viernes. 19.07.2024

James Fernández Cardozo| La semiótica discursiva nos enseña que los códigos son un conjunto de símbolos que se expresan bajo especiales reglas con la finalidad de producir un mensaje dentro de un mundo encriptado. Ese mundo encriptado en Rápidos y Furiosos X es el de la familia, que va más allá de aquella formada con lazos de sangre porque la familia de Dominic Toretto se extiende a aquella tejida con los hilos de la amistad.

  1. Los códigos de la familia
  2. La identidad construida
  3. La venganza y la protección
  4. La gente no escucha.
  5. Códigos de manipulación

Los códigos de la familia

Es bajo la protección de una familia extensa, pero también la amenaza a ella, que se actualizan códigos de familia, a favor y en contra, en el discurrir de la historia. Dante se ha quedado sin familia por la muerte de su padre Hernán Reyes a manos de Toretto e, insensible al amor filial, constantemente se burla del afecto familiar a lo que Toretto le replica concluyente: “sin familia no tienes nada”.

Los códigos de familia en Rápidos y Furiosos X se activan precisamente al abrigo de una comida de maduros acompañada de todos aquellos a quienes Toretto tiene como su familia. En el jardín, la abuelita Toretto predica amorosa un destino familiar orientado a dejar un legado. Seguidamente el hijo de Dominic Toretto, asustado ante los nuevos acontecimientos, recibe el consuelo de su padre con su marca personal: “no importa lo que pase, yo siempre cumplo mis promesas”. Es el amor de familia el que hace mantener la motivación, es decir, el iniciar, mantener o reanudar el hacer heroico y que emociona al público con una sentida exhortación de Toretto sobre los seres a quienes se ama: “Llévalos en tu corazón y jamás te saldrás del camino.”

Estos códigos de familia tocan nuestro corazón porque también reconocemos en ellos a los códigos afectivos con los que abrazamos o defendemos a quienes más amamos. Sin embargo, Dominic Toretto también advierte de un código más amplio al aseverar “en un mundo sin código moral nadie está a salvo”.

La identidad construida

Quienes asistimos a Rápidos y Furiosos X estamos familiarizados con el trepidante mundo de los carros Alpha, Lamborghini e Impala clásicos, impregnados de estética, que se mueven alrededor de una identidad, un universo axiológico de rasgos comunes caracterizados por el respeto a las reglas de juego, la lealtad y el honor. Esa identidad de los héroes de Rápidos y Furiosos X ha vivido un recorrido iniciado con carreras callejeras, posteriormente con atracos y en las últimas fases con actividades de espionaje. Aimes, jefe de la agencia, conoce de cerca esa identidad a la que califica como “una secta con autos”.  A este universo de valores identitarios se opone otro plagado de antivalores, encarnado en otra familia, la de Dante y Aimes, pero cargado de trampa, crueldad y deshonor.

Es la permanencia de estos rasgos de identidad en la familia de Toretto, a pesar de los cambios que provocan o que sufren, la que el público aspira revivir en el marco de los valores axiológicos que guían todo el accionar del grupo heroico. Uno de esos valores es la actividad cooperativa que desecha el individualismo. “Yo me encargo”, dice Toretto, pero su esposa Letty contesta: “No, lo haremos juntos”.  

Permanecen también sus extraordinarias competencias para el manejo de los vehículos que el público ve actualizadas en Rápidos y Furiosos X. Con esas renovadas competencias prácticas nuestros héroes pueden desviar una bomba hacia un río, dar un salto acrobático en una moto, o desprenderse de un avión en un pequeño artefacto cuyo único combustible son 3 botellitas de alcohol.

Esta identidad que aspira a permanecer a pesar del sostenido ataque de la familia enemiga, resulta abrigada por la actitud paternal del reconocible tío Jakob hacia el hijo de Toretto, pero también por Roman y Tej, que continuamente actualizan el arquetipo de la pelea entre hermanos, aliviando la tensión narrativa de intriga, suspenso y sorpresa a que la trama nos convoca durante toda la película. El poder convocante del cine en la actualidad es el mismo de las narraciones que desde niños nos atrapaban entre cuentos y novelas.

La venganza y la protección

El público, sabedor de los códigos de familia, de la intrépida construcción de identidad y los valores del mundo de Toretto, se encuentra con lo que ya anticipaba: un programa narrativo de venganza por parte de un personaje estrafalario, plagado de narcisismo, quien se presenta como “Soy Dante elegante”, pero que actúa con la intención, por querer y por deber, de infringir sufrimiento a Toretto, intención que tiene como origen profundo la falta que dejó en su vida la muerte de su padre Hernán Reyes a manos de Toretto. Dante confiesa a Toretto que su padre no fue una buena persona, pero era su padre y Toretto se lo había quitado para siempre. “Con tu sufrimiento voy a realizar mi destino”, sentencia Dante después de hacernos presenciar el largo rodamiento de una gigantesca bomba sobre las calles de la bella Roma, y su detonación dentro del río, culminándose así la etapa del salto al primer umbral, en el modelo del viaje mítico del héroe. La intención, por querer y por deber, de nuestro sujeto heroico Dominic Toretto resulta por él mismo anunciada: “Solo me importa proteger a las familias que amo”.  

La modalidad concreta de manipulación ejercida por Dante es la de la intimidación a Toretto y a todo aquel que quiere o puede defenderlo, mediante la retención de sus parientes más queridos. Dante sabe que la amenaza de perder a una persona a la que estamos apegados produce la emoción del miedo. Y Toretto ha confesado ante Letty, “Tengo miedo de perder a alguien que quiero”

La gente no escucha.

Aunque el programa narrativo de venganza se inicia con las actividades persecutoras de Dante, es la actividad negativa de Aimes, el nuevo director de la agencia para la que trabajaban nuestros héroes, la que los convierte en el blanco de una búsqueda internacional bajo la acusación de terroristas. De esta manera creemos durante un largo trayecto de la historia que la agencia y Aimes se han convertido, sin intención, en un ayudante del antisujeto Dante, pero que en algún momento de la historia ambos reconocerían su error.

Sin embargo, todos estábamos engañados. La trama nos arrojó pistas, que no atendimos, sobre los signos y señales del código de manipulación de los hermanos Dante y Aimes: ni la trampa de Roma, ni la captura de Toretto en la estación de policía de Río de Janeiro podían haber sido elaboradas con una sola voluntad, hecho que había presentido en voz alta Megan al percibir que Dante siempre había estado delante de los héroes. Pero resultaban aún más significativas las voces de Aimes al instruir, identificado con el discurso de Dante, al equipo de la agencia: “busquen a su familia hasta que lo encontremos; tiene una hermana y un hijo”. Tan engañados estábamos que incluso sentimos alivio cuando escuchamos a Aimes decir a Toretto, una vez Dante se había apropiado del ojo de Dios, “no voy a decir lo siento, hagamos algo mejor: busquemos a tu hijo”.

Toretto advirtió en dos ocasiones, no solo a distintos personajes sino también a nosotros: la gente no escucha.

Códigos de manipulación

Este engaño a los personajes heroicos, pero también al gran público, nos obliga a pensar que la manipulación no es solamente hacer que otro haga algo, sino también hacer que otro crea en algo, a partir de mentiras con apariencia de verdad. El análisis del Discurso de la escuela de Cali viene estudiando en la actualidad que las demostraciones, es decir, las comprobaciones que surgen de verdades de las que se tiene entera certeza, pueden ser utilizadas como mecanismos de manipulación. Ocurre con frecuencia en nuestra sociedad que algunos medios de información pretenden hacer creer verdades mediante la manipulación en la presentación de los hechos. Y asistimos inquietos a las posibilidades de desarrollo inusitado de la inteligencia artificial por la que mediante demostraciones lógicas se nos pueda hacer creer en realidades aparentes. Pero, ¿tenemos el suficiente espíritu crítico para evidenciar que en ocasiones las demostraciones pueden ser falsas? Fue precisamente lo que al final descubrimos con sorpresa en Rápidos y Furiosos X: los acontecimientos y los eventos de la trama escondían una modalidad de manipulación que podemos postular como las demostraciones con engaños, con falacias.

Con todo, al final de la película terminamos satisfechos con el recorrido narrativo expuesto, porque personajes y público fuimos llevados por un hilo de demostraciones aparentes, que al final pudo desvelarse. Y nos recuerda que también en la vida debemos mantener nuestro espíritu crítico frente a quienes pretenden ejercer procesos de manipulación, no solamente respecto de nuestro actuar, sino también respecto de nuestras profundas creencias.

Menos credulidad y más escucha crítica. Así cuidaremos mejor a nuestras familias.

James Fernández Cardozo. PhD Análisis del Discurso | Correo: juremosserfelices@gmail.com

Códigos Afectivos y Manipulación: El Rol de la Familia en Rápidos y Furiosos X