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sábado. 25.06.2022
PSICOLOGÍA

El triángulo del amor: intimidad, pasión y compromiso

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Émile Zola: “prefiero morir de pasión que de aburrimiento”.

La palabra amor etimológicamente procede de la misma palabra latina, Amor, se compone del prefijo a- y la palabra en latín -mor (cuyo significado es muerte). Es decir que “vivir con amor equivale a “vivir sin muerte”. La palabra latina se relaciona con la raíz *amma del indoeuropeo (voz infantil para llamar a la madre), que en euskera se trasforma en ama. El DRAE define amor, en su primera acepción como. el sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

Los antiguos griegos empleaban diferentes palabras para definir lo que hoy día conocemos por el término “amor”, fundamentalmente eran: eros, ágape, philia. Cada una de ellas tiene un sentido más profundo que el que le damos actualmente a una sola palabra.

Así, el eros supone el amor pasional, aquel que se deja llevar por el deseo y la atracción. Platón en su obra, El Banquete, habla de la naturaleza del eros. Para este filósofo, eros es el amor/deseo que mueve al mundo inteligible. Al principio, el eros comienza siendo deseo sensual, mediante la apreciación de la belleza. Para Platón, el amor/deseo es un mediador entre el mundo de las ideas y lo humano.

En la cultura de la Grecia antigua, la palabra ágape expresa el amor incondicional. Es un amor que tiene como prioridad el bienestar de los demás, es decir, supone aceptar al otro indistintamente de sus imperfecciones. Ágape es un amor profundo y generoso, en el que se toma en consideración la dicha del ser amado y de los demás. Es un tipo de amor que no espera nada a cambio y se aleja de la superficialidad. En la Biblia, ágape supone dar aquello que se tiene, implica incluso la entrega absoluta, como Cristo.

Por otro lado, está la philia. Este tipo de amor tiene una acepción semejante al de amistad, implica cariño y afecto por el otro. Es un amor que se basa en la admiración. La palabra filia viene del griego antiguo y significa amor o amistad. Aristóteles en su obra, Ética a Nicómaco, refiere que en la amistad “es preciso que tengan los unos para con los otros sentimientos de benevolencia, que se deseen el bien y no ignoren el bien que se desean mutuamente”.


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La forma de entender el amor cambió en 1986 con la publicación del psicólogo Robert Sternberg, cuando publicó “La Teoría Triangular del Amor”.  Para Sternberg, las relaciones pueden tener una combinación de tres elementos fundamentales (o podrían tener los tres): Intimidad (I), Pasión (P) y Compromiso (C) que, siguiendo una metáfora geométrica, ocuparían los vértices de un supuesto triángulo. El área del triángulo nos indica la cantidad de amor sentida por un sujeto y su forma geométrica, dada por las interrelaciones de los elementos, expresaría el equilibrio o el nivel de carga de cada uno de los componentes.

En la relación de pareja, cada miembro de la pareja puede percibir el nivel de los tres componentes del amor del otro de un modo muy diferente a como uno mismo juzga su propio nivel de implicación. Por lo tanto, pueden surgir discrepancias en un triángulo entre lo que experimenta un miembro y lo experimentado por el otro. Además, a lo largo del tiempo, estos tres componentes van evolucionando de modo diferente, de tal forma que la relación que tenemos con nuestra pareja puede cambiar con el paso del tiempo.

La forma de entender el amor cambió en 1986 con el psicólogo Robert Sternberg, cuando publicó “La Teoría Triangular del Amor”.

Los tres componentes básicos del amor son:

La Intimidad: Se refiere a los sentimientos dentro de una relación que promueven el acercamiento, el vínculo, la conexión, y principalmente la revelación mutua. La clave de la intimidad está en la auto exposición mutua de los miembros de la pareja, en salir de nosotros mismos y mostrarnos tal como somos en proceso de confianza y aceptación mutua, sin olvidar que, a la vez, es necesario fomentar el desarrollo de una personalidad autónoma e independiente.

La Pasión: Estado de intenso deseo de unión con el otro, como expresión de deseos y necesidades, gran deseo sexual o romántico, acompañado de excitación emocional. No cabe duda de que la relación sexual plenamente satisfactoria, si bien no es la condición única para el mantenimiento de la pareja, sí es un factor muy importante. La presencia en el cerebro de ciertas sustancias bioquímicas de diversa índole y naturaleza explica el proceso emocional. La serotonina es un neurotransmisor responsable del componente activo/agresivo de la actividad sexual. La dopamina es el neurotransmisor del deseo.

 El Compromiso: Es la decisión de amar a otra persona, serle fiel y compartir con ella muchas actividades y bienes personales sin limitación temporal. Es el deseo de formar un “nosotros” y poderlo manifestar a los demás. Todo esto implica la voluntaria aceptación de un cierto número de obligaciones, evitando cualquier comportamiento que amenace la relación y otras muchas más cosas.

Hay una pregunta clave en el sentimiento del amor: ¿existe el amor para siempre?: Diferentes teorías han apuntado durante años, que no es posible que la intensidad del amor se prolongue en el tiempo y que el amor con el paso de los años se transforma en una amistad profunda. Sin embargo, en 2011, la neurocientífica Lucy L. Brown, del Albert Einstein Collegue of Medicine, sugirió que podría haber mecanismos con los que el amor podría sostenerse en el tiempo en una relación y describieron lo que sucede en el cerebro de parejas con relaciones de largo recorrido. Para averiguarlo, seleccionó a diez hombres y siete mujeres casados durante una media de 20 años y los sometieron a una resonancia magnética, mostrándoles imágenes de sus parejas, amigos íntimos, familiares cercanos y de parientes lejanos. Los resultados mostraron que cuando veían la imagen de su pareja, su cerebro se comportaba de forma similar al de las personas recién enamoradas, al activarse las regiones que fabrican dopamina, hormona responsable de la euforia/pasión/deseo, común en el comienzo de las relaciones y neurotransmisor que regula el sistema de recompensa, encargado de que respondamos a estímulos que causan placer o desagrado. Por lo tanto, imágenes por resonancia magnética han revelado que en el cerebro de algunas parejas que llevan décadas juntas se activan las mismas zonas que en los nuevos amantes. Esto junto a los niveles de oxitocina, la “hormona del abrazo” y junto a una dosis de sobreesfuerzo, el amor debería tener los ingredientes para ser duradero.

Hay que decir, con cierta amargura existencial, que el ciclo amoroso no es constante y hace que mientras el amor romántico comienza con altas dosis de pasión y una creciente intimidad, se vaya transformando en amor compañero dónde baja la pasión, se mantiene la intimidad y aumenta el compromiso. Los besos forman parte de la pasión amorosa, que es el deseo de unirse al otro. Esta etapa dura de 5 a 12 meses y, más adelante, se produce una sensación de habituación en la que la sensación de exaltación va sustituyéndose por otra de calma y seguridad, y se va consolidando el apego. Con el paso del tiempo, las personas se habitúan a estar con el otro, a que no falte, y ya no se vive la misma pasión porque hay una mayor seguridad respecto a la relación, aun así, la pasión no desaparece definitivamente, ya que puede reavivarse, incorporando elementos novedosos en la relación.

Por último, compartir esta reflexión del escritor Émile Zola: “prefiero morir de pasión que de aburrimiento”. 

El triángulo del amor: intimidad, pasión y compromiso