domingo 6/12/20

A vueltas con la “vuelta”

Por tanto, puede uno pensar que el año comienza realmente con la vuelta al cole, la vuelta de la liga, la vuelta de la actividad política, incluso la vuelta ciclista a España...

Aunque no lo parezca, el tiempo no es medible. No es absoluto, sino relativo. Toda medida sobre él no resultará más que puro artificio y acomodo de los humanos, cuya finalidad no es otra que entendernos para diferenciar algo, desde un estado de ánimo, al devenir de la historia. Así decimos que la noche es eterna cuando se sufre, o se hace corto el día cuando hay mucho que hacer, o se siente uno feliz, sin caer en la cuenta, incluso cayendo en la cuenta, de que no se trata más que de una sensación subjetiva o de una división de la historia ficticia. Tampoco la duración del día es igual en los planetas de nuestro sistema solar, por ejemplo, en Mercurio dura casi dos meses terrestres (ideal para los fiesteros cada fin de semana). Tampoco el año comienza en la misma fecha en nuestro mundo, China celebra el año nuevo en marzo... Y en Canarias, una hora después que en el resto de nuestro país. Según esto, se puede concluir que la medida del tiempo es un capricho humano, como lo es el cambio de hora, tan discutido estos días en que toca. Sin embargo, está comprobado que los “biorritmos” de las personas, su psique, cambian según sea de noche o de día, que nuestras células se comportan de manera distinta con luz solar que con oscuridad.

Mantienen los filósofos que el uso de nuestro propio tiempo personal, “arrojados” como estamos en el mundo, condicionados por el tiempo y el espacio, nos ata, y cuadricula para entender y explicar cuanto sucede a nuestro alrededor, forjando nuestro conocimiento y nuestro criterio. Así pues, el tiempo escapa a nuestra rigurosa cronometría, y nos provoca una visión del mismo que aun pareciéndonos absoluta e inalterable, hacemos lo posible por medirla y adaptarla a nuestras necesidades e intereses. Por eso, según nuestras actividades, alejadas de esa cultura rural, marcada por las estaciones, bien pudiera fijarse, como inicio del año, el comienzo del curso (escolar, político, deportivo...), marcado por las actividades profesionales y demás, que se reanudan después del tiempo de ocio, o vacaciones, cuya duración siempre nos parece demasiado corta, aunque se alargue durante meses... Por tanto, puede uno pensar que el año comienza realmente con la vuelta al cole, la vuelta de la liga, la vuelta de la actividad política, incluso la vuelta ciclista a España... Y ¡cómo no!, la vuelta a esta columna, abandonada durante estos dos meses -cortos, añado, de mi ausencia por vacaciones-. Una vuelta más de quien esto escribe para sumar opinión sobre materias diversas de eso que llaman la “actualidad”, que casi siempre es la misma, o al menos, si no es la misma, es su repetición constante: que si el gobierno, la administración, como prefiero llamar, no administra como debiera, y recurre a quimeras que aplaude la oposición, para ocultar la triste realidad; que si la constitución y su reforma; que si los jueces y su falta de independencia; que si la corrupción sigue y no se remedia; que si el fútbol está manejado por mercenarios; que si el cole no se adapta a la sociedad, etc., etc.... Tantos temas y problemas que siguen emponzoñando esta sociedad y empobreciendo este rico país, donde las diferencias sociales cada vez son más largas, abundantes, y aberrantes; donde los pobres cada vez son más pobres, mientras aumentan un 500 por cien los muy ricos a costa de esa pobreza y esa crisis inventada por quienes manejan el cotarro, para sembrar el miedo y la incertidumbre, incrementando la inmovilidad, promoviendo la mediocridad y manteniendo la ignorancia.

Vuelta a esta mi columna sin síndrome vacacional. Como muchos españoles, las vacaciones son solamente un espacio informativo en la tele, donde se pueden ver playas llenas para disfrute mayormente de extranjeros y políticos, que con sus sueldos, prebendas, estatus y demás privilegios pueden disfrutarlas con todo lujo y detalles, o informes de viajes exóticos. Lujos inalcanzables, playas, viajes, yates, fiestorras, comilonas... para la gente normal que por hallarse en el paro, o por no llegar a fin de mes, pese a una buena nómina, no puede permitírselo. El 90% de españoles no ha podido tomarse esas vacaciones, ni puede conseguir, ni imitar en pequeñas dosis, ese tren de vida; no puede permitirse el menor gasto extra o un mínimo exceso por tantos pagos, impuestos, e incertidumbre ante la empresa y el trabajo. Pero hay que informar en todos los medios, para dar la sensación de bienestar, de que el estado vela por mejorar la sociedad y su gestión sigue ahí; que todos tienen acceso a semanas de ocio, que son muy pocos los españoles que no gozan de sus merecidas vacaciones, viendo cómo están restaurantes y playas y hoteles y cruceros... llenos a rebosar los meses de julio y agosto. Meses en los que el país, ¡España!, se ha paralizado. Y cierto es. Se ha paralizado, no sólo esos meses, sino el resto del año, porque no tiene con qué avanzar, porque nada ha mejorado, a no ser la presencia de un presidente que dice menos tonterías que su antecesor, aunque sus acciones, hasta ahora, sean bandazos (armas no, luego sí, luego no, para acabar con el sí; LOMCE no, luego sí, ahora no, para seguir; reforma laboral, sí, pero...) bandazos a uno y otro lado, guiado por fuerzas ajenas a su debida y prometida gestión, que le marcan el camino a seguir, muy dispar del “cambio” esperado.

Pero ya habrá tiempo de hablar de eso, por algo tenemos todo un curso por delante.

Con esta vuelta, quiero enlazar mi reanudación de la columna con la última que escribiera al inicio del verano: Entonces, el deporte era el tema, se celebraba el mundial de Rusia, y los Juegos del Mediterráneo en Tarragona, y el tour... Como entonces, con deporte, inicio esta nueva subida a mi columna, aprovechando que hace poco terminó una de las mejores vueltas ciclistas a España, con subidas épicas de gestos y humanidad, donde la emoción ha seguido hasta el final, y donde un niño, Adriel, y un buen profesional, subiendo un duro puerto, el ciclista neozelandés, George Benett, dándole su bidón como recompensa por su ánimo, pueden servirnos de ejemplo de cómo, con pequeños detalles, se pueden conseguir metas grandes, y por lo menos, saciar los sueños y deseos de la gente menuda, que son nuestro futuro.

Cuántas vueltas da la vida. Nosotros, quien esto suscribe, seguirá cada semana dándole vueltas a la actualidad, que vuelve más caliente que nunca, y dará que hablar en el próximo curso.

A vueltas con la “vuelta”