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viernes. 30.09.2022
EDITORES ANTE LA CRISIS

"Editar nunca fue un buen negocio económico, pero hoy lo es menos que nunca"

Miguel Ángel del Arco Blanco, director de Publicaciones de Comares Editorial, analiza en esta entrevista la situacion por la que pasa el sector.

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Fotos: Filip Sykora.

Cazarabet | ¿Cómo nace la Editorial Comares y con qué objetivos?" 

A veces uno lee Babelia y cree que está leyendo un folletín de las editoriales que pertenecían al Grupo Prisa

Miguel Ángel del Arco Blanco | Comares se funda en 1983, en un momento culturalmente muy interesante para España: después de casi cuarenta años de dictadura, se produce una explosión de nuevas editoriales en nuestro país, entre las que se encuentra la nuestra. Hay necesidad de crear pensamiento, de difundir ideas. La población española estaba entonces ávida de libros, quizá por los años de censura, pero también porque no existían las nuevas tecnologías y el libro era una de las formas principales de acceder al conocimiento.

Desde un principio fue un reto fundar una editorial en Granada: una ciudad con intensa vida cultural en Andalucía, pero muy aislada de todo (algo que no ha cambiado demasiado hoy día). Además, desde el principio tuvimos que competir con las grandes editoriales, todo un reto si no un imposible. Comenzamos editando sobre todo obras jurídicas, pero nos fuimos abriendo a otros campos del conocimiento, fundando incluso una colección de poesía. No teníamos muchas esperanzas de sobrevivir más de un año. No obstante, llevamos más de tres décadas en marcha, y a día de hoy rozamos los 3.000 títulos publicados. Y quién nos iba a decir que íbamos a ocupar el puesto número 12 de editoriales españolas en Humanidades y Ciencias Sociales (año 2014).

¿Por qué Comares?

El nombre de la editorial puede parecer un misterio, pero no lo es tanto: “Comares” es el nombre de uno de los palacios más importantes de la Alhambra de Granada. Un palacio que da nombre a la torre más alta del conocido monumento. Queríamos con este nombre hacer un guiño a nuestra ciudad, pero optando a alcanzar una dimensión universal, como en el fondo debe ser todo conocimiento. Comares es, así algo muy propio de Granada, pero que para la mayoría de las personas no se relaciona exactamente con nuestra tierra.

¿Quién o quiénes eran las personas físicas, detrás de Comares en los 80?

Entonces se encontraban los dos socios fundadores: Miguel Ángel del Arco Torres y Mario Fernández Ayudarte. Desde el principio se entendieron perfectamente porque ambos delimitaron bien sus funciones. El primero de ellos, juez de instrucción en Granada y con una amplísima cultura, se dedicó a buscar autores, títulos y seleccionar los contenidos. El segundo se encargó de un reto si cabe mayor: garantizar la gestión del día a día de la editorial, asegurando la calidad de la producción y de los libros editados.

¿Con qué medios se partió como editores en un momento que no era fácil?

Se partió de cero. Ambos socios pusieron un capital mínimo para comenzar a funcionar. Durante años, Comares se encontró en la trastienda de una papelería céntrica de Granada. Cuando fueron despegando, nunca repartieron beneficios, sino que lo invirtieron en el negocio.

Actualmente, ¿Cuál es el equipo humano de Comares?

Las cosas cambiaron mucho en los noventa. Hubo una expansión en el negocio editorial en España pero, a comienzos del siglo XXI, esa “burbuja editorial” comenzó a desinflarse. En Comares, como en otras editoriales, el grupo humano se redujo. En la actualidad somos 5 personas los que estamos embarcados en el proyecto, sin olvidar el trabajo que se encuentra fuera de nuestros talleres (impresión, encuadernación…). Creo que el personal goza de una experiencia poco usual en el siempre voluble mundo editorial y, sin duda, termina siendo el secreto de la marcha de la editorial.

¿Desde qué filosofía surge Comares? ¿Cuál es vuestra idiosincrasia, vuestra razón de ser?

Desde el principio, nuestro objetivo fue la edición de obras jurídicas, literarias, científicas y artísticas, inspiradas en el humanismo. Ya entonces entendíamos el libro como el más importante instrumento para la difusión de la cultura y no como una mercancía sometida a las presiones del mercado. Después de más de 30 años, y quizá ahora más que nunca, esos objetivos permanecen vivos. La cultura no es sólo deleite y diversión: también es instrumento de cambio, es instrumento de transformación. Frente a los grandes problemas sociales que tenemos, el conocimiento es la única salvación, el arma que siempre ha hecho a los seres humanos más conscientes y más libres.

¿Bajo qué ilusiones salisteis a la calle? ¿Conserváis esas mismas ilusiones?

 El Estado ha dejado de financiar muchos proyectos editoriales

Totalmente. Vivimos en el presente y, como tales, nos preocupa lo que sucede a nuestro alrededor. Y todo, a pesar de las dificultades del negocio: porque las cosas, sinceramente, están cada vez más difíciles para las pequeñas editoriales.

¿Con qué perspectivas de futuro estáis hoy en el  día a día?

La situación es tan difícil que, honestamente, no sería exagerado afirmar que aspiramos a resistir. El Estado ha dejado de financiar muchos proyectos editoriales, las compras de bibliotecas públicas se ha reducido a casi cero, hacemos frente a la piratería (acrecentada por el fenómeno digital), a la siempre difícil búsqueda de originales…

Vivimos un panorama en que las pequeñas editoriales están cayendo o, sencillamente, durmiéndose en el olvido sin publicar nuevos títulos. Comares resiste, que no es poco. Pero tiene que reinventarse, poco a poco. Para ello estamos virando nuestras publicaciones, potenciando cada vez más la rama de Humanidades y Ciencias Sociales.

COMARES, UNA EDITORIAL MULTIFACÉTICA

¿Hubo alguna editorial de referencia para Comares en el momento de su aparición?

Es difícil dar un nombre. Comares es una editorial multifacética y, para cada línea editorial, quizá hay una precedente que admirar. En Derecho, sin duda el ejemplo a seguir fue Aranzadi (al menos en los 80-90). En literatura y poesía, pequeñas editoriales hoy desaparecidas como Trieste, dirigida entonces por Andrés Trapiello (hoy director de nuestra colección “La Veleta”); y por supuesto, El Acantilado o Pretextos, dos joyas de la edición española. En Historia el referente para nosotros es Crítica, pero la editorial de los 80 y 90, no la línea editorial seguida actualmente. Es siempre difícil dejar otras fuera, tales como Fondo de Cultura Económica, Ariel, Siglo XXI o Akal.

Contadnos, ¿cómo ha sido (desde vuestra fundación) vuestro camino como editores y cómo está siendo, en estos tiempos en que esto del libro y el oficio de ser editor está siendo “harto difícil”?

La venta de libros en España ha caído en picado

Cuando Comares comenzó, sucedía algo que hoy no sucede: los libros no se venden. Esto ha provocado que las tiradas se reduzcan de forma espectacular, aumentando los costos de edición. Editar nunca fue un buen negocio económico, pero hoy lo es menos que nunca.

Otro reto es el mundo digital, el libro electrónico: van pasando los años y no se impone, los precios siguen siendo demasiado altos… y además, el ebook propicia el pirateo y la copia, algo que hunde el negocio.

Y otro gran reto: las grandes editoriales. Sencillamente no podemos competir con ellas. Grandes grupos como Random House Mondadori o Planeta. No son ya editoriales, son grupos mediáticos. Cuando uno de sus libros ve la luz, el autor puede aparecer en un programa de televisión, aparece publicidad por doquier. Las pequeñas editoriales no podemos hacer eso. También somos el eslabón más débil de la cadena: cuando una librería o un distribuidor tiene que solventar sus facturas, somos lo últimos en la cola. Nuestros libros pueden ser prescindibles, pero no los best-seller que las grandes publican.

Otro problema son las librerías: cada vez quedan menos. No se han especializado, salvo excepciones, lo que hace que sean un eslabón cada vez más prescindible. Es en esta esfera, pensamos, donde el proceso editorial va a sufrir más transformaciones. Cazarabet va, bajo nuestro juicio, en el buen camino, dado que ofrece unos servicios que las demás no ofrecen.

Pero el gran problema, como hemos señalado, es que la venta de libros ha caído en picado.

¿Qué temáticas quiere y/o acaricia Comares?

A grandes rasgos, podemos afirmar que apostamos por el ensayo, por el pensamiento. Esto incluye obras de todos los campos de las Humanidades y las Ciencias Sociales. Estamos especialmente orgullosos, no obstante, de nuestra línea jurídica, de la filosofía y, recientemente, de la colección “Comares Historia”.

Desde el compromiso y desde las temáticas humanistas, ¿se puede hacer, también, buena literatura?

Claro que sí. El problema es que, en este ámbito, las pequeñas editoriales tenemos las de perder. Editar un buen libro de literatura es muy difícil. Básicamente porque hay pocos. Después porque nuestra comercialización no es la de las grandes editoriales y los autores nunca quedarán contentos. Y finalmente porque, si el libro es bueno y tiene éxito, el autor siempre aspirará (legítimamente) a publicar en una gran editorial. Ser cantera de las grandes editoriales puede tener sentido pero nosotros preferimos optar por otro camino. Tenemos una colección de poesía y narrativa, “La Veleta” que, como señalamos, está dirigido por Andrés Trapiello. Son libros de un diseño único y también de unos contenidos únicos. Hemos publicado a José Carlos Mainer, a Joan Margarita, a Andres Neuman, al propio Trapiello, a García Martín… pero también a “clásicos rescatados” españoles como Leopoldo Panero, Eugenio d’Ors, Gutierrez Solana, Lasso de la Vega, Luis Pimentel… E incluso hay espacio para grandes clásicos, en ediciones bilingües, de la literatura universal: Quasimodo, Shakespeare, Keats, Stevenson, Emily Dickinson… y hasta el propio Horacio.

¿Qué tirada tenéis, más o menos, por cada título?

Muy corta. Rondan entre los 300-500 ejemplares. No se trata de arriesgar poco: si publicamos más que eso, salvo en libros excepcionales, quedarán en el almacén.

Ya sabemos cómo los peces grandes se van comiendo a los chicos y en esto del mercado editorial y de los medios de comunicación, con los grandes grupos y demás, es bestial. Aquí la prensa y los medios deberían, deberíamos, jugar un papel más que importante. Decidme ¿cómo os trata la prensa?

Si hicieses una encuesta entre las pequeñas editoriales, no sólo Comares, todas te dirían que fatal. Sencillamente, no existimos. Los grandes grupos editoriales dominan las revista culturales y los suplementos de los periódicos. A veces uno lee Babelia y cree que está leyendo un folletín de las editoriales que pertenecían al Grupo Prisa. He visto libros reseñados que, animado por los comentarios, compré… y mi decepción fue tremenda. En cambio, editoriales como los Libros del Asteroide, Gadir, Capitan Swing (o algunas editoriales universitarias) que están realizando una labor admirable, casi no están presentes.

En fin, por nosotros que no quede: con cada libro que publicamos remitimos un mailing a distintos medios de comunicación, pero la respuesta en muchos casos suele ser el silencio. A veces nos salvamos, eso sí, por algunos periodistas avezados y amantes de los libros que, con mucho empeño, hacen entrevistas a los autores. Pero esto suele suceder a escala local o regional, nunca nacional.

Explicadme, por favor: ¿cómo escogéis lo que vais editando? y ¿cómo os planteáis el tratamiento del material?

Esta es una de las partes más difíciles de la edición: seleccionar lo que se publica. Es lo que hace al editor importante, no el libro en sí mismo. El aval del editor garantiza, en teoría, el interés y la calidad del libro.

Recurrimos a directores de colección que son los que analizan los originales. Cuentan, para ello, con la ayuda de un grupo estupendo de especialistas que, cuando se les pide, realizan informes anónimos.

¿Cómo te vas acercando a las obras que vas publicando: más bien como editores, más bien como investigadores o más como lectores?

Buena pregunta. Ser editor implica estar más de lado de los lectores que de los investigadores. No obstante, el haber escrito anteriormente te prepara para saber de la dificultad de elaborar un manuscrito, de un enfoque, de una perspectiva. Pero la mayoría de las veces el editor tiene que pensar en el lector, acercarle un producto que sea de su interés, que cumpla con sus expectativas, y que sea entendible. Cuando hablamos de ensayos, es difícil porque, en el fondo, estás juzgando la preparación que tendrá el posible lector.

También hay que pensar, por ejemplo, en los gustos, en las modas. Al final esto es un negocio y los libros se editan para que se vendan y, sobre todo, sean leídos. Invertir en una obra de poca calidad o que no va a encontrar salida no tiene demasiado sentido.

¿Cómo los vais descubriendo, tanto a los escritos como a algunas plumas y cómo hacéis la selección? 

Tenemos, en nuestra web, una pestaña dedicada al envío de manuscritos. Cualquier autor puede hacernos llegar su propuesta o su proyecto. Después, los libros funcionan como una madeja: un autor que ha publicado con nosotros quiere repetir, o recomienda nuestra editorial. En otros casos, los autores son también lectores: les gusta nuestra línea editorial y se acercan a nosotros.

¿Qué es lo que os motiva de ellos, me refiero tanto  a los escritos como a los escritores? En todo caso: ¿qué prima, la pluma o el escrito, o de qué depende?

La clave es una compensación perfecta entre el interés de la obra, su seriedad en la elaboración y, también, el estilo. Esto es algo casi imposible. Honestamente, me encantan los autores que presentan materiales completamente nuevos, no publicados antes; también los autores que piensan en sus lectores más allá de ellos mismos. Esos autores son los que acaban siendo leídos, los generosos con su público, y no con su currículum.

¿Cómo ha sido trabajar con tanto abanico de colaboradores, coordinadores, compiladores?

Los libros de Comares van destinados a toda persona que esté interesada en acercarse al pensamiento, a ver la realidad y reflexionar sobre ella

La verdad es que es fantástico. Tengo que decir que, a grandes rasgos, no he tenido ningún problema con ninguno de ellos. Se produce un ensamblaje perfecto. Ellos tienen un buen material que quieren dar salida, nosotros realizamos sugerencias para la mejor elaboración del manuscrito que, en la mayoría de los casos, ellos asumen como propios. Finalmente nos encargamos del proceso y del resultado final del libro. Creo que, en este sentido, las editoriales pequeñas tenemos una ventaja: estamos en contacto con el autor y los contenidos, ofreciendo un trato que quizá no sucede tanto en las grandes editoriales.

¿A quién van destinados, querido editor, los libros de Comares?

A toda persona que conciba la lectura como uno de los mayores lujos que nos ha dado nuestro avance a lo largo de la historia. A toda persona que esté interesada en acercarse al pensamiento, a ver la realidad y reflexionar sobre ella. Si somos canal de comunicación entre los autores y los lectores, garantizando un libro de buena calidad, sólido y con voz propia, tenemos sentido como editorial.

Punto y aparte, creo, que merecen vuestros “otros sellos”: Ediciones “La Vela” y  Ediciones “La Veleta”. ¿En qué consisten, por favor acercadnos a ellas?

Creamos otros sellos con la voluntad de diferenciar la temática de ensayo, reproducida por lo general en el sello “Comares”. En “La Vela” (otra torre de la Alhambra de Granada) incluimos algunos títulos relacionados con la literatura o el tema local de Granada. La Veleta es la apuesta por la literatura, pero también por los libros bien hechos, admirables, de esos que cuando están en las estanterías de las librerías el lector no puede evitar tomarlos en su mano y acercarse a ellos.

"Editar nunca fue un buen negocio económico, pero hoy lo es menos que nunca"
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