domingo. 14.07.2024

Ainhoa Mela | @ainhoacriticas

Con las heridas de una guerra todavía por cerrar y una memoria democrática más presente que nunca, vuelve de entre las sombras la figura de uno de esos maestros asesinados durante los años más oscuros de nuestra historia. 

Oculto para el público entre los miles de nombres victimas de la guerra, Antoni Benaiges permanecía sólo en la memoria de los habitantes de Bañuelos de Bureba, el pueblo de Burgos al que el maestro catalán llegó desde Tarragona cargado con un método pedagógico demasiado innovador para un pueblo de la España más católica y conservadora. La defensa de la educación laica, abierta y tolerante le granjeó no pocos enemigos a un maestro que prometió a sus alumnos llevarlos a ver el mar que nunca habían visitado y que creían muy grande y muy hondo. Las milicias falangistas que llegaron a la localidad en 1936 impidieron a Benaiges cumplir su promesa. Apresado, torturado y asesinado, los restos del maestro fueron a parar a una fosa de las tierras castellanoleonesas que todavía no se ha podido encontrar. 

El maestro que prometió el mar” nos acerca a la historia de miles de familias en busca de los seres queridos que todavía quedan en las cunetas

Más de 80 años después de su muerte, la directora Patricia Font rescata la historia en un largometraje que huye del biopic en pos de la denuncia. Junto a la de Benaiges, “El maestro que prometió el mar” nos acerca a la historia de miles de familias en busca de los seres queridos que todavía quedan en las cunetas. Con el personaje ficticio de Ariadna, una joven que busca a su bisabuelo en la fosa de La Pedraja exhumada en 2010, la película trae el drama de los asesinados al presente, sirviendo de recuerdo de las heridas todavía abiertas.

Dos historias, pasado y presente, se entrelazan en un baile desequilibrado. Frente a la historia de Ariadna, menos construida y que sólo sirve de recuerdo de las heridas abiertas, se abre paso la realidad triste, emotiva, efectista y cautivadora de Benaiges, reconstruida con tanta meticulosidad que llega a perderse en los detalles. Son la belleza de la historia y la gravedad del drama los que salvan lo largo que parecen hacerse algunos minutos del metraje.

La historia de Benaiges cautiva, pero más lo hace la actuación de un Enric Auquer que demuestra una vez más ser uno de nuestros actores más polifacéticos. La luz del actor inunda la pantalla y nos hace creer que aquel maestro soñador y revolucionario está frente a nosotros. No sabemos cómo gesticulaba o el acento con el que hablaba, pero sí vemos que el Benaiges de “El maestro” habla con marcado acento catalán, recordando lo extranjero que parecía un hombre transgresor en una tierra de tradición. Obligado a tomarse licencias artísticas al construir las capas de un personaje muy desconocido en nuestra historia, Enric Auquer arriesga y gana para meterse de lleno en una carrera por el que podría ser su segundo Goya.

Una historia que llega desbordando compromiso con una verdad y una historia más presentes que nunca

A él le acompaña la actriz Luisa Gavasa, quien interpreta magistralmente a una de esas mujeres atípicas que llenaban de luz la oscuridad de los pueblos con sociedades cerradas. Viuda de un comerciante catalán con el que no tuvo hijos, Charo sabe leer y se interesa por las enseñanzas de un maestro que como ella dice, es el más raro de los que habían pasado por allí. Juntos nos dan momentos de esperanza, de empatía y de una emoción que contiene todo el temor que llevaba a Charo a proteger a un hombre que sobresalía demasiado sobre el resto. 

Laia Costa y su actuación sobria y emotiva completan el trío de protagonistas de un reparto coral que saca toda la belleza de una historia que, aunque melosa por momentos, llega desbordando compromiso con una verdad y una historia más presentes que nunca. 

La belleza y compromiso de honrar la memoria de los muertos que no caen en el olvido