miércoles. 29.05.2024
toros

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“Cuando la muerte, aunque sea la de un animal, resulta tan divertida
para alguien, estamos renunciando sencillamente
a uno de los valores de lo humano: la piedad”.


La importancia del lenguaje es innegable. El lenguaje es la base de la comunicación del ser humano; permite expresarnos, que nos comprendan y, a su vez, comprender a los demás; dependiendo de cómo lo utilicemos, construimos e interpretamos la realidad de manera diferente. Tener claro cuál es en cada momento el significado de una palabra, de un término, es complicado, y, con frecuencia, discutible; constituye una de las cuestiones centrales de la filosofía del lenguaje, puesto que de su utilización depende la concepción que nos hagamos del lenguaje mismo. ¿Qué es comprender una palabra sino captar su correcto significado en una aplicación concreta? Conocemos el significado de una palabra cuando somos capaces de emplearla correctamente; ello implica la capacidad de explicar, aunque sea de un modo aproximado, las reglas que gobiernan el uso correcto del lenguaje. Al hablar de “las reglas esenciales del lenguaje” necesitamos clasificarlas y clarificarlas. El hecho de que algunas reglas sean esenciales y otras accidentales depende del criterio de clasificación que aceptemos; y este criterio, que está implícito en el uso del lenguaje, puede no ser lo suficientemente preciso como para excluir todas las dudas que surgen en numerosos casos. Tener claridad en el uso de las reglas es saber definir cuáles son esen­ciales y cuáles no; y en el caso de que exista flagrante contradicción, es decir, cuando existe un oxímoron, cuando combinamos dos palabras o expresiones de significado opuesto, hacemos un flaco favor al correcto lenguaje; se puede caer en las trampas ocultas del lenguaje, pues hay palabras que sólo tienen signi­ficado dentro de un contexto lógico muy definido y que fuera de él carecen de significación o también, caer en errores de categoría, palabras que sólo pueden predicarse de objetos pertenecientes a esa categoría y no a otras, emitiendo un enunciado carente de sentido.

Quienes defienden la tauromaquia situándola en la categoría de la cultura le dan un valor que no le pertenece

Existe una confusión frecuente entre criterio de significado (condiciones que un enunciado debe cumplir para tener significado) y criterio de verdad (condiciones que un enunciado debe cumplir para ser verdadero). El tener significado es una característica mucho más amplia que el ser verdadero, puesto que existen infinitos enunciados que, teniendo perfecto significado, son sin embargo falsos. Y esto se da cuando se ha admitido que la crueldad (la tauromaquia lo es) es cultura. Para que una definición, una afirmación sea consistente, no puede ser posible que en ella exista contradicción.

Quienes defienden la tauromaquia y la promocionan, situándola en la categoría de la cultura, en mi opinión le dan un valor que no le pertenece. Es verdad que la noción de cultura no está del todo clara y sin embargo el término se utiliza como si fuese totalmente transparente. Lo que pretendo hacer con estas reflexiones es destacar, en primer lugar, que existen diversas concepciones del término desde el punto de vista de diferentes disciplinas. Es necesario llevar a cabo un análisis conceptual del término cultura y no tanto dar una definición (pues creo que esto, sobre todo en nuestros días, no es posible), porque considero que sería una definición vacía o, mejor dicho, con una aplicación muy reducida, dado que lo que actualmente se nos presenta son culturas híbridas.

La dimensión pragmática del lenguaje es indispensable para comprender cuál es el significado exacto de lo que se dice, es decir, cuál es la intención del hablante y en qué contexto ocurre la comunicación. La distinción entre lenguajes naturales y lenguajes artificiales es, a primera vista, muy clara. Los lenguajes naturales los hereda­mos; los lenguajes artificiales los construimos y los constructores de los lenguajes artificiales no hacen más que encauzar, dirigir el lenguaje en beneficio de dudosos o determinados intereses.

La tauromaquia no es cultura, es maltrato animal

Una cultura satisface necesidades, cumple deseos y permite realizar fines. Para llevar a cabo esta tarea tiene que cumplir una triple función: a) expresar modos de ver el mundo, emociones y deseos, b) dar sentido a actitudes y comportamientos, de tal manera que integra a los individuos en un todo colectivo y, por último, c) permitir obtener los criterios adecuados para el logro de los fines y valores, es por esto que en alguna medida garantiza el éxito de las acciones que buscan realizarlos. Las sociedades son como las constituciones de los países que, aunque admitan cambios, preservan no obstante el espíritu que motivó su aparición. De ahí que, al hablar de cultura, podremos ampliar sus significados con el cambio de los tiempos, pero lo que no se puede aceptar es el oxímoron al que conduce el mal uso del lenguaje: asumir la crueldad (hacer sufrir a un animal hasta matarlo) como cultura.

Para muchos ciudadanos el que el ministro de Cultura haya decidido suprimir el Premio Nacional de Tauromaquia es un avance como sociedad y como país

Aunque se quiera adornar el censurable espectáculo con bellos trajes de luces y la presencia de “borbones”, empleando el uso y el sentido de la lógica de los valores éticos, se puede concluir que la tauromaquia no es cultura, es maltrato animal. Avergüenza ver cómo el calendario de festejos de España está teñido de la sangre y el dolor de muchos animales que se utilizan en ellos para, pretendidamente, continuar con ritos o tradiciones que se justifican como expresión de la identidad colectiva o como defensa de la cultura. Para muchos ciudadanos el que el ministro de Cultura haya decidido suprimir el Premio Nacional de Tauromaquia que, desde 2013 con una dotación de 30.000 euros, destacaba anualmente a una figura relevante del sector, iniciando, además, los trámites para su anulación definitiva, es un avance como sociedad y como país.

La ciencia es el mejor medio que tenemos para saber y aprender cómo funciona el mundo y quiénes son los animales y cómo se comportan. El premio Nobel de Literatura 2003 John M. Coetzee, en una conferencia pronunciada hace tiempo en el Museo Reina Sofía, dentro del marco de “Capital Animal”, una iniciativa de arte, cultura y pensamiento nacida para defender los derechos de los animales, se expresaba así: “A lo largo de la historia y, con más evidencia, en estos momentos, es palpable la incapacidad de la especie humana de convivir en un mundo pacífico. Podemos aprender mucho de otras especies que saben convivir mejor que nosotros o que le hacen menos daño al planeta. La crueldad y el deseo de causar dolor y sufrimiento no se ve en otros animales; es verdad que otros animales pelean, a veces a muerte, pero, aun en esas ocasiones, lo único que buscan es ganar, no deleitarse causando sufrimiento. El derecho más importante es el derecho a la vida. Yo me avergonzaría de mí mismo si infligiera dolor a un animal deliberadamente. Y refiriéndose a las corridas de toros, se expresaba así: “Si la contienda entre el hombre y el toro fuera más igualada tendría mayor respeto a las corridas. Sin embargo, está tan manipulada que el toro no puede ganar nunca. Por eso creo que las corridas de toros no son más que una forma ritualizada de matanza.

Desde el análisis de la verdadera cultura y en línea con el avance crítico de la humanización de la historia, los que tenemos memoria, recordamos aún ese desgraciado 6 de noviembre de 2013, día en el que el Senado, con la mayoría absoluta y los votos únicos del Partido Popular, “¡¡¡la tauromaquia fue declarada patrimonio cultural de España!!!”, con 144 votos a favor, 26 en contra y 54 abstenciones. Con esa ley, por vez primera en España, esta atrocidad estaría regulada, fomentada y protegida, estableciendo que la tauromaquia conforma un “incuestionable patrimonio cultural inmaterial español”, pues, según reza esa impresentable ley, “además de tener una indudable trascendencia como actividad económica y empresarial” -¡faltaría más!; ¿cuáles si no podrían ser las verdaderas razones, sino el interés económico empresarial?-, “la tauromaquia es cultura, comprendiendo otras facetas dignas de protección aparte del propio espectáculo, ya que comprende todo un conjunto de conocimientos y actividades artísticas, creativas y productivas, que van desde la crianza del toro a la confección de la indumentaria de los toreros, la música de las corridas, el diseño y la producción de carteles”. Desde esa vergonzosa ley, el Partido Popular pretendió impulsar los trámites necesarios para solicitar la inclusión de la tauromaquia en la lista representativa del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco.

Desde el análisis de la verdadera cultura y en línea con el avance crítico de la humanización de la historia, para vergüenza y desdoro de la cultura, ignoraba entonces el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy y su partido, y, por lo que se ve, lo siguen ignorando, que existe un texto adoptado por la Liga Internacional de los Derechos del Animal y por las Ligas Nacionales afiliadas tras la 3º Reunión sobre los derechos del Animal, en Londres, del 21 al 23 de setiembre de 1977 y una “Declaración Universal de los derechos del animal”, proclamada el 15 de octubre de 1978 por la Liga Internacional, las Ligas Nacionales y las personas físicas asociadas a ellas, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y, posteriormente, por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Considero que la fuerza que le dan a los derechos de los animales, en contra de la Tauromaquia y contra la crueldad con que se trata a otros animales, la aprobación de la Declaración Universal de la UNESCO y, en especial, la ONU, anulan cualquier justificación que se quiera argumentar a favor de ese inhumano “Patrimonio cultural” con el que demasiados ciudadanos han bautizado la Tauromaquia. Imagino que estas altas Instituciones tienen suficiente autoridad política, social, educativa y moral para desautorizar “ese discutible patrimonio cultural”.  Y, pidiendo disculpas por su extensión, dejo constancia de su Preámbulo y articulado:

Preámbulo

Considerando que todo animal posee derechos. Considerando que el desconocimiento y desprecio de dichos derechos han conducido y siguen conduciendo al hombre a cometer crímenes contra la naturaleza y contra los animales. Considerando que el reconocimiento por parte de la especie humana del derecho a la existencia de las otras especies de animales constituye el fundamento de la coexistencia de las especies en el mundo. Considerando que el hombre comete genocidio y existe la amenaza de que siga cometiéndolo. Considerando que el respeto del hombre hacia los animales está ligado al respeto de los hombres entre ellos mismos. Considerando que la educación implica enseñar, desde la infancia, a observar, comprender, respetar y amar a los animales. Proclamamos lo siguiente:

Artículo 1º Todos los animales nacen iguales ante la vida y la tienen los mismos derechos a la existencia.

Artículo 2º a) Todo animal tiene derecho a ser respetado. b) El hombre, en tanto que especie animal, no puede atribuirse el derecho a exterminar a los otros animales o explotarlos violando su derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales. c) Todos los animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.

Artículo 3º a) Ningún animal será sometido a malos tratos ni a actos crueles. b) Si la muerte de un animal es necesaria, debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia.

Artículo 4ª a) Todo animal perteneciente a una especie salvaje, tiene derecho a vivir en libertad en su propio ambiente natural terrestre, aéreo o acuático y a reproducirse. b) Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho.

Artículo 5º a) Todo animal perteneciente a una especie que viva tradicionalmente en el entorno del hombre, tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y de libertad que sean propias de su especie. b) Toda modificación de dicho ritmo o dichas condiciones que fuera impuesta por el hombre, es contraria a dicho derecho.

Artículo 6º a) Todo animal escogido por el hombre como compañero tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural. b) El abandono de un animal es un acto cruel y degradante.

Artículo 7º Todo animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable del tiempo e intensidad de trabajo, a una alimentación reparadora y al reposo.

Artículo 8º a) La experimentación animal que implique sufrimiento físico o psicológico es incompatible con los derechos del animal, ya se trate de experimentos médicos, científicos, comerciales, o de cualquier otra forma de experimentación. b) Las técnicas alternativas de experimentación deben ser utilizadas y desarrolladas.

Artículo 9º Los animales criados para la alimentación deben ser nutridos, alojados, transportados y sacrificados sin causarles ni ansiedad ni dolor.

Artículo 10º a) Ningún animal será explotado para esparcimiento del hombre. b) Las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirvan de ellos son incompatibles con la dignidad del animal.

Artículo 11º Todo acto que implique la muerte innecesaria de un animal es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.

Artículo 12º a) Todo acto que implique la muerte de un gran número de animales salvajes es un genocidio, es decir, un crimen contra la especie. b) La contaminación y la destrucción del ambiente natural conducen al genocidio.

Artículo 13º a) Un animal muerto debe ser tratado con respeto. b) Las escenas violentas en las que haya víctimas animales deben ser prohibidas en el cine y en la televisión, a no ser que su objetivo sea denunciar los atentados contra los derechos del animal.

Artículo 14º a) Los organismos de protección y salvaguarda de los animales deben ser representados a nivel gubernamental. b) Los derechos del animal deben ser defendidos por la ley, al igual que los derechos del hombre.

No es España el único país que mantiene prácticas crueles con animales, pero sí es el que esgrime con menos pudor que dichas prácticas son un bien cultural que hay que preservar

Cuando se le preguntó a Jorge Luis Borges qué opinaba de la tauromaquia y cuál era su concepto sobre la figura del torero, Borges contestó: “La tauromaquia es una de las formas vigentes de la barbarie… y en cuanto a la figura del torero, creo que es esencialmente un hombre que con todo un aparato nacional de estrategias, enfrentamientos, armas, estocadas practicadas, clases y mucho estudio predeterminado, se mide frente a un animal pasmado por la sorpresa, por la ansiedad; un animal que no tiene otro recurso que los reflejos de su instinto primario. Bajo esa disparidad medir el valor de los toreros, la valentía verdadera no soporta desniveles tan abusivos. Por eso para mí los toreros no son valientes, sino más bien bufones, los bufones de la valentía”.

No es España el único país que mantiene prácticas crueles con animales, pero sí es el país que esgrime con menos pudor que dichas prácticas son un bien cultural que tenemos que seguir preservando. Por eso alabo que el ministro de Cultura haya decidido suprimir el Premio Nacional de Tauromaquia y que inicie los trámites para su anulación definitiva; puede ser el inicio que derribe para siempre el mito de que la Tauromaquia es “cultura y arte”, sino un sangriento espectáculo que ya está siendo rechazado mayoritariamente por la sociedad, pero que sigue contando con el apoyo de instituciones y algunos partidos. Cuando se consiga, será un avance como sociedad y como país. Exaltar y pretender embellecer la tauromaquia, verla como arte y cultura, es insultar al arte y rebajar la cultura, pues ni el arte ni la cultura pueden justificar la crueldad.

¿Es patrimonio cultural “la tauromaquia”?