martes. 05.03.2024

El Imperio luba tiene su origen en un pequeño poblado luba llamado Gaand y gobernado por un jefe o rey, Ilunga Tshibinda. Uno de estos jefes, trajo un periodo de estabilidad al casarse con una princesa del sur y estar ocupado el vecino imperio luba por su hermano. Su hijo, que expandió los territorios de los luba de Gaand, creó el título de jefe de jefes.

El Imperio luba fue pues un Estado fundado por la etnia luba en África, en lo que hoy es el sur de la República Democrática del Congo y el noreste de Zambia.

  1. La economía luba
  2. La sociedad luba
  3. La política luba
  4. Los mitos de la creación del Estado luba

Los reyes de Luba comenzaron a dominar toda la cuenca alta del río Kasai en torno al año 1700, debido en parte al surgimiento de nuevas oportunidades comerciales. Desde entonces, el imperio no dejó de expandirse hasta el tercer cuarto del siglo XIX.

Los jefes de las tribus sometidas por el imperio pagaban tributo, incluso aquellas que se encontraba a dos meses de viaje. Sus cuotas, comercio y viajes eran escrupulosamente controlados por los funcionarios del mwanta yaav.

Durante el reinado de Ilunga Kalala entre los años 1840 a 1870, el imperio vivió su época de mayor esplendor comercial. A finales del siglo XIX se desarrolló una guerra civil a causa de una crisis dinástica y una serie de presiones extranjeras que lo hizo desaparecer.

En el siglo XVIII, llegan los primeros colonos europeos, el Imperio luba era en realidad una serie de estados de tamaño pequeño o mediano que habían evolucionado desde una primitiva cultura upemba [1] del siglo III.

A finales del siglo XVIII, los reinos lubas se unieron bajo un poder central mucho más poderoso, cuyo máximo mandatario era el jefe de los jefes por motivos fundamentalmente económicos y de forma pacífica, configurándose como imperio comercial.

Se han encontrado vestigios arqueológicos de la llamada cultura upemba al sur de la república Democrática del Congo que datan del siglo III en adelante.

Hay un periodo de calma y bonanza a partir del siglo VIII permitió la existencia de una civilización en los territorios luba que dominaba la metalurgia y que daría lugar a la etnia.

Se puede hablar ya de la etnia luba en el siglo XIII, que comenzó a establecer su sociedad y que se une definitivamente en naciones desde el siglo XV.

En el siglo XVII, al norte del reino de Cazembe [2], se estableció el mayor de los reinos de los luba hasta el momento, algunos de cuyos territorios habían pertenecido al reino Upemba doscientos años antes.

Sus centros de culto estaban en lo alto de la depresión de Upemba, pero no en sus zonas más bajas, como había sido hasta entonces. De este reino, nacido en un periodo conocido como Era Kisalian, se conocen pocos datos.

Los luba se agrupaban en distintos reinos a lo largo del siglo XVIII, más o menos pequeños e interrelacionados entre sí. La riqueza generada por el comercio del marfil motivó a la clase aristocrática a crear una superestructura política estable a finales de ese siglo.

Los distintos jefes lubas, interesados en construir un imperio comercial, ofrecieron, siempre que fuera posible, relaciones de vasallaje mediante tributos, en una suerte de Pax Luba.

Las tribus que la aceptaban gozaban de cierta estabilidad política y de crecimiento comercial. Esta falta de agresividad comenzó a cambiar en el siglo XVIII.

Las principales conquistas del imperio fueron las de los reyes Ilunga Sunga entre los años 1790 al 1810, Kumwimba Ngombe entre los años 1810 al 1840 e Ilunga Kalala entre los años 1840 y 1870.

Los tres reyes consiguieron crear el mayor imperio que había existido en el África Subsahariana. Ilunga Sunga intentó expandirse al oeste por Kalundwe, sin éxito. Ante la falta de avances en esa zona, extendió su influencia hacia el este, entre el lago Tanganica y el río Lualaba.

Su hijo Kumwimba conquistó la región de los lagos del Lualaba, rica en peces y aceite de palmeras, tras lo cual se dirigió al sur y consiguió controlar las minas de los sambas, que era territorios cercanos al Reino bemba, que comenzaba a ganar poder. Al mismo tiempo consolidó las conquistas del este creando allí una provincia.

El Imperio luba alcanzó su mayor extensión bajo el reinado de Ilunga Kalala. Para entonces el imperio era centro de un gran comercio internacional. Los jefes comenzaron a perder poder en los años de 1870, a la vez que la economía dejaba de crecer, propiciando la inestabilidad del imperio.

Se cree que el sistema de sucesión dinástica no aseguraba que todos los líderes estuviesen preparados para gobernar, lo cual desembocó en guerra.

La crisis de los luba fuera propiciada por la caída del comercio de marfil, que había supuesto su principal mercado. Con el final de este comercio las relaciones internacionales de los luba cambiaron.

El reino de Yeke al sur comenzó a conquistar los territorios de las minas de cobre en la década de los años de 1860 y se hacía fuerte.

Este mismo reino, cuyo poder se basaba en lo militar y no en lo económico, introdujo por primera vez a gran escala en la región el uso de armas de fuego. Al norte, los árabes swahili traspasaban las fronteras lubas para conseguir el marfil por ellos mismos.

Ante estas dos amenazas los lubas intentaron intercambiar armas por esclavos, pues ya apenas disponían de marfil. Estos fueron aceptados a precios muy bajos.

El imperio intentó sobrevivir a costa del comercio de esclavos, reduciéndose sus fronteras por el norte y por el sur. Esto generó disensiones entre la población.

Otro problema, fue el de la etnia cokwe [3] que durante siglo XIX había experimentado un gran aumento demográfico y desde la década del año 1870, se fueron asentando principal en el imperio luba, atacaban y aterrorizaban a buena parte de los centroafricanos, incluidos los lubas.

Durante el siglo XIX se sucedieron algunas cortas contiendas sucesorias y reinados efímeros, pero en general fue un siglo tranquilo, sobre todo considerando los grandes cambios que acontecían en África debido al colonialismo, y coincidió con los reinados de sus tres grandes jefes.

Todas estas causas influyeron en la caída del poder central del imperio, que se sumió en una guerra civil y terminó por desaparecer a finales del siglo XIX.

Durante el tercer cuarto del siglo XIX se produjeron una serie de cambios importantes en la región que amenazó el orden establecido durante los siglos precedentes.

Nuevas tribus y pueblos se trasladaron y se hicieron más poderosos, los árabes y en especial los swahili [4] llegaron desde el norte y buscaron nuevos mercados, y los colonizadores europeos comenzaron a penetrar en el interior del continente africano.

Todos estos cambios afectaron a la estructura social, política y económica del Imperio luba, que se debilitó y terminó por disgregarse tras el ataque de una etnia, los chokwe, que habían establecido un reino creciente junto a sus fronteras.

La economía luba

Una de las bases de la economía luba fue la agricultura, como su principal punto fuerte en los inicios del imperio. La misma capital estaba situada en medio de plantaciones, en un terreno propicio y rico.

Esta riqueza permitió el desarrollo sin hambrunas de los pequeños poblados, lo cual evitaba disensiones. Pronto se aprovecharon también de las minas de cobre que había al sudeste del Imperio, el borde de lo que se conoce por Cinturón del Cobre.

El cobre se utilizó profusamente en la artesanía, especialmente en unas figuras en forma de cruz que fueron ampliamente difundidas. También convertían el cobre en hilos que se enroscaban con pelos de elefante de manera que formaban brazaletes.

Otra materia prima importante que obtenían y con la que comerciaban era la sal, que en aquella época tenía un gran valor como conservante. Comerciaron intensamente con esclavos.

En unos estudios realizados en torno al año 1850, se concluye que cada año al menos entre 2.000 y 3.000 esclavos eran vendidos por los luba, aproximadamente un tercio de los esclavos salidos de África Central.

Las excavaciones revelan que en torno al siglo VIII las civilizaciones que habitaban la zona de África Central que luego ocuparían los luba vivieron un esplendor de la metalurgia y otras técnicas y comenzaron a comerciar.

El territorio luba estaba dividido, a finales del siglo XVIII, en pequeños estados o principados especializados en economías concretas como la pesca, la obtención de sal y la de aceite de palmera.

El medio fundamental de intercambio de productos entre los luba era el tributo. Los productores pagaban a sus jefes y así sucesivamente, siempre siguiendo un esquema vertical.

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX los estados del Imperio luba comenzaron a comerciar con otros países, como ya habían hecho sus vecinos de Lunda y Cazembe y especialmente Luba Lomani, el estado que más rápidamente se aprovechó de las grandes rutas comerciales.

Probablemente también era el mayor y más centralizado estado africano. Este estado comenzó estableciendo relaciones con los mercaderes de marfil de Bisa, que ya no podían seguir comerciando con el reino de Cazembe debido a la escasez del producto.

El Imperio luba generó un mercado de marfil centralizado y unas normas de tasación para poder exportarlo a Bira. Los comerciantes y cazadores de elefantes que llegaban al imperio desde Bira no portaban armas de fuego, por lo que fueron bien recibidos por los luba.

Durante el reinado de Ilunga Kalala el imperio tenía un comercio internacional desarrollado de sal, aceite de palmera, cobre, esclavos, ropa, cestas, hierro, pieles de cebra y peces. La economía luba empezó a debilitarse en la década del año 1870.

La sociedad luba

La religión era importante en el Imperio luba, y los bambudye [5] y los nigromantes gozaban de un buen estatus social.

Los bambudye formaban una asociación o institución aristocrática a la que debían pertenecer todos los jefes y líderes de cualquier tipo. Su origen es desconocido.

Los gobernantes lubas debían mantener escrupulosamente los ritos de la asociación si querían mantenerse en el poder, de modo que el imperio estaba sujeto, mediante estos, a los bambudye como colectivo.

A él pertenecían, como es evidente, los jefes locales, tanto de las tierras incorporadas al imperio durante un reinado anterior como los de las nuevas conquistas. De esta manera la asociación se convertía en un foro de debate que intermediaba entre las decisiones de los gobernantes y el pueblo.

En cuanto al arte no conocían el uso de la carpintería para tallar muebles ni otras muchas cosas de los hombres blancos. Les llamaba la atención en particular los ropajes europeos, pues para ellos la ropa tenía un componente mágico.

Sin embargo la cultura luba es conocida por sus esculturas de madera, y forma parte importante de la historia artística de la región del Congo.

Los reyes luba adoptaron a partir del siglo XVII insignias arqueadas fabricadas en hierro y después, talladas en madera.

La política luba

Al principio el imperio no tenía una capital fija. Ni siquiera éstas eran ciudades. Cada mandatario mandaba montar una suerte de poblado llamado musumba, donde se asentaba con su corte.

Uno de sus gobernantes fijó un poblado y mandó construir calles y una gran plaza para funciones públicas. En ella vivían el mwanta yaav o jefe con dos cortes y los descendientes de aquellos líderes de clan que formaron inicialmente el imperio, que custodiaban al mwanta yaav.

Una corte separada era la de la lukoukhesia o madre de la nación, que recibía incluso sus propias visitas y tributos. Otra era la de los burócratas, funcionarios elegidos por el mwanta.

Este sistema dio gran resultado, asegurando una larga estabilidad en el imperio incluso en la mayor parte del siglo XIX, cuando se produjeron diversas migraciones y la llegada de los colonizadores europeos.

Además, los luba estaban unidos por un fuerte sentido nacional enraizado en sus costumbres y tradiciones. Había cierta cercanía con los mwanta yaav, quienes a pesar de su poder visitaban sus plantaciones. Incluso, durante un tiempo, e reino de Cazembel tuvo que pagarles tributo en mineral de cobre.

Los mitos de la creación del Estado luba

Existe una narración que relata el origen mitológico de los luba y de su dinastía sagrada. Sin embargo, las evidencias lingüísticas, arqueológicas, etnológicas y geológicas desmienten la narración.

Este conjunto de datos sugiere que los luba vivieron siempre en el sur del actual Zaire, y que experimentaron un gran periodo de estabilidad que les permitió desarrollarse.

No obstante, algunas interpretaciones deducen que puede contar hechos reales. Por medio de este mito se legitima la sucesión luba y se engrandece su pasado.

El mito se transmitía oralmente y debido a esto va cambiando un poco cada vez. Algunos de las primeras versiones escritas datan de los años 1929 y 1948. Esta es su curiosa mitología:

Antes de que las tierras de los luba fueran habitadas un hombre, Kyubaka Ubaka que era Sombrerero, y una mujer, Kibumba Bumba que era Ceramista vivían en el curso alto del río Zaire cada uno por su lado.

Después de conocerse observaron a dos hienas apareándose y supieron cómo copular. Tuvieron dos hijos gemelos, un varón llamado Kyungu y una mujer llamada Kabange.

Cada generación que se sucedía se iba desplazando hacia el oeste, hasta ocupar las tierras de los luba. Uno de sus descendientes fue Mwamba, luego llamado Nkongolo, Arcoíris.

Seya, madre de Mwamba, era de piel rojiza. Comprendió que aprovechándose de las tierras por las que pasaba las escamaba. Fijó su residencia y aprendió a utilizar un cuchillo con el que fabricar utensilios.

Termitero, de especial significación para los luba
Termitero, de especial significación para los luba

Viendo a unas hormigas derrotar a un mayor número de termitas, Nkongolo quiso ser un líder. Estableció una capital y conquistó a muchas gentes.

Mbidi Kiluw, el Cazador, quien tenía la piel muy negra, visitó las tierras y los reinos cercanos a los luba en busca del perro perdido de su hermana.

Finalmente, llegó al reino de Nkongolo, donde las hermanas de este le encontraron subido a un árbol y fueron a decírselo a su hermano. Nkongolo, que llevó al forastero a su casa y le ofreció comida y bebida, que fueron rechazadas.

El sirviente que acompañaba a Mbidi Kiluwe explicó que este siempre comía y bebía sin que nadie le viera, pues guardaba un fuego sagrado en su cocina.

Un día, Nkongolo dijo una broma que hizo reír a su huésped y pudo verle dos dientes afilados. Al comentarlo, Mbidi Kiluwe se ofendió y dijo volverse al este, a su casa.

Antes de irse Mbidi, que había preñado a las hermanas de Nkongolo, dijo que si los hijos nacían con la piel oscura sería suyos, pero que si su piel era rojiza no serían de su competencia.

Cerámica luba recogida en el año 1908
Cerámica luba recogida en el año 1908

Mbidi dejó al dios Mijibu Kalenga dos bolas mágicas, una de caucho y otra de hierro, y le dijo que se las diera a sus hijos si querían encontrarle, para que pudiera reconocerlos. Al volver a cruzar el río Zaire de regreso a su casa, Mbidi Kilowe tomó medidas, para que ningún hombre de piel roja lo atravesara.

Uno de los hijos nació negro, Kalala Ilunga, el Guerrero, que precozmente se convirtió en un gran atleta y cazador. Ya adulto, tomó la bola de hierro con el objetivo de ganar en un juego a su tío, Nkongolo.

Tras esto se creyó invencible. Nkongolo retó al otro hijo del extranjero, Kisula, a un juego diferente, quien tomó la bola mágica de caucho.

Kisula la pateó y la bola rodó por la cocina tirándolo todo, venciendo en el juego. La madre de Nkongolo, que lo vio, se rio de la derrota de su hijo, por lo que fue enterrada viva.

Kalala Ilunga, que vio a unas hormigas cargar un grupo de termitas, determinó hacer la guerra a Nkongolo y logró matar a algunos de sus seguidores.

Nkongolo, enfurecido por sus derrotas ante sus sobrinos, cargó contra Kalala Ilunga y una vez derrotado este, le obligó a bailar frente a él en un lugar donde había excavado y tapado un hoyo a modo de trampa.

El dios Mijibu Kalenga previno a Kalala Ilunga de ella. Este pudo huir ayudado de Mungedi y escapó al este en busca de su padre. Mungedi murió posteriormente.

Nkongolo y su ejército salieron en busca de Kalala Ilunga, pero al tener la piel roja no les dejaron atravesar el río Zaire. Intentaron construir naves y un puente, pero no pudieron y tuvieron que darse la vuelta.

Kalala Ilunga reunió un ejército en el reino de su padre y fue a conquistar el de Nkongolo. Le sorprendió construyendo una fortaleza en una isla, en la confluencia de los ríos Lomani y Luguvu. Nkongolo huyó a las cavernas de Kai en el río Luembe, donde se escondió.

Fue descubierto al cabo por una mujer, quien fue a contárselo a Kalala Ilunga, y Nkongolo fue apresado y ejecutado. Su cabeza y genitales fueron separados de su cuerpo y colocados en una cesta sagrada.

Una noche se olvidaron la cesta en una aldea llamada Kimona y por la mañana había allí un hormiguero. Fue tomado por una señal de que el espíritu quería quedarse allí, y Kimona se convirtió en la primera ciudad sagrada de los luba.

Kalala Ilunga estableció una corte en Munza y se llamó a sí mismo Señor de Munza, y obligó a todas las naciones adyacentes a pagarle tributo.

De los hijos de Kalala Ilunga sobrevivieron dos: Kazadi Milele, que era normal, e Ilunga Mwila, que tenía el cuerpo cubierto de pelos como si fuera un animal. Furioso con su aspecto, Kalala Ilunga ordenó matarle, pero sus ejecutores decidieron esconder al niño y engañar a su padre.

Kazadi Milele murió en una misión encargada por su padre. Su cabeza cortada fue depositada en una cesta sagrada y se dejó en un pueblo llamado Shinta, que se convirtió en pueblo sagrado.

Cuando Kalala Ilunga se lamentaba por no tener herederos le contaron el engaño. Entonces Kalala Ilunga fue a buscar a su hijo. Ilunga Mwila sucedió felizmente a su padre y continuó la dinastía sagrada.

Kasongo Mwine Kibanza (Kazongo, Señor de Kibanza) sucedió a Ilunga Mwila en el trono. Tuvo cuatro hijos físicamente anormales, por lo que no les creía capaz de gobernar. Uno de ellos era Ilunga Mpuji, que cometió adulterio con la esposa mayor de su padre.

Los dos fueron ahogados en el río, a lo que les acompañó otro de los hijos. Volvieron al pueblo en espíritu, convertidos respectivamente en leopardo, león y elefante, y comenzaron a matar gente.

Kasongo Mwine Kibanza consultó al espíritu divino Nkulu, y a sus instancias puso comida y cerveza en las encrucijadas. De tal manera pudo atrapar a los animales y matarlos.

Kasongo Bonswe, hijo del hermano no adúltero muerto en el río, era el nieto favorito de Kasongo Mwine Kibanza. Un día que Kasongo Mwine Kibanza tenía sed pidió a sus hijos que fueran a buscar agua, pero todos se negaron. Entonces Kasongo Bonswe fue a buscarla, y de camino cogió miel de una colmena.

Kasongo Mwine Kibanza se sintió tan agradecido quele nombró su sucesor. Cuando a la muerte de Kasongo Mwine Kibanza, sus hijos se declararon sucesores, todos fueron muertos por animales o en batalla. Kasongo Bonswe se convirtió en soberano y estableció su capital en Kabanda, que pasó a ser una ciudad sagrada.


BIBLIOGRAFÍA

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Ehret, Christopher. “The civilizations of Africa: a history to 1800”. 2002. Ed. James Currey Publishers.
Kabongo, K. & Bilolo, M., “Conception Bantu de l'Autorité. Suivie de Baluba: Bumfumu ne Bulongolodi”. 1994. Ed. Publications Universitaires Africaines, Munich - Kinshasa.
M. Maurer, Evan. “Spirits embodied: art of the Congo: selections from the Helmut F. Stern Collection”. 1999. Ed. Minneapolis Institute of Arts.
Padwick Burton, William Frederick. “Luba religion and magic in custom and belief. Ed. Musée Royal de l'Afrique Centrale”. 1961.
Q. Reefe, Thomas. “The rainbow and the kings: a history of the Luba Empire to 1891”. 1981. Ed. Universidad de California.
R. O. Collins & J. M. Burns. “A History of Sub-Saharan Africa”. 2007. Camnbridge Universitu Press.
VVAA. “The Cambridge History of Africa: From c. 1790 to c. 1870”. 1986. Ed. Universidad de Cambridge.
VVAA. “The Cambridge History of Africa: From c. 1790 to c. 1870”. 1986. Ed. Universidad de Cambridge.


[1] La cultura Upemba es el nombre con el que se conoce una antigua cultura africana de unos pueblos que se habrían establecido en la depresión del Upemba que es una región deprimida en la cuenca alta del río Congo formada por lagos y zonas pantanosas, y que a su vez formaría el Estado Luba. La región estaba ya ocupada por humanos en el siglo V a. C. , de lo que dan testimonio los restos arqueológicos que se han hallado.
[2] El Reino de Cazembe fue un Estado africano situado a orillas del río Luapula, en lo que hoy es Zambia. Estaba habitado por las etnias luba y lunda, que también poblaban los vecinos imperios Luba y Lunda, y hablaban el idioma chibemba.
[3] Los chokwe son una etnia de África Central que habita actualmente en Angola, República Democrática del Congo, Zambia y Namibia. Hablan chokwe, su lengua tradicional, pero también otros idiomas, dependiendo de su lugar de residencia. En torno al año 2000 se calculó su población en 1,16 millones de personas.
[4] El suajili es una lengua africana hablada sobre todo en Tanzania y Kenia, y en zonas limítrofes de Uganda, Mozambique, República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi, Somalia, Zambia, Malaui y el norte de Madagascar. Pertenece al grupo de las lenguas bantúes, que forman parte de la familia de lenguas níger-congo.
[5] Los Bambudye eran una sociedad secreta de los luba.

El Imperio luba