lunes 13.07.2020

Prohibido cagarse en dios

Cagarse en Dios ha sido siempre un clásico- quizás poco elegante, pero un clásico al fin-, un latiguillo de la indignación ibérica.

El artículo 525 del Código Penal de España contempla el delito de escarnio con una pena de ocho a doce meses de multa a quienes ofenden los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa; lo hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento.

diosSin embargo  -a pesar de la vigencia de este apartado del Código Penal-  no debe de existir el buen español que al menos dos veces por semana no se cague en Dios o en la mismísima Virgen, tal como lo ha hecho el actor Willy Toledo, sobre quien ha caído la divina justicia convocándolo a una audiencia que promete convertirse en otro clásico de la antología de esperpentos españoles.

En la moderna España del siglo XXI sobrepasar los límites de la libertad de expresión tiene su precio. El clero está furioso y es comprensible que así sea. Los representantes de ese Dios sobre el que Willy Toledo hizo lo suyo, han salido a manifestar su repudio y exigen justicia ante semejante provocación. “Tus palabras han hecho mucho daño a gente buena”, expresó Patxi Bronchalo, sacerdote de Valdemoro, mientras que la Asociación Española de Abogados Cristianos manifestó que los dichos del actor “vejan el dogma”.

Repugna saber que la justicia respalda incondicionalmente el pedido de un grupo de “ofendidos” de quienes se desprende un sinfín de aberraciones. Porque de las bocas de algunos de los más reconocidos y mediáticos representantes de ese Dios en el que está prohibido cagarse, han emergido toda clase de brutalidades sin que de momento el dedo de la jurisprudencia los haya señalado. ¿Acaso no representa una ofensa el continuo agravio que el obispo de Alcalá de Henares practica domingo tras domingo? ¿Acaso pretender emparentar a la homosexualidad con una enfermedad –en pleno siglo XXI-  no debiera ser motivo de querella? O es que los cursos para dejar de masturbarse que ofrece en su web Juan Antonio Reig Pla no constituyen una aberración digna de ser tratada en la justicia.

Hacer depender a la justicia de las convenciones cristianas es amordazar la libertad, manosearla, tergiversarla hasta convertirla en una suerte de malogrado versículo de la Santa Biblia

Cagarse en Dios ha sido siempre un clásico- quizás poco elegante, pero un clásico al fin-,  un latiguillo de la indignación ibérica. Generaciones tras generaciones los españoles nos hemos cagado en Dios sin reparar en ofensas a terceros ni cuestionarnos nada respecto de la susceptibilidad de quienes se ajustan al dogma cristiano. Menos en Dios, la iglesia católica ha sabido cagarse en todo. Lo ha hecho a lo largo de su historia. Desde la Inquisición hasta nuestros días. Lo hace a diario escondiendo entre sus filas a pedófilos y repugnantes oradores que creen tener la potestad de decidir sobre los derechos individuales. La iglesia católica ha sabido cagarse en todo, aunque sin condenas, sin audiencias, sin un juez que les imponga un castigo. Hacer depender a la justicia de las convenciones cristianas es amordazar la libertad, manosearla, tergiversarla hasta convertirla en una suerte de malogrado versículo de la Santa Biblia.

Quizás no esté bien cagarse en Dios. Pero definitivamente menos bien está la sempiterna presencia de una institución tan desfasada que, con este juicio,  ha logrado convertir a España en el hazme reír de Europa. 

Prohibido cagarse en dios