jueves. 25.07.2024
Side view of a despaired woman sitting curled up in nature.
La incertidumbre es el combustible de la angustia

La palabra entropía procede del griego ἐντροπία, que significa confusión derivada de un movimiento de giro, a su vez derivada de ἐντροπή, que es acción de dar la vuelta o retornar o cambio de disposición de algo. El DRAE la define en su segunda acepción como la medida del desorden de un sistema.

La entropía es un concepto que viene de la física, y se aplica en psicología para hacer referencia al desorden y a la cantidad de incertidumbre que hay en nuestra vida, provocando sensaciones y situaciones que pueden llegar a ser desagradables. Cuantas más opciones haya en ese sistema, más aumentará la incertidumbre.

En un entorno de baja entropía psicológica, hay una alta organización, sabemos con certidumbre lo que tenemos que hacer, nuestros objetivos, por lo tanto, sentimos menos incertidumbre y necesitamos invertir menos energía, no necesitamos gastar tiempo y esfuerzo en preocuparnos sobre determinados temas. Sin embargo, cuando hay una alta entropía psicológica, hay baja organización, no sabemos exactamente lo que tenemos que hacer, no sabemos cuáles son nuestros objetivos, por lo que hay una mayor incertidumbre y podemos necesitar invertir más tiempo en pensar qué hacemos o cómo solucionamos cierto problema; en este caso de alta entropía, nuestro nivel de estabilidad y seguridad es alto.

Sabemos que la incertidumbre y la ansiedad activan la misma parte del cerebro, la corteza cingulada anterior. Esta zona cerebral también se activa cuando tenemos que tomar una decisión dentro de las muchas opciones entre las que elegir. Esta situación también nos puede provocar ansiedad y miedo por tomar una buena decisión y no equivocarnos. La posible situación de no saber qué decisión tomar ante las múltiples opciones que se presentan, aumenta la entropía interna, es decir, el desorden interno, por lo que aumenta la probabilidad de sufrir un estado de ansiedad.

En un estudio de la Universidad de Toronto se relaciona por primera vez la entropía psicológica con los trastornos de ansiedad: Las personas somos sistemas autoorganizados, intentamos mantener el equilibro a toda costa y tener cada área de nuestra vida bajo control. Sin embargo, formamos parte de un ambiente, de un contexto social supeditado a cambios constantes. Esas variaciones externas generan en nosotros entropías psicológicas, es decir, la imprevisibilidad nos infunde caos, inestabilidad y miedo. Este tipo de sensaciones mantenidas en el tiempo, acaban pasándonos factura mental.

Por otro lado, Dan Grupe, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, llega más allá, y afirma que la incertidumbre es el combustible de la angustia y el desencadenante de los trastornos de ansiedad en la sociedad desarrollada de hoy.

Sin embargo, aunque las situaciones externas cambian de manera constante, es importante saber que hay cosas que podemos hacer para evitar que la incertidumbre y la falta de control nos invadan. La teoría del caos, enunciada por James Yorke, nos recuerda que, en nuestra realidad siempre hay un espacio para el azar o lo imprevisible y que, aun asumiendo un gran control sobre cada variable de la vida, es imposible predecir qué puede suceder mañana.

Algunas estrategias pueden ayudar a mejorar la entropía psicológica. Así, asumir que las cosas cambian para poder ver qué hacer con ese desorden, ser conscientes que los cambios van a ocurrir para aceptarlos e ir con motivación hacia ellos en vez de enfrentarlos desde la evitación y el miedo; pensar en cuáles son nuestros objetivos en diferentes aspectos de nuestra vida y recordarlos en los momentos que aparezca la angustia vital; tener claro nuestros objetivos facilita que desechemos otras opciones que nos pueden venir de manera constante a la mente y nos desvían del objetivo principal; sacar fuera el desorden interno para poder visualizarlo mejor.

Por último, compartir esta reflexión de Henry Adams: “el caos es la ley de la naturaleza; el orden el sueño del hombre”.

Entropía: la incertidumbre en nuestras vidas