jueves 17.10.2019

El mundo se mueve. Nosotros parados

El mundo se está moviendo veloz y convulsamente. Nosotros estamos parados. Es una obviedad fácil de compartir, salvo al parecer por las élites políticas de nuestro país, ensimismadas en un bucle sin fin.

El comercio internacional está profundamente alterado por las políticas proteccionistas del gobierno de Trump y por la competencia desleal de China. La guerra de los aranceles repercute en todos los demás, encareciendo la producción, poniendo en peligro millones de puestos de trabajo, frenando la recuperación económica tras la crisis de los últimos diez años.

Nos hemos quejado del autoritarismo interno de los líderes de la derecha, de Fraga, de Aznar o de Albert Rivera, pues Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no les van a la zaga. Los órganos colegiados de la dirección del PSOE y Podemos están marginados, nadie se atreve a rechistar

Los estados buscan cómo hacer frente a esta situación, bien apoyándose en vínculos de colaboración internacional, como la Unión Europea, o en menor medida Mercosur, diseñando nuevas alianzas políticas y económicas bilaterales o regionales, con tratados de supresión o atenuación de las barreras comerciales.

También están quienes acentúan sus políticas aislacionistas o quienes fomentan el retroceso de los derechos laborales, sociales o de protección del medio ambiente, para abaratar costes. Aparecen nuevas formas de colonialismo económico, como el que está protagonizando China en numerosos países africanos o sudamericanos con impresionantes inversiones y préstamos. Se cuestionan los acuerdos de lucha contra el cambio climático …

Todos buscan cómo resituarse en un nuevo escenario, después de que los gobiernos de China y Estados Unidos hayan destrozado los equilibrios que se habían ido construyendo poco a poco en las últimas décadas.

¿Y nosotros qué?

Resultaría imprescindible conocer cuáles son las propuestas a corto, medio y largo plazo que tiene nuestro gobierno para afrontar estas realidades y que van muchísimo más allá que la mera presencia del presidente del gobierno en la cena final de la última reunión del G7 o las maniobras con escasos resultados para sustituir al centro derecha por el centro izquierda al frente de las instituciones de la Unión Europea o destinar unos cuantos cientos de funcionarios para el seguimiento del “Brexit”.

Un gobierno en funciones que ha sucedido a un gobierno con escasa capacidad de actuación tras el éxito de la moción de censura y que no fue capaz de trazar las alianzas necesarias para aprobar unos nuevos presupuestos.

Mientras, en las calles de nuestras ciudades y pueblos proliferan bares, restaurantes, gimnasios, peluquerías y tiendas de uñas, ofertas varias de productos de belleza, alimentación alternativa o actividades esotéricas, en un marco de overbooking turístico cada día de peor calidad, con la imparable extensión de los Airbnb, la gentrificación del centro de las grandes ciudades y el disparatado precio de los alquileres. ¿Ese es el nuevo modelo productivo con el que nos conformamos? 

Las advertencias de organismos y expertos internacionales sobre los riesgos de una nueva crisis no parecen inquietar a la mayoría de la clase política. Como tampoco el incremento de la desigualdad social, la precariedad y sobreexplotación de los jóvenes o el deterioro de nuestras políticas sociales.

La derecha lo tiene muy claro y lo está poniendo en práctica sin ningún prejuicio en gobiernos autonómicos y locales: bajar los impuestos, aumentar la desregulación, favorecer la presencia de la iniciativa lucrativa en las políticas sociales.

Y la izquierda discutiendo formas de gobierno y relaciones de confianza, con un simulacro de negociación que da vergüenza ajena, empezando por los propios protagonistas que encabezan esos encuentros. Hasta el mismo  Felipe González no puede ocultar su malestar con el espectáculo que están dando Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y sus adjuntos.

Resulta sorprendente que algo tan obvio como es la irresponsabilidad de los máximos dirigentes de la izquierda no genere ningún movimiento de crítica y ninguna iniciativa por parte de los otros dirigentes de sus respectivos partidos, cuando es sabido que hay quienes no comparten la dinámica suicida de sus Secretarios Generales. Nos hemos quejado del autoritarismo interno de los líderes de la derecha, de Fraga, de Aznar o de Albert Rivera, pues Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no les van a la zaga. Los órganos colegiados de la dirección del PSOE y Podemos están marginados, nadie se atreve a rechistar.

Pase lo que pase en los próximos días, el nuevo gobierno (y esperemos que sea un gobierno progresista, lo que cada día parece más difícil) deberá reaccionar de forma inmediata y presentar al Congreso de los Diputados, además de los presupuestos para el 2020, un proyecto estratégico para el futuro de España. Hemos perdido demasiado tiempo y pronto pagaremos las consecuencias.

El mundo se mueve. Nosotros parados