jueves 22/10/20

La prensa y la opinión manipulada

En 1920 había veinte periódicos en Alicante además de diversos semanarios y revistas especializadas. De ellos, la mitad más o menos pertenecían a la prensa del régimen, eran los grandes periódicos de los partidos dinásticos y sus diversas escisiones que sólo tenían como misión apuntalar al candidato cunero de turno y defender los principios sacro-santos de la monarquía borbónica, que era lo mismo que defender sus intereses particulares, de casta y de clase. El resto, la mayoría con tiradas pequeñas, pertenecían a los partidos y sindicatos obreros, a partidos republicanos, organizaciones espiritistas, culturales o festivas. Los primeros no tenían ningún problema con la censura, los segundos la tenían siempre encima y en muchos casos desaparicieron víctimas de las multas y las detenciones de sus periodistas más destacados. No existía la televisión y la radio era tan incipiente que apenas contaba a la hora de crear opinión. 

Contra la monarquía de la Restauración de Alfonso XIII, que quiso sobrevivir en el siglo XX como lo había hecho en siglos anteriores, apoyada en el ejército, la iglesia y la oligarquía central y periférica, se fue formando una resistencia heterogénea que coincidía en el carácter irreformable del régimen y que cristalizaría en el Pacto de San Sebastián que dio lugar a la proclamación de la II República. Periódicos republicanos, socialistas, anarquistas, liberales y librepensadores fueron dando voz a esa disidencia en todas y cada una de las ciudades españolas más pobladas. En aquel año, casi la mitad de los españoles no sabía leer o no entendían lo que leían, sin embargo, los periódicos se leían en voz alta en las calles, en las fábricas, en los talleres, en los club  y círculos obreros y republicanos, de tal manera que la opinión oficial, la que difundían los medios del régimen, fue perdiendo su carácter predominante a favor de quienes defendían la necesidad de cambiar un régimen esencialmente corrupto y represor por otro elegido por el pueblo que posibilitase el progreso, la justicia y la libertad. En 1923, con un estado de excitación generalizado por las noticias trágicas que llegaban de Annual, el Rey y el general Primo de Rivera decidieron poner fin al sistema pseudo-parlamentario de la Restauración e implantar una dictadura que acallase  las implicaciones reales en el desastre e intentase imponer de nuevo el pensamiento único que tanto ha adorado la derecha española. No fue posible, y aquel giro autoritario del monarca fue la puntilla  del régimen.

En España sólo existe libertad de Prensa para quienes tienen mucho dinero y un determinado sesgo ideológico, que no existe la pluralidad informativa y que los encargados de contribuir a que los ciudadanos tengan un espíritu crítico aspiran a crear una sociedad con un pensamiento crítico muy pobre

Desde hace cuarenta y cinco años tenemos monarquía en España, vivimos otra nueva restauración borbónica. Si examinos la prensa estatal generalista que ha sido capaz de crear la nueva situación, es fácil comprobar que el espectro ideológico que podría haber representado a la izquierda apenas existe. El periódico de mayor tirada todavía es El País, un diario que nació con la intención de convertirse en el gran periódico democrático español, que llegó a ser uno de los grandes rotativos del mundo en el que escribían los pensadores y escritores más notables, pero que por la mala gestión de sus directivos terminó en una situación próxima a la quiebra, lo que propició que ahora el mayor accionista del grupo sea un fondo de inversión norteamericano llamado Liberty Acquisitions Holdings, grupo especulativo al que poco importan los ideales democráticos y mucho la rentabiliad de su inversión.

En segunda posición tenemos al diario El Mundo. Dirigido durante muchos años por uno de los reyes del amarillismo político, Pedro J. Ramírez, hoy pertenece al grupo italiano RCS MediaGroup. Muy próximo al Partido Popular, desde 1989 han escrito en sus páginas algunos de los miembros más destacados de la ultraderecha española como Jiménez Losantos, Sánchez Dragó, Salvador Sostres o Arcadi España. Además, la empresa que dirige El Mundo controla también el diario deportivo Marca, el más leído de España, y Expansión, periódico dedicado a asuntos económicos desde la óptica neoliberal.

ABC, periódico monárquico de toda la vida y defensor de los derechos de los de derechas, pertenece hoy al grupo Vocento, encargado además de la edición de El Correo de Bilbao, Las Provincias de Valencia, La Verdad de Murcia o El Ideal de Granada, todos ellos caracterizados por un sesgo ideológico conservador y muy proclive a ensalzar la estrategia de los partidos derechistas.

Editorial Prensa Ibérica agrupa a varias decenas de diarios provinciales repartidos por toda España. Presidido por Jaime Moll, se formó al hacerse con numerosas cabeceras de periódicos franquistas pertenecientes a la extinta corporación Medios de Comunicación Social del Estado. Muy relacionada con los poderes económicos y políticos de su ámbito de actuación, su línea editorial es cambiante según sea propicio para la buena marcha del negocio.

El Grupo Godó, que edita La Vanguardia, uno de los diarios mejor construidos de España, nació como representante de los intereses de la burguesia catalana, siendo dirigido durante el franquismo por personajes tan ilustres como Manuel Aznar Zubigaray y Luis de Galinsoga. Periódico de grandes colaboraciones continua siendo un referente de la derecha catalana y española aunque sin llegar a los niveles de ABC o El Mundo.

Si a esto añadimos que el grupo Planeta, dirigido por los herederos de Lara, edita el periódico de Marhuenda La Razón y que es el dueño de A3Media, que incluye, entre otras muchas, a las televisones Antena 3 y La Sexta, que Telecinco y sus filiales son propiedad de Berlusconi y amigos, que los medios de carácter nacionalista son conservadores por antonomasia y se dedican a ver la paja en el ojo propio y la viga en el ajeno, que existen medios de comunicación reaccionarios propiedad de la Iglesia católica, podemos concluir que en España sólo existe libertad de Prensa para quienes tienen mucho dinero y un determinado sesgo ideológico, que no existe la pluralidad informativa y que los encargados de contribuir a que los ciudadanos tengan un espíritu crítico y una opinión propia aspiran a crear una sociedad con un pensamiento crítico muy pobre y muy inclinado hacia las creencias de los poderosos, es decir, contra sus propios intereses. Es cierto que la prensa digital es mucho más variada, pero a día de hoy su influencia socializadora es todavía pequeña precisamente por su atomización y por la dificultad que tiene para saltar a los grandes medios de comunicación de masas. Por otra parte, las redes sociales no son una fuente fiable de información, sino todo lo contrario, de intoxicación y manipulación, verdaderos viveros de bulos que viven al margen de la Ley Democrática.

La libertad de prensa y la libertad de expresión son dos pilares fundamentales de la democracia. Cuando los medios de comunicación encargados de canalizar la expresión pertenecen a grandes corporaciones y, por tanto, sólo representan las ideas e intereses de un segmento de la población e intentan hacer universales sus pretensiones, la democracia está en grave peligro. Y en eso estamos en este momento, en las dramáticas horas del coronavirus, contemplando como la opinión circula sólo en una dirección.

La prensa y la opinión manipulada