domingo 23.02.2020

El fiasco del encuentro gastronómico Madrid-Barcelona. Un diálogo trilero

dialogos 4Hace una semana todos los participantes de un encuentro gastronómico organizado en noviembre de 2017 entre ambas ciudades, del que tan orgullosos al menos nosotros seguimos estando, recibimos una invitación individual y privada para asistir a la presentación de un libro denominado “Diálogos” que organiza unilateralmente el Gremi de Barcelona y en el que diferentes personas residencian sus conversaciones en 12 restaurantes de ambas ciudades. ¿Cuáles los de Madrid? Sorpréndanse. Algunos de cuyos propietarios ni excusaron su no asistencia a aquel evento y ninguno de los que se implicaron en un supuesto proyecto que nunca existió. Constituye por tanto, para los incautos que creímos que esto no era un trile, un fiasco completo, una ausencia de ética y una falta de respeto profesional lo que se presentará en Barcelona el próximo 1 de abril. Un diálogo de algo tan importante no es ni puede ser un permanente Photocall y menos una apropiación individual e indebida de una idea de otros, en un proyecto formalmente compartido, para exclusivo y único objetivo de proyectar intereses particulares, comerciales o de imagen ante las instituciones o la pública opinión. Pero así fue y es. Y por ello así lo contamos en estas líneas no exentas de frustración.

Para los que creen que han inventado genéticamente el marketing cabe recordar en el refranero castellano aquello de “Vale más una onza de trato que una arroba de trabajo”. O sea que el tema viene de antiguo y bastante universal.  Poner en valor la imagen es sin duda un elemento esencial de la era digital que aun siendo un asunto eterno nadie duda de que se potencia exponencialmente con la evolución de la tecnología en las redes sociales. Ello tiene el peligro constatado de que detrás de una imagen no haya más que eso y de que su uso manipulativo, abusivo u oportunista pueda conducir a distorsiones completas de la realidad.

Sin hacer mucha historia, el origen de todo aquello fue una entrevista solicitada por el gerente del Gremi de Restauració de Barcelona, Roger Pallarols,  al que tuve ocasión de conocer a instancias de la Directora General de Comercio y Emprendimiento del Ayuntamiento de Madrid, Concha Diez de Villegas. Publico los nombres por el solo valor de conocimiento de hechos totalmente constatables. La propuesta del Gerente del Gremi expuesta en una terraza de la Plaza Mayor de Madrid en un día soleado de otoño era única y estrictamente profesional: Un acuerdo para cooperar en los problemas comunes sobre el uso de las terrazas en vía pública y un proyecto para compartir un sello de excelencia entre restaurantes de Madrid y Barcelona que ya estaba en funcionamiento en la ciudad catalana. Ambos proyectos parecían sugerentes entre dos ciudades que compiten pero son a la sazón referencia de la imagen internacional de España por motivos mayoritariamente diversos, aunque no todos deseables.

Acogimos la idea con entusiasmo por razones profesionales pero mucho más –especialmente- por el significado de lo que ello suponía en un momento de máxima frustración entre las personas que consideramos que hablar en una mesa de los problemas es la única forma de empezar a resolverlos. Acababan solo unos días antes de detener a los conocidos como “los jordis” en Barcelona y en el contraste de ese momento dramático que olía a pólvora se perfilaba por el contrario un dialogo amable del que surgió la propuesta madrileña “Todo esto está bien, pero a este encuentro y a estos acuerdos hay que darles visibilidad publica hoy más que nunca” Dijimos. Y así nacieron aquellos eventos del dialogo gastronómico entre Barcelona y Madrid. Esta vez la “onza de trato” la puso Castilla por aquello de ser propietarios del refrán.

Pero luego vino la “arroba de trabajo” y junto a personas que se implicaron desde el minuto 0 (y esto es literal) como fueron la Alcaldesa Manuela Carmena, la periodista Rosana Torres y la Editorialista Ángeles Aguilera, en muy pocas horas se consiguió la complicidad de numerosas personas y destacados profesionales que participaron en aquel memorable encuentro a la luz pública en una terraza de la Plaza Mayor de Madrid. Y ese día parecía veraz que ese esfuerzo por dialogar más amplio que la gastronomía tenía como fundamento una cooperación estrecha entre profesionales de ambas ciudades que hablando de lo suyo –como en el caso del panadero de la mano invisible de Adam Smith- contribuyen al diálogo de otros. Solo que eso implica una condición indispensable: Hay que hacer pan.

Para hacer pan y antes de un segundo encuentro (esta vez en un restaurante cerrado y aislado del Port Olimpic de Barcelona, al que acudió un nutrido grupo de los participantes en Madrid, con su Alcaldesa a la cabeza, trasladándose en un vagón del AVE organizado por el Gremio de Restauración de la Plaza Mayor y Madrid de los Austrias) propusimos a nuestros colegas del Gremi un Convenio en el que materializar las propuestas profesionales de las que habíamos hablado y del que guardamos copia por si es de interés comprobar lo que aquí se dice. Nos trasladamos para ello a Barcelona varios miembros de la Junta de Madrid y se nos dijo –no sin razón- que esto era un paso posterior y que no debíamos mezclar los encuentros con ello. Así lo convinimos y conocido resulta que es propio  de catalanes sostener la palabra dada. Pero lo cierto es que desde el 12 de febrero de 2018 de aquel asunto nunca más se supo. Y nosotros afanados por seguir haciendo nuestra fanega de trabajo nos olvidamos del tema. Al menos habíamos contribuido a generar una imagen positiva de un diálogo cuando esta parecía imposible o muy difícil. Misión cumplida. Punto.

En esa misión cumplida nos dejamos algunos pelos en la gatera. No pocos y cualitativos clientes dejaron de acudir a la terraza madrileña donde se celebró el encuentro. No pocas presiones de todo tipo tuvimos esos días para que el encuentro se hiciese con menos exposición pública. No escasas fueron las críticas e insultos despiadados al respecto en redes sociales. Y desde luego fueron no pocas y significativas algunas ausencias que declinaron asistir a aquel encuentro por parte de representantes gremiales de la hostelería española y madrileña. Unos por excusa de asistencia y otros por inasistencia de la misma sin excusa. Fueron y son los aprecios y desprecios que siempre suceden en casos donde el compromiso ético se pone por encima del negocio. Y es conocido que hay quien solo aprecia el segundo. Hoy, sin embargo, dan cobijo a estos nuevos “diálogos” de papel cebolla. Sabemos que lo sucedido no es una suerte de engaño habitual en Catalunya. El que esto escribe tiene un aprecio profundo por ella y sus gentes. Es, eso sí, un comportamiento inaceptable de carácter interterritorial y transversal común a todos los mortales y geografías. Pero se ha residenciado en aquí, ahora y en esto. Qué le vamos a hacer.

El fiasco del encuentro gastronómico Madrid-Barcelona. Un diálogo trilero