domingo. 26.05.2024
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La clase trabajadora, desde que el mundo es mundo, es la clase preferente, sin quienes el sistema, ya sea feudal, imperial, capitalista o de trueque, no funciona. Los trabajadores, estén insertados en el sistema que sea, siguen siendo trabajadores, cuya fuerza de trabajo es expoliada a cambio de las migajas de quienes más tienen y más acumulan, sin que esta acumulación tenga ningún tipo de beneficio más que para quienes la poseen, dejando a la sociedad vía impuestos otras pocas migajas, para justificar que esa avaricia sin medida continúe.

La lógica capitalista es tan salvaje que, incluso pagando una miseria de impuestos respecto a los beneficios empresariales, las empresas que más deberían de aportar, es decir, las multinacionales, corporaciones tecnológicas, empresas armamentísticas y demás lobbies del capital se permiten el lujo de pedir que estos sean reducidos con la excusa de que sin esa bajada las empresas serán insostenibles, recibiendo los mismos beneficios por parte del Estado a cambio de cada vez menores aportaciones.

En el trabajo estas lógicas se aplican con la misma vara de medir, reduciendo costes fijos a partir de bajadas salariales, despidos colectivos y una progresiva precarización de las condiciones laborales, como si detrás de cada trabajador no hubiera una familia o un proyecto de vida que se le niega simplemente para que los accionistas sean un poco más ricos cada día, sin el sudor de su frente, sino a costa del nuestro.

No somos más que un número, por mucho que el sistema se empeñe en decirnos que los problemas de salud mental, la precariedad o la imposibilidad de plantearnos un proyecto de vida digno se deben a cuestiones ajenas a la organización del trabajo, las estructuras económicas o incluso sociales.

La clase trabajadora debe organizarse para combatir a quienes nos niegan lo básico

La clase trabajadora debe organizarse para combatir a quienes nos niegan lo básico, lo que es nuestro por el simple hecho de habitar en este mundo, es decir, por lograr lo que todo ser humano debería tener sin la necesidad de ser explotado por el sistema.

Cualquier espacio en el que se encuentre un trabajador o trabajadora es un escenario susceptible para la lucha, desde la escuela, las casas del pueblo, en las fábricas, en tertulias e incluso en las redes sociales.

Para mí, y por mi naturaleza como sindicalista, el escenario principal debe ser el centro de trabajo, por ser el lugar donde se sustrae la fuerza de trabajo de los trabajadores, también por ser el espacio en el que se pueden reivindicar medidas que no solo afecten al tiempo de trabajo, sino que nos permitan también mejorar nuestras vidas en el escaso tiempo que pasamos fuera de el.

Debemos luchar por ser algo más que números, por reclamarnos como seres humanos con problemas, anhelos y proyectos familiares o personales. No podemos aspirar a un mundo en el que una inmensa minoría se anteponga a la mayoría, porque no es digno ni justo.

Espero que estas pequeñas reflexiones, que no pretendo que sean desvaríos inconexos, sino el cuerpo de una reflexión superior, les hayan servido para reflexionar a ustedes también.

¿Somos algo más que números?