martes. 16.07.2024

El artículo “Felonías políticas”, que el antiguo director de El País, Juan Luis Cebrián, publicó el 11 de septiembre en ese diario, me da pie a comentar un fenómeno que se está dando en España y que debería dar pie a alguna reflexión en los medios de comunicación. No voy a glosar el artículo de Cebrián, aunque llama la atención que acuse de ágrafo al Presidente Sánchez como escaparate de su calidad moral e intelectual. ¿Cuántos libros y artículos publicaron los anteriores Presidentes del Gobierno antes de cesar? Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero son los únicos Presidentes del Gobierno que son doctores y Sánchez es el único que llegó a La Moncloa hablando inglés y francés, pero se le acusa de ágrafo para destacar su poca altura moral e intelectual. Es un ejemplo de lo que está pasando en la derecha española y de lo que se han impregnado personas que antes se situaban en el centro o en la izquierda.

Algo similar quizá esté pasando con antiguas figuras progresistas que no entienden la política del Gobierno Sánchez. Propugnan con frecuencia un Gobierno de coalición con el Partido Popular, que es como decirle a Pedro Sánchez que abra las puertas de La Moncloa a Núñez Feijóo. Además, el Partido Popular, con el quieren coaligar, no existe desde junio 2018. Tras la moción de censura el Partido Popular negó la legitimidad de un Gobierno salido del Parlamento, trató probablemente de derribarlo durante la pandemia y boicoteó su acción durante todo el Covid-19. Además ha incumplido la Constitución y la Ley Orgánica del Poder Juridicial al no aceptar su renovación y también intentó impedir la renovación del Tribunal Constitucional. Y la guinda, trató y sigue tratando de crear divisiones en el PSOE. Con Casado, con Díaz Ayuso y con Núñez Feijóo, el Partido Popular no sólo está en guerra (y no en oposición) contra el Gobierno, sino que está poniéndose en los límites de la Constitución al erosionar el sistema parlamentario, el pluralismo, la alternancia y la posición central de los partidos. Con un partido así es imposible, no ya cogobernar, sin0 establecer cualquier pacto.

El Partido Popular no sólo está en guerra (y no en oposición) contra el Gobierno, sino que está poniéndose en los límites de la Constitución al erosionar el sistema parlamentario

Estos sectores que ahora se han revuelto contra el PSOE han comprado al independentismo y al Partido Popular el fetiche de la amnistía en lugar de entender que, más allá de las denominaciones, las medidas que rebajen la tensión en Cataluña (y la imputación de varias docenas de personas la crea) contribuyen a la unidad de España, porque hacen descender la adhesión al independentismo (véase Xavier Vidal- Folch: “Paz, piedad y perdón”, El País, 12 de septiembre de 2023). Se sulfuran por el tono provocador de Puigdemont, de la misma manera que se molesta el PSC, pero en lugar de aplaudir las medidas que sirvan para bajarle los humos, culpan al Gobierno y a su Presidente por el lenguaje desquiciado de quienes saben que han perdido la guerra. También se revolvieron contra los indultos, pero tras los indultos no parece que la unidad nacional de España esté debilitada y, en cambio, sí está debilitado el independentismo que, como se ha visto en la Diada, no sólo va en declive, sino dividido.

Las medidas que rebajen la tensión en Cataluña contribuyen a la unidad de España, porque hacen descender la adhesión al independentismo

Además, para deslegitimar (más que para criticar) al PSOE, estos sectores han mitificado la Transición hacia la democracia, pero ésta fue lo suficientemente conflictiva, con errores en la derecha y en la izquierda, que se debe valorar, pero no utilizar de canon para medir la política cuarenta años después. Al final se tiene la sensación de que los que se escandalizan por medidas como la supuesta amnistía (de la que el PSOE y la Ministra de Justicia hasta ahora han dicha nada) prefieren que gobierne el Partido Popular. Si no fuera así no se entiende que no se haya oído ningún reproche contra un partido conservador que incumple la Constitución al negarse a renovar el Consejo General del Poder Judicial y que incita a la rebelión al Poder Judicial, como vemos últimamente a ciertos representantes de la judicatura criticando la hipotética amnistía. Tampoco hemos oído ningún reproche a un Tribunal Constitucional que antes de su renovación se había convertido en el brazo armado jurídico del Partido Popular, con sentencias como las que desarmaron al Estado frente al Covid-19. Y llama la atención que no haya salido ninguna crítica o manifiesto contra el hecho que realmente deteriora el espíritu de la Transición, que es la alianza Partido Popular – Vox.

En democracia el pluralismo hace legítimas ambas opciones, no hay que invocar espíritus del pasado que, al cabo de tanto tiempo, se convierten en fantasmas

La España de hoy es un país con una sola alternativa que es el Gobierno de la izquierda, con apoyos siempre puntuales de los nacionalismos. La opción de que gobierne la derecha en alianza y en coalición (y no con apoyos puntuales) de Vox, como ocurre en Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, no es válida, como se verá dentro de unos pocos días en la investidura que intentará Núñez Feijóo. Y aunque en democracia el pluralismo hace legítimas ambas opciones, no hay que invocar espíritus del pasado que, al cabo de tanto tiempo, se convierten en fantasmas para legitimar ambas opciones. Tampoco se deben criticar hipótesis futuras (la hipotética amnistía) y, al mismo tiempo, guardar silencio ante realidades muy poco esperanzadoras, como son los numerosos Gobiernos de coalición derecha-extrema derecha en Comunidades Autónomas, Diputaciones y Ayuntamientos, que harían rechinar todo espíritu de Transición. Y, sobre todo, no podemos poner obstáculos a medidas que, sin entrar en el juego semántico de los independentistas, pueden contribuir a que esos independentistas estén cada vez más carentes de apoyo electoral.

Lealtad a la Constitución, no a los espíritus, no a los fantasmas