jueves 20.02.2020

Te odio Aznar

El apoyo que EEUU recibió por parte de los países de la UE en su cruzada contra el terrorismo en 2003 explica en parte eso que a veces no sabemos cómo explicarnos

España no escapa al poder del odio inclasificable que de tanto en tanto sacude a una Europa atónita que busca explicación a lo inexplicable, olvidando quizás considerar los motivos más sustanciales de la barbarie que la azota.

El atentado del 17 de agosto se suma a la lista de esos otros que el Viejo Continente padece, ya como una epidemia; cada vez más frecuentes, cada vez más violentos. Y, tristemente, cada vez más cotidianos. Madrid, Londres, Berlín, Bruselas, París. Cada una de las ciudades que ha experimentado el horror, revivió el jueves eso que no tiene explicación, eso que algunos medios llaman -falazmente- “tragedia”. La “tragedia”, en la acepción del término que mejor la interpreta, es “aquello imposible de evitar”.  El odio creciente que se ha desatado contra Occidente no es una tragedia, no es algo que no se hubiera podido evitar.

Gobernados por un puñado de psicópatas que predican el odio -incluso como leit motive de campaña-, expuestos a la ilusión de un mundo de malos y buenos que la prensa nos ha fabricado, influenciados por ese relato perverso que sale de la boca de los dueños de la democracia, faltos de criterio, desinformados… el terreno es fértil para sembrar tan inconmensurable ignorancia que nos imposibilitará discernir entre una tragedia y una horror evitable.

El apoyo que Estados Unidos recibió por parte de los países de la Unión Europea en su cruzada contra el terrorismo en 2003 -y que dejó miles de civiles muertos en Irak- explica en parte eso que a veces no sabemos cómo explicarnos. Recordar los argumentos con los que Bush, Blair y Aznar justificaban la invasión, puede resultar útil para aclararnos aún más. Parte de la yihad considera a estos atentados como "un castigo decretado por Alá" contra los "cruzados que iniciaron el conflicto”.

No me hago a la idea de una Barcelona que no sea como aquella que conocí. No puedo imaginar una Barcelona que no se caracterice por su riqueza multicultural, una Barcelona receptiva, armoniosa. Mucho menos puedo siquiera concebir el horror que hoy se ha desatado en uno de los paseos más míticos de Europa. La “tragedia” hoy ha tiznado a la Ciudad Condal. Y entre el espanto de la imagen repetida en las redes sociales, una y otra vez, se ha colado un cartel de un usuario que quizás sospeche que este espanto que hoy se ha cobrado trece vidas, no es algo que no se hubiera podido evitar: “Te odio, Aznar”.

Te odio Aznar