domingo. 21.07.2024
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Cartel de reclutamiento de Grupo Wagner en Rusia en 2023. (Wikipedia)

El pasado 24 de junio nos sorprendió con la alarmante noticia de que, en Rusia, unidades militares del conocido como Grupo Wagner se habían rebelado exigiendo la destitución de las altas jerarquías del Ministerio de Defensa ruso, el propio ministro, general Serguéi Shoigú, y el jefe del Estado Mayor de la Fuerzas Armadas rusas, general Valeri Guerásimov. Como medida de presión, algunas unidades del Grupo Wagner abandonan sus posiciones en la retaguardia del despliegue ruso en el frente ucraniano y, tras controlar la estratégica ciudad de Rostov del Don, inician su marcha hacia Moscú, llegando hasta doscientos kilómetros de la capital.

Momento en el cual, diversas gestiones, en las que juega, al parecer, un importante papel el presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, se llega a un acuerdo, según el cual se aborta la rebelión, las unidades wagnerianas destacadas hacia Moscú regresan a sus bases o se disuelven y el propio presidente Putin, que había amenazado con encausar a todos los participantes, incluido, principalmente, su jefe Prigozhin, se desdice y promete impunidad. Progozhin se exilia en Bielorrusia y al resto de los rebeldes, que así lo quieran, se les acepta incorporarse a las Fuerzas Armadas rusas firmando el correspondiente contrato de compromiso. Pasando así de mercenarios a soldados sujetos a los códigos penales y disciplinarios de las Fuerzas Armadas rusas.

La cadena de acontecimientos de toda esta sorprendente e inesperada historia y sus posibles repercusiones en los ámbitos interno ruso, internacional y bélico en los frentes de la guerra en Ucrania, ya nos han sido descritos y analizados con profusión y detalle en los medios de comunicación nacionales y extranjeros. Pero no tanto en lo que respecta a sus motivaciones, es decir, a su “por qué” y a su “para qué”, para los que, dadas las circunstancias, sólo podemos especular, hasta que algún día, si llega, la historia nos los descubra.

El Grupo Wagner es el último tipo o modalidad de grupo mercenario moderno

El Grupo Wagner es el último tipo o modalidad de grupo mercenario moderno. Conocimos, en los años sesenta y setenta del pasado siglo XX, a los grupos de mercenarios que, dirigidos por europeos, luchaban contra los movimientos y guerrillas locales de liberación nacional africanos y que continuaron haciéndolo tras las independencias, apoyando, en las muchas y variadas guerras civiles que las siguieron, al bando o facción apoyado por la potencia excolonizadora.

Si no desaparecido, sí muy reducido este tipo de mercenariazgo, en los primeros años de nuestro actual siglo XXI, vimos aparecer (Afganistán, Irak, etc.) a los que prudentemente se les llamaba “contratistas”. Compañías comerciales privadas, que armaban, equipaban y entrenaban (y siguen armando, equipando y entrenando) a “soldados de fortuna” para venderse como “unidades auxiliares” de las Fuerzas Armadas del país que quisiera (y necesitara) contratarlos o como protección de grandes empresas (con frecuencia extractivas de materias primas) u organizaciones civiles (onegés por ejemplo) en zonas de conflicto. De las que la más conocida y controvertida (quizás por ser la más conocida) es la estadounidense Blackwater, que tras sucesivos cambios de nombre, hoy se llama Academy (otras importantes de cierta entidad serían las estadounidenses Defion Internacional y Triple Canopy, la canadiense Garda World o la británica G4S Secure Solutions). Estas compañías, conocidas como “compañías militares o de seguridad privadas”, además de desarrollar sus cometidos en situaciones de conflicto presente o latente, suelen estar muy conectadas o ser dependientes de (pertenecer a) otras grandes compañías comerciales del sector del armamento y la alta tecnología y abarcar también otros ámbitos de actuación. Pero siempre actuando como compañía comercial contratada (por un país, por una organización o por otra compañía comercial), lo que quiere decir que los gastos en los que incurran (el armamento y equipo por ejemplo) son de su responsabilidad.

Y esta última característica es la que ha diferenciado (hasta ahora, al menos) al Grupo Wagner de ellas, porque, aunque trabajan para el Estado ruso, no forman parte de sus Fuerzas Armadas, que, sin embargo, son las que lo abastecen. El abastecimiento de las “compañías militares privadas” occidentales corre, al menos en teoría, de su cuenta, como compañías comerciales que son.

Ahora bien, como estas “compañías militares privadas” clásicas, el grupo Wagner no se limita a proporcionar este tipo de “servicios militares” al Estado ruso, sino que aprovecha estos servicios para hacer negocios y lucrarse, como en África, donde tiene presencia en, al menos, nueve países, en los que además de prestar sus “servicios de seguridad” activos o de asesoramiento, actúa comercialmente a través del emporio Midas Resources, registrado en Madagascar (Lobaye Invest en minería, ONG Urgences Panafricanistes, Prigozhin Enterprises en Afrique, etc.).        

Esta situación un tanto ambigua  es el origen y el sustrato del enfrentamiento del que nos llevan informando hace tiempo entre la cúpula de las Fuerzas Armadas rusas y Yevgueni Prigozhin, el “accionista” (quizás su “cerebro económico”) y portavoz, que no único propietario, del “emporio comercial” del que forma parte el Grupo Wagner, cuyo nombre procede del mote (Wagner) del teniente coronel de los spetsnaz GRU (grupos de operaciones especiales del Departamento Central de Inteligencia militar) Dmitri Utkin, que creó en 2013 el Cuerpo Eslavo de “contratistas” para proteger las instalaciones de hidrocarburos en Siria y que al integrarse en el “emporio comercial” del que formaba parte Progozhin, y cuando éste se hizo cargo del mismo, mantuvo el nombre por el que había sido conocido su creador.

Prigozhin no es ningún experto militar pero sí un exitoso hombre de negocios hecho a sí mismo

Prigozhin no es, pues, ningún experto militar (al menos hasta 2013), pero sí un exitoso hombre de negocios hecho a sí mismo (probablemente con no demasiados escrúpulos), cercano al presidente Putin (como bien se nos ha repetido se le había llegado a conocer como “el chef de Putin”) y buen conocedor del mundo de la propaganda y las fake news (Agencia de Investigación en Internet, Patria Media Group, Proyecto Lakhta, etc.). Condiciones ideales para “chocar” con el detallismo y equilibrio que exigen los planes militares y para desesperarse al no conseguir de forma rápida los éxitos que cree ser capaz de alcanzar. No es de extrañar, por tanto, que al no sentir especialmente favorecidas a sus unidades por quien debía proporcionarle los medios para conseguirlos (el alto mando ruso) y confiando en su amistad y cercanía con el presidente Putin, se haya empleado a fondo, siguiendo sus conocidas técnicas de propaganda y fake news, en desacreditar a quien considera los culpables de sus posibles o aparentes fracasos, como el mortífero asalto a Bajmut, estratégicamente positivo, pero tácticamente una especie de “victoria pírrica”. En este ambiente, la chispa que ha iniciado el incendio de la rebelión fue la decisión tomada el 10 de junio por el Ministerio de Defensa ruso de obligar a todos los combatientes a firmar un compromiso de pertenencia a las Fuerzas Armadas rusas y, en consecuencia, pasar a depender, disciplinaria y operativamente de su cadena de mando militar, invalidando así las veleidades de actuación por su cuenta y de permanente exigencia del Grupo Wagner y su máximo responsable el señor Prigozhin. Desengañado e irritado, éste decide, bastante incomprensiblemente, jugárselo todo a una carta: la del amago de rebelión que obligara a su patrón, el presidente Putin, a inclinar la balanza a su favor.

No ha sido así, como no podía ser de otra manera. El amago de rebelión ha fracasado, pero sus consecuencias es posible que perduren en el tiempo. Ha dado armas de propaganda al enemigo (lo estamos viendo) y ha creado la confusión en sus propias filas y en su propia organización, el Grupo Wagner. Y ¿qué pasa ahora con los efectivos wagnerianos en África y alguna otra parte del mundo? ¿Tendrán también que firmar el compromiso con las Fuerzas Armadas rusas que se les está exigiendo a los desplegados en la guerra en Ucrania? Ya no serán mercenarios, sino soldados rusos, tropas rusas interviniendo en conflictos ajenos en países soberanos. Mala propaganda y postura internacional para Rusia. ¿Cómo se va a compaginar el apoyo “de seguridad” del Grupo Wagner a las empresas del “emporio económico”?

La realidad vuelve a mostrar que, en el mundo moderno, la utilización de mercenarios y de compañías militares privadas acaba volviéndose contra quien los utiliza. Es lo que podríamos llamar un “uso pírrico”. Pero, qué le vamos a hacer, vivimos en el mundo de la privatización. Ya no van quedando “rincones sagrados”.   

 

Rebelión del Grupo Wagner