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viernes 20/5/22
BRUNO ESTRADA

Bruno Estrada: “Una quiebra de Grecia es un escenario que no debería contemplarse”

El economista y director de Estudios de la Fundación 1º de Mayo repasa en esta entrevista las terribles consecuencias de una posible bancarrota del Estado heleno. Vaticina además el final de un modelo marcado por la hegemonía de EEUU. Y, de la mano de los emergentes, ve llegar un nuevo equilibrio entre las fuerzas del trabajo y el capital. 

El economista y director de estudios de la Fundación 1º de Mayo de CCOO, Bruno Estrada.
El economista y director de Estudios de la Fundación 1º, Bruno Estrada.

Bruno Estrada, director de estudios de la Fundación 1º de Mayo de Comisiones Obreras, defiende que la crisis deben pagarla los bancos, los tenedores de bonos, los accionistas de los bancos. Este profesor de Economía y experto en relaciones laborales reclama en su análisis el abandono definitivo de las políticas ‘neoliberales’ que, tras el primer enfoque keynesiano, han guiado la respuesta europea a la crisis. Lanza además jugosos augurios, que incluyen la pérdida del poder por parte de Merkel y Sarkozy y el resurgir de la socialdemocracia en Europa. Un proceso en el cual España podría quedar fuera de juego.

Todos los gobiernos europeos actuales van a ser castigados en las urnas en dos o tres añosNuevatribuna.es | Todo indica que, cuatro años después del inicio de esta Gran Recesión, nos encontramos de nuevo al borde al abismo. ¿Qué esta pasando?

Bruno Estrada | Lo que está sucediendo es que no se están tomando las medidas políticas necesarias para solucionar la crisis. La situación actual demuestra que la mayor parte de las medidas tomadas hasta ahora, han sido inútiles. Debe afrontarse el reto de proceder a una quita generalizada de la deuda que existe. Fundamentalmente de la deuda privada, pero también de la deuda pública. En el fondo, eso significa que, quien debe pagar la crisis, son los acreedores, los bonistas, los accionistas de los bancos, aquellos que, en muchos casos, son los que la han generado. Se ha producido una hipertrofia del sistema financiero internacional. Un crecimiento desmedido que no tiene relación con la riqueza generada. Ahora, los propios mercados son conscientes de que sus activos no tienen el valor que aparece en términos de contabilidad. Pero nadie toma la decisión política de reducir el tamaño de los bancos, reducir el tamaño de la deuda. Los tenedores de la deuda tienen que asumir el coste de la crisis que ellos mismos han generado.

¿Qué pasos políticos se necesitan por parte de la Unión Europea para llegar a ser un área monetaria óptima?

Esto es un elemento que se ha discutido ampliamente, desde hace muchos años, en el proceso de construcción europea. En la medida en que se generaba una moneda común, se tenía que generar también un Tesoro europeo. Un gasto presupuestario que permitiera acciones coordinadas a nivel europeo. Eso no ha sucedido. En los años de bonanza económica, se ha evitado por presiones de los países más ricos, que evidentemente serían los que más tendrían que aportar. Desde los años 70 u 80, se viene discutiendo la necesidad de un presupuesto mínimo europeo del 5 por ciento del producto interior bruto (PIB).

Con la hegemonía americana hemos vivido un proceso de globalización financiera sin control políticoActualmente, el presupuesto comunitario no representa mucho más del 1 por ciento del PIB. En Estados Unidos, por ejemplo, el presupuesto federal del gobierno de Washington representa el 20 por ciento del PIB. Así, el Gobierno norteamericano ha tenido capacidad para actuar en esta crisis con recursos de los cuales la UE carecía. En Europa, como las actuaciones han sido nacionales, en muchos casos han ido unas enfrentadas a las de otros países. No ha habido una acción común, que es absolutamente necesaria. Un presupuesto común europeo de un tamaño muy superior al actual exige también un sistema fiscal propio, una organización fiscal europea. Es decir, la consolidación de la Unión Europea, también en términos políticos.

Ustedes, desde la Fundación 1º de Mayo, han defendido que la solución a la crisis pasa por una quita masiva de deuda. Sin embargo, Alemania, ante la posibilidad de la quiebra de Grecia, está planteando la necesidad de reforzar la capitalización de sus bancos. ¿Qué opina de esta medida?

Lo que Alemania está planteando en realidad es que parte de la deuda que tienen los bancos alemanes –la deuda pública griega– no tiene valor porque el Estado griego no va a poder pagarla. En el momento en que se contabilice en los balances de los bancos alemanes, eso daría lugar a una insolvencia, posiblemente, de parte del sistema bancario alemán. Eso es lo que pretende hacer Angela Merkel. Recapitalizar los bancos para hacer frente al problema contable que se va a producir cuando se contabilicen unos activos que no tienen el valor que hoy se le está dando. Son, en el caso de la deuda griega, algunos, activos incobrables.

¿Qué consecuencias tendría una quiebra de Grecia para España?

Una quiebra de Grecia es un escenario que no debería contemplarse. Hay mecanismos políticos para impedir una quiebra de Grecia. Uno de ellos sería la emisión de eurobonos, obligaciones por parte de la eurozona, que avalen la deuda de Grecia y de otros países. Pero en el supuesto –hipotético y muy difícil– de que se produzca una quiebra del Estado griego, eso tendría consecuencias muy negativas para España. Introduciría la posibilidad de que esa situación volviera a repetirse en el caso español, en el caso portugués, en el caso irlandés. La actuación especulativa contra nuestro país de los mercados aumentaría. Eso supondría el encarecimiento del coste de la deuda española. Y no sabemos si podría llegar al riesgo de impago. Pero creo que la quiebra del Estado griego es una hipótesis muy difícil en la práctica, porque pondría a toda la Unión Europea y a gran parte de los países desarrollados en una situación muy crítica.

El mayor peso de los emergentes podría suponer un reequilibrio entre el capital y el trabajo a nivel internacional Desde la Fundación, también han alertado ustedes del posible fin de valores refugio, como son la deuda de países como Alemania y Francia. Ahora se ha conocido que Moody’s, la agencia de calificación, se plantea una rebaja de la nota de tres importantes entidades francesas. ¿Qué escenarios nos depara la crisis?

Los escenarios pueden ser dos: un escenario, por un lado, de inacción política y de intervención de los especuladores financieros, que nos llevaría a una situación muy crítica, con la posibilidad de que Grecia entrara en impago, si no hay respuesta europea. Los bancos alemanes y franceses verían entonces reducido su valor bursátil. Eso supondría una caída de las bolsas europeas en conjunto. Finalmente también repercutiría en la capacidad de recuperación de las economías europeas. Y tendría además efectos en Estados Unidos. Ese es el escenario de no hacer nada. Aunque yo creo que este escenario no es posible, porque las consecuencias serían tremendas.

La otra opción es que haya una aceleración del proceso de unificación de la UE. Y la asunción, por parte del Banco Central Europeo, de la emisión de eurobonos que respalden las deudas públicas de los países con mayor riesgo. Aunque eso sería solo una cura de urgencia. Porque, a la vez, tendría que producirse una cumbre internacional que reúna a los países desarrollados más endeudados, Estados Unidos, Grecia, Irlanda, Portugal, en la cual se renegocie de forma global la deuda y se asuma, por parte de los acreedores internacionales, que debe reducirse la deuda. Y que parte de los activos no se van a cobrar. En la práctica, el conjunto de las economías occidentales desarrolladas van a perder peso en el ámbito mundial.  Se va a acelerar el traslado del eje económico hacia el Pacífico, el Sudeste asiático, China.

Alemania parece resistirse a animar su demanda interna. ¿Quién nos va a sacar de esta crisis?

La política económica que tomó Alemania para salir de la crisis orientaba gran parte de las expectativas hacia el crecimiento de sus exportaciones, no tanto en la reactivación de la demanda interna. En un primer momento parecía que tenía sus efectos, pero, en la medida en que las incertidumbres y los riesgos internacionales no han sido resueltos, ésta ha sido una alegría pasajera. Es evidente que el esfuerzo de ahorro alemán tiene que derivarse hacia una capacidad de consumo de los propios alemanes. Y no dejarlo todo al crecimiento de las exportaciones. ¿Que quién salvará Europa? La tenemos que salvar los propios europeos, tomando medidas políticas valientes. La situación es peligrosa pero, en situaciones de riesgo y de incertidumbre, es cuando deben darse los pasos. Jacques Delors, el presidente de la Comisión Europea más importante que ha habido, llegó a decir: ‘La Unión Europea avanzará cuando estemos al borde de la crisis’. Hay que esperar que eso se produzca. Que la visión de la ‘boca del monstruo’ haga a los líderes políticos reaccionar. Y abandonar esa visión de análisis neoliberal que han tenido hasta ahora y esa alianza con las élites financieras que, según estamos viendo, no ha tenido ningún resultado.

Da la sensación de que, en dos o tres años, todos los gobiernos europeos actuales van a ser castigados en las urnas. El escenario político que podemos estar vislumbrando es muy diferente al actual, cuando en Europa hay una mayoría absoluta de gobiernos de centro derecha. En este sentido, España siempre va un poco al traspiés. Cuando en Europa hay una mayoría de gobiernos socialdemócratas, en España hay un gobierno de centro derecha. Cuando hay una mayoría de centro derecha, en España en ese momento gobierna el partido socialista. Eso produce una cierta distorsión. Mi escenario es que Angela Merkel posiblemente pierda las próximas elecciones y Nicolas Sarkozy también. Entonces triunfará la visión socialdemócrata de construcción europea más clásica, abandonando los postulados socioliberales que han mantenido algunos partidos de la socialdemocracia. Y que el proceso de construcción europea se convierta en un proceso real en los próximos años.

El FMI y otras instituciones relevantes defienden que en este momento son necesarios nuevos estímulos sobre la economía. Esta postura se viene defendiendo con insistencia desde el ámbito sindical. ¿Los acontecimientos les han dado la razón?

A partir de 2007, hubo una primera respuesta keynesiana a la crisis, de estímulo de la demanda nacional, a través de actuaciones públicas, en un planteamiento –yo creo que con buena visión, al principio– de que no estábamos solo ante un proceso de crisis financiera, sino también de cambio tecnológico y energético hacia una economía ‘verde’ baja en carbono. Se vinculaba ese esfuerzo público con un cambio productivo. Pero, luego, la magnitud de la crisis financiera y los desajustes en los balances de muchas instituciones financieras mundiales hicieron que esa deuda privada repercutiera en las arcas públicas. Ese proceso de políticas keynesianas se cortó a partir de 2009 cuando los niveles de endeudamiento de algunos países se tornaron muy altos. Desde entonces hemos vivido una especie de renacimiento neoliberal. La conclusión es que estamos viendo, desde finales de 2010, que esas políticas nos están llevando al desastre.

Ahora para mí deberían hacerse políticas que combinaran dos aspectos. Por un lado, impulsar una capacidad de intervención importante desde el sector público. Para eso se necesista un sistema fiscal mucho más capaz, sostenible y suficiente  del que tenemos actualmente. En España la presión fiscal se limita al 31 por ciento del PIB frente al 40 por ciento de los países más desarrollados de la UE. Gran parte de nuestro déficit público responde a los menores impuestos que tenemos. Deben ponerse en marcha medidas contra el fraude fiscal, reformas fiscales que recuperen la progresividad del sistema. Aunque no debe olvidarse que tiene que producirse esa quita a nivel internacional. Aunque se aumenten los impuestos de manera importante, esos impuestos no deben servir para pagar la deuda de entidades financieras, sino para garantizar elementos básicos del Estado del Bienestar: sanidad, educación, derecho a la vivienda.

¿España se encuentra en buena posición para aplicar estos estímulos?

No. España no se encuentra en este momento en una buena posición porque hemos sufrido un proceso de pérdida de ingresos fiscales muy importante. Las reformas vividas desde el año 2000 (desfiscalización de las rentas del capital, pérdida de progresividad del impuesto sobre la renta, supresión del impuesto de patrimonio), han quitado capacidad recaudatoria al Estado español. Si no se toman medidas muy contundentes sobre fraude fiscal o reforma fiscal, nos encontraremos con problemas. Hay posibilidades. Los niveles de fraude fiscal se estiman en España en 70.000 millones de euros. Hay margen para recuperar ese ‘agujero’ que tenemos respecto a otros países. Pero tiene que haber una decisión política para ponerlo en marcha.

Necesitamos una reforma fiscal pero esos impuestos no deben servir para pagar la deuda de entidades financierasLa crisis está teniendo múltiples repercusiones. Suiza, por ejemplo, intenta ahora frenar la apreciación de su moneda, el franco suizo. ¿Qué peligros encierra esta política? ¿Nos encontramos ante una guerra de divisas?

En el caso de Suiza, yo no creo que sea muy peligroso, a nivel internacional. Porque la magnitud de su economía no es muy grande. Ellos lo que están haciendo es una medida defensiva, a escala nacional, por un fenómeno que les está afectando. La debilidad del euro está apreciando el franco suizo. Y limitando por tanto su capacidad exportadora. Pero su situación no me parece tan relevante como el tema de las monedas a nivel internacional. Aquí sí creo que estamos hablando de una guerra de divisas, una guerra económica. Cada país debe resituarse en función de los cambios que se están sucediendo. Así, hoy, la supremacía económica de Estados Unidos ya no tiene sentido, teniendo en cuenta la situación de su economía y de muchas de sus empresas y bancos. El valor del dólar como moneda de reserva internacional ya no tiene sentido. No tiene relación con la situación de la economía norteamericana. Hay que ir hacia una moneda de reserva internacional, una cesta de monedas, que sería la opción más equilibrada y más democrática, en términos económicos, para el conjunto del planeta.

Usted, en su obra ‘Análisis crítico del orden mundial actual’, destaca el papel de los países emergentes –Brasil, China, Rusia- en la salida de la crisis. ¿Qué consecuencias tendrá la traslación hacia el Pacífico del eje económico?

Es un elemento éste sujeto a muchas incertidumbres. Lo que va a significar es un cambio del paradigma económico internacional. Con la hegemonía americana, hemos vivido un proceso de globalización financiera, sin control político; una exportación del modelo norteamericano, a escala internacional. Ha sido el elemento dominante desde los años 80, desde la caída del Muro. Esta situación ha llegado a su final. Por la propia crisis que ha generado. A partir de ahora, en la medida en que el peso de los países emergentes sea mucho mayor, en términos internacionales, también en las instituciones financieras internacionales, como el FMI o el Banco Mundial, es muy posible que estos paradigmas cambien. Porque, en estos países, la intervención del Estado en la economía es mucho mayor que en Estados Unidos y se aproxima mucho más, por tanto, a la visión europea. En este modelo, no son las élites económicas y financieras las que determinan las políticas económicas de un país, como está pasando en Estados Unidos. Ese es el escenario optimista. Yo creo que ese reequilibrio también podrá suponer un reequilibrio entre el capital y el trabajo, a nivel internacional. Y el inicio de un proceso que nos haga caminar hacia un mundo con una economía más ordenada. Más definida con criterios democráticos por la política. 

Bruno Estrada: “Una quiebra de Grecia es un escenario que no debería contemplarse”
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