sábado 22/1/22
palacio moncloa
Palacio de la Moncloa, sede del Gobierno.

La reciente e interesante entrevista de Iván Redondo por Jordi Évole nos ha recordado de nuevo un viejo y siempre actual problema de la política, la relación entre “gobierno” y “poder”, tras señalar que no son lo mismo. Algo de ello estaba contenido en la, esa sí vieja y casi olvidada, fórmula de “partido de lucha y de gobierno” con la que desde el PCE y el PSUC pretendíamos definir nuestro proyecto de “Partido”.

Porque PODER y GOBIERNO no es ciertamente lo mismo, pero están íntimamente relacionados, aunque a veces parece que no se sepa o que se haya olvidado.

Para todo proyecto político, conseguir el gobierno no sólo es legítimo, sino que es necesario. El problema resulta del posible olvido de que ello no supone necesariamente alcanzar el poder, un poder suficiente para aplicar los objetivos para los que se aspiraba a poder gobernar. Para gobernar con poder hay que contar con un apoyo social suficiente para superar los inevitables obstáculos presentes en la sociedad, para confrontar con otros poderes (sociales, económicos, mediáticos, …) que tienen objetivos propios y potencialmente contradictorios con los del colectivo cuyos representantes han alcanzado el gobierno.

El apoyo social es esencial para alcanzar el gobierno y luego para poder gobernar. Lo primero como apoyo individual de la ciudadanía, lo segundo necesariamente como apoyo social organizado en torno a objetivos concretos. Desde las propuestas políticas de izquierdas, progresistas, es decir de avance y transformación social, de avances en derechos individuales y colectivos, el apoyo social supone la movilización de las clases populares, de la clase trabajadora organizada en primer lugar, de los colectivos sociales interesados en tales avances de derechos y libertades, y en su eficaz ejercicio.

Por todo ello en mi opinión la cuestión del “poder” es previa a la del “gobierno” y, consecuentemente, es preferible “poder sin gobierno” a “gobierno sin poder”, precisamente para alcanzar el “gobierno con poder”.

Y en este juego, no de palabras sino de conceptos, de realidades, tiene sentido otro de los temas surgidos en la entrevista mencionada, cuando en torno a las expectativas de Yolanda Díaz se apuntaron sus posibilidades impulsando una “plataforma” que vaya más allá de la suma de sus actuales apoyos, sobre todo si se entiende que no se trata solamente de una plataforma electoral sino de un proyecto político de progreso que asuma la experiencia de la actual coalición de gobierno, y que tendría que orientarse, sin esperar la convocatoria electoral, a impulsar ya el debate y la organización social en  torno a una propuesta unitaria de progreso para poder actualizar y desarrollar el actual programa de gobierno y seguir avanzando en esta misma línea.   

Un proyecto, el enunciado por Yolanda Díaz, sin duda de interés, pero en el que quizás convendría una mayor explicación, y situar prioridades, en todo caso, plantear algo más que el espacio que se pretende unir, organizar. ¿Unir para qué? ¿Es para disputarle al PSOE la primacía de la izquierda? ¿O es para contribuir, juntos, con todas las fuerzas disponibles y organizables, a la construcción del espacio de progreso, en su pluralidad, en la actual coyuntura? ¿O es para un mañana utópico? … Pues, según la respuesta, expresa o de hecho, el proyecto tendrá traducciones distintas en su explicación y en su desarrollo. Algo se está apuntando en ese sentido, pero es necesario explicitarlo más en sus contenidos y en su organización.

¿Gobierno sin poder? ¿Poder sin gobierno? ¡Gobierno con poder!