domingo. 26.05.2024
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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Caracterizada siempre por sus emblemáticas gafas de sol y peineta, Martirio es uno de esos ejemplos en los que la pasión y la música se dan la mano. Bajo una imagen enigmática y sofisticada, se esconde María Isabel Quiñones Gutiérrez, una artista vanguardista que, desde su debut en los años 80 junto al grupo Jarcha, no ha parado de cantar y triunfar en los escenarios. Pionera de la copla moderna, es siempre un placer escucharla y dejarse llevar por su arrebato poético.

“La mujer y la copla en nuestra educación sentimental” es el título del concierto-coloquio que tendrá lugar el próximo miércoles 15 de mayo en el emblemático Teatro del Barrio de Madrid. Se trata de una interesante reflexión en la que Martirio busca debatir sobre la importancia de la copla en nuestra educación sentimental y su significado histórico como género, así como la implicación de las mujeres con estas canciones. Un evento enriquecedor en el que, además de proponerse temas de reflexión, la cantante onubense también cantará.

Aprovechando esta interesante ocasión, hemos tenido la oportunidad de reunirnos con Martirio para reflexionar un poco sobre la copla y su papel en la sociedad.

Vicente I. Sánchez | Hay mucha gente que piensa que la copla es algo del pasado que ya no volverá. ¿Cuál es la vigencia de este género?

La música de la copla es maravillosa e inigualable

Martirio | La música de la copla es maravillosa e inigualable. Las letras son de alta poesía, no todas, claro, pero hay muchísimas que perdurarán para siempre porque tratan asuntos que nos conciernen y nos seguirán concerniendo toda la vida. Es una verdadera escuela de interpretación, de vocalización, de afinación, de saber pasear por un escenario, de teatralidad... Hay coplas que han superado el filtro del tiempo y, evidentemente, otras que no. Hay canciones que yo no canto porque a día de hoy no puedo suscribir ese tipo de letras, pero hay otras que llevo cantando toda la vida. Por ejemplo, “Torres de arena”, “Tatuaje”... son coplas para toda la vida.

Tienes fama de ser una artista muy apasionada que sabe darle un toque muy personal a las letras. Supongo que además es importante adaptarlas al siglo XXI. ¿Cómo haces tuyas las coplas?

Hay muchas coplas que, cambiándoles el género, les das una vuelta de tuerca de 50 años

Hay muchas coplas que, cambiándoles el género, les das una vuelta de tuerca de 50 años al asunto. Las vuelves modernas en el acto. Como en “La bien pagá”, que yo la canto en femenino, o como “No me quieras tanto”, donde en la original dice “yo tenía 20 años y él me doblaba la edad” y yo le cambio el género y ahora es ella la que tiene 40.

Luego hay otras que son una belleza de letra y música, pero que yo no cantaría, como por ejemplo, “Dime que me quieres”, que dice: dime que me quieres aunque sea mentira, pero dímelo. Eso no ha envejecido bien. Otro ejemplo es aquella canción en la que una mujer está esperando a que llegue el marido y se queda sin dormir hasta altas horas de la madrugada... No, eso no me gusta. Yo siempre le doy una vuelta de tuerca y hasta el más machista es capaz de entender la ironía.

Al final, la clave es no copiar, sino intentar ser creativo. La copla permite mucha creatividad.

A las grandes obras siempre se les puede dar un toque personal, hacerlas tuyas

Así es, puedes hacer una copla vestida con ropa de limpiar y con un toque de cabaret alemán, o la puedes hacer con todos los perifollos y parafernalia que se te ocurran. Es algo parecido a hacer una obra de Shakespeare con decorados del siglo XVI o darle una vuelta y hacer la obra con trajes de Armani. A las grandes obras siempre se les puede dar un toque personal, hacerlas tuyas. Lo importante es no copiar, aportar personalidad y aprender de los maestros. Mejor que Concha Piquer no se puede hacer, pero le puedes dar tu personalidad.

Es muy divertido experimentar con la copla. Se puede adaptar a otros géneros como flamenco, bulerías, tango argentino, jazz... Por eso, es música con gran vigencia. No se siente antigua.

Vivimos en un mundo en el que la inmediatez tiene un papel fundamental. La música claramente se ha visto afectada.  ¿Qué te parecen los nuevos rumbos de la industria?

Creo que hoy se hace mucha música kleenex, de usar y tirar

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Yo creo que hoy se hace mucha música kleenex, de usar y tirar. Pero si sabes buscar, verás que hay muchos músicos muy buenos y preparados. Mi hijo Raúl es un pedazo de músico y compositor alucinante. Tengo a Pedro Pastor, el hijo de Luis Pastor, que me encanta y es un artistazo. Hay gente joven muy buena, pero lo cierto es que no se están escuchando y les cuesta encontrar su sitio. Lo que se escucha es muy homogeneizante, muy borreguizante. Eso no quiere decir que no haya música moderna muy buena; hay raps maravillosos y una gran electrónica, pero la mayoría no tiene categoría para perdurar. Sin referencias, cualquier cosa que escuches te parece buena.

La realidad es que la gente de hoy tiene poco tiempo para dedicarle a la música que se hizo antes. Yo nunca fui así. Recomiendo acercarse a grandes maestros y a la increíble música que se hizo en los 70 y 80. Hay que mirar atrás y entender lo que hicieron los grandes grupos y los grandes solistas, ver esas poesías y esas canciones. Entender de qué están hablando. Una canción te puede ayudar a crecer, a reflexionar y ayudar en momentos de bajón. Es necesario estudiar.

Es muy importante también apostar por las nuevas tendencias para llegar con los clásicos a los más jóvenes. El Niño de Elche, Rosalía o Rodrigo Cuevas son todo un ejemplo.

Sí, me encanta Rodrigo Cuevas, me fascina no solo cómo está recuperando la copla, sino todo tipo de canciones populares. Lleva esa música a un terreno de vanguardia, con arreglos increíbles. Gracias a ello, muchísima gente joven se está interesando.

Gracias Martirio. Nos vemos en el Teatro del Barrio.

Martirio: revolucionando la copla para el siglo XXI