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viernes. 12.08.2022
juan espadas psoe

No, no es una errata. El buen lector, que es el cauteloso y alerta, habrá advertido que en esa expresión el candidato Espadas no es el sujeto del error, sino el objeto. No se dice que el error sea de Espadas, sino que Espadas es el error. A veces ocurre que el ciudadano no acepta aquello que afirmaba Ambrose Bierce cuando escribía que el elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros.

Las ridículas y aparentemente inverosímiles excusas de Juan Espadas para su onerosa derrota en las elecciones andaluzas y, sobre todo, la aceptación sin enmendalla de Ferraz de las mismas, convierte en doblemente grave el problema del PSOE en Andalucía. Si alguien piensa que la solución es dejar las cosas como están incurre en una grave responsabilidad al poner en el ámbito del azoramiento la posición y función en la sociedad del socialismo tanto meridional como estatal. El PSOE de Andalucía necesita una reconstrucción emocional y para ello es menester liderazgos auténticos: ideológicos y morales, muy lejos del susanismo poco corregido que representan Espadas y su equipo de exaltos cargos de Díaz.

El deterioro orgánico del socialismo andaluz se compadece con la puerilidad de un trapisondismo político y el posicionamiento clientelar sustitutivos del pensamiento crítico, la dialéctica ideológica y el relato emancipador del cambio social. Ello conduce a una mediocridad que crea ilegibilidad en los actores políticos de elementos imprescindibles en una política de izquierdas como son la despersonalización y la abstracción del poder, que Azaña consideraba requisito imprescindible de un Estado moderno. El amiguismo, el meritoriaje de la lisonja, el cabildeo de pasillo, producen políticos administrativos con espíritu funcionarial, que es el arquetipo del secretario general del PSOE cuyo carácter y perfil se encuentra en las antípodas de lo que necesita hoy un socialismo que ha sufrido la frivolidad de una política errática y sin metafísica.

El PSOE de Andalucía necesita una reconstrucción emocional y para ello es menester liderazgos auténticos

La necesidad de derrotar claramente a Susana Díaz y contrarrestar el justicialismo paleto que proponía junto al culto chusquero a su personalidad, no se reparó, o no se quiso reparar, en que sin una regeneración profunda del PSOE andaluz el electorado, después de la experiencia susanista, se alejaría de una candidatura encabezada por un invento político de Díaz, como es Espadas, sin capacidad de liderazgo como le gustaba a la ex presidenta que fuera su entorno y un equipo trufado de ex altos cargos de los gobiernos de la ex lideresa del Tardón.

Lo contundente de la demoscopia demuestra que no hay que buscar errores en Espadas, porque es el mismo Espadas el error y representa la instauración del plebeyismo del que hablaba Ortega como consecuencia de la democracia morbosa. Plebeyismo en cuanto a la carencia de altura de miras, de principios, de la política concebida como un impulso ético encaminado al bienestar colectivo. El susanismo representaba, y representa, -ahora con el neosanchismo de Espadas- al socialismo mutado de ente ideológico a una situación, a una causa circunstancial y subsidiaria que impide el pensamiento crítico y el cambio, pero que garantiza el aprovechamiento de las cotas de poder para las redes clientelares con sus correspondientes caciques e individuos de paja. Redistribuir el poder y los cargos orgánicos e institucionales entre la misma red nominativa es dejar las cosas como estaban o peor.

El error Espadas