jueves. 23.05.2024

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Me refiero a que el sostén profundo de la derecha estaría dispuesta a provocar y ejecutar, sobre todo ejecutar, otra matanza similar a la emprendida en el 36. Oyendo las barbaridades y la contumacia con la que defienden mentiras abisales sólo cabe una interpretación, preparar la auto justificación para dar rienda a su más íntimo deseo: provocar otra sangría.

Que puedan hacerlo o no es otra cosa, pero se ve a las claras que lo desean. El desparpajo y la desinhibición para honrar y defender las monstruosidades del pasado solo tiene una lectura, querer reproducirlas. Y lo que revelan no es solo una cierta sed de mal, una obsesión destructora, más bien es lo que tantas veces hemos expuesto aquí, la transición no sanó los daños provocados por la dictadura, se convirtió en un paripé de color democrático que no puso ante sus responsabilidades a personas e instituciones culpables, de modo que ahora rebrotan al albur de la primavera totalitaria rampante por media Europa.

Quede claro que aquí en España el fascismo es un tumor localizado perfectamente, pero que ha metastasiado desde siempre y corroe todos los tejidos de la derecha

La concesión pietista de que la derecha, la de verdad, la sociológica, había encontrado en el juego democrático su lugar se deshace como azucarillo ante la posibilidad, si quiera soñada, de una captura hegemónica y para siempre del poder. La participación de la derecha en el juego democrático solo sirve si les permite copar las instituciones del poder o controlar los filtros de entrada y regulación de las mismas. Si eso no fuera así la democracia les parece una pérdida de tiempo, una actividad ociosa a la que hay que poner coto.

Y tienen especialistas en poner coto. Acotar es un ejercicio de contundencia y esto les pone cachondos porque si. Machacar directamente y hacerlo por un ideal y bajo una dirección jerárquicamente definida es el acto sumo de la existencia fascista, han comenzado escaramuzas con asedio a sedes de partidos, quema de coches, alguna paliza y señalamiento de personas y de domicilios. Para ir entrando en calor, vamos, a la espera del gran momento. 

La derecha española no sufrió ningún proceso de desfasticización, porta el virus de la barbarie y la violencia que rebrota tan pronto se dan las condiciones adecuadas. Su enfermedad puede trastornar al cuerpo social y por ello es necesaria una cura inmediata y drástica. Habría que remover parte de la transición para poder intervenir contra los elementos patógenos que emponzoñan el sistema democrático. Detrás de las cabezas de la hidra, madrileña o periférica, se encuentran recursos dinerarios y de relaciones políticas y sociales que se forjaron durante la dictadura.

La derecha española no sufrió ningún proceso de desfasticización, porta el virus de la barbarie y la violencia que rebrota tan pronto se dan las condiciones adecuadas

Nuevos medios de comunicación anclados en las redes (tecnologías digitales), nuevas aportaciones eclesiásticas (Yunke y Cia) y caciquiles de aquí y de allá del Atlántico (Miami en Madrid), nuevas formulaciones de las teorías de la demonización y de la identificación de enemigos (Trump y la verdad alternativa) y un ambiente recalentado por los tambores de guerra sonando por todas partes generan esas condiciones en las que el fascismo despunta enseñando sus espinas como las zarzas que preservan su fruto, en este caso el de un capitalismo inmoral. 

Urge una intervención radical y quirúrgica dicho queda. El tratamiento dosificado y prolongado a lo largo del tiempo ha fallado, el fascismo no se cura por contacto con la democracia, es una enfermedad crónica ubicada en cabezas, carteras y bastones de mando de ciertas personas. La inmediatez y la profundidad de la intervención debe practicarse sobre un diagnóstico evidente: los fascistas del mundo entero están dispuestos a volver a sembrar pánico y dolor allá por donde pasen.

En España el receptor del dolor es la ciudadanía y los valores republicanos que tratan de organizar una sociedad sin dios, sin patria, sin rey. Fueron el objeto de extinción en el pasado y quienes ejecutaron el plan volverían a hacerlo sin ninguna clase de reparo ni remordimiento.

La inmediatez y la profundidad de la intervención debe practicarse sobre un diagnóstico evidente: los fascistas del mundo entero están dispuestos a volver a sembrar pánico y dolor allá por donde pasen

Y quede claro que aquí en España el fascismo es un tumor localizado perfectamente, pero que ha metastasiado desde siempre y corroe todos los tejidos de la derecha. Almeida lo confesó públicamente (aunque no fuera necesario) “seremos fascistas, pero sabemos gestionar”. Resultó que no gestionan muy bien, pero lo de la impronta fascista no remite. Y éstos también se apuntarían con alegría a “fusilar a 26 millones de hijos de puta”.

Rebrotan aquí y allá de nuevo sotanas que se exhiben en performances ultras, apología de calle de quienes desean un rápido encuentro del papa con dios. A ellos quiero recordar el Cura Verdugo, poema descriptivo escrito en la cárcel de Ocaña en el año 1940.

Volverían a hacerlo. Es más, lo desean para ya