sábado 16/10/21

Aníbal Barca, el gran militar

 

A mediados del siglo III a. C., la ciudad de Cartago estaba fuertemente influida por la cultura helenística derivada de los vestigios del imperio de Alejandro Magno.  Fue creada por los fenicios.

Cartago ocupaba por entonces un lugar importante en los intercambios comerciales del mar Mediterráneo, teniendo colonias en Sicilia, Cerdeña, en las costas de Iberia y en el norte de África.

La ciudad disponía igualmente de una importante flota de guerra que protegía sus rutas marítimas que transportaban el oro procedente del golfo de Guinea y el estaño procedente de las costas británicas.

La otra potencia mediterránea de la época era Roma, con la que Cartago entró en guerra durante veinte años en un conflicto conocido como la I Guerra Púnica, que fue la primera guerra de gran envergadura de la que Roma salió victoriosa.

Este enfrentamiento entre la República de Roma y Cartago estuvo provocado por un conflicto secundario en la ciudad siciliana de Siracusa y se desarrolló por tierra y mar, en tres fases:

  • Combates en Sicilia entre los años 264 y 256 a. C.
  • Combates en África entre los años 256-250 a. C.
  • Sicilia entre los años 250 al 241 a.C.

Durante esta última fase, y sobre todo tras la guerra, nació la fama de Amílcar Barca que fue el padre de Aníbal.  Este dirigía la guerra contra Roma desde el año 247 a.C. Tras la gran derrota naval en las islas Egadas, al noroeste de Sicilia, los cartagineses se vieron obligados a firmar el Tratado de Lutacio en la primavera de 241 a. C. con el cónsul Cayo Lutacio Cátulo.

Entre los términos impuestos a Cartago por este tratado se hallaban la cesión de los territorios de Sicilia y las islas menores entre ésta y la costa africana, así como onerosas compensaciones de guerra.

A finales de la primera guerra púnica, a pesar de las precauciones adoptadas por Amílcar Barca, Cartago tuvo problemas a la hora de dispersar a los mercenarios que habían combatido con ellos y que no tardaron en asediar la ciudad y provocar una guerra civil.

Este episodio histórico es conocido como la guerra de los mercenarios.  Amílcar consiguió reprimir esta rebelión después de tres años, tras vencer a los rebeldes en el río Bagradas y de nuevo en el desfiladero de la Sierra.

Por su parte, Roma había aprovechado la falta de oposición para tomar Cerdeña, anteriormente en manos de los cartagineses.  Tras la protesta de Cartago por esta acción, que suponía una violación de los términos del Tratado de Paz recientemente alcanzado, Roma le declara la guerra, pero se ofrece a anularla si se le entrega no solo Cerdeña, sino también Córcega y más compensaciones económicas.

Los púnicos, impotentes, tienen que ceder, y ambas islas se convierten en el 238 a. C. en nuevas posesiones romanas. Para compensar esta pérdida, Amílcar marchó a Iberia, donde se apoderó de vastos territorios al sudeste del país.

Durante una década, Amílcar dirigió la conquista del sur de Iberia, apoyado militar y logísticamente por su yerno Asdrúbal. Esta conquista restablecía la situación económica de Cartago, gracias a la explotación de las minas de plata y estaño.

Después de haber incrementado su territorio, Amílcar enriqueció a su familia, y por extensión a Cartago. Al perseguir dicho objetivo, Amílcar se apoyó en la ciudad fenicia de Gadir y comenzó a someter a las tribus íberas.

En aquel momento histórico, Cartago se hallaba en tal estado de empobrecimiento que su marina era incapaz de transportar al ejército a Hispania. Amílcar se vio, pues, obligado a hacerlo marchar hacia el estrecho de Gibraltar, para cruzarlo allí en barco.

LA VIDA DE ANíBAL

Nace en el año 247 a. C. en la ciudad de Cartago.  Su vida transcurrió en el conflictivo período en el que Roma estableció su supremacía en el mar Mediterráneo, en perjuicio de otras potencias como Cartago, Macedonia o Siracusa.

Era el hijo mayor del general Amílcar Barca.  Barca no era un apellido, sino un apelativo y fue adoptado como tal por sus hijos.  Los historiadores designan a la familia de Amílcar con el nombre de Bárcidas, a fin de evitar la confusión con otras familias cartaginesas con los mismos nombres.

Sobre la educación de Aníbal se sabe muy poco.  Aprendió de un preceptor espartano, llamado Sosilos.  Le enseñó la cultura griega, la historia de Alejandro Magno y el arte de la guerra. Adquirió el modo de razonamiento y de acción que los griegos llamaban “métis”, basado en la inteligencia y la astucia.

El historiador romano Tito Livio menciona que cuando Aníbal fue a ver a su padre y le rogó que le permitiera acompañarle, éste aceptó con la condición de que jurara que durante toda su existencia nunca sería amigo de Roma, tenía entonces once años.  Otros historiadores refieren que Aníbal declaró a su padre:

“Juro que en cuanto la edad me lo permita... emplearé el fuego y el hierro para romper el destino de Roma”.

Su aprendizaje táctico comenzó sobre el terreno, bajo mando de su padre y continuó con su cuñado, Asdrúbal el Bello, quien sucedió a Amílcar, muerto en el campo de batalla contra los íberos, entre los años 228 a. C. y 230 a. C., momento en el que le nombra jefe de la caballería.

En este puesto, Aníbal revela muy pronto su resistencia, su sangre fría y su capacidad para hacerse apreciar y admirar por sus soldados.  Asdrúbal persiguió una política de consolidación de los intereses ibéricos de Cartago.

Aníbal Barca arengando a sus tropas antes de entrar en batalla.

Se casó a Aníbal con una princesa íbera de nombre Himilce, con la que tuvo un hijo, Áspar. Sin embargo, esta alianza matrimonial es considerada improbable y no está atestiguada por todos. Asdrúbal fundó la nueva capital púnica en Hispania, la actual Cartagena, en el año 227 a.c.

Asdrúbal firmó en el año 226 a.C. un Tratado con Roma donde Cartago no debía expandirse más al norte del río Ebro, en la misma medida que Roma no se extendería al sur del curso fluvial.

Más tarde, un esclavo galo, que acusó a Asdrúbal de haber asesinado a su amo, le asesinó a su vez a comienzos del año 221 a. C.

Aníbal sería confirmado como nueva autoridad suprema por el gobierno cartaginés, a pesar de la oposición encabezada por Hannón que era un rico aristócrata.  Aníbal contaba veinticinco años en ese momento histórico.

A partir de su llegada a Hispania, Aníbal atrajo todas las miradas.  Tras haber asumido el mando, Aníbal pasó dos años consolidando el poder cartaginés sobre las tierras hispánicas y terminando la conquista de los territorios situados al sur del Ebro.

En el año 221 a. C., dirige su primera campaña como jefe de las fuerzas cartaginesas en Hispania.  Se centró en la Meseta Central y atacó a los Olcades tomando su principal ciudad, Althia, llevando los dominios púnicos hasta las cercanías del Tajo. En la campaña del siguiente año, avanzó hacia el oeste y se enfrentó a los Vacceos asaltando las ciudades de Helmántica y Arbocala.

En el retorno de la expedición con abundante botín, se formó una gran coalición liderada por los Carpetanos junto a contingentes de Vacceos y Olcades, le atacó junto al río Tajo, siendo derrotados por la habilidad del joven general cartaginés.

Por su parte, Roma, temiendo la creciente presencia de los cartagineses en Hispania, concluyó una alianza con la ciudad de Sagunto, situada a una distancia considerable del Ebro por la parte sur, en el territorio que los romanos habían reconocido como dentro de la zona de influencia cartaginesa y declaró a la ciudad como un protectorado.

Este movimiento político generó tensiones entre las dos potencias.  Los romanos argumentaban que según el tratado firmado en el año 241 a. C., los cartagineses no podían atacar a un aliado de Roma, los púnicos se amparaban en la cláusula del documento que reconocía la soberanía cartaginesa sobre los territorios hispanos situados al sur del Ebro.

Aníbal decidió dirigirse contra Sagunto, y sitiar la ciudad, que capituló en noviembre del año 219 a.C., tras ocho meses de asedio.  Roma reaccionó ante lo que consideraba una flagrante violación del Tratado y reclamó justicia al gobierno cartaginés.

Debido a la gran popularidad de Aníbal y al riesgo de perder prestigio en Hispania, el gobierno oligárquico de Cartago rechazó las peticiones romanas y declaró la guerra que el general había soñado.  Así comenzó la II guerra púnica, a finales del año 219 a. C.

LA II GUERRA PÚNICA

Después de que los cartagineses asediaran y destruyeran Sagunto, los romanos decidieron contraatacar en dos frentes, por un lado en África del Norte partiendo desde Sicilia, isla que les sirvió de base de operaciones y posteriormente en Hispania.

Aníbal trastocó los planes de los romanos con una estrategia inesperada pues quería llevar la guerra al corazón de Italia, marchando rápidamente a través de Hispania y del sur de la Galia.

Consciente de que su flota era muy inferior a la de los romanos, Aníbal decidió no atacar por mar, sino que eligió una ruta terrestre mucho más dura y larga pero más interesante tácticamente, pues le permitió reclutar a muchos soldados mercenarios o aliados procedentes de los pueblos celtas dispuestos a combatir a los romanos.

Antes de su partida, Aníbal distribuyó hábilmente sus efectivos y envió a África del Norte varios contingentes de íberos, mientras que ordenó a los soldados libio-fenicios que garantizaran la seguridad de las posesiones de Cartago en Hispania.

Los oretanos en guerra con los cartagineses, acuerdan la paz entregando la mano de la princesa de Cástulo, Himilce que se casa con Aníbal, trasladándose ésta a Cartagena y permaneciendo allí durante las campañas de su marido volviendo luego a Cástulo después de que la ciudad se pasa al bando romano.  Murió en esta ciudad con el hijo de ambos, supuestamente de una epidemia de peste.

Aníbal no partió de Cartagena hasta finales de la primavera del año 218 a. C. Aníbal l puso en marcha al ejército y envió representantes para negociar su paso a través de los Pirineos y trabar alianzas con los pueblos que se asentaban a lo largo de su trayecto.

Según el historiador romano, Tito Livio, Aníbal atravesó el río Ebro con 90.000 infantes y 12.000 caballeros y dejó un destacamento de 10.000 infantes y 1.000 caballeros para que defendieran Hispania, a los que se sumaron 11.000 iberos que se mostraron reticentes a abandonar su territorio.

Tras su paso por los Pirineos, disponía de 70.000 infantes y 10.000 caballeros. Según otras fuentes, Aníbal llegó a la Galia a la cabeza de 40.000 infantes y 12.000 caballeros. Es complicado establecer la aproximación de sus efectivos reales. Se consideraba que encabezaba una fuerza aproximada de unos 80.000 hombres.

Al principio de la guerra, Cartago envió refuerzos a Aníbal. Además, a su ejército se sumaron muchos soldados procedentes de diferentes tribus. Cerca de 40.000 galos se unieron al ejército cartaginés durante la guerra.

Aníbal contaba en su poderoso ejército un contingente de elefantes de guerra, que representaban un importante papel en los ejércitos de la época y que los romanos conocían bien por haberse enfrentado a ellos cuando formaban parte de las tropas del rey de Epiro, Pirro I.

Los 38 elefantes del ejército de Aníbal son una cifra insignificante comparada con los ejércitos de la época helenística. De hecho, la mayoría murieron durante el viaje a través de los Alpes o víctimas de la humedad de las marismas etruscas.

Aníbal penetró en la Galia evitando cuidadosamente atacar las ciudades griegas levantas en Cataluña.  Se piensa que, tras franquear los Pirineos a través de la actual comarca de la Cerdaña, estableció su campamento cerca de la ciudad de Illibéris.

Siguió avanzando sin problemas hasta llegar al río Ródano, llegando en el mes de septiembre, antes de que los romanos pudieran impedirle el paso, a la cabeza de 38.000 infantes, 8.000 caballeros y 37 elefantes de guerra.

Tras evitar las poblaciones locales, que trataron de detener su avance, Aníbal se vio obligado a escapar de una fuerza romana que venía desde la costa mediterránea remontando el valle del río Ródano.

El hecho de que los romanos vinieran de conquistar la Galia Cisalpina dio esperanzas a Aníbal de que sería capaz de encontrar aliados entre los galos del norte de Italia.

El itinerario emprendido por Aníbal ha sido objeto de diversas polémicas. Los datos facilitados por Polibio y Tito Livio son muy imprecisos. Además, no existen restos arqueológicos que proporcionen alguna prueba irrefutable de la ruta de Aníbal.

Una de las opiniones más aceptadas es la que localiza el puerto de montaña por la que franqueó Aníbal los Alpes hasta llegar a la llanura Padana. Los soldados, consternados por el recuerdo del dolor que habían sufrido, y sin saber a qué deberían enfrentarse cuando siguieran avanzando, parecieron perder el coraje.

Aníbal los reunió, y, como desde la cima de los Alpes, que parecían ser la entrada a la ciudadela de Italia, se divisaban las vastas llanuras que regaba el Po con sus aguas, Aníbal se sirvió de este bello espectáculo, único recurso que le quedaba, para quitar el miedo a los soldados.

Al mismo tiempo, les señaló con el dedo el punto donde estaba situada Roma, y les recordó que gozaban de la buena voluntad de los pueblos que habitaban el país que tenían ante sus ojos.

Polibio proporciona otro dato muy importante.  Aníbal llegó a Italia con el ejército y acampó a los pies de los Alpes, para que descansaran sus tropas.  Procuró, en primer lugar, contratar a los pueblos del territorio de Turín, pueblos situados al pie de los Alpes.

Según las fuentes, Aníbal perdió, en esta travesía, entre 3.000 y 20.000 hombres. Los supervivientes que llegaron a Italia estaban hambrientos y muertos de frío.

Aníbal logró atravesar las montañas a pesar de los obstáculos que planteaban el clima, el terreno, los ataques de las poblaciones locales, y la dificultad de dirigir a un ejército compuesto por soldados de distintas etnias y que hablaban en diversas lenguas.

Aníbal atacó por tierra en abierto desafío y sorpresa para las tropas romanas. Su repentina aparición en el valle del Po después de la travesía de la Galia y el paso de los Alpes le permitió romper la forzada paz de alguna de las tribus locales con Roma, antes de que esta pudiera reaccionar contra la rebelión.

Veamos algunas de sus grandes batallas:

LA BATALLA DE TESINO

Publio Cornelio Escipión era el cónsul que dirigía las fuerzas romanas destinadas a interceptar a Aníbal.  No esperaba que éste intentara cruzar los Alpes. Los romanos estaban preparándose para enfrentarse a él en la península Ibérica.

Tras fallar Escipión en su intento de interceptarlo junto al río Ródano, envió a Hispania a su hermano Cneo con la mayor parte de su ejército consular, mientras que él con un destacamento reducido, se dirigió a Pisa, desembarcando allí y uniéndose al ejército de los pretores en la Galia. Las decisiones y movimientos rápidos le permitieron llegar a Placentia a tiempo para alcanzar a Aníbal.

Tras completar el cruce de la cordillera alpina con las tropas diezmadas, y después de haber logrado someter a la tribu de los Taurinos, Aníbal y su ejército avanzaron hacia el este y se encontraron con el ejército romano de la Galia junto al río Tesino.

La batalla fue una simple escaramuza entre la caballería romana liderada por el cónsul Publio Cornelio Escipión y la caballería cartaginesa, que puso de manifiesto por primera vez en suelo itálico las cualidades militares de Aníbal.

Anibal empleó a su caballería ligera, los númidas, para flanquear a las fuerzas romanas, mientras su caballería pesada hispana chocaba frontalmente contra los jinetes galos aliados de los romanos, los vélites y el resto de caballería italo-romana.

El cónsul fue herido y salvado por un esclavo de origen ligur, aunque según otras fuentes su salvador fue su hijo de diecisiete años, Escipión, que posteriormente recibiría el sobrenombre de “el Africano” por la victoria decisiva sobre Aníbal en la decisiva batalla de Zama.

Tras retirarse a su campamento, los romanos abandonaron el área y acamparon en las cercanías del río Po junto a la colonia de Placentia. Gracias a la superioridad de su caballería, Aníbal había obligado a los romanos a evacuar la llanura de Lombardía.

La Batalla del Lago Trasimeno

Tras las victorias del Tesino y de Trebia, los cartagineses se retiraron a Bolonia para después continuar su marcha sobre Roma. Después de haber asegurado su posición en el Norte de Italia gracias a sus victorias, Aníbal trasladó sus cuarteles de invierno al territorio de los galos, cuyo apoyo parecía estar disminuyendo.

Aníbal decidió establecer una base de operaciones más segura, situada al sur en la primavera del año 217 a. C. Pensando que Aníbal estaba decidido a seguir avanzando sobre Roma, Cneo Servilio Gémino y Cayo Flaminio, que eran los nuevos cónsules, movilizaron a sus ejércitos a fin de bloquear las rutas del este y del oeste, las cuales podían ser tomadas por Aníbal para marchar sobre Roma.

La otra ruta que atravesaba Italia central se encontraba en la desembocadura del río Arno. Este itinerario pasaba por una gran marisma que estaba sumergida más de lo habitual en ese período del año y, aunque Aníbal sabía que esta ruta era la más complicada, también era consciente de que constituía la vía más segura y más rápida hacia el centro de Italia.

Como el historiador Polibio indica, los hombres de Aníbal marcharon cuatro días y tres noches sobre una ruta que estaba bajo las aguas y sufrieron una terrible fatiga acusada además por la falta de sueño.

Aníbal atravesó los montes Apeninos y el río Arno, sin oposición. No obstante, en los pantanos que había en las llanuras, Aníbal perdió gran parte de sus fuerzas y, al parecer, a sus últimos elefantes.

A su llegada a Etruria, Aníbal decidió atraer al ejército principal romano, mandado por Flaminio, a una batalla campal, devastando ante sus propios ojos el territorio que se suponía debía proteger. Tal y como Polibio escribe:

Grabado de la Batalla de Zama, de Cornelis Cort. 1567.

“Calculó que si rodeaba el campo e irrumpía en el territorio de más allá, Tito Quincio Flaminio, en parte por temor a los reproches populares y en parte a causa de su propia irritación, sería incapaz de soportar pasivamente la devastación del país, y le seguiría espontáneamente... ofreciéndole así ocasiones para atacarle”.

Aníbal intentaba romper los lazos de Roma con sus aliados, mostrándoles que Flaminio era incapaz de protegerles. A pesar de ello, Flaminio permaneció en Arretium sin mover un dedo.

Incapaz de arrastrar a Flaminio a una batalla, Aníbal decidió marchar con fuerza contra el flanco izquierdo de su adversario, bloqueando su retirada a Roma. Esta maniobra se reconoce como el primer movimiento envolvente de la historia.

Aníbal emprendió posteriormente la persecución de Flaminio, a través de las colinas de Etruria. Le sorprendió en un desfiladero en la ribera del lago Trasimeno, El veintiuno de junio, se produjo la batalla.  Aníbal destruyó completamente al ejército romano entre las colinas y la orilla del lago. Quince mil romanos murieron y diez mil más fueron apresados.

Un grupo de cinco mil soldados romanos pudieron abrirse paso entre las líneas cartaginesas, pero fueron finalmente rodeados en una colina vecina por la caballería púnica mandada por Maharbal,  Éste aceptó la rendición romana a cambio de su libertad. Aníbal no reconoció a su subordinado la autoridad para tomar tal decisión e igualmente dejó como prisioneros a estos últimos rendidos.

Cannas y sus consecuencias

Aníbal, que no tenía intención de atacar Roma, en un primer momento, pretendía saquear los territorios de Apulia. Emprendió la iniciativa de atacar el importante depósito de suministros de Cannas en la primavera del 216 a.C. Mediante esta acción, se situaba entre los ejércitos romanos y su principal fuente de víveres.

Confiados en la victoria, los nuevos cónsules incrementaron el ejército hasta un total de aproximadamente 100.000 hombres, el más numeroso de su historia. Los cónsules renunciaban así a la lenta pero eficaz táctica de evitar el conflicto, optando por un choque frontal.

La batalla, considerada como la obra táctica maestra de Aníbal, se libró finalmente, el dos de agosto del año 216 a. C., sobre la ribera izquierda del río Ofanto en el sur de Italia. Desde que tomaron el mando los dos cónsules, decidieron alternar diariamente el mando del ejército. Varrón, comandante de las fuerzas ese día, estaba decidido a vencer a Aníbal.

Mapa de las campañas de Aníbal

A la cabeza de 50.000 hombres, Aníbal se aprovechó del ímpetu de los romanos, y lo condujo a una trampa en la que aniquiló a su ejército. Aníbal envolvió a los romanos, reduciendo el área del campo de batalla y eliminando así su ventaja numérica. Colocó el centro de su infantería hispana y gala en un semicírculo convexo, poniendo en las alas a su infantería africana.

Contigua a esta, puso en su flanco izquierdo junto al río Ofanto a 6.000 jinetes de la caballería pesada hispano-gala bajo mando de Asdrúbal y en el derecho a unos 4.000 númidas mandados por Maharbal.  En el ala derecha romana se situaron los 2.000 jinetes de la caballería romana bajo mando de Emilio Paulo y en la izquierda los 4.500 de la itálica bajo mando de Varrón.

El combate se inició con la derrota junto al río de la caballería romana de Emilio Paulo. Mientras, las legiones romanas, que se extendían sobre aproximadamente un kilómetro y medio del terreno, se lanzaron contra el centro del ejército púnico, que fue retrocediendo de manera controlada cambiando su forma convexa a una cóncava en forma de "U", encerrando a los legionarios en su interior.

La caballería de Asdrúbal, situada en el flanco izquierdo, tras eliminar a sus oponentes romanos, rodeó por la espalda a las tropas romanas y atacó a la caballería de Varrón, que hasta ese momento había permanecido en un combate equilibrado contra la caballería númida.

Esta maniobra puso en fuga a la caballería itálica, que fue inmediatamente perseguida por los númidas, dejando de este modo solos a los infantes romanos. Aprovechando que en ese momento se desató viento polvoriento de cara contra el frente romano, que les impedía ver la situación, Aníbal ordenó a su infantería africana de las alas que girasen 90º para encerrar los flancos de los romanos.

La caballería pesada hispano gala completó el cerco por la espalda. El ejército romano estaba encerrado, comenzando entonces una masacre de los legionarios, que supondría su casi total aniquilación.

Cuando terminó la batalla, Aníbal recuperó los anillos de los cadáveres de los equites romanos que habían perecido en combate. Con ellos, pudo proporcionar al gobierno cartaginés la prueba irrefutable de su victoria en Cannas.

Gracias a su brillante táctica, Aníbal, a pesar de su inferioridad numérica, aniquiló las fuerzas romanas casi por completo. La batalla de Cannas ha sido considerada como la derrota más desastrosa de Roma hasta esa fecha.  Las pérdidas romanas se estiman entre 25.000 y 70.000 hombres.

Entre los muertos figuraban el cónsul, Lucio Emilio Paulo, dos excónsules, dos cuestores, 29-48 tribunos militares y 80 senadores que representaban el 30 % del total del Senado romano.

Unos 10.000 soldados romanos fueron capturados por Aníbal.  La batalla de Cannas ha sido una de las más sangrientas de la historia por la cantidad de muertos en un solo día. El ejército cartaginés solo hubo de lamentar 6.000 bajas.

La victoria de Aníbal se explica, no solo por las tácticas empleadas durante la batalla, sino también por la habilidad psicológica del cartaginés, que se aprovechó de los errores de sus oponentes.  Este conocimiento se debe tanto a su padre como por la obsesión de Aníbal de vencer a Roma.

Aníbal provocó a los cónsules, que cayeron en varias ocasiones en sus trampas, como en el caso del lago Trasimeno, por sus deseos de lograr una victoria antes de finalizar su mandato.

Para idear sus estrategias, Aníbal debía gozar de un detallado conocimiento de las instituciones romanas y de la ambición de los políticos republicanos. Resultaba inestimable la ayuda de los espías púnicos, a menudo camuflados bajo la apariencia de simples comerciantes.

Después de Cannas, los romanos ya no se mostraban tan decididos a enfrentarse directamente a Aníbal, y preferían volver a la estrategia de Fabio Máximo, buscar la derrota del adversario mediante una guerra de desgaste basada en su ventaja numérica y su rápido acceso a los suministros.

La derrota de Cannas dejó vía libre para que Aníbal arrasara la ciudad de Roma, lo cual sorprendentemente no hizo.  Ningún ejército romano se encontraba cerca y se sucedieron situaciones de pánico dentro de los muros de la ciudad.

Las mujeres romanas escondieron a sus hijos, y hasta el último de los hombres se armó y se decía que Aníbal está a las puertas.  El dejar con vida a Roma, le condeno a una guerra de desgaste, la cual no podía ganar.

La gran victoria cartaginesa hizo que numerosos pueblos en el sur de Italia decidieran unirse a la causa de Aníbal.  Tito Livio dice “el desastre de Cannas fue el más grave del que se tenían precedentes, e hizo que la fidelidad de los aliados, que hasta ahora se había mantenido firme, comenzara a tambalearse, sin ninguna razón seguramente, más allá de que perdían la confianza en el Imperio”.

Dos años después, las ciudades griegas de Sicilia se rebelaron contra el control político romano y el rey de Macedonia, Filipo V, firmó en el año 215 a. C. una alianza con Aníbal, provocando el estallido de la I guerra macedónica. Aníbal forjó una alianza con el nuevo rey de Siracusa, Jerónimo.

De las ciudades italianas que Aníbal esperaba que se le unieran, solo un pequeño número consintió en hacerlo. Según J. F. Lazenby, el que Aníbal no atacara la ciudad no se debió a la falta de equipamiento, sino a lo precario de su capacidad de abastecimiento, debido a que Roma había acabado con estas, con su superioridad marítima, Aníbal no tenía comunicaciones por mar y a la inestabilidad de su propia situación política.

Las intenciones de Aníbal, además de retomar Sicilia, pasaban por la destrucción de Roma no tanto como ciudad sino como entidad política, de ahí su negativa a tomar la ciudad tras la batalla de Cannas y la famosa frase atribuida a su jefe de caballería, el númida Maharbal:

“Los dioses no han concedido al mismo hombre todos sus dones; sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovecharte de la victoria”.

Aníbal utilizó sus victorias para tratar de atraer a su causa a las ciudades sometidas a Roma.  Los prisioneros, por ejemplo, eran divididos en dos grupos:

  • Los ciudadanos romanos eran reducidos a la esclavitud o empleados para intercambiar prisioneros.
  •  Los ciudadanos latinos o aliados, se les permitía regresar a sus casas.

Aníbal tuvo la habilidad de proponer un sistema de alianza menos vinculante que el modelo romano, que permitía a los distintos pueblos mantener un conjunto de derechos. El modelo romano se tornaba excesivamente opresivo en materia económica y reducía la participación de los nativos en la administración pública.

Aníbal se inspiró en el modelo griego, basado en el pensamiento de una ciudad homogénea, que garantizaba la seguridad de sus aliados, a los que concedía una especie de libertad. Buscando la aceptación de su sistema, Aníbal escribió un discurso alabando la libertad de los griegos.

Esta idea, defendida en su época por Antígono I Monóftalmos, debía proceder de Filipo V de Macedonia, con quien concluyó una alianza en el año 215 a. C. Gracias a ello, Aníbal hizo, que a ojos de ciertos griegos de Sicilia y de la Magna Grecia, los romanos fueran vistos como bárbaros.

Los romanos volvieron a emplear la estrategia de Fabio Cunctator, a partir del año 215 a. C.,  y procuraron evitar enfrentarse a Aníbal en batalla frontal.  Aumentaron sus efectivos a través de una política de enrolamiento de esclavos y de jóvenes de menos de diecisiete años. Los romanos comprendieron, hasta qué punto era necesario encaminar una ofensiva sobre el terreno político e ideológico.

Bajo la dirección de un senador especializado en las letras griegas, Quinto Fabio Píctor, se escribió una historia de Roma antipúnica. Aníbal y los cartagineses son descritos como hombres indignos de confianza, impíos y crueles en la obra de Píctor.

Guerra en Sicilia

Paralelamente, los cartagineses pusieron su mirada en Sicilia, que constituía un objetivo prioritario desde su derrota en la I Guerra Púnica. El joven tirano de Siracusa, Jerónimo, recién ascendido al poder tras la muerte del rey Hierón II, abandonó la alianza romana en el año214 a. C.

A mediados de año, después de las convulsiones sucesorias habidas, que acaban con el asesinato de Jerónimo y de varios de sus familiares, se hacen con el poder dos agentes cartagineses, Hipócrates y Epícides.

El reino de Siracusa se alió abiertamente con Cartago, obligando a Roma a desviar fuerzas militares del teatro principal de guerra en la península Itálica. Los romanos, bajo la dirección del cónsul Marco Claudio Marcelo, desplazaron un ejército consular desde Campania a la isla para enfrentar la situación junto al ejército desterrado de Cannas el año anterior ya presente en la isla desde la primavera de 215 a. C.  Marcelo inicia el sitio de Siracusa tras fracasar en su intento de tomarla al asalto.

Busto de Aníbal.

Los cartagineses a su vez enviaron tropas a la isla bajo mando de Himilcón Fameas, desembarcando 20.000 infantes, 3.000 jinetes y 12 elefantes. Las ciudades de Heraclea Minoa y de Agrigento, situadas junto al área de desembarco púnico, aceptaron la alianza con los cartagineses quienes con su ejército se dirigieron a Siracusa a tratar de liberarla del sitio pero no lo lograron.

LA GUERRA DE DESGASTE

A lo largo de los años 213, 212, 211 y 210 a. C., se produce una guerra de desgastes, que hace que poco a poco vaya Aníbal perdiendo oportunidades de ganar esta guerra

Apenas iniciado el año 209 a. C. Aníbal se enfrentó de nuevo al ejército de Marcelo en Apulia, en dos batallas consecutivas en los alrededores de Canusio.  Aníbal resultó vencedor en la primera y perdiendo la segunda, tras lo que se dirigió a Brucio a socorrer con éxito a una ciudad aliada cercada por el contingente mercenario romano venido de Sicilia.

No pudo impedir que en un magníficamente trazado plan, sus enemigos reconquistasen el Salentino con la toma de Manduria y la ciudad de Tarento en el año 209 a. C., capturadas en ambos casos por el cónsul Fabio Cunctator con el ejército consular liberado de Sicilia por Levino.

El otro cónsul ese año, Quinto Fulvio Flaco logró reconquistar la ciudad de Volcei y otras poblaciones en el norte de Lucania. En Hispania mientras tanto, Escipión conquistó Cartagena en una ofensiva relámpago.

Aníbal perdía terreno progresivamente y apenas daba abasto para ir a socorrer las ofensivas, que de manera simultánea y en diversos puntos le planteaban los diversos ejércitos romanos que operaban en el sur de Italia.

Logró forzar la retirada del ejército consular del cónsul Tito Quincio Crispino en el año 208 a. C. del sitio de Locri.  En relevo del ejército de Crispino en esta ciudad llegó una fuerza romana venida desde Sicilia y otra desde el Salentino. Esta última fue interceptada en Petelia por Aníbal diezmándola y poniéndola en fuga.

Su acción más destacada ese año fue la emboscada junto a Venusia a uno de sus grandes enemigos hasta el momento, el cónsul Marcelo, conquistador de Siracusa, en la que además logró herir de gravedad al cónsul Crispino, añadiendo el anillo de Marcelo a su colección.

Mientras, las fuerzas romanas en Hispania lograban entrar en la Bética, derrotando en la batalla de Baecula al ejército comandado por el hermano de Aníbal, Asdrúbal.  Este acontecimiento convenció a Asdrúbal de la necesidad de salir cuanto antes de Hispania con las tropas locales, cuya fidelidad era cada día más dudosa.

Antes de terminar el año unió las tropas perdidas de los otros dos ejércitos púnicos en la península Ibérica, el de su hermano Magón Barca y el de Asdrúbal Giscón, con quienes se reunió junto al río Tajo.

Con su ejército nuevamente operativo y abundantes fondos, se preparó para iniciar su viaje a Italia por vía terrestre emulando lo que hiciera su hermano Aníbal once años antes. La finalidad era reforzar a su hermano Aníbal.

Logró cruzar los Pirineos burlando el dispositivo romano al norte del Ebro y tras reclutar nuevos efectivos en la Galia Transalpina aguardó a terminar el invierno para cruzar los Alpes con su ejército de refuerzo.

Se presentaba una nueva oportunidad para Aníbal. Otro ejército púnico al norte de la península italiana supondría un nuevo frente de guerra para Roma, en el que distraer efectivos, lo que le daría mayor libertad de acción en el sur y si lograba la unión con el mismo, supondría un importantísimo incremento de efectivos.

Aníbal resultó castigado en Grumentum por el recién elegido cónsul Cayo Claudio Nerón, en el año 207 a.C., siendo perseguido hasta Venusia, donde de nuevo se enfrentaron con balance favorable a los romanos.

Tras recibir refuerzos en Metaponto, Aníbal se dirigió nuevamente a Apulia donde esperaba la llegada de su hermano Asdrúbal Barca para marchar sobre Roma.  Antes de poder unir sus fuerzas con las de Aníbal, Asdrúbal caería muerto en Umbría, en la ribera del río Metauro, en el año 207 a. C., tras resultar derrotado y aniquilado su ejército.

La Batalla de Zama

Los romanos, dirigidos por Escipión el Africano Mayor, obtuvieron un importante éxito diplomático en el año 206 a. C., garantizándose los servicios del príncipe númida Masinisa, antiguo aliado de Cartago en Hispania, que había entrado en un conflicto personal con Sifax, un aliado númida de Cartago.

Los romanos desembarcaron en África del Norte en el año 204 a. C., con el objetivo de forzar a Aníbal a huir de Italia, y trasladar el combate a sus propias tierras.

Era el año 203 a. C., tras casi quince años de combates en Italia, era Escipión quien progresaba en tierras africanas.  Los cartagineses eran favorables a la paz dirigida por Hannón el Grande, que trataba de negociar un armisticio con los romanos. Esto dificulta el envío de refuerzos a Aníbal, siendo este último llamado por el gobierno de Cartago.

Aníbal partió hacia tierras africanas. Los barcos desembarcaron en Leptis Minor y Aníbal estableció, tras dos días de viaje, sus cuarteles de invierno en Hadrumetum.

Su retorno reforzó la moral del ejército cartaginés.  Colocó a la cabeza de una fuerza compuesta por los mercenarios que había enrolado en Italia y soldados locales. Aníbal se reunió con Escipión a fin de tratar de negociar una paz con la República en el año 202 a. C.

A pesar de su admiración mutua, las negociaciones fracasaron debido a que los romanos echaron en cara a los cartagineses la ruptura del tratado firmado tras la I Guerra Púnica durante el ataque a Sagunto y el saqueo de una flota romana estacionada en el golfo de Túnez.

Los romanos propusieron un tratado de paz que estipulaba que Cartago:

  • No mantendría más que sus territorios en África del Norte.
  •  El reino de Masinisa sería independiente.
  •  Cartago debía reducir el tamaño de su flota y pagar una indemnización.

Los cartagineses, reforzados por el regreso de Aníbal y la llegada de suministros, rechazaron las condiciones.

La batalla decisiva del conflicto tuvo lugar en Zama, el diecinueve de octubre del año 202 a.C.  A diferencia de la mayoría de las batallas que se libraron durante  la II guerra púnica, los romanos disponían de mejor caballería que los cartagineses, quienes contaban con una infantería superior.

La superioridad romana se debía a la cesión de caballería númida por parte de Masinisa. Aníbal, cuya salud se había deteriorado mucho debido a sus años de campaña en Italia, contaba todavía con la ventaja de ochenta elefantes de guerra y 15.000 infantes veteranos de Italia, aunque el resto de su ejército estaba compuesto por mercenarios celtas o por ciudadanos cartagineses poco aguerridos.

Grabado de Cornelis Cort sobre la batalla de Zama.  1567.

Aníbal trató de emplear la misma estrategia que utilizó en Canna. Sin embargo, las tácticas romanas habían evolucionado tras catorce años de sufrir las de Aníbal.  El intento de encerrar a las tropas romanas fracasó, y los cartagineses fueron finalmente derrotados.

Escipión neutralizó la amenaza de los ochenta elefantes aplicando varias tácticas.  Por un lado ordenó a sus hombres usar corazas, cascos y cualquier cosa que llevara metal, de tal modo que el sol se reflejara en ellos y deslumbrara a los elefantes.  Por otro lado, llamó a los músicos militares que desconcertaran a los animales con sus ruidos.

Los romanos se encargaron de poner nerviosos a los elefantes y cuando estos atacaron pasaron de largo por los pasillos que había dejado Escipión entre sus tropas.  Atacados desde los flancos por las lanzas de los legionarios, los elefantes murieron o retrocedieron hacia las líneas cartaginesas.

Aníbal perdió en Zama cerca de 40.000 hombres, mientras que los romanos solamente 1.500 y también el respeto de su pueblo, que vio a su mejor general ser derrotado en la última y más importante batalla del conflicto.

La ciudad púnica estaba obligada a firmar la paz con Roma. El tratado estipulaba que Cartago debía renunciar a su flota de guerra y a su ejército, y que debía pagar un tributo durante cincuenta años.

LA VIDA POLÍTICA DE ANÍBAL

Obligado a firmar un tratado de paz con Roma en 201 a. C., Aníbal, que entonces contaba con cuarenta y seis años, decidió entrar a formar parte de la vida política cartaginesa dirigiendo el partido democrático.

La ciudad estaba dividida en dos importantes corrientes ideológicas. Primero, el partido democrático, que estaba dirigido por los Bárcidas, y comprometido a continuar con las conquistas en África a expensas de los númidas.

El segundo movimiento político estaba basado en la oligarquía conservadora y en la búsqueda de una prosperidad económica basada en el comercio, los impuestos portuarios, y los tributos impuestos a las ciudades subordinadas a Cartago, y agrupado en torno a Hannón el Grande.

Aníbal fue elegido sufete, en el año 196 a. C.  Restauró la autoridad y el poder del Estado, representando así una amenaza para los oligarcas, que le acusaron de haber traicionado a su país al no tomar Roma cuando tuvo oportunidad.

Aníbal tomó una medida que lo alejó irremediablemente de los oligarcas. El viejo general legisló que la indemnización impuesta a Cartago por Roma tras la guerra no debía proceder del tesoro, sino de los oligarcas a través de impuestos extraordinarios.

Los oligarcas no intervinieron directamente contra el sufete sino que, siete años después de la derrota de Zama, realizaron un llamamiento a los romanos, que, alarmados por la nueva prosperidad de Cartago, exigieron la entrega de Aníbal con el pretexto de una relación epistolar de este último con Antíoco III. Aníbal decidió voluntariamente exiliarse en el año 195 a. C.

Aníbal comenzó su viaje por la ciudad de Tiro, que había sido fundadora de Cartago. Posteriormente, se dirigió a Éfeso, donde fue recibido con honores militares por el rey Antíoco III Megas de Siria, que se preparaba para la guerra contra Roma.

Aníbal se percató rápidamente de que el ejército sirio no podía rivalizar con el romano. Aníbal propuso al rey equipar una flota y un cuerpo de tropas terrestres en el sur de Italia, y le ofreció ocupar el mando.

Aníbal no consiguió que el soberano le confiara un puesto importante, debido, según Apiano, a los celos y envidia de sus cortesanos y generales, pues temían que Aníbal se llevara toda la gloria de la victoria.

Aníbal dirigió una flota fenicia en el año 190 a. C., siendo vencido en el río Eurimedonte por los romanos y sus aliados rodios. Temiendo ser entregado a estos últimos al término del acuerdo de paz que firmó Antíoco III, Aníbal huyó de la corte.

Se piensa que visitó la isla de Creta, mientras que Plutarco y Estrabón dan a entender que se dirigió al reino de Armenia y se presentó ante el rey Artaxias, quien le asignó la planificación y la supervisión de la construcción de su capital Artaxata

Pronto de vuelta en Asia Menor, Aníbal buscó refugio junto a Prusias I de Bitinia, quien estaba en guerra con un aliado de Roma, el rey Eumenes II de Pérgamo.

Aníbal se puso al servicio de Prusias I durante esta guerra. Una de sus victorias fue a costa de Eumenes II en el mar. Se ha dicho que fue uno de los primeros en usar la guerra biológica pues lanzó calderos llenos de serpientes a los barcos enemigos.

Aníbal se convirtió en un incómodo invitado y el rey bitinio decidió traicionar a su huésped que residía en Libisa, en la costa oriental del mar de Mármara. Bajo la amenaza de ser entregado al embajador romano Tito Quincio Flaminino, Aníbal decidió suicidarse en el invierno del año 183 a. C., empleando un veneno.

Entre los sitios barajados para albergar la tumba de Aníbal figura una pequeña colina cubierta de numerosos cipreses y situada en unas ruinas ubicadas en la ciudad turca de Libisa.

Considerada la tumba del general, fue restaurada en el año 200 por el emperador Septimio que era originario de Leptis Magna (lean mi artículo sobre dicha ciudad), que ordenó cubrir la tumba con una losa de mármol blanco. El lugar está hoy en ruinas.

Excavaciones efectuadas en el año 1906 por distintos arqueólogos, no han revelado pruebas lo que hacen que estos últimos sean escépticos en cuanto a la ubicación real de la tumba.

A pesar de todo, el genio militar de Aníbal no fue suficiente para perturbar la organización política y militar republicana.

EL ENCUENTRO ENTRE ANIBAL Y ESCIPIÓN EL AFRICANO

Varios años después de la II Guerra Púnica, cuando Aníbal era consejero político del Imperio Seléucida, Escipión el Africano fue enviado en misión diplomática por Roma a Éfeso, y se produce un encuentro entre ambos como lo mencionan Plutarco y Apiano.

Se dice que durante uno de sus entretenimientos en el gimnasio, Escipión y Aníbal tuvieron una discusión sobre la cuestión de la competencia de los generales en presencia de numerosos espectadores.  Escipión preguntó a Aníbal cuál era el más grande general, a lo que este último respondió, Alejandro Magno.

Escipión estuvo de acuerdo, poniendo igualmente a Alejandro en primera posición. Después, preguntó a Aníbal a quién colocaría a continuación. Éste respondió que a Pirro, porque consideraba que la primera virtud de un general era la audacia. Lo justificó diciendo que “sería imposible encontrar dos reyes más atrevidos que ellos”.

Escipión se sintió algo molesto ante esta respuesta. No obstante, preguntó al cartaginés a quién colocaría en tercera posición, esperando que le concediera ese privilegio. Aníbal respondió:

“Yo mismo, en mi juventud he conquistado Hispania y atravesado los Alpes con un ejército, hechos que han sucedido por primera vez desde Heracles. He atravesado Italia y habéis temblado de terror, obligándoos a abandonar cuatrocientas de vuestras poblaciones, y a menudo he amenazado vuestra ciudad con extremo peligro, todo ello sin recibir dinero ni refuerzos de Cartago”.

Las hazañas de Aníbal, y particularmente su victoria en Cannas, han sido estudiadas y analizadas por las academias militares del mundo entero.

El historiador militar Theodore Ayrault Dodge le llamó “padre de la estrategia”. Fue admirado incluso por sus enemigos.  Cornelio Nepote lo consideró como el más grande de los generales.  Roma, adaptó ciertos elementos de sus tácticas militares a su propio acervo estratégico.

Su legado militar le confirió una sólida reputación en el mundo moderno y ha sido considerado como un gran estratega por Arthur Wellesley, militar y I duque de Wellington. Aníbal era un excelente estratega como varios otros personajes caso de Alejandro Magno, Julio César o Napoleón Bonaparte.

 BIBLIOGRAFÍA

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Aníbal Barca, el gran militar