Nuevatribuna

El título de este artículo lo he tomado prestado del Twitter de Verónica López, una ex guardia civil que, con 40 años y dos hijos menores, ha tenido que reinventarse como asesora financiera. La retiraron del cuerpo en julio de 2017 por ‘pérdida de actitudes psicofísicas’. El mayor problema aparece en la causalidad de esa supuesta pérdida de aptitudes, ya que estaba de baja "en acto de servicio", o en términos laborales "accidente de trabajo", pero la retiraron por ‘enfermedad común’, después de 10 años de servicio y de vivir todo un calvario.

El testimonio de Verónica, natural de Cantabria y destinada en Vizcaya, es singular por el hecho de que son pocas las mujeres en la Guardia Civil que alzan la voz para reivindicar sus derechos. No se lo ponen fácil. Más bien todo lo contrario. En su caso, tuvo que pagar un alto precio, verse marginada por sus compañeros y asumir un retiro temprano, muy temprano.

Como ella, otras muchas engrosan las hojas del BOE de ‘baja por enfermedad común’ o pérdida de esas singulares aptitudes que por lo que se ve solo están concedidas de forma divina a los hombres. Los datos son simples y claros: en la Guardia Civil, solo el 10% del cuerpo son mujeres, frente a más del 14% en Policía Nacional y casi el 13% en Fuerzas Armadas. En el Ejército, el número de mujeres dobla al de la GC y eso que los ingresos superan el 10% en cada convocatoria. No es que entren menos, el problema es que salen muchas antes de tiempo.

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Porcentaje de mujeres en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Datos oficiales

“Cada mujer que sale de la GC lo hace obligada por la ausencia total de interés por parte de la Institución en atender sus demandas y necesidades. No nos dejan ser mujeres"

Verónica es una de las firmantes del ‘Manifiesto contra el franquismo en las Fuerzas Armadas’. Se declara “mujer, madre, sindicalista, feminista, demócrata y republicana”, algo así “como la reencarnación de Satanás para los oficiales del cuerpo”, ironiza. Denuncia que sufrió “acoso laboral” por parte de su superior y que nadie puso remedio para evitarlo. La presión sobre ella era constante, nos cuenta: críticas por no hacer bien su trabajo; mofas sobre la sala de lactancia que ella misma solicitó (y de lo que se siente orgullosa) y consiguió implantar para poder dar el pecho a su hijo; trabas a la hora de conciliar con la reducción de jornada; vigilancia exhaustiva de todos sus movimientos, como si se tratara de una delincuente. Algunas actitudes rozaban el surrealismo: “En una ocasión mi superior llegó a recibirme en calzoncillos”.

Verónica sostiene que “la cúpula militar (heredada de los tiempos de la dictadura) no está por la labor de que las mujeres se incorporen con normalidad en la Guardia Civil”, pese a la imagen que, por ejemplo, con motivo del 8 de marzo, ha exhibido el cuerpo en las redes sociales.

“Cada mujer que sale de la GC lo hace obligada por la ausencia total de interés por parte de la Institución en atender nuestras demandas y necesidades. No nos dejan ser mujeres".

"Todo lo vivido dentro de la GC me ha revelado que a las mujeres nos dejaron entrar sin que en ningún caso pensaran que esto pudiera suponer ningún esfuerzo por su parte. No quieren saber nada de conciliación, de nuestro derecho a ser madres, de las diferencias en nuestra fisionomía, etc...".

"La GC sólo permite seguir el camino marcado, si te sales, las consecuencias son terribles y ni siquiera la ‘justicia’ hace justicia. Todos se lavan las manos, te apartan y vuelven a su senda de confort”.

Es lo que nos dice Verónica.

El avance en la igualdad en todas las esferas de la sociedad sigue siendo necesario y para ello hay que seguir denunciando la discriminación principalmente en sectores tan masculinizados como los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, donde las mujeres no pasan de ser cargos ‘rasos’ con pocas opciones de ocupar puestos de responsabilidad mayor. Pero, además, hay que seguir luchando desde dentro, con las generaciones más jóvenes. Si hay una frase que visualiza el problema de misoginia y machismo que exhiben algunos miembros de la GC es la que tuvo que escuchar Verónica de un jefe de unidad de tan solo 26 años. Estaba justo a su lado y dijo: “Las mujeres son el cáncer de la Guardia Civil”. Sin comentarios.