miércoles 11.12.2019

Política industrial, hoy

El concepto de política industrial se podría definir como la acción política dirigida a apoyar que empresas y sectores se doten de capacidades y recursos que les permitan competir y afrontar la evolución de los mercados.

El concepto de política industrial se podría definir como la acción política dirigida a apoyar que empresas y sectores se doten de capacidades y recursos que les permitan competir y afrontar la evolución de los mercados. En España, algunos como CCOO venimos repitiendo desde hace años la necesidad de un cambio de nuestro modelo productivo, afirmando que potenciar y reforzar la industria, como sector de la economía que añade valor a la materia prima, constituye la actividad con mayor capacidad de generar riqueza de forma sostenida.

En mayo de 2011 el Congreso de los Diputados aprobó la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación que en su preámbulo dice: “El modelo productivo español (…) se ha agotado, con lo que es necesario impulsar un cambio a través de la apuesta por la investigación y la innovación como medios para conseguir una economía basada en el conocimiento…”. 

En España se produce una coincidencia entre todas las organizaciones políticas, sociales y económicas, y un consenso entre todos los expertos, estudiosos o tertulianos, en torno a que no hay salida a nuestra dramática crisis económica si no somos capaces de conseguir un cambio profundo en nuestro modelo productivo, ya que su debilidad industrial y su bajo valor añadido explican nuestra debilidad competitiva y los alarmantes niveles de paro.

Existe también consenso en la necesidad de superar unas bases económicas agotadas, con un tejido productivo sustentado en demasiado empleo de baja cualificación profesional, en productos con escasa innovación y poco competitivos que dificultan su internacionalización. Una realidad que hace incompresible, y a la vez suicida, la histórica parálisis en la acción política de soporte a la industria que vivimos desde hace años. En ocasiones la acción simplemente ha impulsado políticas descoordinadas entre gobierno central y comunidades autónomas, dispersas, contradictorias e inútiles, que explican su poca efectividad.

Por ello, cuando desde el ámbito sindical reclamamos de las instituciones públicas que atiendan las necesidades, que son muchas, de las empresas y de los sectores industriales, lo hacemos sabiendo que cada período económico precisa de una política industrial especifica en función de los modelos de consumo, de las exigencias del mercado, de las debilidades y  necesidades de las empresas y sectores.

Hoy la primera urgencia es corregir lo que ha sido nuestro principal fracaso, un modelo productivo con baja cualificación profesional y escasa innovación, consecuencia del insuficiente esfuerzo empresarial en I+D+i –en especial desde el sector privado– y de una errática política formativa a todos los niveles.

Política Industrial hoy significa desarrollar nuevos y específicos instrumentos políticos que impliquen mayores inversiones en capital humano y en investigación, en desarrollo y educación a todos los niveles -formación profesional y universitario-, junto con el apoyo a la investigación pública y al I+D+i empresarial, precisamente lo contrario a las políticas de irresponsable recorte en estos campos cuando no tiene en cuenta una mejora de eficiencia en su uso.

Política Industrial hoy es favorecer, buscar y promover el crecimiento de la productividad y de la competitividad por medio de la innovación empresarial y del conocimiento, sabedores y conscientes, como ha escrito Juan Blanco, Secretario de Formación de la Federación de Industria CCOO, de que  "(…) si las cartas para la recuperación económica del país se juegan en el cambio del modelo productivo, éste no es posible con la actual estructura de la cualificación de la población activa”.

No hay urgencia mayor para nuestro futuro que el esfuerzo y la inversión en capital humano, un esfuerzo extraordinario similar al que hicimos durante veinte años, desde mediados de los 80 en capital físico, muy especialmente con algunas de las infraestructuras de transporte, que hoy constituye el único recurso estratégico. La formación profesional es el alimento principal de un patrimonio que no se puede considerar nunca acumulado de una vez por todas, considerando los tiempos actuales, tan acelerados y tan necesitados de innovación.

Es grave que sigamos recordando que nuestro futuro pasa por el conocimiento, la formación y la innovación, repitiendo el contenido del Libro Blanco sobre Crecimiento, Competitividad y Empleo de Jaques Delors que ahora cumplirá ya dos décadas, y que en su introducción nos emplazaba al esfuerzo de "Invertir en lo inmaterial y valorizar el recurso humano aumentará la competitividad global, desarrollará el empleo y permitirá conservar las conquistas sociales”. Una advertencia que vista nuestra realidad y sus resultados parece que otros países la entendieron mejor que nosotros, pues seguimos irresponsablemente recortando un año  más la inversión y recursos imprescindibles en I+D+i y en formación. Precisamente cuando más estamos necesitados de recuperar el tiempo perdido porque la mayoría del resto de los países siguen avanzando y con ello ampliando su diferencia competitiva.

No faltan Leyes ni Directivas, ahí están la Ley de Economía Sostenible, la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, la Estrategia de Lisboa, la Estrategia de Lisboa Renovada, etc., etc.  Todas girando como el burro del molino, pero sin financiación y reiterando espacios comunes: "invertir más en conocimiento e innovación; liberar el potencial empresarial, en particular de las pequeñas y medianas empresas;  invertir en el capital humano y modernizar los mercados laborales". Tanto papel y tanta estrategia para acabar en Reformas Laborales que refuerzan una economía sustentada en el empleo precario y desregulado, que desmotiva la participación de los trabajadores en la organización del trabajo al reforzar el autoritarismo, precisamente la antítesis de la innovación, y acabar reforzando lo más rancio y antiguo, reformando la legislación laboral en la misma dirección de lo que ha sido la causa de nuestros males económicos.

Porque si la Innovación es hoy el factor determinante de la Política Industrial y con ello de las mejoras de los procesos de investigación, fabricación y comercialización de los productos en las empresas, igual de relevante y decisiva y determinante es para la mejora de la competitividad de nuestra industria también la Innovación Social, la relacionada directamente con las relaciones laborales y con todo aquello que tiene que ver con los recursos humanos en las empresas y los sectores, por esto sigue siendo tan imprescindible redoblar esfuerzos para desarrollar el II AENC en el ámbito de los Convenios Colectivos, porque recuperar el Diálogo Social es también una pieza esencial para la defensa de la Industria y con ello del empleo.

Política industrial, hoy
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