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jueves 19/5/22
RostroPalme
 

OlofVertical“Ahora el pueblo español se está liberando de los demonios del pasado. ¿Quién puede creer que este proceso es irreversible? Un pueblo no puede vivir su vida sin democracia”. Esta afirmación la hizo Olof Palme en el 27 Congreso del PSOE, en diciembre de 1976, celebrado en la ilegalidad, que no en la clandestinidad. Algo más de un año antes Olof Palme, Presidente del Gobierno de Suecia recorría las calles de Estocolmo, sonriente (lo que más irritó al tardofranquismo) con una hucha en la mano y un cartel en el pecho “Por la Libertad de España”, en repulsa a los fusilamientos tras el nefando juicio franquista de Burgos. De todo esto se pueden extraer algunas conclusiones: La primera y mas importante es su amor a España, la segunda su convicción de que España estaba avanzando de manera invencible en la derrota de la dictadura y la conquista de la democracia, y la tercera que la democracia no es ni irreversible ni inevitable, y que hay que cuidarla día tras día. El día 30 de enero de este año hubiera cumplido 95 años si no hubiera sido asesinado en 1986, cuando, como un ciudadano más, siendo el Presidente de Suecia, salía de una sesión de cine con su esposa.

 Olof Palme junto a Willy Brandt son los pilares en los que se ha asentado, al menos en mi generación, el valor de la socialdemocracia europea como espejo en el que mirarnos, y poder asumir y superar las cicatrices y errores que tenemos los socialistas españoles, consecuencia de una singladura muy áspera y enconada, aunque no más que la de la socialdemocracia alemana, presidida por una fase de la historia que podría definirse por la de las  tres R, Reforma, Revolución y Reacción, y en la que nosotros, combatiendo a la reacción nos debatíamos en una contradicción insalvable entre la Revolución y la Reforma, para acabar hundidos en una dictadura nacionalcatólica asesina y retrograda. Saltando por el abismo del tiempo  puede ser de interés, en esta España del siglo XXI, echar una mirada a los fundamentos del pensamiento de Palme y valorar si son, o no, aplicables en un mundo en el que los cambios han sido brutales, de forma tal que los soportes y el monopolio de la información han sido derrotados por el teléfono móvil, y los asuntos mas personales, como la identidad de género, se superponen sobre los factores colectivos, lo que ha debilitado  el sentido de pertenencia a una clase. Olof Palme tenia muy claro dos valores en el plano nacional e internacional, justicia y democracia, considerados por el de esencial aplicación en Suecia y en el resto del mundo. Ya hemos dicho que para él la democracia, siendo vital, no era ni inevitable ni irreversible, y que por tanto había que vincular necesariamente la democracia a las cuestiones importantes, porque si “…se aparta a la democracia de las grandes cuestiones decisivas entonces se la despoja de su vitalidad”. La justicia y la democracia estaban para Olof Palme unidas en la denominada Sociedad Fuerte, concepto acuñado con anterioridad a él y que así definía: ”Si alguien me pregunta ¿qué es la sociedad fuerte?, me gustaría responder, en gran medida es la sociedad que en medio de variaciones coyunturales, crisis monetarias, cambios estructurales y reconversiones industriales es capaz de intervenir y proteger el derecho al trabajo y la manutención de las personas… el trabajo es, sobre todo, lo que crea igualdad”. Su profunda convicción sobre el trabajo y su dignidad como pilar de la estabilidad de la democracia, y no solo de la socialdemocracia es como una noble obsesión a lo largo de todos sus discursos, con gran fuerza asertiva: “el trabajo, tener un trabajo, es una parte esencial de las personas. Pregunten a cualquier persona quién es y contestará con su nombre y profesión…el trabajo está muy relacionado con valores como la confianza en sí mismo, la dignidad humana y el sentido de la vida”. Pero defiende con singular vehemencia el valor del trabajo, cuando habla, en sentido negativo de la otra cara de la moneda, el paro. El paro, dice Olof Palme, es “un despilfarro terrible… y un sufrimiento humano”, y es “…una amenaza contra nuestro tipo de sociedad abierta, (porque)…socava todo el cimiento del edificio social sobre el que debe construirse la democracia“ y si éste afecta sobre todo a los jóvenes, esto hace “…que pierdan su fe en el futuro y la confianza en sí mismos”. En ese objetivo fundamental de combatir el paro garantizando un empleo digno consideraba como aliados fundamentales a los Sindicatos, a los que defendía de forma apasionada, por que “…los sindicatos, reforzando la voz de la gente corriente, desempeñan un papel decisivo en el fortalecimiento de la democracia (…) ya que representar una fuerza que contrapesa la de los patronos y gobiernos…” En la Vía Sueca por el Empleo, se asentaban los fundamentos de su defensa del papel de los sindicatos, y de esta forma lo expresaba en un determinado momento: “Nosotros tenemos la tasa de empleo más alta que haya tenido ningún país en la historia, y no es gracias al neoliberalismo y al mercado, no, sino que es una victoria ideológica, una victoria de la colaboración entre el sindicato y la socialdemocracia”. Pero debe quedar claro que su rechazo al neoliberalismo y el objetivo prioritario, frente a todo, de lucha contra el paro, se combinaba con una defensa férrea de las finanzas sanas asociadas a la lucha contra la inflación, porque era consciente de que si el gobierno no controlaba sus finanzas y la evolución de los precios esta situación acabaría lastrando la capacidad de competir a nivel internacional de Suecia.

Apuesta decidida por un Sector Publico fuerte, el más grande del mundo cuando Palme fue asesinado. Pero este ingente empleo público no era para tareas burocráticas, sino que por el contrario desarrollaban su trabajo en la “producción de bienestar”

XXVII CONGRESO PSOE: Madrid, 05-12-1976.- Esta maÒana se  iniciaron las sesiones del XXVII Congreso del Partido Socialista Obrero espaÒol (PSOE), primero que tuvo lugar en el paÌs desde la Guerra Civil, pero todavÌa en la clandestinidad. En Èl, Felipe Gonz·lez fue reelegido como secretario General y recibiÛ el respaldo de los principales dirigentes europeos. En la imagen de izda.a dcha.: Felipe Gonz·lez, Willy Brandt y Olof Palme. EFE/rbaLos valores de Justicia y Democracia, para Olof Palme estaban atravesados por la lucha por el pleno empleo, como ya hemos comentado, y por la igualdad de género, y su posición partía de la clara conciencia ideológica de las desigualdades, por el mero hecho de ser mujer, que afectaban a las mujeres y que se traducía en una subrepresentación en el trabajo y en cualquiera de los aspectos e instituciones de la sociedad, y a erradicarlas dedicó parte de sus mejores esfuerzos políticos, abarcando desde el cambio de los roles tradicionales de mujeres y hombres en las tareas familiares como a la búsqueda de la igualdad en los centros de trabajo y en la garantía de oportunidades para las mujeres empezando por la educación de la sociedad. Uno de los elementos muy reseñables de la búsqueda de la igualdad en Olof Palme es la atención prioritaria que, en materia educativa y para erradicar las diferencias económicas en origen, dedicó a los jóvenes, a los adultos que muchos eran de una generación en la que hubo graves carencias educativas para los hijos de los trabajadores, y sobre todo para los niños, porque era plenamente consciente que ya desde los parvularios y guarderías tenían que compensarse las diferencias de origen. Y este  hecho me lleva a mencionar, la apuesta decidida de los socialdemócratas suecos, y de Olof Palme, por la configuración de un Sector Publico fuerte, de forma tal que el salto experimentado por éste en la estructura económica sueca es espectacular, ya que era el más grande del mundo cuando Palme fue asesinado, no solo en relación con las transferencias sociales como pensiones, seguro de paro, seguros de enfermedad o subvenciones por niños, sino porque al mismo tiempo trabajaba en el sector publico un mayor porcentaje de población adulta que en cualquier otro país, sobre todo por la incorporación de las mujeres al trabajo. Pero este ingente empleo público no era para tareas burocráticas, sino que por el contrario desarrollaban su trabajo en la “producción de bienestar”, ya que era sobre todo empleo, a todos los niveles de la administración, dedicado a guarderías y parvularios, atención a los ancianos, enseñanza, atención sanitaria y otros servicios sociales esenciales.

Tras la muerte de Olof Palme, se alteraron las prioridades que ya fueron las de la inflación y no la del paro. El sector público fue objeto de experimentos de economía de mercado y de privatización de servicios públicos y Suecia como el resto de Europa entró en una etapa de paro masivo. En cualquier caso, el legado de Olof Palme sigue teniendo una enorme vigencia para toda la socialdemocracia europea, y, tras la gran recesión y pandemia, los objetivos prioritarios, frente a todo, de lucha contra el paro y disponer de un potente escudo social a través del Sector Publico para afianzar una sociedad fuerte en igualdad y bienestar se han demostrado esenciales como señas de identidad de la socialdemocracia, tal cual eran en la época de Olof Palme.  

Nota final. - Las frases entrecomilladas en las que apuntalo esta reflexión sobre la vida de Olof Palme están extraídos de un libro que me regalaron mis compañeros del sindicato LO de Suecia, cuando decidí finalizar mi etapa como secretario general de la UGT-E. Este libro se titula: Olof Palme, Reformista sin Fronteras, y está escrito por Peter Antman & Pierre Schori.

* Cándido Méndez Rodríguez. Secretario general de la UGT-E, 1994-2016, y Presidente de la Confederación Europea de Sindicatos, 2003-2007.

Olof Palme y los demonios del pasado