jueves 05.12.2019

PSOE, en la lucha final

Sin ningún disimulo, con la mayor de las franquezas, el Partido Socialista expresa en el programa que presentó al electorado en abril de este año, su voluntad de hacerse con el espacio político de Ciudadanos, al que califica de partido de centro escorado hacia posiciones muy derechistas. Según los estrategas socialistas, entre los que destaca sobremanera Iván Redondo máximo asesor que fue de los populares Monago en Extremadura y Albiol en Badalona, Albert Rivera en su afán por ocupar el lugar del Partido Popular en la derecha, está compitiendo con Abascal y Vox, dejando huérfano al centro político que es, en definitiva, el que siempre ha decidido las elecciones en España. Recuperado su lugar en la izquierda con el “no es no” a Rajoy y con algunas medidas no ejecutadas como sacar al tirano del mausoleo fascista en el que reposa, tocaba ahora ocupar el espacio existente entre ellos y los populares: “En estas circunstancias -afirman los autores del programa socialista-, cuando el PSOE ha consolidado su posición en la izquierda y Ciudadanos se derechiza en su competición con las otras dos opciones de derechas, es lógico preguntarse por quién va a ganar la batalla del voto centrado, moderado, sensato y moderno. Una pregunta que tiene una respuesta clara: esa “batalla” ya la está ganando el PSOE...”. Y a eso han dedicado el tiempo transcurrido entre las elecciones del 28 de abril y las consultas reales del 17 de septiembre de este año que han concluido indicándonos a todos que nos hemos equivocado al emitir nuestro voto y que, por tanto, nos castigan a volver a votar hasta que a los tres partidos “constitucionalistas” -PSOE, PP y Ciudadanos, no tiene la menor importancia que dos de esos partidos tengan raíces franquistas indisimuladas- les convenga el resultado, es decir hasta que comprendamos que fuera de la voluntad de Pedro Sánchez, Albert Ribera y Pablo Casado sólo existe el caos, la nada o la revolución bolchevique-bolivariana-jomeinista.

No ha habido nunca, ni siquiera cuando tuvo lugar la primera entrevista entre Sánchez e Iglesias, voluntad alguna de formar un gobierno de izquierda

No ha habido nunca, ni siquiera cuando tuvo lugar la primera entrevista entre Sánchez e Iglesias, voluntad alguna de formar un gobierno de izquierda, sino más bien de hacer ver al electorado que el Partido Socialista de Sánchez no tiene nada que ver con extremistas insensatos y peligrosos como los que se esconden tras las siglas de Podemos sus confluencias y aliados, todos ellos peligrosísimos antisistemas que se han atrevido a denunciar el fraude democrático de las puertas giratorias, los abusos de las grandes multinacionales y nacionales y la situación tremenda en que sobreviven los trabajadores precarizados y los que no tienen trabajo, la corrupción sistémica y el uso de la política como instrumento de lucro. Una barbaridad con la que los amigos de Sánchez no pueden comulgar porque sería tanto como despreciar al régimen del que son columna fundamental y que tantos beneficios les ha deparado. Por el contrario, tal como consta en su programa último, “la socialdemocracia renovada del PSOE se comprometió con la necesidad de erradicar la pobreza, y en especial, la infantil, hacer realidad un plan de rescate juvenil y resolver el déficit en el sistema de seguridad social que respetara la revalorización de las pensiones en función del IPC....”, cosa que sería imposible de la mano de Podemos, y que se conseguirá sin ningún problema con una alianza fraternal con Ciudadanos, ocupando su lugar, y si fuese menester con un pacto a tres con el Partido Popular, partidos como se sabe muy izquierdistas que siempre han luchado por los derechos de los trabajadores, los pensionistas y los excluidos, eso sí, sin subir los impuestos, privatizando los servicios públicos esenciales y laminando todos los derechos políticos, económicos, sociales, culturales y medioambientales que son inherentes a los seres humanos y que como nos importan una figa, nadie echará de menos.

Como si hubiera sido poco el espectáculo dado por el líder socialista y sus ministros durante estos insoportables cinco meses de autoafirmación centrista a costa de la estabilidad del país y de las ilusiones de una parte grande de la sociedad. Al día siguiente de las consultas reales que concluyeron con la convocatoria de nuevos comicios, varios altos dirigentes socialistas comunicaron a los medios que en ningún caso habrá gobierno de coalición con Podemos en noviembre, abriendo definitivamente el paso a una coalición de derechas o, en otro caso, a la repetición de elecciones hasta que sea Vox el Partido más votado por indisposición gastrointestinal del resto del electorado.

Muy por encima del dispendio que supone la celebración de nuevas elecciones, al desoír el mandato de los electores y obligarles de nuevo a acudir a las urnas para comprobar si el Partido Socialista mantiene parte del voto de izquierdas y capta parte del centro-derechista de Ciudadanos, Pedro Sánchez y sus compañeros de viaje han infringido un daño inmenso a la democracia española. No hay ningún problema en votar cuantas veces sea necesario, no es un trabajo penoso, ni supone un esfuerzo descomunal propio de titanes, empero, el votante siente que su voluntad, que la suma de voluntades en el mismo sentido expresada el 28 de abril pasado, ha sido pisoteada, burlada, escarnecida, y que se pretende mudarla por malas artes, tan malas como son las de la manipulación, el chantaje y la mentira.

Ante esta situación vergonzosa, creo que es hora de volver a coger impulso, de no caer en el desistimiento y, como decía Gabriel Celaya, “mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo”, guste o no guste a quienes pretenden tratarnos como niños de cuna o insensatos dispuestos a cavar su propia fosa.

PSOE, en la lucha final