#TEMP
martes. 05.07.2022

Don Ignacio Sánchez Galán no se ha equivocado llamando tontos a los usuarios que estamos sujetos al mal llamado mercado regulado de precios de la electricidad.

En realidad, se ha quedado corto. Debería haber aclarado que, si estos son tontos, los que contratan precios libres de la electricidad, son tontos de remate, sin arreglo. Más tontos todavía. En definitiva, que todos los clientes de Iberdrola, su cortijo, y el resto de las eléctricas que integran el oligopolio, lo somos. Porque, amigos, hay alternativas que, si bien no arreglarían el problema, sí nos restituirían, al menos, la dignidad como usuarios y consumidores.

Décadas llevan llamándome por teléfono los “contact center” contratados por Iberdrola para que me pase al sistema de precios “libremente” concertados. Y décadas llevo rechazando la trampa de unas rebajitas iniciales, meramente coyunturales para entregarme de manera absoluta a su poder omnímodo. El viejo truco del cebo y el cepo. Porque ello facilitaría la desaparición del sistema de precios regulados, más favorable, lo que no quiere decir beneficioso, en términos globales para el conjunto de la sociedad.

Décadas llevan Iberdrola y colegas con sus campañas engañando a viejecitas, a las que en estos momentos están machacando y a las que continuarán haciéndolo en el futuro, porque el sistema de precios libres es la estrategia a medio y largo plazo de las eléctricas. Porque la capacidad de negociación individual de los consumidores y usuarios es prácticamente nula. Esa es la jugada. Y en ese contexto, no hace falta ser economista para utilizar el argumento “a dómino”: todo lo que favorece a las eléctricas perjudica a los consumidores.

Independientemente de que hablar de “precios regulados” y “precios libres”, no deja de ser un eufemismo tras el que se esconde que la única regulación en materia de electricidad y energía es la que deriva de la voluntad soberana de las Compañías explotadoras.

Es impropio hablar de precios regulados cuando de lo que se trata es de que los precios se establecen “por el mercado” (¿?) sobre unas bases abusivas y favorecedoras de los intereses de las energéticas. En todo caso habría que precisar que la regulación en este caso no consiste en el establecimiento de unos límites públicos en beneficio del interés social, que es lo que insinúa arteramente el uso en este caso del término regulación.

Recordemos que en el precio de la luz no sólo pagamos discutibles “compensaciones” históricas de carácter político a las eléctricas, sino que, además, y en nombre del libre mercado, se falsea el precio del mercado cobrándonos toda la energía al precio de la más cara, la derivada del gas. Alguien ha dicho que es como pagar la mortadela a precio de cinco jotas.

Beneficios “caídos del cielo”, le llaman a esta alteración del precio de las cosas que, de no estar establecida en una norma de la liberal Unión Europea, sería un delito. Realmente, las eléctricas son los estraperlistas de hoy en día. En definitiva, la regulación no tiene por objeto limitar por arriba los precios de la electricidad sino limitarlos por abajo garantizando beneficios ocultos a las explotadoras, en forma de falsos costes. Todo lo contrario de lo que las gentes de buena fe entendemos por precios regulados.

Y cuando Sánchez Galán y demás nos hablan de precios libres, no es difícil entender a lo que se refieren: si no hay límites por abajo que puedan inquietarlos, lo que les molesta son los límites por arriba.

Ante la evidencia de un sistema monopolístico, es claro que los consumidores estamos ofrecidos y entregados al mismo. Pero está claro, también, permítanme la analogía, que la posibilidad de cambiar libremente de amo, fue el principio del fin de la esclavitud y del comienzo del trabajo asalariado. Lo que fue un paso histórico.

Que una fuga masiva o cuasi masiva o simplemente numerosa de clientes de Iberdrola hacia cualquiera de las otras empresas del oligopolio o hacia esas nuevas fórmulas cooperativas de consumo que empiezan a surgir –con precios incluso más asequibles-, nos permitirían la inmensa satisfacción de ver a Sánchez Galán colgado del palo mayor.

Tontos del tó