martes 17.09.2019

Que el futuro de Madrid no dependa de la última canasta

En estos comicios el pescado se vende entre pocas opciones y las posibilidades de mayorías de izquierda solo tienen hoy dos nombres en Madrid

Comienza la semana de rebajas en la contienda electoral y el personal político compite para ver quién ofrece el voto útil más útil. Ya no se trata de convencer desde la credibilidad personal o la coherencia que se presupone a los programas de gobierno que con tanto trabajo y desvelos ocuparon durante semanas la vida interna de las candidaturas. Tampoco los años de presencia en la vida pública de las organizaciones políticas en las que sus representantes nos han zarandeado con una cosa y la contraria a veces sin despeinarse. Ahora la melé se organiza para ver quién coloca el balón por debajo y le da la patada para arriba. Si cuela, aunque sea la mayor impostura, la utilidad está servida.

Hemos visto mucho de este vaudeville en la reciente semana de pasión previa al 28 de abril con sus resultados correspondientes. Antiguos críticos despiadados de la constitución del 78 transmutados en sus apóstoles. Presuntos ultra constitucionalistas exhibiéndola como escritura de propiedad y asociando, con un par, su futuro a gentes que todavía andan llorando por la abolición del Fuero de los Españoles del régimen (este sí que era eso) franquista. En sus contradicciones y su inútil utilidad el que más o el que menos obtuvo rendimientos positivos o negativos. Pero la democracia queda hecha jirones

De manera que uno echa de menos a candidatos y partidos que en esta semana turbulenta nos ofrezcan algo más que el oportunismo rampante que nos agobiará cada día hasta superar la cuesta del 26 de mayo. Puestos a hablar del Ayuntamiento de Madrid, y excluida la opción de las tres fuerzas de la derecha municipal en liza como elementos de cambio hacia otra cosa que no sea el retorno al pasado, convendría visualizar las decisiones de voto por orden de prioridad.

La primera es que Madrid necesita afianzar el camino emprendido en las urnas tas 23 años de gobierno municipal del PP. En 2015 se rompió la supuesta y falsa maldición bíblica de mayorías de derecha inapelables. Habrá también que constatar que en esas elecciones, celebradas en medio de la tormenta aguda de la crisis del bipartidismo y sus consecuencias en el voto popular de centro izquierda, el único partido que no bloqueó una nueva mayoría de gobierno en esos momentos fue el PSOE y fue en Madrid. Fue excepción porque no pidió a cambio puesto alguno ni contraparte indirecta. De manera que facilitó y apoyó el nombramiento de la Alcaldesa Carmena que ahora se somete a la renovación de su mandato. Después, en una legislatura municipal, con componentes internos turbulentos en la minoría de gobierno, el PSOE no hurtó los apoyos para aprobar los cuatro presupuestos anuales necesarios para mantenerla en su gestión. Debates hubo (los habrá siempre) pero el resultado es ese. Y esa es la enorme utilidad contrastada del uso del voto socialista. Un voto útil con pedigrí.

La segunda nos sitúa en el cómo superar este último tramo con unas derechas que han moderado su lenguaje hasta el punto de casi enmudecer a sus candidatos. Algo así como lo de resguardarse a ver si escampa y de paso desactivar el voto de izquierda al que suponen reactivo solo a sus estridencias. Llamar a las urnas no es condición suficiente aunque necesaria. Hay que hacer algo más. Construir un relato para el uso del voto parece casi imprescindible. Y en el partido que se juega habrá que mover el banquillo para ganarlo. Porque arriba o abajo se puede perder por un punto. Hablar de opción política ganadora por encuesta con un sistema de elección de segundo grado como es la ley electoral española es la eterna cortina de humo que nunca parece despejada. El caballo ganador, al igual que en la tradicional carrera del Palio medieval italiano, se consigue por alianzas. Es ahí donde se consolidan las mayorías para gobernar. Y es en este tramo semanal decisivo donde hay que soltar lastres y afianzar las autenticas mayorías de progreso. Las que pueden hacer que Madrid continúe y mejore en el camino ya emprendido desde 2015. Las que hicieron que la izquierda gobernase en alianza (PSOE-PCE) desde 1979 a 1989. No, las mayorías de cambio no son nuevas en nuestra ciudad y sus resultados han sido siempre óptimos para la ciudadanía.

Siempre nos asaltarán las tentaciones. La primera es el uso de los minutos de gloria que disfrutan algunas candidaturas teloneras cuyo principal peligro es perder la opción de consolidar una mayoría suficiente para que la izquierda gobierne en Madrid. Sucedió en las autonómicas últimas en las que por un solo diputado no ha habido gobierno presidido por Ángel Gabilondo estos años. Y la última canasta nos la metimos en propia. Hay quien por captar un voto de rechazo visceral tilda miserablemente de derechista a la candidatura de Manuela Carmena. Que se lo hagan mirar.

Pero hay también la tentación de caminar solo. Hay equipos legendarios como el Liverpool que cantan incluso que tal cosa no debe hacerse nunca. Porque la utilidad del voto no está únicamente en su emisión sino en el uso que se hace de él. Si este argumento sirvió para las elecciones generales recientes deberá de servir para estas con mayor motivo. En estos comicios el pescado se vende entre pocas opciones y las posibilidades de mayorías de izquierda solo tienen hoy dos nombres en Madrid. En ese contexto, que el PSOE y su candidato Pepu Hernández afiancen la mayoría alcanzada en 2015 parece decisivo. Supo hacer entonces buen uso y generoso de ella y habrá que remunerárselo por decencia política también. Derrotar a las tres derechas en fundamental para tener una mayoría estable y holgada en nuestra ciudad. Y este partido si queremos ganarlo es cosa de dos. Para que nuestro futuro no dependa de la última canasta. Vamos

Que el futuro de Madrid no dependa de la última canasta