Los mercenarios griegos pronto se transformarían en un componente casi indispensable de cualquier ejército, y en la fallida invasión persa de Egipto del año 373 a. C., reinando Nectanebo I, los vemos luchando junto a los persas.

A pesar de las victorias egipcias, los problemas de la toma del poder de Acoris y los sucesivos cambios de dinastía ponen de relieve la persistente inestabilidad. Esta se hace más patente durante el reinado de Teos entre los años 362 al 360 a. C., quien realizó una campaña contra las posesiones persas de Palestina y Fenicia, pero su sobrino Nectanebo II se rebeló en Egipto y el propio Teos recibió asilo en la corte persa.

Los reyes de este periodo buscaban exaltar el nacionalismo mediante la construcción y reparación de templos ganándose el favor del clero, los que se acercaban a los estilos de la dinastía saíta, última antes de la primera conquista persa.

De todos modos los conflictos entre el clero y la monarquía terminaron por manifestarse, cuando Teos usó fondos de los templos para reclutar su ejército.

La última tentativa contra el Imperio persa fue dirigida por Nectanebo II, quien selló alianzas con sátrapas persas rebeldes y con las ciudades fenicias, y reclutó mercenarios griegos, no obstante la gran rebelión fue finalmente sofocada por el emperador persa Artajerjes III. Los persas conquistaron Egipto en el año 343 a. C.

La reconquista persa no duró mucho, ya que Egipto fue conquistado por Alejandro Magno en el año 332 a. C.

Después de la batalla de Pelusio, salvo por breves periodos, Egipto dejó de ser una nación autónoma. Los persas lo dominaron esporádicamente hasta la llegada de Alejandro Magno en el 331 a.C., y tras su muerte, la dinastía griega de los Ptolomeos gobernó el país hasta que Roma lo anexionó como provincia en el 30 a.C.

La economía de la época

El comercio en el Alto Egipto quedaba relegado a un segundo plano, mientras que las ciudades del delta del Nilo vivían un período de gran prosperidad. Esto atrajo a comerciantes griegos como los jonios de las colonias de Asia Menor y carios, a su vez mercenarios de los mismos orígenes, se alistaron en el ejército egipcio ya desde Psamético I.

Más adelante, los comerciantes jonios y carios trajeron el uso de la moneda. Egipto utilizaba, como valor de cambio, pesos estipulados en metal, y en casos como el ejército se utilizaba como forma de pago la entrega de tierras y la exención de impuestos.

Necao II que gobernó entre los años 610 al 595 a. C., que era hijo y sucesor de Psamético I, realizó obras para reabrir el canal que conectaba el delta del Nilo con el mar Rojo, probablemente para promover el comercio, o tal vez para poder utilizar la flota del mar Rojo en las guerras que mantenía contra Babilonia, que serán detalladas más tarde, sin embargo fracaso en esta construcción.

Restos de la colosal estatua de Psamético
Restos de la colosal estatua de Psamético

Tanto Necao II como su nieto Apries que gobernó entre los años 589-570 a. C. mantuvieron relaciones comerciales y estratégicas con la ciudad fenicia de Tiro. Si seguimos a Heródoto, durante el reinado de Neko una expedición fenicia financiada por Egipto circunvaló África. Se dio impulso a la ruta comercial del mar Rojo, que unía Egipto con Arabia y probablemente la India.

Paralelamente a la corriente comerciantes, mercenarios carios y jonios, desde el año 630 a. C. y colonos griegos dorios se establecieron en la franja costera de Libia, fundando varias ciudades, entre ellas Cirene, la capital de esta confederación de colonias griegas, denominada Cirenaica.

La Cirenaica al contrario del resto de Libia era una región que destacada por su fertilidad, donde sus colonos se dedicaban a la agricultura y al comercio. Las colonias griegas se extendieron por casi todo el Mediterráneo, y cuya finalidad era servir de granero de las ciudades-estado griegas e impulsar el comercio.


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El reino Saíta de Egipto