jueves. 30.05.2024
Pinochet_-_Kissinger (1)
Pinochet_-_Kissinger (1)

Javier M. González | @jgonzalezok |
Gabriela Máximo | @gab2301


El joven periodista americano David Atlee Phillips era un agente de la CIA al inicio de su carrera en Santiago en los años 50. Chile todavía no representaba un gran problema para la central de inteligencia americana, pero Phillips ya mostraba su talento para el espionaje. Bajo el seudónimo de Paul Langevin, logró infiltrarse en una organización de izquierda. Fue así que, en 1952, presenció el discurso de un dirigente del Partido Socialista y quedó impresionado con la fuerza de su oratoria. Hizo un informe a sus jefes en el que recomendaba prestar atención a este político. Su nombre, Salvador Allende Gossens.

Phillips se convertiría en uno de los más importantes y legendarios agentes de la CIA, llegando a ser jefe de la agencia para todo el Hemisferio Occidental. Allende fue elegido presidente 18 años más tarde, en su tercer intento. El primero fue en aquel 1952, cuando obtuvo un ínfimo 5% de los votos. El episodio relatado por Phillips años más tarde muestra que Allende estaba en el radar del servicio secreto americano desde los años 50, como también cuenta el periodista chileno Carlos Basso en su libro La Conexión Chilena: Historia de espías. Pero fue en 1970, al vencer en las elecciones presidenciales al frente de la coalición de izquierda Unidad Popular (UP), con un proyecto socialista de gobierno, que se convirtió en el objetivo de una persecución implacable del gobierno de los EE.UU. hasta ser depuesto por el golpe cívico-militar del 11 de septiembre de 1973, que ahora cumple los 50 años.

En septiembre de 1970, Nixon determinó que la CIA promoviese un golpe de Estado en Chile por todos los medios posibles

En septiembre de 1970, el gobierno del entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, estudiaba varias opciones para intentar impedir que Allende tomase posesión de su cargo. La idea de fomentar un golpe no tenía un apoyo unánime. El embajador americano en Santiago, Edward Korry, dejó clara su posición en un memorándum: “Estoy convencido de que no podemos provocar [un golpe] y no debemos correr el riesgo de una nueva Bahía de Cochinos”, dijo en referencia al fracasado intento americano de fomentar un golpe en Cuba, en 1961. El jefe de la CIA en Santiago, Henry Hecksher, tampoco apoyaba la idea. Pero ambos fueron vencidos por el entonces Consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger. El día 15 de septiembre, Nixon determinó que la CIA promoviese un golpe de Estado en Chile por todos los medios posibles.

El gobierno de Estados Unidos corría contra el reloj para impedir que el Congreso chileno declarase a Allende como presidente el día 24 de octubre. Allende había sido elegido el 4 de septiembre, pero como no tuvo mayoría absoluta la decisión recaería sobre el Legislativo. El día 13 el embajador Edward Korry se reunió con Nixon en Washington y constató la animosidad del presidente. El relato de lo que pasó en el encuentro está en el libro Pinochet File: A Declassified Dossier on Atrocity and Accountability (The New Press, 2103), de Peter Kornbluh, director del National Security Archive (NSA), una organización creada por periodistas e investigadores para garantizar el acceso público a informaciones de los gobiernos.

“Ese hijo de puta, ese hijo de puta”, gritaba Nixon golpeándose la palma de la mano con el puño, al tiempo que Korry y Kissinger entraban en el Salón Oval de la Casa Blanca, a las 12.54 del 15 de octubre. Cuando Nixon vio la expresión de perplejidad en la cara de Korry, afirmó: “Usted no, señor embajador. Es el hijo de puta de Allende, vamos a aplastarlo”.

El plan para impedir la asunción de Allende resultó en una de las más infames acciones de la CIA en el exterior hasta entonces

El plan para impedir la asunción de Allende resultó en una de las más infames acciones de la CIA en el exterior hasta entonces. La central americana participó en la elaboración del plan y suministró 50.000 dólares para que el general en la reserva Roberto Viaux reclutase a los ejecutores. Viaux era el militar identificado por la CIA como uno de los más predispuestos a actuar contra Allende. La idea era secuestrar al Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider, un general constitucionalista, que sería enviado secretamente a Argentina, creando el clima propicio para un golpe militar. El Congreso sería cerrado y una Junta asumiría el poder. Pero la operación -realizada el día 22 de octubre- falló: Schneider, que se intentó defender, fue alcanzado por varios disparos y murió tres días después en el hospital, sin que se produjera ningún movimiento golpista.

“¿Qué está sucediendo en Chile?”, pregunto Nixon a Kissinger, de acuerdo con la transcripción de una llamada telefónica a la cual el NSA tuvo acceso. Kissinger dijo al presidente que la operación había fracasado. Para asegurarse, Nixon quiso saber si “ellos tomarían el gobierno” en caso de que algo desestabilizador sucediera. “Esta era la teoría”, respondió su asesor de Seguridad Nacional”. “Pero son una banda de incompetentes”, añadió, refiriéndose a los militares chilenos que apoyarían el golpe.

Pinochet
Pinochet

En 1999, el presidente americano Bill Clinton ordenó una desclasificación en masa de los archivos de la CIA y otros órganos, después de la prisión en Londres del exdictador chileno Augusto Pinochet. El material, más de 24.000 documentos secretos, cubre el período entre 1970 y 1990 -desde la elección de Salvador Allende a los 17 años de la dictadura. Muchos documentos, sin embargo, se mantienen todavía en secreto.

“La elección de Allende como presidente de Chile representa para nosotros uno de los más serios desafíos jamás enfrentados en este hemisferio”, escribió Kissinger a Nixon

“La elección de Allende como presidente de Chile representa para nosotros uno de los más serios desafíos jamás enfrentados en este hemisferio”, escribió Kissinger a Nixon días antes de una reunión del Consejo de Seguridad Nacional. “El ejemplo de un gobierno marxista electo y exitoso en Chile, ciertamente tendría un impacto -y serviría como precedente- en otras partes del mundo, especialmente Italia. La propagación de un fenómeno semejante en otro lugar afectaría significativamente el equilibrio del mundo y nuestra propia posición en él”, añadió.

Seis días después de la asunción de Allende, Kissinger distribuyó un memorándum con el sello TOP SECRET/SENSITIVE/EYES ONLY, con las directrices del Consejo de Seguridad Nacional. Entre ellas estaba buscar la colaboración de otros países de la región, especialmente Brasil y Argentina, para impedir acciones del gobierno chileno “que puedan ser contrarias a nuestros intereses mutuos”. Y orienta a funcionarios del gobierno a mantener “relaciones cercanas con líderes militares amigables en el hemisferio”. El documento, titulado Política en relación a Chile, describía las acciones que debían tomarse.

Entre ellas: “Excluir, en la medida de lo posible, nuevos financiamientos o garanías para inversiones privadas americanas, incluyendo las relativas al Investment Guarantee Program u operaciones del Export-Import Bank; influir lo máximo posible para que instituciones financieras internacionales limiten el crédito u otras ayudas financieras a Chile (a este respecto se deben hacer esfuerzos para coordinar y obtener el máximo apoyo posible de otras naciones amigas, especialmente de Latinoamérica, con el objetivo de reducir la exposición unilateral de los EEUU)”. Todos estos documentos se pueden encontrar en la página del NSC o directamente en la del Departamento de Estado norteamericano.

Esta fue la postura del gobierno americano durante los 1001 días que duró el gobierno de Allende: apoyar o fomentar acciones que lo debiliten hasta el punto de ruptura. En el campo económico, manipuló el precio internacional del cobre, afectando directamente el principal producto de exportación de Chile. Nixon quería “hacer gritar la economía” chilena, según las notas que tomó el entonces jefe de la CIA, Richard Helms, de una reunión con el presidente.

Políticamente, Nixon actuó de forma no institucional, apoyando a grupos terroristas de extrema derecha, como Patria y Libertad

Políticamente actuó de forma no institucional, apoyando a grupos terroristas de extrema derecha, como Patria y Libertad. Ayudó financieramente a partidos políticos, radios y periódicos opositores. Patrocinó la histórica huelga de camioneros que, por 26 días en 1972, paró el país, haciéndolo casi ingobernable y contribuyendo al clima golpista.

Las operaciones encubiertas de la CIA para derrocar a Allende fueron reveladas por primera vez en 1974 por el periodista americano Seymour Hersh en “The New York Times”. El artículo provocó un escándalo internacional y la apertura de una investigación con audiencias públicas en el Senado, que resultó en el informe Covert Action in Chile, 1963-1973.

En su testimonio a la comisión, Kissinger afirmó, según el National Security Archives: “La intención de los EEUU no era desestabilizar o subvertir, sino continuar apoyando partidos [de oposición]”. Añadió en otro momento: “Nuestra preocupación eran las elecciones de 1976 y en absoluto un golpe de Estado como el de 1973, del cual nada sabíamos y con el cual no teníamos nada que ver”. La publicación de los documentos secretos a partir de 1999 mostró lo contrario.

En los días siguientes al golpe, Kissinger dio instrucciones al embajador para que transmitiese al jefe de la Junta Militar, el general Augusto Pinochet, el deseo americano de cooperar con el gobierno golpista. Ante la observación de consejeros del Departamento de Estado que centenares de chilenos estaban siendo ejecutados, Kissinger respondió: “Por más desagradables que sean sus acciones, este gobierno es mejor para nosotros que el de Allende”.

Nuevos documentos de la CIA desclasificados

A los 50 años del golpe, el gobierno norteamericano desclasificó en este sábado (26/8/2023) dos nuevos documentos de la CIA tras un pedido formal del presidente chileno, Gabriel Boric. Se trata de parte del informe diario de inteligencia sobre la situación del mundo que el presidente del EEUU recibía todas las mañanas. Los archivos abiertos corresponden al 8 y el 11 de septiembre de 1973. Muestran que hasta tres días antes del golpe la CIA no estaba segura de que el Ejército y la Fuerza Aérea se sumaran al intento golpista de la Armada. Decía, equivocadamente, que “si los cabezas calientes de la Armada actúan creyendo que van a tener apoyo de los otros servicios se pueden quedar aislados”. 

El informe del día 11, posiblemente redactado horas antes del golpe, dice que los planes golpistas habían ganado apoyo de “unidades militares clave”. Añade: “Aunque los oficiales militares están cada vez más determinados a restaurar el orden político y económico, aún carecen de un plan efectivamente coordinado que vaya a capitalizar en la amplia oposición civil”.

El gobierno de Estados Unidos ofreció al régimen de Pinochet ayudada financiera, militar y diplomática

El gobierno de Estados Unidos ofreció al régimen de Pinochet ayudada financiera, militar y diplomática. Un ejemplo fue la colaboración de la CIA en la creación de la DINA, la policía secreta chilena que realizó gran parte de los secuestros y ejecuciones de opositores. En 1975, el jefe de la DINA, general Manuel Contreras, estaba a sueldo de la CIA. Documentos desclasificados en el 2000 muestran que la agencia tuvo contactos con Contreras entre 1974 y 1977, o sea, incluso después de que el general ordenó el atentado con bomba en Washington que mató al excanciller chileno Orlando Letelier y su asistente, la ciudadana norteamericana Ronni Moffitt, en septiembre de 1976.

En 1976 Pinochet recibió a Kissinger en Santiago, con motivo de la reunión en la capital chilena de la VI Asamblea General de la OEA. A esas alturas, gran parte de las más de 3.000 ejecuciones ya se había producido -el 68% fueron en los tres primeros meses después del golpe-, pero Kissinger prefirió evitar el tema, contrariando el consejo de su asesor para América Latina, William D. Rogers.

Pinochet_-_Kissinger (2)
Kissinger, en el centro, junto a Pinochet.

La transcripción del diálogo entre el Secretario de Estado y el dictador revela el apoyo americano a los métodos del régimen: “En Estados Unidos, como sabe, somos solidarios con lo que ustedes están intentando hacer aquí (…) Ustedes prestaron un gran servicio a Occidente al derrocar a Allende”. Sobre la violación a los derechos humanos, Kissinger añadió que el régimen militar estaba siendo víctima de la propaganda de la izquierda.

En esa visita de Kissinger a Santiago, el norteamericano retrasó un día su discurso para tener tiempo de advertir a Pinochet que tendría que referirse brevemente al informe elaborado por la Comisión de Derechos Humanos de la OEA sobre la situación en Chile. Y que lo haría para evitar que el Congreso norteamericano, donde había “problemas” por el tema derechos humanos, aprobara sanciones contra el país. “Quería que entendiera mi posición, queremos abordar el tema con persuasión moral, no con sanciones legales”, añade Kissinger.

En su discurso, Kissinger no condenó la violación de los derechos humanos por parte del gobierno de Pinochet

En su discurso, Kissinger no condenó la violación de los derechos humanos por parte del gobierno de Pinochet, limitándose a constatar que, como señalaba el informe de la OEA, esta cuestión había empañado la relación de los otros miembros de la organización con Chile y seguiría haciéndolo, añadiendo: “Deseamos tener una relación de amistad y todos los amigos de Chile confían en la pronta eliminación de todos los obstáculos que plantean las condiciones alegadas en el informe”.

Entre los ejecutados o desaparecidos de la dictadura estaba el ciudadano americano Charles Horman, el periodista cuya historia inspiró a Costa Gavras para su película Missing (1982, Palma de Oro en Cannes y Oscar al mejor guion adaptado). Los documentos desclasificados revelan que la CIA no solo sabía, sino que también pudo haber participado del asesinato de Horman, que fue detenido en su casa por militares el 17 de septiembre de 1973.

“Algunas evidencias circunstanciales sugieren: la inteligencia americana puede tener un infeliz papel en la muerte de Horman. En la mejor de las hipótesis, se limitó a ofrecer informaciones o confirmar informaciones que ayudaron a motivar su asesinato por el GOC [Gobierno de Chile]. En el peor de los casos, la inteligencia americana sabía que el GOC contemplaba seriamente a Horman y funcionarios de los EEUU no hicieron nada para evitar la consecuencia obvia de la paranoia del GOC”, dice el documento.

Trece años después de apoyar el golpe, los Estados Unidos se apartaban definitivamente de Pinochet

Trece años después de apoyar el golpe, los Estados Unidos se apartaban definitivamente de Pinochet. En 1986 el mundo ya era otro: las dictaduras de Argentina y Brasil habían terminado, en 1983 y 1985, respectivamente. El fantasma del comunismo ya no asustaba como antes, el Muro de Berlín caería cuatro años después, poniendo un fin a la Guerra Fría.

Pinochet ya había sufrido presiones del gobierno del presidente demócrata Jimmy Carter (1977-1981) por la reiterada práctica de violación de los derechos humanos. Pero fue el gobierno del presidente Ronald Reagan, un antimarxista ultraconservador, que se apartó definitivamente de Pinochet y pasó a presionarlo. La resistencia del dictador irritaba en Washington. En entrevista a “The New York Times”, el entonces Secretario de Estado adjunto, Langhorne Anthony Motley, dijo sobre Pinochet: “[Es] el loco más difícil que ya vi. Hace que Somoza y el resto de estos tipos parezcan una banda de ingenuos”.

En 1988, bajo presión, Pinochet convocó un plebiscito para que los chilenos decidieran si le otorgaban o no ocho años más en el poder. Contra sus pronósticos, el “NO” venció y las primeras elecciones democráticas en casi dos décadas se celebraron el año siguiente, con la victoria de Patricio Aylwin al frente de una coalición liderada por el Partido Demócrata Cristiano. En marzo de 1990 el país volvió a la democracia.


javier_m_gonzalez


Javier M. González | Corresponsal de RNE en América Latina y en Alemania. Cubrió información de Chile desde la transición hasta la muerte de Pinochet.


gabriela_maximo


Gabriela Máximo | Periodista brasileña de política Internacional. Cubrió diversos acontecimientos en América Latina y África para Jornal do Brasil y O Globo.


La CIA contra Allende