Y Johnny cogió su bandera

Imagen: Flickr Vox
Imagen: Flickr Vox

“Todo imbécil execrable que no tiene en el mundo nada de que enorgullecerse, 
se refugia en este último recurso de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad”.
Arthur Sopenhauer. 


Esta más que claro que Europa entera camina hacia el fascismo guiada por el miedo, la ignorancia , el racismo, la xenofobia y la estupidez

Estaba tardando, se veía la espuma, la ebullición, se presagiaba la tormenta en el horizonte negro que nos hemos montado ignorando, una vez más, nuestro pasado. Un día en Barcelona, otro en Valencia, otros en Madrid, en cualquier parte del país, envalentonados, sin que nadie osase reprimir sus provocaciones fascistas, sus modos cavernícolas, sus amenazas, coacciones y palizas. Alguien un día dijo que su tierra era una unidad de destino en lo universal, decidieron diseñar una ruta sin demasiada dedicación ni pericia, a trompicones, ya veremos por dónde salimos y se abrazaron como una piña a la declaración unilateral de independencia llenando las calles de banderas rojigualdas cuatribarradas. Wifredo el Pelòs cabalgaba de nuevo y tras él los italianos Roger de Lauria y Roger de Flor, Jaume I y Jaume II, la familia Berenguer y el Cid, que tenía tiempo para todo y para todos. El mundo se había globalizado pero en un territorio de España decidieron que había llegado de nuevo el tiempo pasado, el de las banderas, los condados y los principados disfrazados de República de curas, obispos y banqueros. 

“Cuando pienso en todos los males que he visto -escribía León Tolstoi- a causa de los odios nacionales, me digo que todo ello descansa sobre una odiosa mentira: El amor a la patria”. Sin embargo, nosotros no tenemos por qué oír ni leer a Tostoi, ni al Dr. Jonhson, ni a Sopenhauer, ni a Jaurès, ni a Brecht ni a nadie, nos basta con oírnos a nosotros mismos, con tropezar una y otra vez en la misma piedra como si fuésemos pollinos atados a la rueda del molino. La patria, el patriotismo, ese es el problema, porque claro en España lo tenemos todo resuelto, una educación pública de primera calidad, unos políticos dedicados en exclusiva al interés general, unos ciudadanos dispuestos a participar en todo lo que les concierne para mejorar la vida de sus semejantes, unos jueces ecuánimes, unos servicios de salud cerrados al negocio, unos empresarios que no paran de inventar e innovar sin recurrir para nada a la teta pública y unos banqueros que saben mejor que nadie como prestar el dinero a un interés justo para crear riqueza, tal como demostraron durante la burbuja financiero-ladrillera que nos ha traído hasta aquí

La bandera y la patria, las banderas y las patrias, en medio los hombres, llevados de un lado para otro, como ganado al que trasladan al matadero, los más pobres defendiendo los intereses de los más ricos y bestias; los más ricos defendiendo los privilegios de los más ricos. ¡Qué bonito! ¡Qué hermoso panorama el que se ve en el horizonte próximo! ¡Qué montón de mierda y de odio vamos a dejar a quienes nos sucedan durante los próximos años! ¡Qué inmenso orgullo tener una bandera, una patria, unos mártires ante quién postrarse!

Y entre tanto, la bestia, que nunca se fue, que estaba agazapada, comenzó a desperezarse, a estirarse, a afilar las garras, y tras ella fueron los que tenían todo, pero sobre todo los que no tenían nada más que miedo, desesperanza y hartazón. Ellos también querían una bandera, y una patria, y su propia DUI. Sacaron los papeles de antaño, destaparon el sepulcro del Cid, dieron aire a Babieca y llamaron a Pelayo y hasta a los Infantes de Carrión. Y un país pobre, con muy poca educación y menos generosidad, se llenó de banderas y de patrias, en los balcones, en las calles, en los cementerios, en las universidades, en las iglesias y las cloacas. Las ratas llevaban su bandera pintada en el lomo, los pájaros lucían la suya, las sanguijuelas, las garrapatas, las moscas comemierdas, las víboras, las medusas, las cucarachas y las escolopendras, los escorpiones y los tábanos, todos desfilando marciales tras su bandera, dispuestos a todos, a matar y a morir por nada mientras las hormigas, atónitas, no paraban de trabajar de sol a sol y de luna a luna, para que no les pillase el invierno que tardaba en llegar, pensando que nada de aquello iba con ellas. Pobrecitas, no quedó un hormiguero en pie, no quedó una brizna de paja.

Sí, tu tienes patria, yo tengo patria, él tiene patria, todo unilateral, por mis cojones, yo no negocio con nadie, no me siento a hablar salvo que sea para que acepten mis condiciones. La palabra no tiene ningún valor, sólo el grito, la demagogia, la tierra prometida, la mentira, la infamia, el bulo aireado como verdad. ¿Y dónde quedó aquel ideal maravilloso de los viejos republicanos y socialistas? Educar al pueblo, que no es sólo conseguir que cada año salgan de los paritorios universitarios cientos de ingenieros, abogados, economistas o biólogos muchas veces ignorantes de todo lo que no sea su especialidad, que es formar ciudadanos libres, críticos, solidarios, inmunes al bulo y a la maledicencia, al rumor y al odio; ciudadanos amantes de la justicia y la solidaridad, de la fraternidad y la generosidad; ciudadanos impermeables a la mentira, justos y benéficos como decía aquel artículo 6 de la ingenua y temprana Constitución de 1812. ¿Dónde quedó? Pues como en tiempos pasados, en manos de los representantes de Dios en la Tierra, del clero, que ya domina en casi todas las Comunidades más de la mitad de los colegios, que ha penetrado con ariete en institutos y universidades, con su ideología castradora y reaccionaria, con su maleta llena de libelos antiliberales, con su pasión secular por cortar las alas al progreso del país. Madrid, Cataluña, Valencia, Andalucía, País Vasco, Navarra, Castilla-León, han llenado sus pueblos y ciudades de colegios confesionales que forman a los niños y jóvenes según su tradición. Y a su lado, Salvame, los realitys, los telediarios amañados, instagram, facebook y la ignorancia elevada a categoría. ¿Y todavía alguien se sorprende de lo que ha pasado en Andalucía, de lo que pasa en Cataluña, de lo que sucederá en España toda en los próximos meses?

Esta más que claro que Europa entera camina hacia el fascismo guiada por el miedo, la ignorancia , el racismo, la xenofobia y la estupidez. Es evidente que los excluidos y los desplazados por las políticas neoliberales desprecian a la clase política sea cual sea su etiqueta, aunque eso suponga votar a un tipo como Abascal que desde que cumplió 23 años no ha hecho otra cosa que cobrar de lo público, concretamente del Partido Popular; aunque ello suponga votar corrupción, aunque implique entregarle todo el poder a quienes más daño les han hecho y les pueden hacer. El odio se han instalado en una sociedad desclasada pero llena de banderas y abanderados, de patriotas y patrioteros. A ver ahora quien detiene la que se nos viene encima. Son demasiados años sin formar ciudadanos, sin prestar atención a la cultura, escondiendo la basura bajo las alfombras, fomentando la diferencia, muchos años de frustración y desengaños. Como dije en otro artículo, pese la propaganda gratuita de Vox que han hecho muchos medios, no pienso que ese partido pueda llegar a gobernar jamás, pero sí que sus compañeros de viaje se quiten la máscara y salgan al escenario, tras las próximas generales, a demostrar quien es el más facha del corral. Tremendo. Entre tanto, señores de la izquierda, sigan cogiéndosela con papel de fumar.