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jueves. 18.08.2022

¿Qué hacer?

Es esta una pregunta que tantos y tantas no venimos haciendo a lo largo de la historia. Qué hacer para que los diferentes sectores sociales de esto que se conoce como países desarrollados tengan un comportamiento diferente a como lo vienen haciendo durante tanto tiempo. Han sido bastantes los intentos para reconducir la errática trayectoria de nuestra especie, sobre todo en los últimos 500 años, pero todos han fracasado. El tristemente desaparecido J.

Es esta una pregunta que tantos y tantas no venimos haciendo a lo largo de la historia. Qué hacer para que los diferentes sectores sociales de esto que se conoce como países desarrollados tengan un comportamiento diferente a como lo vienen haciendo durante tanto tiempo. Han sido bastantes los intentos para reconducir la errática trayectoria de nuestra especie, sobre todo en los últimos 500 años, pero todos han fracasado. El tristemente desaparecido J. Saramago se preguntaba: ¿en qué momento la humanidad eligió un camino equivocado?, o algo parecido.

Parece evidente que el sistema socioeconómico vigente se agota, siendo un claro signo de agotamiento, como hemos justificado en otras ocasiones, la inseguridad y la inestabilidad existentes en todas y cada una de las dimensiones que lo configuran. Los fieles defensores del “neoliberalismo”, y algún que otro ingenuo defensor de causas perdidas intentan poner remedio desde dentro para reactivar el sistema. Es como intentar curar a un enfermo terminal con los recursos disponibles actualmente, a todas luces insuficientes. Algunos autores se empeñan en dar soluciones anunciando que hay alternativas, pero su función no va más allá del simple discurso en el que se confunde lo que sería deseable con lo que es posible llevar a cabo con estos mimbres. Se olvidan de lo fundamental. Por una parte, una alternativa avanzada no es un recetario, sino un agente social organizado y sólido que sea capaz de emprender un periodo de lucha, que se nos antoja largo, hasta conseguir un cambio radical, una ruptura definitiva con el actual sistema. Una alternativa política no se improvisa, ni se monta de la noche a la mañana, por eso el 15M, en el que muchos han depositado su confianza, es una simple burbuja que ha reventado sin éxito alguno, sólo queda un rastro que poco a poco se va desvaneciendo. Una alternativa, como hemos señalado, ha de ser sólida, fundamentada en una determinada ideología y materializada en un grupo dirigente ajeno al actual montaje parlamentario, asentado en una base social suficiente como para respaldar las acciones que permitan la transformación. Pero, de momento, no contamos con ningún agente transformador que pudiera cumplir esa función. Por otra parte, frente a la alternancia, la alternativa como estrategia política se basa, a modo de “ley del trinquete”, en una sucesión de fuerzas cada vez más afines al progreso y a los valores de justicia e igualdad. Por esta razón, la vuelta del PP rompería definitivamente con esa escala que nos debiera llevar por el adecuado camino hacia una nueva experiencia vital, alejándonos de esta enloquecida situación social y económica que degenera a velocidad de vértigo.

En el marco de todo este desconcierto, no cabe la menor duda de que el mayor problema que tiene la clase trabajadora ahora, en sociedades como la nuestra, es el paro. En la fase más descarnada, pero más eficaz del sistema de explotación capitalista, el afán de enriquecimiento y la codicia de los patronos, a los que ahora el PP llama emprendedores, impulsaba la contratación de una abundante fuerza de trabajo, lo que permitía ocupar a grandes masas sociales. Sin embargo, esa dinámica ha desaparecido porque el capital se reproduce mediante otras fórmulas, sin necesidad de recurrir al modelo productivo de explotación directa de las clases populares. En consecuencia, el paro se convierte así en una lacra sin visos de solución a corto y medio plazo, lo que nos arrastra hacia una situación de incertidumbre sin precedentes.

Es esta una situación inédita de enorme importancia, que no tiene solución mientras no se produzca una transformación radical del actual modelo vital, sustentado éste por unas estructuras políticas incapaces de enfrentarse a la sinrazón, y de transformar la vigente situación de injusticia y desigualdad.

Ante la inoperante posición de los actuales partidos políticos que participan en este juego interesado, surge de nuevo la pregunta: ¿qué hacer? Hace unos días una de mis hijas me hacía la misma pregunta, al hilo de las manifestaciones y protestas de los docentes en aquellas CCAA donde se están practicando recortes presupuestarios en servicios básicos y despido de trabajadores.

Comenzaremos por describir brevemente lo que a mi modo de ver no habría que hacer, por aquello de evitar el desgaste estéril de energía, o la pérdida inútil de parte de las retribuciones. En primer lugar, alejarse del control de los actuales sindicatos, asentados, burocratizados e integrados en el actual sistema. Sus llamamientos a acciones puntuales y descoordinadas sólo buscan el protagonismo corporativo para su pervivencia. Las acciones reivindicativas más eficaces, a lo largo de la reciente historia, han sido las de carácter asambleario llevadas a cabo directamente por los sectores afectados. Recordemos, por ejemplo, el conflicto del sector de la enseñanza de 1988 en el que se consiguió, incluso, la dimisión del ministro Maravall. No confundir estos procesos de lucha de los trabajadores de sectores concretos con los etéreos movimientos asamblearios de “indignados”.

Además, parece razonable no dejarse llevar por acontecimientos sensacionalistas que se esfuman o revientan sin eficacia alguna, por discursos insustanciales, por lamentos y simples denuncias de situaciones injustas o por solicitudes y peticiones vanas al poder que no son otra cosa que simples “brindis al sol”. Todo esto sólo sirve para alimentar el espíritu masoquista que muchos llevan dentro, convirtiéndose, además, en frustración, lo que hace que esas manifestaciones se transformen en actos reaccionarios por aquello de solapar e impedir acciones de verdadero alcance al pensar que con esto es suficiente.

Ante la ausencia de un verdadero agente transformador, de un sistema que se derrumba, que no es capaz de dar soluciones válidas a los grandes problemas y que se ahoga en sus propias contradicciones, poco se puede hacer. Estamos en un momento en el que los que dominan se aferran al poder, e intentan mantenerlo con las mismas estructuras políticas, pero no sabemos hasta cuando podrán mantener esta situación. Por otro lado, la miseria y la pobreza aún no provocan agitación social. ¿El posible triunfo electoral del PP, con sus medidas y sus políticas, podría dar lugar a una conflictividad social que desembocara en agitación o, por el contrario, las probables acciones represivas de un grupo de tinte ultraconservador conseguirían que la sociedad se amansara aún más?, esto está por ver. En consecuencia, el campo de acción, como decimos, es reducido. En la creencia de que el sistema se agota y que su final será fruto de sus propias contradicciones, y dadas las condiciones que hemos apuntado, sólo nos queda prepararnos para ese final, colaborar en la medida de lo posible para construir esa sólida alternativa y “ayudar”, desde la razón, al derrumbe de esta injusta situación. Por lo tanto, desde mi punto de vista, en ausencia de un grupo o colectivo organizado convertido en agente transformador, sólo caben estas actuaciones de carácter individual:

-En lo económico: reducir el consumo, eliminar el superfluo o innecesario, reducir el gasto energético, vivir con austeridad; limitar la concurrencia a los bancos; denunciar las grandes fortunas y los desmedidos ingresos de famosos: deportistas, actores, gestores financieros, directivos de bancos, etc.

-En lo político: desde el más puro enfrentamiento al sistema vigente, huir, en la medida de lo posible, de las actuales formaciones políticas; la mejor forma de combatir la actual pseudodemocracia es la abstención. Sin embargo, en coherencia con la mencionada “ley del trinquete”, apoyar en nuestro país la actual opción política gobernante para evitar la involución, hasta tener configurada una nueva alternativa potente ubicada más a la izquierda. Ambas opciones: abstención y, coyunturalmente, apoyo a PSOE, para evitar retroceder, son razonables en estos momentos.

-En cuanto a los medios de comunicación: boicot a los medios, y en particular a la telebasura (de la que abusan todos los canales) y a la manipulación informativa; boicot a las retransmisiones deportivas, y particularmente al fútbol.

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