TRIBUNA HISTÓRICO POLÍTICA

El general, el Premio Nobel y la Dama de Hierro

Thatcher se mantuvo insólitamente en silencio durante diez minutos, mientras impartía su disertación Hayek. ¿Cuál es la relación entre estos tres personajes?

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El título muy sugerente lo he tomado de un capítulo del libro La opción por la guerra civil. Otra historia del neoliberalismo, cuyos autores, grandes especialistas sobre el tema, son Pierre Dardot, Haud Guéguen, Christian Laval y Pierre Sauvêtre. El siguiente artículo se basa en parte en este libro, así como en otras referencias bibliográficas, que iré citando a lo largo de esta exposición.

Como introducción, para valorar en su justa medida lo que supuso el golpe militar de Pinochet, me parece adecuado el texto de Franck Gaudichaud de su libro, Chile 1970-1973, Mil días que estremecieron al mundo:

“Se trata de una victoria estratégica del imperialismo que permite no solo retroceder en los numerosos progresos sociales conquistados durante estos mil días, sino también transformar Chile en un verdadero laboratorio, el de un capitalismo neoliberal, hasta entonces desconocido en otras latitudes. Este pequeño país del Sur se convierte así en el primero en experimentar sus recetas bajo la conducción de los “Chicago Boys”. Los 17 años de dictadura suponen una auténtica contrarrevolución neoliberal”. 

Alfred Nobel a su muerte en 1896, dejó en su testamento que su fortuna se dedicase para conceder cada año cinco premios, de literatura, química, medicina, física y paz

El 11 de septiembre de 1973, el golpe de Estado llevado a cabo por el general Pinochet con el apoyo de Richard Nixon y de la CIA, ponía fin a la experiencia de la Unidad Popular iniciada en 1970 con la victoria de Salvador Allende. El 10 de diciembre de 1974, un año y tres meses después, Hayek recibía el Premio Nobel de Ciencias Económicas. El 11 de febrero de 1975, tres meses después de la concesión del premio, Thatcher se reunía con Hayek por primera vez. Recientemente coronada por su victoria en la dirección del Partido Conservador, se desplazó desde el Parlamento hasta Lord North Street, a las oficinas al Instituto de Asuntos Económicos (IEA), uno de los más antiguos e influyentes de los think tanks neoliberales británicos. Según testigos, la entrevista duro apenas treinta minutos. Cual, si fuera una humilde alumna, Thatcher se mantuvo insólitamente en silencio durante diez minutos, mientras impartía su disertación Hayek. ¿Cuál es la relación entre estos tres personajes?

Eel Premio Nobel Friedrich Hayek

Tres personajes protagonizan el escenario político original del neoliberalismo gubernamental: el general, Pinochet; el Premio Nobel, en Hayek, y la Dama de Hierro, con Margaret Thatcher, “la Dama de Hierro”, aunque esta denominación la recibiría más tarde. En este extraño escenario, Hayek tuvo un papel clave, que excede de teórico de economía, para convertirse más en el de un instigador político.

En 1974, el Premio Nobel de Economía Hayek lo compartió con el economista socialdemócrata sueco, Gunnar Myrdal. Este doble reconocimiento supuso el último momento de precario equilibrio entre la decadente suerte del keynesianismo y el surgimiento de la nueva ortodoxia monetarista desarrollada por la Universidad de Chicago, en la que Hayek había impartido antes durante doce años. Dos años más tarde, en 1976, el Nobel se concedió únicamente a Milton Friedman, un seguidor de Hayek. Desde entonces, los Premios Nobel fueron concedidos sobre los Chicago Boys: Gary Becker, Ronald Coase, Eugene Fama, Robert Fogel, Robert Lucas, Theodore Schultz o George Stigler, entre otros.

La alusión a Pinochet lanzada por Alva Myrdal adquiere una relevancia particular: esto se debe a que Hayek se había negado a condenar el golpe de Estado de Pinochet

Como señala Marco d’Eramo en su libro Dominio. La guerra invisible de los poderosos contra los súbditos, la ortodoxia keynesiana entraba en declive, como podemos observar en su primer discurso sobre el estado de la Unión, en 1977, el presidente demócrata Jimmy Carterhizo unas declaraciones contra el Estado social que el propio Hayek habría firmado: “El Estado no puede resolver nuestros problemas. El Estado no puede eliminar la pobreza o proporcionar una economía próspera o reducir la inflación o salvar ciudades o proporcionar energía…” El viraje a nivel de política económica era brutal en relación a los treinta años anteriores impregnados de keynesianismo, con un fuerte intervencionismo estatal en aras a conseguir un Estado de bienestar en base a un sistema fiscal progresivo.

Uno de los factores que contribuyó a este viraje fue, entre otros, la institución del Premio Nobel de Economía, que no es en principio un Premio Nobel. Estos premios fueron creados a instancias del inventor de la dinamita, Alfred Nobel, el cual, a su muerte en 1896, dejó en su testamento que su fortuna se dedicase para conceder cada año cinco premios, de literatura, química, medicina, física y paz. El Premio en Economía no aparece por ningún lado, lo inventó por su cuenta y riesgo el Banco Central sueco en 1968 para conmemorar el tricentésimo aniversario del banco. O, mejor dicho, visto en perspectiva histórica, con la finalidad espuria de deslegitimar las políticas socialdemócratas suecas y desestabilizar sus gobiernos, especialmente los inspirados por Olof Palme. Se trata de un premio que encubre con el prestigio del Nobel la política seguida por un banco central. Que en los años sucesivos se concedieran los Premios Nobel de Economía a los economistas de los denominados Chicago Boys y en sus seguidores, no es debido a la calidad superior de las teorías económicas de estos economistas, sino el resultado de una acción política perfectamente programada. Por cierto, tal como señalan en su artículo Friedrich Hayek y sus dos viajes a Chile, Bruce Caldewell y Leónidas MontesGunnar Myrdal en varias ocasiones pidió que se aboliera el Premio Nobel de Economía. Tal como señalan en su artículo el 14 de diciembre de 1976, cuatro días después de la ceremonia de entrega del Premio Nobel a Milton Friedman, Gunnar Myrdal publicó una larga columna en el diario sueco Dagens Nyheter, la que pronto aparecería reproducida en la popular revista americana Challenge. A causa del Premio Nobel dado a Friedman, Myrdal critica a la Academia Sueca de las Ciencias por sus prácticas secretas en la elección de los premiados. También argumenta que la entrega del Premio Nobel de Economía —una ciencia “blanda”— debería desaparecer ya que es un acto político. Enseguida discute el Nobel que compartió con Hayek —en su opinión, otro acto político—, destacando: “Los miles de cablegramas que recibí de colegas de todo el mundo, informándome que eran profundamente críticos de que el Premio Nobel le hubiera sido entregado a Hayek”. Termina su ensayo expresando su arrepentimiento por haber recibido el Premio Nobel. Su excusa es: “Debería haberme negado a aceptarlo, particularmente no necesitaba el dinero y lo doné [...]. Pero entonces no había pensado el problema en profundidad. Estaba solamente disgustado. Además, el mensaje me llegó muy temprano en la mañana en Nueva York, cuando estaba completamente fuera de guardia”. 

Retornemos a la entrega del Premio Nobel de 1974 en Estocolmo a los dos economistas citados, Hayek y Myrdal. Los dos estaban a punto de pasar delante del rey de Suecia acompañados por sus dos esposas. De repente, se produjo un fuerte intercambio de palabras entre las dos mujeres: “Me first, shame. on you, fascist, socialist, Pinochet…” “Yo primero, la culpa es tuya, fascista, socialista, Pinochet…” Aparentemente, Helene Hayek fue quien levantó el tono. Pero la alusión a Pinochet lanzada por Alva Myrdal adquiere una relevancia particular: esto se debe a que Hayek se había negado a condenar el golpe de Estado de Pinochet. Lo cual le sería también reprochado más tarde por Myrdal, esa misma noche, al menos según la reconstitución hipotética de la conversación que mantuvieron. Hayek vaticinaba que Europa se iba a transformar en una tierra de servidumbre, a lo que le respondió bruscamente Myrdal: “Si hay que hablar de servidumbre, sus amigos chilenos son imbatibles”. 

En agosto de 1979, Hayek escribió a Thatcher acerca de que la necesidad de doblegar a los sindicatos era urgente

Merece la pena dedicar unas líneas a Alva Myrdal. En 1949, fue la primera mujer a la que se le ofreció un puesto de alto nivel en laONU: jefa del Departamento de Asuntos Sociales en la secretaría en Nueva York. Al año siguiente, se fue a París para dirigir la División de Ciencias Sociales de la Unesco. En 1956 publicó, en colaboración con la socióloga austríaca Viola Klein, "Los dos papeles de la mujer", una obra influyente que se publicó antes del advenimiento de la segunda ola del feminismo pero que anticipó muchos de sus argumentos. Alva Myrdal reunió una coalición de voces no alineadas para defender soluciones concretas de desarme, como zonas libres de armas nucleares y un tratado de prohibición total de los ensayos nucleares supervisado ​​por estaciones sísmicas y satélites. "Llegó optimista pues creía que nadie podría estar tan loco, pero después de 10 años escribió el libro 'El juego del desarme' para decirle al mundo lo que había visto: que las dos grandes potencias no tenían ni el deseo ni la intensión de parar". El Premio Nobel de la Paz 1982 fue otorgado conjuntamente a Alva Myrdal y Alfonso García Robles de México "por su labor por el desarme y las zonas libres de armas y armas nucleares". "Hemos visto esta competición, esta carrera por construir arsenales excesivos sin sentido. Mi mensaje aquí hoy tendrá que ser que creo que el mundo está enfermo". Eso dijo Alva Myrdal, con su típica franqueza, en 1982, cuando recibió el Premio Nobel de la Paz.

Hecha esta merecida alusión a Alva Myrdal retorno a la línea argumental del artículo. Hayek tampoco tuvo problemas de poner como ejemplo a sus amigos chilenos delante de Margaret Thatcher. No en vano visitó Hayek a Pinochet en dos ocasiones. Las vicisitudes de estos dos viajes las describe Grégoire Chamayou en su libro La sociedad ingobernable. Una genealogía del liberalismo autoritario. Pinochet recibió a Hayek en noviembre de 1977, hablaron de la espinosa cuestión de la democracia limitada y del gobierno representativo. Pinochet, según la prensa chilena, lo escuchó atentamente y solicitó que le hiciera llegar los documentos que había redactado sobre esta cuestión. Al regresar a Europa, Hayek le hizo enviar a su secretario un bosquejo de su “modelo de constitución”, un texto que justifica principalmente el estado de excepción. Y escribió en el Times de Londres en defensa del régimen y contra las calumnias: “No he encontrado a nadie, en ese Chile tan vilipendiado, que no estuviera de acuerdo en decir que la libertad personal es mucho mayor con el Gobierno de Pinochet que con el de Allende. Ni que decir tiene, que quien se atreviera a sostener públicamente lo contrario, es más que probable que hubiera desaparecido.

Hayek concedió una larga entrevista al periódico El Mercurio. Una periodista claramente pinochista, le preguntó: ¿Qué piensa de las dictaduras? Su contestación fue: prefiero a un dictador liberal antes que un gobierno democrático sin liberalismo

En su segunda visita, en abril de 1981, Hayek concedió una larga entrevista al periódico El Mercurio. Una periodista claramente pinochista, le preguntó: ¿Qué piensa de las dictaduras? Su contestación fue: “Muy buena pregunta. Gracias por habérmela hecho. Disertemos un poco. Y bien, yo diría que, como institución a largo plazo, estoy totalmente en contra de las dictaduras. Pero una dictadura, una forma de poder dictatorial puede ser un sistema necesario en un determinado momento en algún país y solo por cierto tiempo. Como usted comprende, a un dictador le es posible gobernar de un modo liberal y es igualmente posible que una democracia gobierne con una falta total de liberalismo. Personalmente, prefiero a un dictador liberal antes que un gobierno democrático sin liberalismo…

Le repregunta la periodista: Lo que significa que, durante los periodos transitorios, usted propondría Gobiernos más fuertes y dictatoriales…

HayekEn tales circunstancias, es prácticamente inevitable que alguien tenga poderes casi absolutos. Poderes absolutos que debería utilizar precisamente para evitar y limitar que nadie imponga un poder absoluto en el futuro.

A pesar de estos planteamientos ideológicos inasumibles en un sistema democrático de Hayek, Margaret Thatcher no tuvo problema alguno de seguir sus consejos. Según una célebre anécdota, durante una reunión política del Partido Conservador a fines de la década de los 70, cuando un orador comenzó a defender una vía pragmática, Thatcher dejó caer sobre la mesa Los fundamentos de la libertad de Hayek, y declaró ante los miembros de la asamblea: “Esta es nuestra opinión al respecto”. En agosto de 1979, Hayek escribió a Thatcher acerca de que la necesidad de doblegar a los sindicatos era urgente. Le instó a recortar cuanto antes el gasto público y a reajustar el presupuesto en un año en lugar de cinco. Le exhortó finalmente a seguir más estrictamente el ejemplo de Chile, Thatcher le respondió que el impacto social de un ajuste tan rápido no habría sido viable y que la naturaleza democrática del Reino Unido suponía que el modelo chileno no era directamente trasladable. A pesar de este desacuerdo Thatcher declaró ante la Cámara de los Comunes, el 5 de enero de 1981 ser gran admiradora de Hayek y recomendó a los honorables miembros de la Cámara que leyeran sus libros.

El daño llevado a cabo por la dictadura de Pinochet fue brutal en muchos aspectos. Este golpe militar sin precedentes fue el modelo de todos los golpes de Estado y de los programas Cóndor de aniquilación de la izquierda latinoamericana. Tal como describe Marco d’Eramo en el libro citado antes, resultó ejemplar que a los opositores se les encerrara en estadios deportivos, donde al menos 2.130 personas fueron declaradas muertas y 1,248 desaparecidas; 28.459 fueron torturadas, incluidas 3.621 mujeres (3,400 fueron violadas por sus carceleros), 1.244 menores y 176 niños menores de 13 años, según las comisiones oficiales y no tienen en cuenta los asesinatos de que hay testimonios pero que no pudieron contabilizarse como en el caso de los miles de mineros asesinados por los militares. En Chile tuvo el privilegio de inaugurar la técnica de arrojar al mar a los opositores desde aviones, una técnica luego copiada en Argentina y Brasil, y no solo allí. Además 150.000 opositores se vieron obligados al exilio.

Pero el daño de la dictadura no solo es gravísimo con las víctimas asesinadas o exiliadas. Todas las reformas sociales neoliberales implantadas en el Chile de Pinochet van en la dirección de beneficiar a las élites en detrimento de la clase trabajadora. Me fijaré en una de ellas. Las AFPs (Administradoras de Fondos de Pensiones) son la creación más emblemática del neoliberalismo chileno, hijas del cálculo y la imaginación de José Piñera, ex ministro de Trabajo del régimen de Pinochet y hermano de Sebastián Piñera. De raíces democristianas, José Piñera, a fines de la década de 1970 pasó a integrar el círculo de jóvenes talentos reclutados por Pinochet para “modernizar” el país. Para desmantelar el Estado, recibió del gobierno plenos poderes para sustituir el sistema público de jubilaciones y pensiones, supuestamente deficitario, y remplazarlo por uno de ahorro privado. Con ese cambio todos los trabajadores fueron obligados a entregar un porcentaje de sus sueldos a las AFPs, sin que hubiera aporte alguno de los empleadores. La excepción: los militares quedaron al margen y hoy siguen jubilándose con el 100% de su último salario. Un ejemplo de la crueldad del sistema neoliberal, que puede calificarse de necropolítica. La plaza de la Constitución de Santiago de Chile simboliza el centro de poder. Allí está el Palacio de la Moneda bombardeado por Pinochet en 1973. En esa plaza falleció de un infarto, en 2015, Mario Enrique Cortés, de 80 años. Pinochet también bombardeó la tercera edad porque Mario murió en pleno invierno mientras trabajaba para una empresa de jardinería, como muchos ancianos chilenos obligados a seguir trabajando porque cobran pensiones misérrimas. Se levantaba a las 4 de la madrugada para llegar a tiempo a su trabajo desde la comuna de El Bosque; su trabajo iniciaba a las 6 y finalizaba a las 3 de la tarde.

Ahora quiero fijarme en un aspecto preocupante, el que en la sociedad chilena existen todavía muchas reticencias para conocer de verdad lo que supuso esa larga noche de piedra. La sombra de la dictadura es alargada. De esta circunstancia sabemos mucho los españoles. Como paradigma puede servir el consciente y lamentable desconocimiento del golpe militar y sus lamentables secuelas en el sistema educativo chileno, y, especialmente en la asignatura de Historia, por lo menos hasta hace poco. Que esta circunstancia se produjera en tiempos de Pinochet se entendería, ya no en un régimen democrático. Me resulta difícil de entender que, en un sistema político, teóricamente democrático, puede suceder el acontecimiento que relato a continuación. Vamos a verlo. Para ello extraigo unos breves fragmentos de un documento que me impresionó. No hago comentarios, porque me parecen innecesarios. Se comentan solos.

El 30 de diciembre de 2012 el Presidente (el delegado de los alumnos) del 4°F Humanista (se correspondería con 2º de Bachillerato en España) del Instituto Nacional de Santiago de Chile, una de las instituciones educativas públicas de mayor prestigio, Benjamín González, en el acto solemne de despedida de los alumnos ante todas las autoridades educativas y políticas, se salió del libreto y emitió las siguientes palabras:

“Cuando me embarqué en la tarea de hacer un discurso con motivo de la Licenciatura, me encontraba con más dudas que certezas. ¿Qué digo? En primera instancia, intenté hacer algo similar a los discursos que he escuchado en las ceremonias de aniversario del colegio. Hacer un breve repaso de la historia del Instituto Nacional fundado en 1813. Recordar que han sido institutanos 18 presidentes de la República de Chile. Entre los que destacan Pedro Aguirre Cerda, José Manuel Balmaceda y, el poco mencionado en los discursos, Salvador Allende. Pero no. Hoy no vengo a repetir ni recordarles lo que ya todos sabemos…

Las semejanzas de Chile con España en la actualidad se mantienen. Todavía hoy en los dos países determinadas fuerzas políticas legitiman y justifican ambos golpes militares, el de Franco y el de Pinochet

Hoy, vengo hablar de aquello que todos como institutanos callamos. De aquello que la historia oficial prefiere olvidar y dejarlo fuera de lo público. Recuerdo claramente el segundo día de clases de 2007, cuando llegó una profesora, y nos empezó a contar la historia de este colegio, además de decir que del Instituto Nacional han salido 18 Honorables Presidentes de la República, nos comentó que también habían salido de esta institución importantes forjadores de la patria, que cuando nos pasaran Historia de Chile en segundo medio sabríamos. Sin embargo, luego de que en el preuniversitario me pasaran Historia de Chile, reconozco que la profesora obvió el contarnos varios detalles. Detalles como que, entre los 18 presidentes de Chile, no son pocos los que tienen las manos manchadas con sangre de este pueblo. A modo de ejemplo, institutano fue Pedro Montt Montt, presidente de Chile que dio la orden de asesinar a 3.500 salitreros en el Norte Grande, conocida actualmente como la mayor matanza en la historia de nuestro país (después de los 17 años de dictadura, claro) hablo de La Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique. También a mi profesora se le olvidó mencionar que institutano fue Germán Riesco Errázuriz, presidente de la República en el periodo del auge de la “Cuestión Social” destacando la matanza a raíz de la Huelga de la Carne, la cual dejó un saldo de más de 300 muertos en las calles del centro de Santiago. Previamente, destacan dos tristes hechos en la historia de Chile en que institutanos también han sido actores principales. Fue un institutano Manuel Bulnes Prieto, quien sofocó la Revolución Liberal de la Sociedad de la Igualdad, causando decenas de bajas. Fue institutano también, Aníbal Pinto, presidente de Chile, quien nos condujo a una absurda guerra contra nuestros hermanos peruanos y bolivianos por intereses oligarcas. Esta guerra, la Guerra del Pacífico, causó 3 mil bajas en Chile y más de 10 mil bajas en los países vecinos. Diego Portales también fue institutano. Pero, para terminar con este breve, recorrido histórico por la “Historia no contada” de los ilustres Institutanos, quisiera concluir con un deseo: El próximo año hay elecciones presidenciales. Ojalá el número de presidentes institutanos no crezca hasta los 19. Me daría vergüenza que Laurence Golborne, un institutano que hasta hace 3 años era Gerente General de Cencosud, (a saber: Jumbo, Paris, Santa Isabel, Costanera Center, entre otros) consorcio que paga $4.072 de patente al año, fuera presidente de Chile.

Para concluir esta catarsis contenida por 6 años, me gustaría compartir con ustedes dos anécdotas que me ocurrieron este año en el colegio. Corrían los primeros meses del año, cuando equis profesor preguntó en voz alta a todo mi curso: ¿Quién de aquí sabe qué es la comisión Valech o el informe Rettig? Ninguna mano se levantó. Nadie de un cuarto medio humanista del “Mejor colegio de Chile” lo sabía. Y la segunda, casi en la misma línea: El 11 de septiembre del año que se va, cayó martes. Día en el cual me tocaba por asignatura Historia Electivo e Historia Común. En mi interior, cuando me dirigía al colegio pensé que, por lo particular de la fecha, y por ser un curso Humanista usaríamos esas 3 horas para discutir respecto al tema. Craso error. Parece que eran más importante las Batallas Napoleónicas en Historia Común y la Ley de oferta y demanda en historia electivo que las bombas de ruido que se escuchaban explotar en el colegio a esas horas de la mañana. Comentando con unos compañeros en el recreo la situación, recordamos que nunca, en los 6 años que llevamos en el colegio nos pasaron el Golpe de Estado (donde, paradójicamente, murió un Presidente Institutano). Es decir, haciendo el experimento que yo sólo sepa lo que me han pasado en el colegio y nada más, no sabría quién fue Augusto Pinochet. Repito: Cuarto medio humanista en el mejor colegio de Chile”.

No quiero alargar más este artículo. Las semejanzas de Chile con España en la actualidad se mantienen. Todavía hoy en los dos países determinadas fuerzas políticas legitiman y justifican ambos golpes militares, el de Franco y el de Pinochet. Y, no menos grave, también los legitiman y justifican sectores no pequeños de ambas sociedades. Lamentable.