lunes 14.10.2019
Reforma fiscal y justicia social

Las falacias de las derechas sobre los impuestos

Una argucia de la derecha es pretender que las rebajas de impuestos que proponen son en beneficio de las 'clases medias'.

Las falacias de las derechas sobre los impuestos

Los impuestos son el medio imprescindible del Estado para cumplir sus obligaciones y garantizar el Estado del Bienestar

Una falacia propia de la derecha es mostrar los impuestos como una especie de saqueo que siempre hay que rebajar. Pero en verdad sin impuestos justos no hay Estado, no hay sistema democrático y, por supuesto, no puede haber Estado de Bienestar. Los impuestos son el medio imprescindible del Estado para cumplir sus obligaciones y garantizar el Estado del Bienestar que es el disfrute de los derechos sociales de la ciudadanía.

Hace décadas, el movimiento de Mayo del 68 en Europa no logró construir la sociedad más justa como pretendía pero, como recordó el historiador Josep Fontana, alarmó a los conservadores que iniciaron una contrarrevolución en toda regla para acabar con la posibilidad de gobiernos progresistas. Objetivo prioritario de esa furibunda reacción capitalista (que luego se denominó 'neoliberal') fue rebajar los impuestos a los ricos. Lo lograron y la presión fiscal bajó del 62% en 1979 al 42% en 1991. Un buen recorte. Desde entonces, la derecha ataca sin cesar los impuestos.

Un ataque que se perpetra con la difusión del bulo de que bajar impuestos es bueno para la economía. Es bueno, dicen, porque el dinero que los ricos ahorran al pagar menos impuestos lo invierten, animan la economía y crean empleo. Completamente falso. Demostró esa falsedad un diario tan poco sospechoso de izquierdismo como The Wall Street Journal. Ese medio analizó los años de la presidencia de Bush hijo, que rebajó generosamente los impuestos a los ricos y muy ricos. El diario demostró que ese período de rebajas de impuestos a los ricos fue el de menor creación de empleo de la historia reciente de EEUU.

En su ataque a la fiscalidad, otra argucia de la derecha es pretender que las rebajas de impuestos que proponen son en beneficio de las 'clases medias'. Falso también. Tras algún pequeño beneficio y diminuta rebaja a algún grupo social como las familias numerosas, a quien se beneficia de verdad es a la minoría que más tiene. Los ricos. Citar a las clases medias es un truco burdo, pues nunca concretan quienes forman esas etéreas clases medias a las que presuntamente benefician con sus rebajas de impuestos.

¿Es 'clase media' el 40% de asalariados de España que gana de 1.064 a 1694 euros netos al mes, según datos del Instituto Nacional de Estadística? ¿O el 30% de asalariados que cobra menos de 1.064 euros mensuales? Se forma parte de una u otra clase en función de los ingresos y del patrimonio que se tenga. Las clases medias que enarbola la derecha no existen o son muy reducidas. La mayoría social es la clase trabajadora, que sobrevive como puede, y a la que la derecha renombra falsamente como 'clase media'.

Beneficiando a la minoría rica

Una verdadera reforma fiscal ha de suprimir todas las deducciones, subvenciones, ayudas, créditos fiscales y otros trucos que permiten a las grandes empresas, grandes fortunas y corporaciones no pagar los impuestos que deberían

Botón de muestra de lo dicho es Andalucía, gobernada por la derecha. El ejecutivo conservador ha aprobado allí un descuento del 99% en los impuestos de sucesiones y donaciones a familiares directos que hereden más de un millón de euros. Casi no pagan nada. Pero, ¿es clase media quién hereda un millón de euros? En Andalucía, quien se beneficia de ese enorme descuento solo es el 1% de contribuyentes de esa región, unos 10.000 ricos.

También se beneficiaron los más ricos en la Comunidad Autónoma de Madrid cuando el gobierno regional del PP redujo también el 99% del impuesto de patrimonio, provocando una masiva inmigración de ricos de toda España que trasladaron su domicilio fiscal a Madrid. Para pagar menos impuestos. Como siempre que gobierna, la derecha beneficia a la minoría rica.

La solución nunca es rebajar impuestos. Como tampoco lo es recurrir al endeudamiento del Estado por sistema al disminuir los ingresos. La solución es una reforma fiscal digna de tal nombre, basada en los impuestos directos como principal fuente de ingresos, teniendo muy en cuenta que 'reformar', en buen castellano, es modificar algo para mejorarlo. Y para mejorar la fiscalidad en España ha de cambiar el paradigma: no gastar en función de lo recaudado, como hasta ahora, sino recaudar lo que se necesita.

Una verdadera reforma fiscal ha de suprimir todas las deducciones, subvenciones, ayudas, créditos fiscales y otros trucos que permiten a las grandes empresas, grandes fortunas y corporaciones no pagar los impuestos que deberían. Así ocurre con la gran banca española cuyos beneficios se dispararon en 2018 un 22%: más de 16.600 millones de euros de ganancias. Sin embargo, con tales beneficios la banca solo pagó un 2,8% de Impuesto de Sociedades, como ha revelado el ministerio de Hacienda.

Una verdadera reforma fiscal ha de reforzar la progresividad del Impuesto sobre la renta con más tramos por ingresos. En 1978, gobernando la UCD, había 28 tramos de ingresos en la declaración de la renta, el impuesto a abonar se ajustaba más a los ingresos reales y era más justo. Hoy solo hay 5 tramos en el IRPF actual, regresivo e injusto.

Una verdadera reforma fiscal también ha de establecer con claridad el pago de impuestos por rentas del capital. ¿Por qué los beneficios del capital han de pagar menos impuestos? Para empezar, una auténtica reforma fiscal debería establecer un disuasorio Impuesto a las Transacciones Financieras, así como recuperar los impuestos de Sucesiones, Donaciones y Patrimonio, anulados de hecho en algunas Autonomías gobernadas por el Partido Popular. Y esa reforma fiscal eficiente ha de dotarse de un plan de lucha implacable contra el fraude fiscal. Con personal y medios suficientes. Actuar contra la economía sumergida y el fraude fiscal es prioritario para asegurar la suficiencia fiscal, el Estado de Bienestar y la justicia social.

Urge una reforma fiscal que garantice una fiscalidad justa, progresiva y suficiente.

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