miércoles. 24.07.2024
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Narrativa | JOSÉ LUIS IBÁÑEZ SALAS | @ibanezsalas

El noveno libro de cuentos del escritor español Sergi Pàmies se titula A les dues seran les tres y apareció en 2023, pero yo lo he leído en la traducción que hizo el propio autor un año más tarde: A las dos serán las tres.

El volumen, breve, está compuesto por diez relatos, diez cuentos, todos ellos sellados por el encanto literario del inefable Pàmies. Casi todos ellos frisando, con una gracia al alcance de muy pocos, también con un punto de agria mirada pacífica, ese límite tan habitual entre la ficción (esa entelequia) y la autobiografía (el pálpito inevitable en casi toda la literatura, y cada vez más).

El primero de ellos, ‘La segunda persona’, comienza así:

“Ordenando armarios, tropiezo con la virginidad que perdí en el otoño de 1978. No recordaba haberla conservado como el pétalo de una rosa entre las páginas de un libro”.

Hay mucha reflexión sobre la literatura en A las dos serán las tres. En este primer cuento Sergi Pàmies (es él, ¿no?) nos habla de la razón, la causa de escribir, de su escribir:

“Para mí escribir nunca fue la consecuencia de ninguna predestinación sino de una carambola de tiempo libre y equilibrio entre esfuerzo, facilidad, azar y satisfacción”.

‘Días históricos’ es el segundo relato. Sus primeras palabras son estas:

“Franco ha muerto. Tenemos quince años. La escuela ha cerrado como medida de luto oficial y lo celebramos en casa de una amiga. Eufóricos y expectantes, escuchamos canciones subversivas sin la emoción alcoholizada que, intuimos, viven nuestros padres y hermanos mayores. La fecha –20 de noviembre– es un tatuaje que, con el tiempo, perderá nitidez”.

Pàmies, para situarnos, es hijo de notorios y significados antifranquistas, muy presentes en este libro suyo. Pero en este cuento, como en otros, detecto (no solamente, ni siquiera preponderadamente) un pequeño reproche sobre algo tan poco heroico como es su propia figura, su aspecto:

“La promesa languidece a medida que crecemos, nos dispersamos o, como en mi caso, nos ensanchamos”.

Me gusta la importancia que el autor le concede a la omnipresente memoria, y yo, como él, constato que “cuando confrontamos nuestros recuerdos con los de personas que vivieron lo mismo, descubrimos que la memoria es un monstruo de tentáculos mutantes”. Eso sí, que útil nos es a la hora de escribir ficción de esa autobiográfica, ¿verdad? A mí me pasa lo mismo. Y luego está la otra memoria:

“Combatir la sensación de haber perdido la batalla de la memoria, y por extensión, de la nostalgia”.

El proceso de escribir suyo, buena parte de él, queda al descubierto —deliberadamente, todo es deliberado en esta literatura tan realista y suavemente provocadora— cuando en ese segundo relato le leemos:

“Sé cómo plantear la historia pero no cómo acabarla. Es una de las condiciones que me gusta imponerme para escribir con ciertas garantías de alcanzar mi objetivo. Si conozco todos los ingredientes de un argumento, me da pereza ponerme manos a la obra”.

Zanjemos el asunto de la ficción y la realidad. ¿Qué dice el narrador de ‘Días históricos’?

“El intento –definitivamente demagógico– de poner la realidad al servicio de la ficción en lugar de poner la ficción al servicio de la realidad”.

‘Ferias y congresos’ es el tercer cuento. En él sale, sale de verdad, alguien a quien el autor conoció muy bien, otro gran escritor, Manuel Vázquez Montalbán. Se abre con estas palabras:

“«El azar es el destino de los pobres.» Lo escribí hace treinta años, camino del aeropuerto, dentro del taxi, con la grandilocuencia de un aforista”.

De Manuel Vázquez Montalbán, nos cuenta el narrador del relato, nos cuenta el cuentista Pàmies, nos cuenta la persona Pàmies, “admiraba su lucidez, su capacidad de trabajo y su estilo. Novelista, ensayista, poeta, cronista, articulista y hereje del marxismo, me parecía un virtuoso del sarcasmo y la irreverencia. También era prologuista y presentador recurrente, gastrónomo y cocinero aficionado, erudito del fútbol y abajo firmante de manifiestos de causas perdidas”. Qué admirable retrato de mi admiradísimo MVM.

Nueva referencia a la figura corporal del autor:

“Cuando entras en el lavabo, te das cuenta de que lo recordabas más grande, y eso debe significar que has engordado”.

No sé por qué me fijo en esas cosas… En fin, sigo.

Que Pàmies escribe sobre sí mismo y escribe a la vez como si lo hiciera delante de nosotros, queda meridianamente claro con esta frase entre paréntesis:

“(tengo cierta propensión a creer que cualquier anécdota puede tener –este cuento lo confirma– un interés literario)”.

En este cuento tercero el autor nos regala una definición de la literatura cuando dice de ella que es “la anticipación de imaginar lo que todavía puede ocurrir”.

El cuarto de los relatos del volumen, el más angustioso, el que rezuma una mayor dosis aparente de ficción-ficción, lleva por título ‘La táctica del avestruz’ y se abre de esta manera:

“El insomnio es espiral. Te engulle y te escupe hasta que pierdes la consciencia de estar despierto, dormido o en el limbo de una inestable vigía. También es una rutina que asumo como una de las consecuencias de envejecer. No es la única y, desde la cama, me estoy acostumbrando a enumerarlas con rigor notarial, sin añadir ningún barniz hipocondriaco, y a constatar que el inventario de males es más eficaz que el recuento de ovejas.

No es una película, es un cuento (en el que aprendemos que “la simplicidad es lo más difícil”) y se titula ‘Dos alpargatas’ y es el quinto del libro:

“Si esto fuera una película […] Pero como esto no es una película sino un cuento, el narrador omnisciente determina que el protagonista sea […] celebra que esto sea un cuento y no una película y haber evitado que el narrador omnisciente lo obligara, como tantas otras veces, a confundir las servidumbres de la imaginación con los placeres de la fantasía.”

La imaginación, efectivamente, tiene sus trucos pero también sus códigos, sin embargo… ¡ay la fantasía!, ese chollo placentero en el que los artistas, los literatos lo son, disfrutan a lo grande sin las ataduras de la credibilidad.

‘Te quiero’ es el sexto relato y aunque lo disfruté no puedo —ahora que quiero escribir sobre este libro fabuloso (en el sentido majestuoso de la palabra)— aportarte gran cosa, solamente, como ante el resto, invitarte a disfrutar de su lectura.

El séptimo de los cuentos incluidos en el libro es ‘Por qué no toco la guitarra’. Que “la intimidación es una forma de educación” y la manipulación también es algo que uno cree aprender al leer este otro relato tan autobiográfico:

“Es, con diferencia, mi Gran Momento. Un niño francés en vías de catalanización, con una madre escritora de éxito y un padre que es la versión antifranquista del Hombre Invisible, despierta el interés de sus coetáneos y propicia amistades que me gustaría no tener que abandonar nunca”.

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Relato autobiográfico en el que Pàmies hace referencia a lo que de él dice Wikipedia. Relato autobiográfico en el que se asume que “es imposible hacer una cronología de todo lo que descubrimos en aquel periodo: los años se mueven como olas que las tensiones entre memoria y olvido hacen avanzar, retroceder o naufragar”. ¡Ay las tensiones entre memoria y olvido! Esas con las que hacemos de nuestra vida un sayo. O un cuento. E incluso toda una novela. Relato autobiográfico en el que el narrador asume, hablando de él mismo, que “un gandul siempre será un gandul”. Un gandul que admite que cambiarle el nombre a su pareja de entonces le ayuda “a creer que todo esto es ficción”. Y si lo cree él, lo creo yo. En eso consiste la literatura. La buena, al menos.

El octavo relato se titula ‘Tres periodistas’ y en él vuelve a salir su madre:

“Hay episodios de la vida de mi madre que me da igual que sean verdad o mentira. Por ejemplo: cuando contaba que, en México, aprendió inglés escuchando las canciones de Frank Sinatra”.

En ‘Díptico bivitelino’ regresamos a la reflexión sobre la ficción, la autoficción, la realidad… Todo eso:

“No voy a refugiarme en el prestigio de las historias basadas en hechos reales que, en según qué manos, se acaban convirtiendo en ficciones delirantes. Tampoco me inventaré un álter ego: el protagonista soy yo, aunque sea un yo tan joven que, si me tropezara con él en el supermercado, no lo reconocería”.

¿Son prestigiosas las historias basadas en hechos reales? No lo sé, creía que no. Pero si que soy de la opinión de que “lo más importante que nos sucede siempre en esta vida es lo que no habíamos previsto”.

Cierra el libro ‘La narrativa breve’:

“Este libro empieza dentro de un Seat León, en la entrada de Barcelona llegando por la C-31. Hace el típico calor de finales de junio, tan denso como el tráfico. El conductor es diabético, hipertenso, agnóstico, escritor, soltero, obeso y con una pierna más corta que la otra, lo cual compensa con unas plantillas ergonómicas”.

Como diabético conecto con quien narra cuando dice que “según la ortodoxia, el éxito del tratamiento contra la diabetes radica en el ejercicio físico, la medicación y la dieta, aunque él considera que la culpabilidad también es un factor relevante”. Pero sobre todo conecto con él, con Sergi Pàmies, con quién si no, cuando concluye el décimo y último cuento así:

“Historias inconexas que, precisamente porque sospecha que pertenecen a una dimensión inaccesible (una amalgama de pasado, presente y futuro, como cuando las autoridades cambian la hora y decretan que a las dos serán las tres), necesita escribir, confiando en que los recursos de la narrativa breve le ayudarán a entender, a través de este libro, lo que todavía es una incógnita”.

Escribir para entender.


A las dos serán las tres. SERGI PÀMIES. Anagrama. Madrid, 2024. COMPRA ONLINE


JOSÉ LUIS IBÁÑEZ SALAS.Escritor, editor y crítico literario
JOSÉ LUIS IBÁÑEZ SALAS.
Escritor, editor y crítico literario

Mucho Sergi Pàmies en 'A las dos serán las tres'