domingo 23.02.2020

De nuevo el fascismo, de nuevo la guerra, de nuevo en Europa

De nuevo se desata la guerra en suelo europeo. Ucrania cae irremisiblemente en la espiral de la violencia y volvemos a asistir atónitos a la caza del hombre por el hombre.

De nuevo se desata la guerra en suelo europeo. Ucrania cae irremisiblemente en la espiral de la violencia y volvemos a asistir atónitos a la caza del hombre por el hombre.

El autoproclamado gobierno de Kiev formado por una alianza de la extrema derecha con ultraliberales, aventureros y corruptos de la peor especie, ha recibido luz verde de Washington para utilizar a su Guardia Nacional, con todos  los medios militares posibles, para aplastar a las poblaciones que se han rebelado en el este y sur del país.

Para explicarlo, la casi totalidad de los medios de comunicación han sacado del baúl el viejo manual de estilo de la Guerra Fría, denominando patriotas ucranianos legítimos a los golpistas y separatistas, marionetas de Moscú, a los que se han levantado contra las normas xenófobas y fascistas decretadas por ese gobierno. Han olvidado de repente la procesión de dirigentes políticos norteamericanos y europeos, que iban a jalear (y a financiar) a la tropa nacionalista radical que utilizaba la estaca, el cóctel molotov y el rifle con mira telescópica, contra otros ciudadanos y contra cuerpos de policía legales, enviados por un gobierno salido de las urnas. El llamado periodismo objetivo nada quiere saber de una investigación imparcial sobre aquellos sucesos, a todas luces orquestados por los estadounidenses, como han llegado a reconocer ellos mismos. Tratan como consecuencias del conflicto (¿de qué me suena esto?) salvajadas como el incendio por los nazis del edificio de los sindicatos en Odesa con docenas de víctimas, minimizan el asesinato de civiles desarmados ante colegios electorales el día del referéndum o pasan por alto detalles tan reveladores como un discurso del nuevo gobernador de Jersón calificando a Hitler de libertador.

Por su parte, los dirigentes de los grandes partidos democráticos europeos siguen al pie de la letra la partitura escrita por Washington, con una letra que nos trae a los españoles el recuerdo de aquel: “Rusia es culpable”, de Serrano Súñer. Desarrollando aunque sea a regañadientes, las sanciones contra una Rusia que ha decidido recuperar un papel importante en la política internacional y que no está dispuesta a que le metan bases de la OTAN hasta en los lavabos del Kremlin, cosa que haría cualquier potencia en situación similar.

Impresiona la miopía de los dirigentes europeos que han contribuido a incubar otra vez el huevo de la serpiente en el Euromaidán y el seguidismo ciego de algunos conversos al atlantismo, sumamente interesados en no desentonar con los que han decidido darle una patada a Putin en nuestro culo y que él está devolviendo cumplidamente.

Y más alucinantes aún resultan las declaraciones de la señora Ashton, defendiendo el derecho al monopolio de la violencia por un Estado dominado por un gobierno surgido de un golpe de estado, compuesto por grupos antidemocráticos y las de Solana elogiando a su primer ministro Yatseniuk.

Ahora, más que nunca, la UE debería jugar un papel de moderador, oponiéndose al uso de la fuerza por parte de todos los sectores y apoyando una solución exclusivamente negociada y pacífica. Los socialistas y socialdemócratas deberían desmarcarse a toda marcha de la dinámica guerrerista hacia la que nos lleva la nueva confrontación USA – Rusia (ha comenzado a hacerlo tímidamente Sigmar Gabriel), oponerse al rearme y a los planes de expansión ilimitada de la OTAN y proponer un ámbito de colaboración entre Europa, EE.UU. y Rusia para resolver esta crisis y las que puedan venir, por vías pacíficas y diplomáticas, cerrando el paso a los elementos neofascistas que están resurgiendo al calor de estos hechos.

No se entiende el dogma de la indivisibilidad de Ucrania, después de la experiencia terrible de la ruptura de Yugoslavia (en la que también Europa tuvo su cuota de responsabilidad), del reconocimiento de Kosovo o de la partición pactada de Checoslovaquia. Y aún menos se explica la justificación del uso de la fuerza militar por un gobierno contra una parte de su población que, de sentar doctrina, podría traer graves consecuencias futuras en varios estados europeos afectados por tensiones territoriales internas.

Queda claro que hay cosas que cambian poco en la política internacional estadounidense, sean republicanos o demócratas los que estén en la Casa Blanca y nos hace recordar que nunca tuvieron escrúpulos a la hora de apoyar a dictadores como Franco o Salazar si esto les convenía para sus fines económicos y militares, aceptando el cambio democrático cuando ya era inevitable.

En las paredes del Sur y Este de Ucrania se lee en español: ¡No pasarán! Lema histórico de la lucha contra el fascismo, que ha vuelto al poder en un país europeo, esta vez de la mano - ¡quién iba a decirlo!  - de la UE y la OTAN.

De nuevo el fascismo, de nuevo la guerra, de nuevo en Europa