martes 19.11.2019

Una segunda Transición

España merece una segunda oportunidad. Y qué mejor ocasión para comenzar a dársela que el día que tenemos que acudir a las urnas para depositar en ellas nuestro pedazo del puzle para construirla.

Acostumbrados como estamos a hacer de la necesidad virtud, podremos aprovechar esta repetición de elecciones para iniciar un esbozo de lo que podríamos llamar una segunda transición. No para deshacer lo construido ni para echar atrás las instituciones y normas de convivencia que nos dimos. Ni para recortar o intentar revertir el Estado social y democrático que hemos ido construyendo.Sino para completarlo, consolidarlo y perfeccionarlo.

Es cierto que quienes hace unos años comenzaron sin fundamento a denostar lo que llamaban “el régimen del 78” generaron una inestabilidad psicológica sobre la apreciación de nuestra democracia. Aunque después ellos mismos no han sabido proponer más que una reivindicación de lo que ese “régimen” tiene escrito y posteriormente construido.

En España también fue la aplicación de los principios de la Socialdemocracia, y con gobiernos socialdemócratas, la que hizo avanzar nuestro Estado Social de Derecho

También es cierto que los gobiernos de la derecha han intentado una escabechina en diversos momentos, tratando de privatizar los servicios del Estado de bienestar, o generando recortes de las políticas sociales, o vendiendo las joyas de la abuela con las privatizaciones en las que fundaron aquellas supuestas maravillas del “milagro Rato” (¡ay, Rato!). Y no es menos cierto que las supuestas soluciones a la crisis financiera han dejado a España como el tercer país de Europa con mayor desigualdad, y como un país donde más de la cuarta parte de la población está en riesgo de pobreza.

Todo eso es cierto, y por ello necesitamos esta oportunidad de recomponer nuestro propio “ego” como Democracia completa (estamos entre las veinte que lo son en el mundo), y la oportunidad de reforzar las políticas sociales. Todo ello desde un gobierno estable y progresista.

También es cierto que ese derrotismo patrio que los nuevos partidos intentaron aprovechar para abrirse camino, los titubeos desde el poder y las reivindicaciones secesionistas, justo en el momento menos adecuado, han ayudado a que aparezcan profetas de la confusión autoritaria, de la nostalgia de la dictadura, y que esto ha calado entre la gente privilegiada que pretende con el mayor descaro incrementar sus privilegios, y entre gente desesperada que necesita huir de la realidad más abrumadora, aferrándose a las esperanzas de quienes les prometen deshacer todo para montar un régimen diferente…

Por eso necesitamos aprovechar esta ocasión. En primer lugar, para no quedarnos en casa, pensando que la indiferencia nos excluye de las penalidades. Y, en segundo lugar, para que nuestra papeleta sea una carta dirigida a exigir la preservación y la mejora del Estado democrático y social que, a pesar de todo nos ha llevado a ser un país de convivencia, y a pasar de una renta per cápita de 6.000 a 30.000 dólares. Una renta que, claro está, tenemos que luchar para redistribuir de un modo más justo y hasta más eficiente desde el punto de vista fiscal y desde el punto de vista de la gestión de los servicios y de las relaciones laborales.

Tras la segunda guerra mundial Europa se dio una segunda oportunidad, escarmentada de totalitarismos, de mesianismos y de violencia. Una segunda oportunidad de convivencia y de refuerzo de los derechos individuales y sociales. Y gracias a ella construyó un Estado del Bienestar, que ha podido soportar diversos intentos de demolición (como los de Thatcher, por ejemplo), o de recortes, como los de Aznar/Rajoy y como los de los Orban actuales. Y Europa se reconstruyó con los principios de la convivencia, de la solidaridad y de los derechos individuales y sociales. Casualmente los principios de la Socialdemocracia.

En España también fue la aplicación de los principios de la Socialdemocracia, y con gobiernos socialdemócratas, la que hizo avanzar nuestro Estado Social de Derecho. A pesar de errores, a pesar de algunos titubeos, a pesar de los rotos que han provocado los gobiernos de la derecha, hoy tenemos un país casi ejemplar en derechos individuales y sociales y en sistemas de prestación de servicios fundamentales. Pero una Sociedad desconcertada, descontenta con la distribución que se hace de nuestra propia riqueza, y con nuestra cohesión social y territorial en crisis. Y necesita iniciar un proceso de reajuste que alcanza a la propia Constitución.

Reajuste para el que los próximos cuatro años de legislatura pueden servir de preparación, de calmar ánimos y allanar desigualdades. Y del inicio de una etapa de diálogo como la que nos permitió construir una Democracia sólida y pena.

Esa segunda transición debería estar regida por los mismos principios moderadores que reconstruyeron Europa y que marcaron las pautas de nuestra primera transición. Que no son otros que los de la socialdemocracia. Y la preparación para ello debería estar coordinada por un gobierno progresista y abierto a todos los diálogos, a todos los análisis y a todas las mejoras de nuestra convivencia, de nuestra redistribución de la riqueza y de nuestra reordenación de la cohesión social y territorial. Sin miedos, sin coacciones y sin intentos involucionistas.

Un gobierno socialdemócrata, pero inclusivo. Valiente y cargado de tacto, de prudencia y de finura negociadora.

Me permito compartir esta reflexión, por si a alguien más le es útil a la hora de decidir mañana su necesaria participación y su voto útil y constructivo.

Una segunda Transición
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