domingo. 26.05.2024
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Mediante la técnica el ser humano modifica su entorno para superar dificultades y encontrar más comodidad en el mundo que le rodea, así ha sido desde los primeros tiempos. Sin embargo, esta transformación de la realidad que, supuestamente, está a nuestro servicio y que a lo largo de la historia siempre se ha ido desarrollando de forma continua, ¿no se nos habrá ido un poco de las manos?, ¿no habrán aparecido servidumbres que no habíamos sospechado bajo el paraguas de las nuevas tecnologías?

La aplicación práctica de los conocimientos científicos nos ha proporcionado recursos, productos y maquinaria cuya evolución nos sobrepasa ya que hay que realizar verdaderos esfuerzos para estar a la última en cuanto al manejo de móviles, aplicaciones, tablets y programas. Las posibilidades se vuelven prácticamente infinitas y a menudo nos da la sensación de no tener suficientes conocimientos ya que hemos de reciclarnos constantemente. Semana a semana corremos el riesgo de quedarnos anticuados.

Ortega y Gasset (1883-1955), en su Meditación de la técnica diferenció tres estadios de evolución. Al primero lo llamó la técnica del azar propia de la época prehistórica donde no había una búsqueda deliberada de soluciones. Durante la Antigüedad y la Edad Media, creció el repertorio de actos técnicos en lo que el filósofo llamó la época de la técnica del artesano, sin embargo entonces no había apenas invención, sino solo utilización de un instrumental que buscaba perpetuar la tradición. Ya en las épocas moderna y contemporánea (hasta el S. XX), la técnica se fue extendiendo a todos los ámbitos de la vida, agudizando la especialización y alcanzando un gran desarrollo debido sobre todo a la cooperación entre ciencia y técnica.

Así, pensaba Ortega, el ser humano quedaba liberado de las imposiciones que le imponía garantizarse la supervivencia, disfrutaba de una vida cada vez más cómoda y, sobre todo y lo más importante, encontraba tiempo para el ocio. Es en ese tiempo precisamente en el que la humanidad puede realizarse, diseñando su proyecto de vida, ejerciendo su libertad, meditando, reflexionando y produciendo manifestaciones artísticas y culturales. Ejerciendo la labor más propiamente humana, en definitiva.

Pero, nuestro filósofo no pudo ni siquiera sospechar el poder que las nuevas tecnologías acabarían alcanzando. En la actualidad, no hay ni un solo aspecto de nuestras vidas que no se vea afectado por ellas y en el momento en el que se produce el más mínimo fallo, el caos llega a ser indescriptible. Hemos entrado en una espiral de consumismo y, como paradoja, unos recursos que surgieron para liberar al ser humano están comiéndonos terreno hasta el punto de haber creado serios problemas de dependencia. Las repercusiones en la forma de comunicarnos también han sido suficientemente señaladas. La técnica (hoy tecnología) surgió para ayudarnos, para facilitarnos lo cotidiano, ha de estar a nuestro servicio y no al contrario.

Tal vez deberíamos tomar conciencia de lo que en realidad significan determinados artilugios que manejamos a diario y que ya nos definen incluso como personas (dependiendo de qué modelo de Iphone o de ordenador tienes, qué aplicaciones o plataformas manejas…).No sería posible ni recomendable renunciar a ellos, es cierto, pues para eso se realizan determinadas investigaciones y progresa la ciencia, pero debemos dar a los aparatos el justo valor que merecen. Son solo cosas, no lo olvidemos, y los sujetos (dotados de libertad, dignidad, voluntad y responsabilidad), somos nosotros.

La técnica es la técnica, el ser humano es el ser humano. Recordemos que no podemos delegar parte de nuestra esencia ni depositarla en determinados objetos. Hay valores imprescindibles que ya se están viendo trastocados y nos deberíamos de plantear si lo que nació para hacernos más libres nos está volviendo, en realidad, más esclavos.

Tecnología, ¿hasta dónde?