martes 30/11/21

¡Vete al médico!

 

Un diputado popular de nombre Carmelo Romero, tuvo ayer su minuto de gloria por obra y gracia de la chabacanería con que profirió un grito al terminar Íñigo Errejón su exposición sobre las repercusiones de la pandemia en la salud mental de los españoles. El diputado de Más Madrid solicitaba al Gobierno que se doblara el número de psicólogos que ejercen en la sanidad pública (en España estamos tres veces por debajo de la media europea) y Carmelo Romero bramó  «¡Vete al médico!» con una ordinariez que provocó la protesta de la mayoría de los parlamentarios (incluidos algunos del PP) en forma de aplausos de apoyo al diputado abroncado. Previamente, Íñigo Errejón ya se había quejado de que cuando hablaba se escucharan «risas en la bancada de la derecha». La reacción de la ministra de Hacienda María Jesús Montero fue inmediata: «Como médica así se lo digo: el Grupo Popular debería pedir perdón por las palabras que uno de sus diputados ha proferido respecto a la ridiculización de la salud mental».

Apenas unos minutos tardó el diputado Carmelo en publicar en las redes: «Pido disculpas al señor Errejón por el comentario que he realizado en la sesión de control al Gobierno. Ha sido una frase desafortunada. ¿Pero quién  es Carmelo Romero?  Tal vez fuera suficiente con reseñar que el diputado Romero fue la persona que sustituyó a Juan José Cortés —otro nada ilustre político—  como cabeza de lista del PP por Huelva en 2019. También ayudaría a conocerle mejor saber que fue él quien elogió un poema prolífico en ripios que ensalzaba a Franco y quedó inmortalizado en un azulejo («Cuando mandaba Franco, todos teníamos dinero en el banco…»). Sin embargo, la consagración le ha llegado a Carmelo con una frase que alcanzará tanta o más fama que aquellas de «¡Todo el mundo al suelo!» o «¡¿Por qué no te callas?!».

Tal vez la rapidez de Carmelo Romero en pedir perdón obedezca a un hábito adquirido tras mucho errar por su tendencia a la verborrea  oprobiosa. Pero centrémonos en la falta más allá de la disculpa, y preguntémonos que necesidad impulsó a este personaje a dejar al descubierto su falta de calidad humana y tal vez su condición de mala persona. Íñigo Errejón acababa de ofrecer tres datos terribles. Uno aludía a que seis de cada diez españoles (según el Centro Superior de Investigaciones Científicas) presentan actualmente manifestaciones clínicas de ansiedad y depresión; otro informaba de que siete de cada diez jóvenes sienten angustia ante el futuro; y el tercero reseñaba que diez personas se suicidan cada día en España. ¿Como ante una intervención parlamentaria tan delicada puede haber un ser humano capaz de vomitar una verborrea tan hiriente y nada sensible al dolor ajeno?

Hace sólo unos días escribía en esta misma sección acerca de la falta de clase y de estilo en los políticos actuales. Desgraciadamente tenemos un nuevo ejemplo que añadir a la hemeroteca del despropósito, cuando en las bancadas de los gobiernos, tanto central como autonómicos, es común encontrarse con hooligans de tercera regional sentados en escaños que deberían ocupar dignos representantes del pueblo dotados de inteligencia, ecuanimidad, rectitud, justicia, preparación, dotes oratorias, cortesía, elegancia, educación y  sobre todo bonhomía. Es sólo una cuestión de estilo, algo de lo que Carmelo Romero debe adolecer si en su ignorancia da por solucionado su error con sólo haber pedido disculpas a Íñigo Errejón. La ofensa no ha ido sólo contra el diputado de Más Madrid sino contra aquellos que sufren una patología (ya no sólo mental) y por culpa de la coyuntura actual no pueden acceder con normalidad y rapidez a sus médicos de familia y especialistas; aquellos cuyas enfermedades tienen carencia de profesionales (como sucede con los psicólogos clínicos); aquellos que ven demorada la espera quirúrgica hasta que la inmunidad de la población permita una fluidez y normal acceso a los hospitales y centros médicos.

La problemática que nos acucia no es sólo una cuestión de enfermos, sino también de las repercusiones en sus cuidadores y en sus familiares directos. Y además, el agravio del diputado Carmelo también supone una burla contra los profesionales de la salud (entre los que me incluyo) que desde hace ya más de un año soportan jornadas laborales siempre superiores a las horas que se les retribuyen, y en unas condiciones de precariedad, falta de recursos (incluso  humanos), exposición al estrés y una incidencia cada vez más alta de trastornos psicológicos que amenazan con mermar su operatividad.

A todas estas personas debería haber pedido perdón el impresentable diputado del Partido Popular protagonista de este artículo. Sin embargo, lo más probable es que mas tarde o temprano vuelva a sorprendernos con otra de sus alocuciones tabernarias (con todo mi cariño a las tabernas, esos entrañables establecimientos donde tan bien se come y mejor se bebe) impropias de ser proferidas un sacrosanto lugar como es el Congreso de Diputados

Me gustaría arrancar como colofón alguna sonrisa, y lo haré con un homenaje a quien hace unos decenios fuera profesor en un instituto de Teruel de una medio novia que tuve en mi penúltimo año de Medicina. Se trata de José Antonio Labordeta quien en una entrevista, declaró que estando en la tribuna de oradores del hemiciclo del Congreso, algunos le increparon diciendo: «¡Labordeta, con la mochila. Vete con la mochila!», a lo que otro vocero añadió «¿Qué me dices, cantautor de las narices?», y Labordeta, en un momento de esos que todos tenemos de vez en vez, alzó la voz y dijo «Vete a la mierda. Dejadme tranquilo. Quiero hablar y no me dejáis hablar». Y es que, hasta para mandar a la mierda a quienes nos increpan, hay que tener cierta clase.

¡Vete al médico!